La lectura de hoy nos recuerda que la vida es apenas un suspiro (Salmo 39:5). ¡Qué bendición es recordar que cualquier sufrimiento que enfrentes hoy es solo una pequeña parte en comparación con la eternidad gloriosa con Cristo que está por venir!
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Reflexión
El Salmo 38 lleva por título «Oración de un pecador que sufre». ¿Ha causado tu pecado sufrimiento recientemente? Llévalo delante de Aquel que no te abandonará en el tiempo de angustia, confesando con honestidad y confiando en Su misericordia y perdón.
Devocional
Hoy comenzamos con una serie de salmos imprecatorios. El enfoque principal está en la lamentación de David en un momento de peligro, y su fuerte petición de ayuda a Dios. David, huyendo y temiendo una emboscada, pide que Dios destruya a sus enemigos; de ahí el carácter «imprecatorio» del salmo.
Estamos llamadas a descansar en el Señor, confiando en Su justicia que se encarga de nuestros enemigos. No se niega el peligro, pero hay un lamento desesperado con la pregunta: «¿Hasta cuándo?». David sabe que solo Dios puede librarlo, lo que lo lleva a concluir su plegaria animando a cantar con júbilo y dar gloria a Dios.
- ¿Estamos trayendo nuestras causas delante de Dios y descansando en Su justicia?
Salmos 36
Nuevamente, el salmista hace un contraste entre dos estilos de vida, como en el salmo 1: el de la maldad y el de la sabiduría. David describe al hombre impío en los versículos 1 al 4, y luego describe el carácter de Dios en los versículos 5 al 9. En los Salmos, vemos claramente la descripción de los impíos y su final, pero lo más importante es quién es Dios, y cómo debemos aprender a temerle a Él, no al impío. Este temor es reverente, lleno de asombro por Su grandeza, majestad, poder y el amor demostrado en la cruz del Calvario.
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna». –Juan 3:16
Esa cruz es nuestro refugio, es el lugar donde corremos, es nuestra esperanza de restauración, de esa relación que quedó destruida a causa del pecado y que ahora tú y yo podemos disfrutar gracias a Cristo.
Salmos 37
Este salmo, uno de mis favoritos, sigue la línea del anterior en cuanto a la sabiduría, y su enseñanza principal es la paciencia. La frase «no te impacientes» se repite, recordándonos que no se trata solo de que el Señor conceda nuestras peticiones, sino de confiar en Él y en Su tiempo. En nuestra generación, que busca todo de inmediato, la impaciencia solo trae frustración, celos y resentimiento.
David nos anima a poner nuestros ojos en Dios, ya que cuando no lo hacemos, hermanas, somos tentadas a actuar fuera de Sus caminos. Al desarrollar paciencia y esperar en Su tiempo, veremos buenos frutos. Cuando reconocemos que es Dios quien ordena nuestros caminos y que Su ley está en nuestros corazones, entonces nuestras peticiones reflejan la perspectiva correcta. Esta es una invitación a vivir fielmente, confiando solo en Dios, aunque no sepamos qué nos depara el futuro.
Salmos 38 y 39
Estos salmos parecen estar en secuencia, abordando el sufrimiento del salmista, el abandono de amigos, el dolor del corazón y un pedido de salvación de Dios. Hay una mezcla de confesión de pecado, desesperación y reconocimiento de su debilidad e incapacidad para hacer algo por sí mismo. Al final del Salmo 39, vemos a un hombre en plena desesperación, casi sin fuerzas, implorando a Dios que escuche su oración. Sus lágrimas acompañan su clamor. El salmista no descarta el sufrimiento, ya que lo está viviendo, y es interesante que aquí no termina con palabras de esperanza como en otros salmos, lo que muestra la profundidad de su sufrimiento en ese momento.
¿Te sientes hoy sin esperanza? ¿Está tu alma tan angustiada que no puedes ver más allá de tu dolor? Clama a Él y Él te restaurará.
«Dios no está sorprendido por tu situación, y Él te ofrece esperanza y una invitación a refugiarte en Él».
(Nancy DeMoss Wolgemuth en Abigaíl: Cómo lidiar con personas difíciles en tu vida, página 70) —Nancy DeMoss Wolgemuth1
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