4 de agosto de 2026

Lee la Biblia, Día 216

Escucha hoy la advertencia de Jeremías: vuelve antes de que venga el desastre. Un león acecha en la espesura: la ira feroz de un Dios santo contra una religión vacía e hipócrita.

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Jeremías 4-6

Reflexión

¿Qué parte de tu corazón permanece sin cultivar y necesita hoy el arado de la Palabra de Dios?

Devocional

Mientras los profetas y los sacerdotes curan el pecado del pueblo a la ligera, diciendo: «Paz, paz», pero no hay paz. Es Jeremías, el profeta llamado por Dios, para hablar verdad al pueblo y anunciar calamidad. 

¡Su llamado no era fácil! ¿A quién le gusta ser portador de malas noticias cuando todo el mundo piensa que las cosas están bien? Para muchos de su tiempo, Jeremías podría lucir como una persona pesimista, pero él tenía un mensaje de parte del Señor que angustiaba su corazón y ardía en sus labios. 

Nadie quería escuchar acerca de la calamidad que vendría. Estaban endurecidos y no querían ser corregidos, pero en Su gran misericordia, a través del profeta Jeremías, Dios los estaba llamando al arrepentimiento, a volverse a Él, «a circuncidar el prepucio de sus corazones». 

Los pecados no deben manejarse superficialmente. La rebeldía nace en el corazón y, por tanto, es lo primero que se debe tratar: «Lava de maldad tu corazón, Jerusalén, para que seas salvada. ¿Hasta cuándo morarán dentro de ti pensamientos perversos?». 

En lugar de andar en rebelión, adorando ídolos, obstinados, llenos de engaño y maldad, debían arrepentirse, hacer lamento y vestirse de cilicio por su pecado.

Entre las acusaciones de Dios contra el pueblo, vemos: 

  • Rebelión y falta de temor a Dios.
  • Malos comportamientos y acciones.
  • Necedad: ser astutos para hacer el mal y no el bien.
  • Endurecimiento del corazón; rehusaron recibir corrección y arrepentirse.
  • Ignorantes e insensibles; viven como si no conocieran el camino del Señor.
  • Apostasía, idolatría.
  • Engaño, deshonestidad, corrupción; codician ganancias; avaricia.
  • No defienden la causa de los huérfanos y del pobre.
  • Adulterio con mujeres ajenas.
  • Niegan la existencia de Dios, o al menos viven como si Dios no existiera.
  • Profetas que profetizaban falsa prosperidad y sacerdotes que gobernaban por su cuenta (¡con la anuencia del pueblo!). Ni siquiera entre los líderes espirituales del pueblo se pudo encontrar un hombre que buscara verdad y hablara justicia.
  • Ignoran las advertencias de los verdaderos profetas de Dios.
  • La Palabra de Dios era oprobio para ellos; no se deleitaban en ella.
  • Negligentes con el pecado. No diagnosticaron la enfermedad correctamente (pecado) y, por tanto, sus remedios eran superficiales («paz, paz»).

Su pueblo había desechado la Ley. Más de cuarenta veces en este libro, Jeremías les insta a volverse al Señor. Su corazón se había alejado de Dios. Por tanto, debían esperar Su disciplina. Pero la dureza de sus corazones, al estar lejos del Señor, los había hecho sordos y ciegos al juicio que vendría. Dios enviaría al invasor (Babilonia), una gran calamidad, como un «león salido de la espesura».

A través del profeta Jeremías, Dios expresa su asombro de que el mar le obedece, mientras que el hombre no. El mar respeta los límites que se le han impuesto, la agitación de las olas no prevalecen más allá de la frontera de la arena que Dios ha colocado. Sin embargo, el pueblo era terco y rebelde; había perdido el temor a Dios y se había desviado. Era un pueblo que desafiaba a su Dios.

Así dice el Señor en el 6:16: «Párense en los caminos y miren, y pregunten por los senderos antiguos, cuál es el buen camino, y anden por él; y hallarán descanso para sus almas. Pero dijeron: “No andaremos en él”».

En nuestros días, hay personas que prefieren los remedios superficiales, como lo expresa Pablo a Timoteo: 

«Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros, y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a los mitos». –2 Timoteo 4:3-5

  • ¿Cómo esto se asemeja a la condición de tu propio corazón? 
  • ¿Acaso hay algo en esta lista que pueda ser tomado en tu contra? Habla con Dios al respecto y pídele que escudriñe tu corazón.

«Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno». –Salmos 139:23-24 (RV60).

«¡Si Jeremías estuviera predicando hoy, apenas tendría que cambiar sus palabras! Podría decirle al pueblo de Dios en nuestros días: regresen a un tiempo en que obedecían Su Palabra; reciban la misericordia de Dios y perdonen a quienes les han hecho mal; permitan que Dios “are” la tierra endurecida de sus corazones». 

(Aviva mi corazón, editorial Portavoz) —Nancy DeMoss Wolgemuth1



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