Carisma no es sabiduría

Adquiere la Guía devocional de Semana Santa aquí

Con el paso del tiempo he aprendido a admirar más la sabiduría en una mujer anciana que los dones de una mujer carismática. He aprendido a valorar la paz, sobriedad y dominio propio en la lengua y el actuar de una anciana para imitarla, que las palabras bien articuladas de una mujer bien preparada. He aprendido a desear lo que realmente impacta la vida de otras mujeres a largo plazo y que debemos cultivar diariamente.

La sabiduría no es meramente información o buena información. No solo es el conjunto de códigos morales de lo que es correcto y lo que no es. La sabiduría bíblica, la que procede de lo alto, es más práctica que informativa. Y lo que diferencia la sabiduría humana de la sabiduría bíblica es que procede de Dios, el Creador de todo, y que habita en la persona de Cristo. Así que si deseas sabiduría, necesitas primero conocer a Jesús, confiar en Él y poner por obra Su Palabra.

Si has leído la carta de Santiago, seguramente te has encontrado con la recurrencia de la palabra «sabiduría», al menos cinco veces. Así que, aprendamos de la carta proverbial del Nuevo Testamento para ser «hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos» (Stg. 1:22). Y si deseamos sabiduría que procede de lo alto, podemos pedirla, especialmente cuando atravesamos pruebas (Stg. 1:2-5). Pero hay más para vivir sabiamente frente a nuestras hermanas que están observando y que necesitan ver cómo se ve una mujer sabia.

¿Qué es sabiduría bíblica?

Es aprender a vivir nuestra vida en sincronía con la voluntad de Dios. Es aprender a ver toda la vida desde el punto de vista de Dios; nos alineamos a Su Palabra y ordenamos nuestros afectos para responder de maneras que honran a nuestro Salvador y Señor. Y en palabras del libro de Proverbios: «El temor del Señor es el principio de la sabiduría» (Prov. 1:7). Así que solo a quien tiene una relación con Dios por la fe en Cristo, puede pedir sabiduría y caminar en ella. Lo opuesto a ser mujeres sabias es ser mujeres necias y arrogantes. 

En nuestro servicio a otras mujeres, la necedad se manifiesta cuando no tenemos un corazón enseñable e imponemos nuestra voluntad. Pues la sabiduría bíblica nos hace más entendidas y mansas, lo que contradice la arrogancia y ambición personal con la que podemos dirigir un grupo o tomar decisiones. Necesitamos una dosis diaria de humildad para reconocer que nada nos pertenece, ni el grupo ni las hermanas, y que nos necesitamos unas a otras para crecer a la imagen de Cristo.

Sabiduría que procede de un corazón siendo transformado

Santiago nos enseña a discernir cómo se ve la sabiduría y cómo caminar en ella. Leamos: «La sabiduría de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, condescendiente, llena de misericordia y de buenos frutos, sin vacilación, sin hipocresía» (Stg. 3:17).

Nadie puede sostener estas actitudes por mucho tiempo a menos que el Espíritu Santo esté obrando en nuestros corazones. Es decir, la conducta es un reflejo del estado de nuestro corazón. Todas estamos en procesos de santificación, y Santiago nos provee estos versículos para que hagamos una radiografía a nuestra forma de ser y relacionarnos con nuestras hermanas. 

Así que, ¿cómo está tu corazón? Santiago dice: «Pero si tienen celos amargos y ambición personal en su corazón, no sean arrogantes y mientan así contra la verdad. Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural, diabólica. Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala» (Stg. 3:14-16).

Notemos el contraste de un corazón que muestra su buena conducta y sus obras en sabia mansedumbre, con la arrogancia de espíritu, la ambición personal y el engaño de la mentira. Todas podemos caer en hacer que nuestro servicio o una posición eclesiástica se trate acerca de nosotras, en apropiarnos de un grupo o un ministerio como si el mérito de su existencia fuera nuestro, y todas podemos caer en autoengañarnos con la mentira de que todo depende de nosotras. O bien, que nosotras somos el estándar moral a seguir por las demás. 

