No cabe duda de que vivimos tiempos en los cuales la verdad absoluta de Dios es el blanco del enemigo. Más bien, el fruto de su obrar, a través de la cultura de este mundo, es sembrar confusión, duda, temor… pero también, orgullo, ensimismamiento y división en el pueblo de Dios. Quizá no te has apercibido, pero muchas de las formas en las que las diferentes enseñanzas están moldeando el pensamiento de las mujeres es cada vez más sutil.
Por ejemplo, se ha sustituido la palabra «pecado» por «falta, error o una oportunidad de crecer»; el incremento en las emociones ha distorsionado la belleza de la verdad de Dios sobre quién es Él, lo que Él ha hecho y cuál es el propósito de Su pueblo y, por lo tanto, el sufrimiento y las dificultades son el problema a resolver, no el corazón que muchas veces se inclina ante otros dioses olvidándose de su Dios y Salvador.
Ante este escenario, las facilitadoras de grupos pequeños… y en general, todas las hijas de Dios que están involucradas en el servicio dentro de sus iglesias locales, necesitan perseverar y permanecer firmes en la verdad de Dios. Hasta aquí muchas dirán: «Amén, eso quiero o eso hago». Pero qué tal si nos hacemos un examen para saber si estamos aprendiendo a discernir las mentiras sutiles que el enemigo trae y nosotras recogemos o nuestras hermanas creen.
¿Qué es la verdad?
Sencillamente, la respuesta es: Cristo. Él es la verdad. Cuando Jesús estaba frente a Pilato previo a Su crucifixión, este le preguntó: «¿Eres Tú el Rey de los judíos? Jesús respondió: “¿Esto lo dices por tu cuenta, o porque otros te lo han dicho de Mí?» (Jn. 18:33). Pilato no respondió a la pregunta, sino más bien se desligó de la responsabilidad de hacerlo al afirmar que él no era judío. Su perspectiva era terrenal y política.
Por eso Jesús le responde: «Mi reino no es de este mundo» (Jn. 18:36). Es claro que el interés de Pilato es saber si él estaba enjuiciando a un rey, pero quizá también está interesado en toda la algarabía alrededor de Jesús. Entonces, Jesús responde: «Para esto Yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha Mi voz» (Jn. 18:37).
La verdad de Dios revelada en Cristo es la verdad que no es de este mundo, pero que informa y transforma cómo los hijos de Dios viven frente a las enseñanzas de esta cultura. Los que escuchan la voz de Jesús, Sus ovejas, son quienes reconocen que Cristo es la verdad. ¿Y eso qué significa? Que Cristo vino a este mundo, es decir, se encarnó para salvar a los hombres y para que creyeran por medio de Él. ¿Cómo escuchamos Su voz? Al sumergirnos en Su Palabra, que es verdad y que nos santifica (Jn. 17:17).
Jesús se presenta como la única verdad a través de Su vida perfecta y sin pecado en lugar de los pecadores; a través de Su muerte en la cruz en lugar de los pecadores; a través de Su resurrección como primicia y esperanza para todo el que crea en Él. Su Persona y Su obra indiscutiblemente son el medio de gracia que nos transforma y nos provee el estándar para evaluar las mentiras de este mundo que compramos por no conocer profundamente la Verdad.
Una verdad, muchas mentiras
Nuestra labor al discipular a otras mujeres es proveerles la verdad de la Palabra que apunta a la obra salvífica de Dios en Su Hijo Jesucristo. No hay otra manera de conocer la verdad que nos dice quiénes somos y quién es Dios para tener una relación eterna con Él. Las mentiras a las cuales te puedes enfrentar en tu grupo pequeño o al discipular a otra hermana seguramente entran en estas categorías:
- Legalismo: necesitas hacer esto, además de lo que dice la Palabra.
- Moralismo: solo haz lo correcto, pórtate bien y todo estará e irá bien.
- Progresismo: ese versículo o ese mandamiento ya no aplica a nosotras.
