En estos capítulos vemos la autoridad de Jesús sobre la enfermedad y el mundo espiritual, mientras se cumple la profecía de Isaías: «Él tomó nuestras flaquezas y llevó nuestras enfermedades» (Mt. 8:17). Observa la compasión de Jesús, no solo por quienes sufren físicamente, sino también por aquellos que necesitan desesperadamente un Salvador.
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Reflexión
¿Cómo puedes cultivar una confianza más profunda en la autoridad de Jesús, sabiendo que Él tiene poder sobre los desafíos visibles e invisibles de tu vida?
Devocional
¡Bienvenidas! Estamos agradecidas con Dios por la obra que ha hecho en nuestras vidas. Meditemos hoy juntas en Mateo 8 y 9. Si no has leído los capítulos en tu Biblia, te recomiendo que lo hagas antes de seguir con esta reflexión, de esa forma, lo que te comparto hoy tendrá más sentido.
La intención de Mateo en los capítulos siguientes es mostrar una idea de la identidad de Jesús. Quiere enseñarnos y convencernos de quién es Él, por lo tanto, nos está dando detalles acerca de su vida, lo que hizo, las palabras que usaba al responder a otros, los lugares que concurría, etc.
Quisiera que notemos dos cosas en particular en estos capítulos:
1. Las personas que buscan o se relacionan de alguna manera con Jesús
Vemos en estos dos capítulos que al menos lo buscan 13 personajes diferentes
- Un leproso
- Un centurión
- Endemoniados y enfermos
- Un escriba
- Más endemoniados
- Paralítico
- Publicanos y pecadores
- Fariseos
- Discípulos de Juan
- Un hombre principal o alguien importante
- Una mujer enferma
- Dos ciegos
- Un mudo endemoniado
¿Puedes distinguir el tipo de personas que le buscan? Vemos que en su mayoría son enfermos, endemoniados y, bueno… gentiles. También los fariseos preguntaron por Él en Mateo 9:11, y sus intenciones al hacerlo no eran las mejores, desde entonces comenzaron a dudar y al final usaron las cosas que vieron que Jesús hacía como una excusa para matarle.
Es importante notar el tipo de personas que le buscaron porque vemos que no le siguen necesariamente personas importantes o de renombre, sino aquellos que le necesitaban.
Este es el mensaje del evangelio. Nosotras, sin Cristo, estamos ciegas espiritualmente, andamos por caminos desviados que nos llevan a la perdición. Pablo, en Efesios 2, nos recuerda cuál es nuestra naturaleza sin Dios. Sin Cristo, nosotras vivimos en los deseos de nuestra carne y nuestros pensamientos, somos por naturaleza hijas de ira, estamos muertas en nuestros delitos y pecados, eso nos dice Efesios 2:1–5. Sin Dios, somos parte de los pobres en espíritu, pues somos ciegas ante la realidad del sacrificio de Cristo.
Vemos en esta porción de Mateo, que la intención de Jesús es mostrar a la gente su condición espiritual al sanarlos. Vemos que, antes de sanar su condición física, le dice a un paralítico: «Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados». Y después, al escuchar a los fariseos, dice: «Porque no he venido para llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento».
Este es el Jesús que nos presenta Mateo, el Jesús que aunque ciertamente se preocupa por nuestra condición física, está preocupado por nuestra condición espiritual.
- ¿Qué estás deseando hoy de Jesús? ¿Sanidad física o espiritual? Recuerda lo que meditamos ayer… «Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas» (Mt. 6:33).
2. La autoridad de Jesús
Este segundo punto es importante pensando también en lo que acabamos de ver, pues vemos que Jesús tiene autoridad. Te invito a tener tu Biblia abierta y revisar las citas.
- Jesús tiene autoridad sobre la enfermedad. (Mt. 8:3; 8:13, 8:15, 9:22, 9:30)
- Jesús tiene autoridad sobre la naturaleza. (Mt. 8:26)
- Jesús tiene autoridad sobre potestades y aún ellos reconocen Su autoridad. (Mt. 8:29, 8:32, 9:33)
- Jesús tiene autoridad sobre el pecado. (Mt. 9:6)
- Jesús tiene autoridad sobre la muerte. (Mt. 9:24)
Reconocer la autoridad de Jesús es algo sumamente importante de entender. Conocer Su poder y autoridad al creer y obedecer, es lo que realmente cambia nuestra forma de vivir el día a día. Ya no vivimos en nuestras fuerzas queriendo controlar cada detalle; al conocerlo, reconocemos que Dios reina y que todo cuanto Él quiere lo hace.
Por último, quisiera que leas nuevamente Mateo 9:35-38.
Estos versículos hablan mucho del carácter compasivo de Dios reflejado en Cristo. Cuando Jesús vio a las multitudes que venían a escuchar y buscaban sanidad de sus enfermedades, la Biblia dice que Jesús tuvo «compasión». Sin embargo, Su compasión no se debió a su estado externo, sino que Jesús, que conoce todas las cosas, tuvo compasión de su estado espiritual. Él se refiere a estas personas como quienes están angustiadas y abatidas, como ovejas sin pastor; lo necesitan a Él.
Después de esto, Jesús mira a Sus discípulos y les dice: «La cosecha es mucha, pero los obreros son pocos; pidan al Señor de la cosecha que envíe obreros a Su cosecha». La compasión de Jesús, así como fue un llamado a Sus discípulos en aquel momento, es un llamado a nosotras para imitarlo. Que la compasión nos lleve a recordar que aún hay muchas personas sin pastor, abatidas y angustiadas en este mundo que necesitan escuchar el evangelio. Pidamos al Señor ese corazón compasivo por los perdidos.
«Una vez que una persona ha sido librada de una circunstancia terrible, el último lugar en el que voluntariamente querrá ponerse es nuevamente bajo su poder. Cuanto más lleguemos a comprender lo que realmente significa la salvación, más nos mantendremos alejados del pecado que hizo que necesitáramos ser salvados en primer lugar».
(The First Songs of Christmas, p. 79, December 15) —Nancy DeMoss Wolgemuth1
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