Hoy terminamos 1 Samuel. En esta sección, David rescata a su gente y sus posesiones capturadas por los amalecitas, mientras Saúl es derrotado por los filisteos y muere en la batalla. El libro concluye con el ascenso de David y la caída trágica de Saúl.
Leer
Reflexión
En 1 Samuel 30:6b leemos: «Pero David se fortaleció en el Señor su Dios».
De manera práctica, ¿qué significa para ti buscar tu fuerza en el Señor? ¿Cómo luce eso en tus momentos de cansancio, temor o incertidumbre?
Devocional
Cuando David y sus hombres regresan de Siclag, encuentran que los amalecitas habían quemado la ciudad y se habían llevado cautivos a sus mujeres e hijos. Ellos estaban desconsolados y los hombres de David lo culpan y hasta hablan de apedrearlo debido a su amargura. Cuando pasas por crisis o situaciones difíciles, ¿tiendes a culpar a otros o vez la mano de Dios en todo?
David se fortaleció en el Señor. Él inmediatamente buscó la voluntad de Dios en el asunto, quien le aseguró la victoria. David dependía del Señor en todo tiempo. En tiempos de dificultad, ¿te fortaleces en el Señor? ¿A quién acudes primero, a los hombres o a Dios?
Dios ayudó a los israelitas a encontrar a sus enemigos por medio de un siervo egipcio de los amalecitas. Allí estaban ellos celebrando su botín, bebiendo y bailando, y fueron sorprendidos por David y sus hombres. Tal como le había prometido a David, Dios les ayudó a recuperar todos sus familiares y el botín.
Algunos hombres se habían quedado rezagados debido a la fatiga y los hombres de David se rehusaron a darle del botín ya que no había ido a la batalla. Pero a David el éxito no se le había ido a la cabeza. Humilde y sabiamente, David les recuerda Quién fue quien batalló por ellos: el Señor los había entregado en sus manos y los que se habían quedado atrás también podrían disfrutar del botín.
Cuando misioneros son llamados a ir a la línea de batalla a compartir el evangelio, los que quedan atrás «cuidando el equipaje», apoyándolos en oración y financieramente, también disfrutan de los frutos de la obra de Dios a través de estos siervos fieles.
La victoria es de todos porque la victoria es de Cristo.
«Se prepara al caballo para el día de la batalla, pero la victoria es del Señor». –Proverbios 21:31
Mientras David obtenía la victoria contra los amalecitas, Saúl y sus hijos mueren en manos de los filisteos. Dios juzgó la desobediencia de Saúl (ver 1 Crónicas 10:13-14). El escudero de Saúl no quiso matarlo por temor, pero estuvo dispuesto a quitarse la vida y morir con él. Al quitarse su propia vida, luego de que Saúl se quitara la suya, el escudero mostró más fidelidad a Saúl que al dueño de Su vida; su Creador.
«Una vida de obediencia a Dios en los momentos tranquilos o fáciles es la mejor preparación para una vida de obediencia cuando llegan los verdaderos desafíos».
(Nancy DeMoss Wolgemuth en Elisabeth: Cómo lidiar con la desilusión, página 42) —Nancy DeMoss Wolgemuth1
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