8 de mayo de 2026

Lee la Biblia, Día 128

Hoy comenzamos el libro de 2 Crónicas. Al adentrarnos en los primeros días del reinado de Salomón, vemos a un rey que no buscó primero el poder ni las riquezas, sino que anheló la sabiduría de Dios por encima de todo. Salomón siguió fielmente el plan de Dios para construir el templo, recordándonos que cuando damos prioridad a la presencia y a los propósitos de Dios, ponemos un fundamento para la bendición y la fructificación.

Leer

2 Crónicas 1-4

Reflexión

¿Cómo puedes alinear tus planes y acciones con los propósitos de Dios en lugar de con tus propias ambiciones?

¿De qué maneras ese cambio podría transformar la forma en que administras tu tiempo, tus talentos y tus recursos?

Devocional

Hoy iniciamos, o más bien, continuamos con el libro de Crónicas. En la tradición judía, estos libros son uno solo, no fue hasta la llegada de la traducción del Antiguo Testamento al griego, que este libro se dividió en dos, como lo conocemos hoy. 

Así que empecemos con la lectura del segundo libro de Crónicas que sigue centrándose en el Reino del Sur, Judá. Quiero compartirte puntos importantes que encontré en estos cuatro capítulos:

  • Aunque Dios use instrumentos humanos para enseñarnos Su Palabra, nuestra relación con Él es personal, es decir, el grado de intimidad y crecimiento va a depender del tiempo que dedicamos a cultivar esa relación. El hecho de que nuestros padres o líderes sean hombres y mujeres de Dios, no me convierte automáticamente en una mujer de Dios. Nosotras, amadas hermanas, necesitamos ser intencionales en buscarle, escucharle y seguirle.
  • Dios le concedió a Salomón no solo la sabiduría, sino también las añadiduras, pues él buscó primeramente el reino de Dios, Su voluntad, agradarle y serle fiel con la obra que Dios había puesto en sus manos. El Señor le dijo: «Por cuanto esto estaba en tu corazón, y no has pedido riquezas, ni bienes, ni gloria, ni la vida de los que te odian, ni aun has pedido larga vida, sino que has pedido para ti sabiduría y conocimiento para poder gobernar a mi pueblo sobre el cual te he hecho rey, sabiduría y conocimiento te han sido concedidos. Y te daré riquezas y bienes y gloria, tales como no las tuvieron ninguno de los reyes que fueron antes de ti, ni los que vendrán después de ti».
  • Me impacta cómo Salomón estaba tan claro de cuál era el fin de construir el templo y para quién era. No solo era una construcción, sino un lugar de adoración para alabar al único y verdadero Dios. Él dijo: «He aquí, voy a edificar una casa al nombre del Señor mi Dios, para consagrársela, para quemar incienso aromático delante de Él, para colocar continuamente el pan de la proposición y para ofrecer holocaustos por la mañana y por la tarde, en los días de reposo, en las lunas nuevas y en las fiestas señaladas del Señor nuestro Dios; Y la casa que voy a edificar será grande; porque nuestro Dios es grande, más que todos los dioses».
  • ¿Estás consciente de que tu cuerpo es templo del Espíritu de Dios? 
  • ¿Lo estás consagrando a Él?
  • Demos a conocer con nuestras palabras y acciones que nuestros hogares y nuestras vidas han sido dedicadas y consagradas al Señor, y oremos para que por Su gracia y poder, Dios pueda usarnos y revelarse a los que no le conocen.
  • Es hermoso ver cómo Salomón encargó a otros en ver cada detalle de la construcción y decoración del templo, y es como si en cada detalle él expresara su amor, admiración, devoción y reverencia a Dios.
  • «Recubrió el salón principal de madera de ciprés, la revistió de oro fino y la adornó con palmas y cadenillas. Adornó además la casa con piedras preciosas».
  • «Adornóademás la casa con piedras preciosas; y el oro era oro de Parvaim.También revistió de oro la casa: las vigas, los umbrales, sus paredes y sus puertas; y esculpió querubines en las paredes».

No cabe duda que cuando tenemos devoción por Él, nos dedicamos. Así debiese ser nuestra vida todos los días, ¿no lo crees?

¿Qué palabras y temas llamaron tu atención o quedaron en tu corazón?

«Cuanto más te demores, cuanto más te resistas, más difícil será obedecer a Dios. No dudes ni un instante más». 

(Nancy DeMoss Wolgemuth en Aviva mi corazón, editorial Portavoz) —Nancy DeMoss Wolgemuth1



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