Las redes sociales son la plataforma ideal para este tipo de sabiduría que muchas veces está mezclada con un poco de verdad que, al final, es mentira. Publicar fotos de nuestros eventos siendo nosotras el centro, aun con las mejores intenciones, nos puede desviar de atribuir toda la gloria a Dios. Podemos escribir muchas verdades, pero ¿las estamos viviendo con nuestras hermanas que nos conocen? ¿Qué alimenta tu conducta? ¿La sabiduría de Dios o la tuya?

Cristo es nuestra sabiduría: a Él seguimos y escuchamos

Por eso, necesitamos poner nuestra mirada en Cristo, porque Pablo dice: «Pero por obra Suya están ustedes en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, santificación y redención» (1 Cor. 1:30). Cuando Jesús se transfiguró en el Monte Tabor frente a tres de Sus discípulos, una voz del cielo dijo: «Este es mi Hijo amado en quien Yo estoy complacido; óiganlo a Él» (Mt. 17:5).

Necesitamos oír las palabras de Cristo para seguirlo. Cristo es nuestra sabiduría porque Él es la Palabra viva que se entregó por nuestros pecados y resucitó para darnos vida eterna. Pablo dice, para contrarrestar toda altivez y arrogancia, que «Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo que es fuerte. También Dios ha escogido lo vil y despreciado del mundo: lo que no es, para anular lo que es, para que nadie se jacte delante de Dios» (1 Cor. 1:27-29).

Para caminar en sabiduría bíblica, necesitamos rendirnos al Señor, necesitamos quitar nuestra mirada de nuestro desempeño, de nuestras habilidades, para ponerla en Él. 

¿Cómo somos diferentes al mundo si escogemos a hermanas para servir junto a nosotras según nuestros criterios, así como el mundo lo hace? ¿Cómo somos diferentes al mundo si, porque no nos parece el desempeño de otra hermana o porque falló en algo o porque «no nos cae bien», la rechazamos como el mundo hace cuando decide catalogar lo que «no le suma o es tóxico»? ¿Cómo somos diferentes al mundo si nuestros desacuerdos los manejamos igual que el mundo al desechar, bloquear en las redes o dejar de darle responsabilidades a otra hermana dentro del ministerio? ¿Cómo somos diferentes al mundo si somos alborotadoras, buscando dirigir la luz hacia nosotras, como el mundo invita, en vez de apuntarlas a Cristo?

Nuestro caminar sabio se debe notar porque estamos cultivando en lo íntimo una relación con nuestro Padre celestial. Jesús personificó esa sabiduría. Su carácter es lo que perseguimos ser. Escuchar más que hablar; orar más que controlar; amar más que tener favoritismos; perdonar más que guardar rencor; compartir más que ser egoístas; aprender de otras más que desechar el aporte de ellas; hablar con sabiduría y paz, más que con gritos, burla o ironía. Y sobre todo, ser genuinas, sin hipocresía, porque a los pies de la cruz, todas estamos igual.

Si has dejado de orar, si has dejado de pedir ayuda, si has dejado de leer la Palabra, estás en zona roja. Eso es una alerta de regresar a una relación con Jesús para escucharlo y seguirlo. El fruto de esa relación con Él se mostrará en sabia mansedumbre al servir a otras mujeres en el temor de Dios y en la sabiduría que solo en Cristo encontramos y recibimos. Nuestras relaciones serán mejores y glorificarán al Señor cuando caminemos en sabiduría bíblica. ¿No quieres vivir sabiamente honrando a tu Señor, quien es tu sabiduría? Entonces, siembra la semilla: «Cuyo fruto es la justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz» (Stg. 3:18).

Ayúdanos a llegar a otras

Como ministerio nos esforzamos por hacer publicaciones de calidad que te ayuden a caminar con Cristo. Si hoy la autora te ha ayudado o motivado, ¿considerarías hacer una donación para apoyar nuestro blog de Maestra Verdadera?

Donar $3

Sobre el autor

Susana de Cano

Susana vive en la Ciudad de Guatemala. Es esposa de Sergio Cano con quien tiene tres hijos, Sergio Alejandro, Daniela y Susi, quien recientemente esta casada con Esteban. Es apasionada por enseñar la Palabra de Dios a otras mujeres para … leer más …


Únete a la conversación