Hoy vemos cómo Dios instruyó a Su pueblo acerca de distintas ofrendas—por el pecado, por la culpa, de grano y de holocausto. Así nos recuerda que aun los pecados cometidos sin intención importan, pero también que Su gracia abre la puerta para volver a la comunión con Él.
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Reflexión
¿Qué prácticas podrían ayudarte a vivir más consciente del perdón de Dios por tus pecados?
Devotional
Al leer el libro de Levítico, casi puedo oler el aroma a sangre que debía permear el ambiente en aquel campamento: animales degollados, sangre rociada por diferentes lugares, intestinos, entrañas, vísceras, estiércol… Era necesario verter sangre continuamente, ya que el pecado era continuo. Cada sacrificio indicado tenía intención de expiar el pecado cometido hasta el próximo sacrificio. Durante el tiempo del siguiente sacrificio, seguro ya se habían cometido muchos pecados.
¡Me imagino personas trayendo animales y ofrendas todo el tiempo! Los sacerdotes pasarían el día recibiendo ofrendas y llevando a cabo el ritual correspondiente. Cada una de esas ofrendas era levantada siguiendo un sinnúmero de leyes y rituales que debían llevarse a cabo al pie de la letra. Dependiendo de la ofrenda, se usaban animales: vacunos, ovejas o cabras (machos o hembras, dependiendo del tipo de ofrenda), aves o granos.
Hoy vimos las ofrendas por el pecado y la culpa. Cuando alguien pecaba (por ignorancia o con alevosía) y reconocía su pecado, debía levantar una ofrenda para poder acercarse a Dios. Esta ofrenda continua por el pecado servía para recordar al pueblo que eran pecadores y necesitaban ser perdonados.
Busca el significado de la palabra «expiación» en un diccionario.
- El pecado es costoso.
- El perdón es costoso.
- La paz con Dios es costosa.
Lee los siguientes versículos:
- Juan 1:29
- Romanos 5:1
- Colosenses 1:20
- Hebreos 5:1-9
- 1 Pedro 2:24
A la luz de la porción que leímos hoy y de los textos que buscaste más arriba, ¿qué vino a cumplir Cristo?
Todos los sacrificios, holocaustos y ofrendas apuntan hacia la obra completa de Cristo. Él pagó para siempre el precio por el pecado, por el perdón y por la reconciliación con Dios.
«Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad». –1 Juan 1:9
«Al mirar esos días desde el otro lado de la cruz, ¿no te alegra poder disfrutar como un hecho consumado lo que los creyentes del Antiguo Testamento solo podían anticipar por fe? Todos esos elementos de su adoración—la sangre, el sacrificio, el templo, el Lugar Santo—eran símbolos y sombras de una realidad mayor que aún estaba por venir.
(Nancy DeMoss Wolgemuth en Incomparable, editorial Portavoz) —Nancy DeMoss Wolgemuth1
Verdad que atesorar
¿En qué versículo, verdad o promesa meditarás y guardarás en tu corazón hoy?