¡Llegamos al final del libro de Josué! En esta última parte, Josué anima al pueblo a ser fiel al Señor y renueva el pacto en Siquem, desafiándolos a decidir a quién servirán. El relato termina con la muerte de Josué y el testimonio de que Israel sirvió al Señor mientras él vivió, y también durante los días de los ancianos que lo sobrevivieron.
Leer
Reflexión
En Josué 23:11, Josué le dice a Israel: «Tengan mucho cuidado con ustedes mismos, para amar al SEÑOR su Dios». ¿Cómo se vería en tu vida “cuidarte a ti misma” para seguir amando al Señor con todo tu ser?
Devocional
Luego de ayudar a sus hermanos de las demás tribus, Josué despide a las tribus de Gad, Rubén y la media tribu de Manasés. Ahora podrían regresar a su heredad en la tierra de Galaad, al oriente del Jordán. Habían dejado atrás a sus familias por varios años ya, para fielmente cumplir con la encomienda de ayudar a las demás tribus a conquistar y distribuir la tierra del lado occidental. ¿Qué ejemplo podemos imitar aquí?
Inmediatamente cruzan el Jordán, estas tres tribus levantan un altar con el objetivo de que sus hijos aprendiesen a temer al Señor. El altar no era para sacrificios y holocaustos, ya que ese altar estaba localizado al otro lado del Jordán, sino para que sirviera como testimonio para las siguientes generaciones.
Sin embargo, cuando «los israelitas oyeron esto, toda la congregación de los israelitas se reunió en Silo para subir a pelear contra ellos» (Josué 22:12).
- ¿Qué lección podemos aprender de este relato?
«El que responde antes de escuchar, cosecha necedad y vergüenza». –Proverbios 18:13
El Señor cumplió todas Sus promesas hacia el pueblo de Israel. Nada quedó sin cumplirse. ¿Cómo te alienta leer esto?
«...yo y mi casa, serviremos al Señor» (Josué 24:15). No hay término medio. Dios es un Dios celoso (Éxodo 34:14).
Josué no solo era un buen líder militar, sino que tenía sus prioridades claras. Él sabía a quién servía su familia.
- Lee Génesis 18:19. ¿Puedes ver esto en la vida de Josué?
- ¿Es esta la determinación de tu propio corazón? ¿Es esa determinación evidente en tu familia (decisiones, elecciones y estilo de vida)? Por qué sí o por qué no.
Conociendo que ya estaba llegando al final de su vida, al igual que hizo Moisés, Josué se dirige al pueblo. Les recuerda lo que Dios ha hecho por ellos, comenzando desde Génesis hasta ese momento, y los anima a seguir a Dios «con integridad y con fidelidad». La única posibilidad de sobrevivir dependería de que ellos siempre recuerden el hecho de que no eran nada sin la ayuda de Dios. Dios había demostrado ser un Dios soberano que debía ser amado, temido y obedecido. ¿Vives de esta forma, reconociendo genuinamente que separada de Cristo nada puedes hacer? (Juan 15:5).
Josué también les exhortó a esforzarse en ser diligentes en erradicar a las naciones delante de ellos, porque si no lo hacían, ellas le serían de lazo y tropiezo.
- Lee y medita en el texto de 2 Corintios 6:14-18 a la luz de esta exhortación y examina tu propia vida.
- Además de evitar yugos con no creyentes, ¿qué podemos aprender de este principio para nuestra lucha contra el pecado remanente?
Josué les deja saber a los Israelitas que ellos no serían capaces de obedecer a Dios. A la luz de todo lo que hemos visto hasta aquí, ¿en qué se basó Josué para tal pronóstico?
El libro concluye con tres entierros (Josué, José y Eleazar, el hijo de Aarón). Todos ellos cumplieron la encomienda que Dios les dio y le sirvieron en su generación.
Pero la historia que Dios está escribiendo no se detiene…
Y, ¡así concluimos otro libro más! Al igual que con Moisés y con Josué, Dios ha prometido estar con nosotras cada día hasta el fin (ver Mateo 28:20). Cristo venció a todos nuestros enemigos en la cruz (ver Colosenses 2:14-15). Mientras tanto, en esta peregrinación hasta la ciudad celestial, donde anticipamos recibir una preciosa herencia, tenemos «preciosas y maravillosas promesas» (ver 2 Pedro 1:4) que nos ayudan a crecer, madurar y llevar frutos para la gloria y honra de Su nombre.
«Oh Señor, siempre has estado conmigo; nunca me has dejado ni abandonado; y ninguna de Tus promesas ha fallado. Te adoro y Te alabo con todo mi corazón. Que mi vida y mis palabras den testimonio de Tu fidelidad a mi generación y a las generaciones venideras. Amén».
. (Nancy DeMoss Wolgemuth en la CSB Notetaking Bible, Revive Our Hearts Edition) —Nancy DeMoss Wolgemuth1
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