Aunque Ezequías enfrentó amenazas aterradoras por parte del imperio asirio, no cedió al temor. En lugar de eso, acudió al Señor en oración y confió en Su Palabra, y Dios respondió derrotando al enemigo en una sola noche.
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Reflexión
En momentos de temor o presión, ¿a dónde sueles acudir en busca de seguridad? ¿Qué te ayudaría hoy a volver tu mirada primero al Señor y a Su Palabra?
Devocional
Hermana, en nuestros días, las voces del mundo y de su príncipe han aumentado su volumen e intensidad desafiando abiertamente a Dios, a Su Palabra y a Su pueblo. Sin embargo, no debes temer, porque los enemigos del único y verdadero Dios jamás prevalecerán.
Ellos desafían a Dios y a Su iglesia con sus mentiras acerca de la sexualidad, el género, el origen y propósito de nuestra existencia, la identidad y la vida; actúan agresivamente ante todo aquel que les confronta con la suficiente e inerrante Palabra de Dios; y buscan borrar de nuestras conciencias todo vestigio de Dios.
En 2Reyes capítulos 18 y 19 la Palabra de Dios nos da el ejemplo del rey Ezequías. Este comenzó a reinar en Judá e hizo lo recto ante los ojos de Dios: derribó los lugares altos, hizo pedazos la serpiente de bronce, confió en el Señor y también se rebeló contra el rey de Asiria. Este rey al ver su rebelión, lo desafió cuestionando la base de su confianza y vociferó por medio de sus siervos que él, el rey de Asiria, lo conquistaría, lo derrotaría y que nada ni nadie lo libraría de sus manos.
Ezequías recurre al Señor su Dios, y en oración, reconociendo primero el señorío de Dios, le expone cada palabra dicha por este rey; pero miren qué hermosa y poderosa respuesta le da nuestro Dios: «Por tanto, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: “Él no entrará en esta ciudad, ni lanzará allí flecha alguna; tampoco vendrá delante de ella con escudo, ni levantará terraplén contra ella (...). Porque defenderé esta ciudad para salvarla por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David”». –2 Reyes 19:32, 34
Oh hermanas, no temamos a las voces que se levanten en contra nuestra, ni al mismo príncipe de este mundo. Recordemos que nuestro Dios es el Señor, y que no hay ningún otro Dios fuera de Él. Vengamos delante de Su presencia reconociendo Su señorío, Su poder, Su fidelidad, recordando Sus promesas y presentando de manera específica las mentiras que hoy en día se proclaman en las escuelas, en las universidades y en los diferentes medios de comunicación. Oremos juntas para que todos los reinos de la tierra sepan que solo nuestro Señor es Dios.
¡El Dios verdadero, el Rey de reyes, el Señor de señores es nuestro defensor y guardador!
«Oh Señor, que en lugar de acobardarme o lanzarme a la confrontación, mi reacción instintiva sea volverme a Tí. Que los ataques de los incrédulos se conviertan en oportunidades para la oración sincera y humilde. Y que mi meta sea siempre que todas las naciones de la tierra te conozcan y te adoren. Amén».
(Nancy DeMoss Wolgemuth en CSB Notetaking Bible, Revive Our Hearts Edition, p. 375) —Nancy DeMoss Wolgemuth1
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