17 de septiembre de 2026

Lee la Biblia, Día 260

La segunda mitad de Amós exhorta al pueblo de Dios a buscarlo, aborrecer el mal y seguir la justicia. Aunque Él advirtió sobre el juicio venidero —incluyendo hambre, no de pan ni de agua, sino de oír las palabras del Señor— también prometió restauración, reconstrucción, bendición y misericordia firme para todos los que vuelven a Él.

Lee

Amós 5-9

Reflexión

¿En qué áreas de tu vida necesitas «buscar al Señor y vivir» con mayor intención? ¿Cómo podrías perseguir activamente lo bueno —en tu hogar, tu comunidad o tu lugar de trabajo— en los próximos días y semanas?

Devocional

Como vimos ayer, Israel gozaba de gran prosperidad. Esto produjo en la nación un imperante materialismo. Al desear las cosas materiales sin importar los medios, se volvieron egoístas, y así le dieron paso a la injusticia. Sin embargo, Dios desea que los Suyos sean justos y amen la rectitud. 

Amós, con espíritu de lamentación, en el capítulo 5, llama al pueblo al arrepentimiento porque, a pesar de la dureza de sus corazones, Dios les volvía a conceder otra oportunidad.

  • v. 4 – Búsquenme, y vivirán.
  • v. 6 – Busquen al Señor, y vivirán.
  • v. 8 – Busquen al Creador.
  • v.14 – Busquen lo bueno y no lo malo, para que vivan.

Buscar y encontrar a Dios es la vida, y esa vida conduce a que se aborrezca la maldad y se establezca la justicia. El pueblo despreció este llamado, escogiendo literalmente la muerte: en consecuencia, «el día del Señor» llegaría. En este contexto, esta expresión significa día de juicio. Como ya vimos, Asiria sería el instrumento a usar para la ejecución de dicha sentencia.

En el capítulo 6, el profeta arremete contra Judá e Israel. Los nobles y principales, «reposados y confiados» en sus riquezas, lujos y comodidades, no pensaban ni se afligían por el pueblo abrumado con muchas necesidades; por tanto, en ese día del juicio, sus placeres se convertirían en duelo. El Dios que los había escogido por amor (ver Deuteronomio 7:7-8), ahora abominaba la soberbia y la indolencia que exhibían. Con un tono de ironía en el versículo 13 les reprocha diciéndoles:

«Ustedes que se alegran [...] que dicen: “¿No hemos tomado para nosotros… con nuestra propia fuerza?”». 

Estas palabras deben provocar en nuestros corazones una seria reflexión, pues constantemente tendemos a apoyarnos y alegrarnos en lo creado más que en el Creador. En su orgullo y engreimiento, Israel olvidó lo que nosotras muchas veces olvidamos:

  • Que solamente Dios es quien da la verdadera alegría, satisfacción y placer; y que solo «a Su diestra hay delicias para siempre». –Salmos 16:11
  • Que nada significa: ninguna cosa o ausencia de todo, y que temer a Dios y guardar Sus mandamientos es el todo de los hombres.–Eclesiastés 12:13
  • Que el poder verdadero está en confiar en el Señor, pues en Él está la «fortaleza» de los siglos (Is. 26:4).

¿En verdad crees que solo en Él está la verdadera alegría? ¿En el buscar a Dios encuentras tu vida? ¿Es Él tu confianza y fortaleza?

Pasamos ahora a los capítulos 7, 8 y 9. En ellos, Amós describe sus cinco visiones cuyos significados apuntan al juicio y la destrucción. Al igual que Abraham, este intercede dos veces por el pueblo al cual se refiere con la palabra «pequeño», pues recordaba lo insignificante que eran. Sabía que la verdadera grandeza de ellos como nación estaba en el Dios fiel y verdadero. A pesar de los olvidos, es conmovedor ver las palabras con las que apela a Dios: «¿Quién levantará a Jacob?»

Nosotras, al igual que este profeta, tenemos el privilegio de apelar e interceder por otros ante Dios. Orar es nuestra responsabilidad; levantar es la del Señor. Aunque veamos cómo Dios envía merecidos castigos por causa del pecado, no dejemos de interceder. Quizás no veamos los resultados de nuestras oraciones hechas aquí, pero recuerda que una a una van llenando esas «copas de oro llenas de incienso que son las oraciones de los santos» (Apoc. 5:8), las cuales suben como olor fragante ante Su presencia.

Amós también hace referencia a Amasías, sacerdote de Betel, quien le denuncia falsamente ante Jeroboam rey de Israel. Este pastor, fiel a su encomienda, no se amedrenta frente a su oponente y profetiza la desgracia que vendría sobre él y su familia. No debería sorprendernos el hecho de que, por decir la verdad, a menudo encontramos quiénes se nos opongan o emitan falsos juicios sobre nosotras. Oremos que Dios nos conceda tierna firmeza y fidelidad al exponer Su gloriosa Verdad ante los demás.

Como nuestro Dios es el Dios de esperanza y de nuevas oportunidades, en los versículos 11–15 del capítulo 9, encontramos Su promesa de restauración: Su pueblo volvería de la cautividad, reedificarían las ciudades destruidas para habitarlas; beberían el vino de sus viñas y comerían del fruto de sus huertos

Y lo más glorioso: Dios mismo levantaría el tabernáculo caído de David y lo edificaría como en el tiempo pasado. En el libro de Esdras vemos cómo el templo es reconstruido por el pueblo. Pero, viendo más allá con los ojos de la fe, llegará «otro Día del Señor», cuando Él hará nuevas todas las cosas y habitaremos la nueva Jerusalén, donde no veremos «en ella templo alguno; porque su templo es el Señor, el Dios Todopoderoso, y el Cordero» (Apoc. 21:22).

Si has buscado y encontrado al Señor, allá estarás junto a todos los redimidos. Vive tus días a la luz de esta maravillosa promesa, pues Sus palabras son fieles y verdaderas. Haciéndolo, tendrás la verdadera alegría y la verdadera fortaleza.

«Lo que está arruinado será restaurado, reparado y reconstruido. Que nos aferremos a Tus promesas eternas y que no ignoremos Tus advertencias ni tomemos a la ligera Tu gracia». 

(CSB Notetaking Bible, Revive Our Hearts Edition, p. 991, Amos 9) —Nancy DeMoss Wolgemuth1



¿Te perdiste un día?

Ver todas las lecturas

Verdad que atesorar

¿En qué versículo, verdad o promesa meditarás y guardarás en tu corazón hoy?

Por favor, introduce tu dirección de correo electrónico. (No se mostrará públicamente)