2 de abril de 2026

Lee la Biblia, Día 92

El capítulo de hoy incluye el Pacto Davídico, un pasaje que tiene repercusiones a lo largo de toda la Escritura. Estas promesas hechas a David nos recuerdan que los planes de Dios son eternos e inconmovibles, y que Sus propósitos se extienden para siempre.

Leer

2 Samuel 7-10

Reflexión

El Pacto Davídico apunta hacia el Reino eterno a través del linaje de David, que se cumple plenamente en Jesús.

¿Cómo te da esperanza hoy conocer el plan de Dios para un reino eterno?

Devocional

Humildad por la gracia de Dios

Cuando David tuvo descanso de sus enemigos, se encontraba viviendo en una casa magnífica; sin embargo, su mente parecía no estar en reposo, por lo que se pregunta qué pasa. Al comienzo del capítulo 7, David está pensando para sí mismo y se le ocurre la idea de construir una casa para el Señor. Pero más adelante, en el versículo 18, vemos que se sienta delante del Señor y se humilla.

Muchas veces podemos tener un descanso físico en la locura de la vida, pero muy pocas veces tenemos un descanso mental y emocional, pues nuestras mentes siempre están a toda marcha.

  • ¿Cómo permites que tu mente descanse?
  • ¿Por qué luchas con el descanso de tu mente y corazón?
  • ¿Cuál es la diferencia entre pensar en ti y orar a Dios?

«Entonces el rey David entró y se sentó delante del Señor y dijo: “¿Quién soy yo, oh Señor Dios, y qué es mi casa para que me hayas traído hasta aquí?”». –2 Samuel 7:18

«¿Quién soy yo?», es una gran pregunta que debemos hacernos. Nada merecemos, somos elegidas únicamente por Su gracia y, por esa gracia, nosotras respondemos a Él. Y solo por Su gracia podemos comprender verdaderamente la humildad y la indignidad.

  • ¿Cómo crees que Dios respondería a la pregunta de «¿quién eres tú?»?

Una promesa cumplida siglos después

David continúa teniendo victoria sobre las naciones vecinas durante su período como rey. Estas conquistas se mencionan en el capítulo 8. También nos relata que David estableció tropas políticas en todo Edom (que se refiere a la descendencia de Esaú), que se convertirían en sus sirvientes. Así comenzó a cumplirse la extraordinaria predicción que le fue dada a Rebeca de sus hijos gemelos Esaú y Jacob en Génesis 25:22. Lo interesante es que comenzó a cumplirse muchos siglos después de su muerte: «Y el mayor servirá al menor».

Lo que nunca podríamos hacer por nosotras mismas

Mefiboset fue el hijo del mejor amigo de David. A raíz de una caída que Mefiboset sufrió cuando era llevado por su nodriza, lo dejó lisiado de ambos pies. En aquel tiempo, la gente consideraba que la imperfección física era algo vergonzoso, pero David aceptó a Mefiboset tal como era. De hecho, no dudó cuando Siba le dijo que Mefiboset estaba discapacitado, sino que lo honró a él y a la promesa que hizo con Jonatan. 

Trata de imaginar a Mefiboset arrodillado ante David, ¿te imaginas la dificultad? Él mismo estaba obviamente humillado. David deseaba mostrar la bondad amorosa de Dios; la gracia de Dios hace por nosotras, lo que nunca podríamos hacer por nosotras mismas.

  • Muchos esperan honrar a alguien que se ve bien o que tiene su vida en orden; en lugar de hacerlo por los «no aptos» o «no calificados».
  • ¿Qué te impide verte lisiada como realmente somos sin la gracia de Cristo?

Deshonrado por la bondad

Cuando David trató de consolar en el momento de pérdida y dolor, la respuesta fue vulgar. El rey Amón acababa de morir y su hijo Hanún tomó su lugar. David quiso mostrar amabilidad en ese momento de duelo, ya que probablemente recordó la muerte del rey Saúl y Jonatán. Él quería mostrar amabilidad a Hanún porque su padre Nahas le mostró bondad.

La humillación provocada a los siervos de David de tener sus barbas cortadas y las partes traseras expuestas fue, como para cualquiera lo sería, algo despiadado y humillante. Qué compasión la que muestra David al guardar su dignidad antes de que regresaran a la ciudad.

  • ¿Has tenido una respuesta dura cuando intentas consolar o mostrar favor a alguien?
  • ¿Alguna vez has ayudado a proteger la dignidad de alguien?

«Ser bondadosas es ser como Dios, y cuando somos bondadosas con quienes son crueles con nosotras, les mostramos la asombrosa e inmerecedora bondad de Dios». 

(Nancy DeMoss Wolgemuth en Adornadas, editorial Portavoz) —Nancy DeMoss Wolgemuth1



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