Caleb y Josué sabían que habría grandes obstáculos al entrar a la Tierra Prometida. Pero en lugar de enfocarse en los gigantes, pusieron su mirada en Dios.
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Reflexión
¿Cómo puedes mantener tus ojos en la grandeza de Dios hoy, aun cuando las noticias o las circunstancias a tu alrededor parezcan desalentadoras?
Devocional
- ¡Los israelitas podrían haber evitado vagar por el desierto durante cuarenta años si hubieran creído y obedecido al Señor!
- ¿No te parece ridículo? ¡Deben haberse querido matar ellos mismos! Están parados justo al borde de la línea para entrar en la tierra prometida y Dios dice: «No, te estoy redirigiendo a través del camino extra largo» (paráfrasis de la autora).
- No solo eso, sino que todos los que fueron contados en el censo del capítulo 1, que tenían veinte años o más, nunca podrían entrar a la tierra prometida, a excepción de Josué y Caleb, los únicos que creyeron y confiaron en Dios. Así que, hasta que esa generación muera, el pueblo de Israel seguirá vagando por el desierto. Sin embargo, sus hijos sí podrían entrar y disfrutar de la tierra prometida.
- Diez de los doce espías no creían y, como líderes de sus tribus, mantenían fuertes posiciones. Eran influyentes y llevaron a todo Israel a quejarse y dudar. La incredulidad y la desconfianza son contagiosas.
- La incredulidad es perdonada, pero conlleva consecuencias. ¿Cuáles son algunas de las consecuencias que enfrentas debido a la desconfianza o la incredulidad?
- Pecados involuntarios o desconocidos.
- Una falta de comprensión profunda acerca de la seriedad del pecado en cuestión. En otras palabras, con respecto a este pecado, la persona no tenía conocimiento. Esto incluye los pecados cometidos con cierto grado de conciencia, una conciencia de lo que uno está haciendo, quizás por debilidad. Por ejemplo, la Biblia claramente hace una diferencia entre homicidio involuntario y asesinato, y el principio subyacente gira en torno a la presunción. El homicidio involuntario es matar a alguien accidentalmente, mientras que el asesinato es quitarle la vida premeditada y deliberadamente*. Sin embargo, ambos son pecado, pero su retribución es diferente.
- Es interesante que en el capítulo 15, al no entrar en la tierra prometida por miedo y desconfianza, de repente, se comienza a hablar sobre ciertas leyes previo a lo que leeremos en el capítulo 16. Ellos debían recordar que Dios es el Señor su Dios que los sacó de la tierra de Egipto para ser el Dios de ellos (v. 41).
«Al no confiar en las promesas de Dios, no caminamos por fe y, por ende, no somos capaces de rendir eso que se nos ha pedido. Somos esclavas, controladas por aquello que pretendemos “mantener” en control».
(Nancy DeMoss Wolgemuth en Enfrentemos nuestros miedos, página 9) —Nancy DeMoss Wolgemuth1
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