30 de enero de 2026

Lee la Biblia, Día 30

Después de la extensa consagración de los sacerdotes, los hijos de Aarón profanaron su oficio y llamado al ignorar las instrucciones de Dios. En una impactante manifestación de Su santidad, fueron consumidos por el fuego de Su presencia.

Leer

Levítico 10 - 13

Reflexión

Cuando piensas en la santidad de Dios, ¿te mueve eso a una adoración y obediencia más profundas, o corres el riesgo de volverte indiferente?

Devocional

El pueblo de Dios debía ser apartado para Él. Dios instruye a Moisés acerca del establecimiento de diversas leyes ceremoniales de purificación con el propósito de enseñarles de manera tangible la diferencia entre lo puro y lo impuro, y guiarlos hacia la santidad. El objetivo principal de todas estas leyes era enseñar al pueblo que ellos eran un pueblo diferente a los demás pueblos paganos a su alrededor y estas prácticas servirían para diferenciarlos de los demás. 

Perseguir la santidad imponía sobre los judíos muchas leyes y restricciones en la vida diaria. Todas estas restricciones tienen la intención de recordarles de manera práctica y cotidiana: el pecado nos separa de Dios; la santidad nos acerca a Él. 

En el libro de Levítico encontramos muchas veces la frase «como mandó el Señor», o alguna frase similar. Leemos que Moisés hacía exactamente como Dios había instruido. 

Lee Levítico 10:1. 

  • ¿Qué hicieron Nadab y Abiú? 
  • ¿Por qué piensas que Dios juzgó esa transgresión de forma tan severa y dramática?
  • ¿Qué indica esto acerca de la importancia de obedecer las instrucciones de Dios?

Lee Hechos 10:9-23 y Colosenses 2:16 a la luz de la porción que leímos hoy.

En el Nuevo Testamento vemos como la distinción entre animales puros e impuros terminó. Sin embargo, el pueblo de Dios continúa siendo un pueblo llamado a la santidad, apartado para Dios.

«Él se dio por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo para posesión Suya, celoso de buenas obras». – Tito 2:14

Medita en este texto de Tito a la luz de lo que has venido leyendo en el libro de Levítico.

«Los adoradores del Antiguo Testamento estaban demasiado familiarizados con las interminables ordenanzas requeridas para tratar su pecado y culpa... lavamientos ceremoniales, sacrificio de animales, derramamiento de sangre, ofrendas. Una y otra y otra vez. Pero estos rituales eran simbólicos, destinados a señalar la obra de Cristo en la cruz». 

(Incomparable, editorial Portavoz)
  —Nancy DeMoss Wolgemuth1



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