28 de abril de 2026

Lee la Biblia, Día 118

La lectura de hoy recorre la línea de los descendientes reales de David y las tribus de Israel, recordándonos que aun cuando los reyes y los reinos terrenales fallan, las promesas de Dios jamás lo hacen.

Leer

1 Crónicas 3-5

Reflexión

Cuando el mundo se siente inestable e incierto, ¿cómo puedes aferrarte a Jesús y a la esperanza de un Reino inconmovible que nunca tendrá fin?

Devocional

Hermanas, al avanzar por las genealogías de 1 Crónicas, podríamos pensar que solo estamos leyendo nombres. Pero en medio de estas listas —en medio de generaciones, historias olvidadas y vidas aparentemente comunes— Dios nos detiene para mostrarnos algo del corazón de un hombre que decidió clamar a Él. Allí encontramos la oración de Jabes, una oración breve, pero profundamente reveladora.

Nuestras oraciones siempre expresan lo que hay en nuestro interior: lo que creemos acerca de Dios y lo que esperamos de Él. Jabes «invocó al Dios de Israel». Llamó al Señor por Su nombre, reconociendo que solo de Él podía venir la ayuda que necesitaba. No acudió a otros dioses ni confió en sí mismo; reconoció que no podía seguir adelante sin el Dios verdadero.

Cuando Jabes dijo: «Oh, si en verdad me bendijeras», expresó una verdad fundamental: toda buena dádiva proviene del Señor. La verdadera bendición no nace de nuestros deseos centrados en el yo, sino del corazón de Dios. Su bendición suprema es Su presencia, Su gracia, Su misericordia, Su salvación y Su amor obrando en nosotras.

Al pedir: Si «ensancharas mi territorio, y tu mano estuviera conmigo», Jabes no buscaba crecer lejos de Dios, sino con Él. Deseaba prosperar bajo la dirección divina, dependiendo de Su mano y no de sus propias fuerzas. Como leemos en otra traducción: «Te ruego que estés conmigo en todo lo que haga». Ese era su mayor anhelo: que Dios fuera el centro de su vida.

Finalmente, Jabes clamó: «Líbrame de toda dificultad que me cause dolor». Reconoció la realidad de un mundo marcado por el pecado y el sufrimiento, y llevó sus temores con honestidad delante del Señor. Dios se agrada cuando nos acercamos a Él con un corazón sincero. Y aun en medio de la aflicción, podemos descansar sabiendo que Él nos sostiene con Su Palabra y que, por Su gracia, nos ha librado del mayor dolor: vivir separados de Él por la eternidad.

Al cerrar este pasaje, tomemos un momento para examinar nuestro corazón:

¿Quiénes son los personajes de esta historia y qué circunstancias enfrentan?

¿Qué nos enseña este relato acerca del carácter de Dios y de Su obrar fiel?

¿Qué revela sobre nuestras propias oraciones y deseos?

¿Hay cambios que el Señor te está llamando a hacer hoy?

Que nuestra oración, como la de Jabes, nazca de un corazón rendido que anhela vivir en la presencia de Dios, bajo Su mano y para Su gloria.

«Oh Señor, qué privilegio es para mí vivir en tu presencia y dedicar mis días a servir a mi Rey. Incluso las tareas más cotidianas se convierten en una vocación sublime y sagrada cuando las realizo para Ti. Amén». 

(Nancy DeMoss Wolgemuth en CSB Notetaking Bible, Revive Our Hearts Edition, p. 389) —Nancy DeMoss Wolgemuth1



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