20 de septiembre de 2026

Lee la Biblia, Día 263

El mensaje de Miqueas comienza con juicio sobre el pueblo de Dios por su pecado, pero no termina en devastación. Dios llama a Su pueblo a practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con Él (6:8), un llamado que todavía resuena para nosotras hoy. Nuestro Dios perdona, se deleita en el amor constante y arroja nuestros pecados a lo profundo del mar. La compasión siempre tiene la última palabra.

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Miqueas 5-7

Reflexión

Ora a la luz del mensaje de Miqueas: confiesa las maneras en que has fallado, agradece a Dios por Su compasión constante y pídele sabiduría para practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente en tus relaciones.

Devocional

Ayer vimos el triste panorama del pueblo de Dios. Sin embargo, cuando abundan las tinieblas, Dios siempre trae un rayo de luz. En el capítulo cinco vemos una de las más hermosas profecías; quiero compartirla en la versión Reina Valera:

«Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti Me saldrá el que será Señor de Israel; y Sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad…Y Él estará y apacentará con poder de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová Su Dios; y morarán seguros porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra. Y esta será nuestra paz». –Miqueas 5:2-5 

Nuestro Señor se vistió de carne y bajó a la tierra para comprar nuestra salvación en la cruz. El Padre permitió que el castigo, por nuestra paz, cayera sobre Él, y por Sus heridas fuéramos sanadas, como dice Isaías 53:5.

Ahora somos Sus amigas, Sus hijas y parte de Su Pueblo. Ya no hay hostilidad en nuestros corazones contra Él. Gozamos de Su paz y todas sus implicaciones. ¡Gloria a Dios!

Pero hay algo más, ¿recuerdas el significado del nombre de Miqueas? «¿Quién como el Señor?». Mira lo que el Señor hizo, además de darnos paz:

«¿Qué Dios hay como Tú, que perdona la iniquidad Y pasa por alto la rebeldía del remanente de su heredad? No persistirá en Su ira para siempre, porque se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse de nosotros, eliminará nuestras iniquidades». –Miqueas 7:18-19 

¡Cuán grandes han sido Sus «hazañas redentoras» a nuestro favor! De manera gratuita se nos ha dado paz y perdón de pecados. «Al que no conoció pecado, por nosotros [Dios] lo hizo pecado, para que fuésemos justicia de Dios en Él» (2 Co. 5:21).

Por tanto, por eso que hemos recibido y porque Él nos ha declarado por medio de Su Palabra lo que es bueno y lo que pide de nosotras, podemos:

  • Hacer justicia, es decir, andar en rectitud y conforme a la ley de Dios.
  • Amar la misericordia. Ya que hemos sido libradas del infierno que merecíamos y se nos dio la paz y el perdón que no merecíamos porque Él se deleita en misericordia, ahora respondemos siendo compasivas y misericordiosas con otros.
  • Humillarnos ante nuestro Dios. Lo que significa que diariamente damos muerte al orgullo, para entonces ofrecernos sumisamente como un sacrificio vivo y santo para Su gloria y el bien de Su pueblo.

Nuestros días no son diferentes a los días de Miqueas, pero en medio de tanta incertidumbre, corrupción y oscuridad podemos vivir confiadas y seguras iluminando el entorno donde Dios nos ha colocado porque el Señor está con nosotras y nos apacienta con poder del SEÑOR; definitivamente no hay nadie más, «¿quién como el Señor?». ¡Amén!

«Ese es un resumen sólido de lo que la ley de Dios exige de nosotras: justicia perfecta y amor perfecto, vividos con perfecta humildad. Eso es exactamente lo que Jesús hizo en cada segundo de Su vida terrenal, y lo hizo a la perfección». 

(Incomparable, editorial Portavoz) —Nancy DeMoss Wolgemuth1



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