Dios dio a los israelitas leyes detalladas para guiar sus vidas, mostrando Su santidad y Su cuidado por la justicia. En el monte Sinaí, el pacto fue confirmado con una ceremonia de sangre que señalaba que, sin sacrificio, no podían presentarse delante de un Dios santo.
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Reflexión
El cumplimiento perfecto de la ley por parte de Jesús nos asegura que Él es suficiente y que nuestra salvación descansa en Su obra terminada. ¿Cómo renueva esto tu confianza diaria y tu fe en Él?
Devotional
En los capítulos del día de hoy nos encontramos con una serie de eventos impresionantes de los cuales el pueblo de Dios fue testigo. No puedo imaginar lo que fue estar en ese preciso momento. Vemos en los capítulos 22 y 23 la continuidad de las leyes de Dios para Su pueblo para prepararlos para el futuro y las cosas que debían hacer para diferenciarse del resto de las naciones. Del mismo modo, hoy tú y yo somos llamadas a vivir conforme a la Palabra de Dios y diferenciarnos del mundo en el cual vivimos.
En el capítulo 23 nos encontramos con una figura relevante y que jugó un papel preponderante en este caminar por el desierto: el Ángel de Jehová, quien según los comentaristas, era Cristo pre encarnado. Vemos cómo Dios promete que el Ángel iría delante de ellos para protegerlos, pero ellos debían oír Su voz y no ser rebeldes.
- ¿No trae paz a tu corazón el saber que Cristo sigue caminando delante de nosotras? ¿Cómo te alienta esa verdad?
Luego vemos cómo Dios les da a conocer el proceso por el cual pasarían antes de poseer la tierra. Es increíble cómo muchas veces pasamos por alto las promesas de Dios sin percatarnos que de antemano ya nos había revelado lo que habría de acontecer, y caemos en la desesperación al igual que lo hizo Israel en su momento.
Llegando al capítulo 24, vemos nuevamente a Dios llamando a Moisés y a los líderes a presentarse delante de Él en el Monte Sinaí. No me puedo imaginar lo que fue ver la gloria de Dios sobre el monte y que dicha nube cubriera el monte por 6 días… ¿Te imaginas? Dice que la apariencia de Dios era como un «fuego abrazador»… Eso solo me hace pensar en la segunda venida de Cristo.
«Guarda en tu mente y en tu corazón cuatro palabras que siempre están involucradas en la expiación: pecado, sacrificio, sustituto y satisfacción. El pecado requiere un sacrificio. Jesucristo, el “Cordero de Dios” sin pecado (Juan 1:29), fue sacrificado como nuestro sustituto. Y la justicia y la ira justa de Dios fueron satisfechas».
(Nancy DeMoss Wolgemuth en Incomparable, p. 125) —Nancy DeMoss Wolgemuth1
Verdad que atesorar
¿En qué versículo, verdad o promesa meditarás y guardarás en tu corazón hoy?