Escritora invitada: Amy Jo Girardier
Sirvo con adolescentes. