31 de marzo de 2026

Lee la Biblia, Día 90

En 2 Samuel 1–3, David lamenta la muerte de Saúl y Jonatán, y es ungido rey sobre Judá, mientras Is-boset, hijo de Saúl, gobierna el resto de Israel. Lo que sigue es una lucha de poder entre ambas casas, pero David se fortalece cada vez más como el rey escogido por Dios.

Leer

2 Samuel 1 – 3

Reflexión

En este pasaje, David lamenta sinceramente la muerte de Saúl, a pesar de su relación turbulenta. Cuando ves que alguien, especialmente alguien que te ha hecho daño, cae en pecado, es removido de una posición, o «recibe lo que merece», ¿cómo responde tu corazón?

Devocional

El segundo libro de Samuel no inicia de la manera habitual de un libro, ya que no existe una interrupción clara entre los dos libros. Esto se debe a que 1 y 2 Samuel constituían originalmente un solo libro en la Biblia hebrea. La división en dos partes parece haber ocurrido durante la traducción de la Biblia al griego, en la versión conocida como la Septuaginta.

Al final del primer libro de Samuel, Saúl muere. Es por eso que, el capítulo 1 del segundo libro, comienza con el informe de la muerte de Saúl.

  • Este hombre de Israel fabricó esta historia de la muerte de Saúl con la esperanza de ser recompensado, pero terminó siendo asesinado.
  • David, en su canto de lamento, recuerda a Saúl y a Jonatán en su mejor momento.
  • David sufrió mucho a causa de las persecuciones de muerte que Saúl le hizo; sin embargo, lamenta su muerte porque reconocía que era el ungido de Dios. También, llora por su mejor amigo Jonatán, el hijo de Saúl. Jonatán, siendo el hijo del rey, era un príncipe que tarde o temprano se convertiría en rey; no obstante, Dios había elegido a David como el próximo rey de Israel.
  • Se podría pensar que esto causaría rencor y odio de Jonatán hacia David, pero sucedió todo lo contrario. Jonatán conocía y deseaba que David se convirtiera en rey y trataba a este muchacho campesino como el hermano de un príncipe. Al respecto un comentarista dijo: «Jonatán, con todo que perder, y David, con todo que ganar, siguieron siendo amigos verdaderos y leales».

Finalmente, David es ungido rey, pero no sobre todo Israel, sino sobre la tribu de Judá, pues el resto de Israel tiene al hijo de Saúl, Isboset, como rey. Aquí se da una guerra civil entre los hombres de David y los hombres de Isboset, en lo que parece un juego para determinar quién tiene el ejército más fuerte. David ni siquiera estaba allí y me pregunto si él sabía sobre esto.

¿Estaba uno de sus hombres, Joab, tratando de tomar el mando? Esta fue una guerra civil planteada más por deporte que por la gloria a Dios. A menudo, somos traicionadas por los logros de los que estamos orgullosas, especialmente por razones egoístas.

Hacer un juego a partir de un problema grave no es sabio. ¿Cómo ves que esta mentalidad sigue siendo así hoy?
 

Amargura de venganza

El hermano de Joab, Asael, fue asesinado por Abner en la batalla entre Judá e Israel. A continuación, vemos a Joab tomando venganza al matar a Abner por causa de su hermano. Esto parece una cosa justa: ojo por ojo, diente por diente, pero hay más en la historia.

  • En el capítulo 2 vemos a Abner tratando de nomatar a Asael, e incluso lo vemos usando la parte trasera de su lanza para hacerlo tropezar en lugar de matarlo.
  • Abner estaba del lado de la casa de Saúl luchando contra David, pero incluso él sabía que David se convertiría en rey sobre todo Israel. Cuando Isboset acusa a Abner de acostarse con una de las concubinas de Saúl, no tenemos evidencia de si esto era cierto o no, pero él se vuelve para ayudar a entregar todo Israel a David.
  • Joab asumió que Abner estaba engañando a David, y como él aún sentía amargura por causa de su hermano, va en secreto y lleva a cabo un plan para matar a Abner astutamente sin contarle a David.

Abner había matado a Asael en defensa propia, pero Joab planeó este asesinato en venganza e intencionalmente.

«Incluso los santos más devotos experimentan penas, sufrimientos y luchas. Pero en medio de nuestro peregrinaje terrenal, la alegría que Cristo nos ofrece nos eleva más allá de nuestras circunstancias y nos proporciona una impresionante muestra de los placeres eternos del cielo».

(Nancy DeMoss Wolgemuth en Enfrentemos nuestros miedos, página 11) —Nancy DeMoss Wolgemuth1



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