- Relativismo: no solo lo que dice la Palabra es verdad, también es lo que tú piensas.
- Emocionalismo: lo que sientes es tu verdad.
- Antinomianismo: ya no necesitas obedecer, pues todo es por gracia.
- Motivacional: la verdad es que Jesús quiere que seas feliz siempre, que no sufras y que cumplas tus sueños aquí y ahora.
- Individualismo: lo que Dios desea es que te enfoques en ti, que tú seas primero que todo y todos.
- Dualismo: el cuerpo no importa, solo el alma; son independientes la una de la otra.
Amadas hermanas, necesitamos guardarnos de agregar, quitar o minimizar la verdad de la obra de Cristo que obra para nuestra santificación (1 Tes. 4:3). Si Él ha dado Su vida por nosotras, Él es el centro de nuestra fe y es el medio para vivir nuestro cristianismo. Si Él ha resucitado, Él es nuestra única esperanza de una vida eterna con Dios. Si Él nos ha dejado a Su Espíritu morando en nosotras, es Él quien nos transforma a medida que obedecemos Su Palabra. Si Él nos está transformando, no lo hará dándonos todo lo que deseamos; más bien, nos santifica a través de las pruebas, el sufrimiento y la oposición de este mundo. Si Él nos está santificando, no hace separatismo entre el cuerpo y el alma; somos uno en Él.
Todas las mentiras que creemos tienen implicaciones en la forma en que vivimos. Lo que crees y adoptas como verdad se refleja en tu forma de vivir, pensar y actuar. Lo que enseñas es lo que crees. ¿Qué verdad estás creyendo acerca del evangelio? ¿Qué verdad están creyendo tus hermanas acerca de la preciosa obra de nuestro Jesús? La respuesta concienzuda te mostrará dónde debes parar para reflexionar y renovar tus pensamientos o dónde debes seguir perseverando para Su gloria.
Vive la verdad con gozo
La verdad existe, la verdad ha sido revelada en Jesús, la verdad confronta la incredulidad y por eso lo que necesitamos enseñar a nuestras hijas, a nuestras hermanas más pequeñas, a nuestro grupo local, es la verdad escrita en las hermosas páginas de la Biblia. David pedía a Dios que le devolviera el gozo de su salvación (Sal. 51:12); en medio de su arrepentimiento, lo único que Él quería era restauración de su relación con Dios.
Nehemías exhortó al pueblo desanimado a recordar que «el gozo del Señor es nuestra fortaleza» (Neh. 8:10). El salmista cantó con gozo porque Dios ha sido su ayuda (Sal. 63:7) y también exalta a Dios cantándole con gozo por Su misericordia y las obras de Sus manos (Sal. 90:14; 92:4). El justo se goza en la justicia y el corazón gozoso alegra el rostro (Prov. 21:15; 15:13). Cuando lo veamos cara a cara, nuestro gozo será aún más grande (Is. 66:14). Aunque tengamos aflicción, tenemos la promesa de que podemos gozarnos en medio de ella porque es una primicia del gozo eterno con Él (Jn. 16:22). El gozo es fruto del Espíritu (Gal. 5:22). Podemos gozarnos en medio de las pruebas (Stg. 1:2). Y qué gozo es saber que, como hijas de Dios, andamos en la verdad (3 Jn. 4).
Escudriña la Palabra de Dios diariamente para que Su verdad sea tu única verdad y para vivirla en tu hogar y en tu comunidad. Ora constantemente, pídele a Dios que te muestre el engaño en tu propio corazón (Sal. 19:12-13), y habla la verdad en amor a tus hermanas para que crezcan a la semejanza de Cristo y no se dejen engañar por todo viento de doctrina que las pretende golpear (Ef. 4:15, 14). Seamos mujeres fieles a quien nos ha rescatado de la mentira, del engaño del pecado, y cada día renovemos nuestra mente para proclamar y vivir conforme a la verdad que es Cristo.
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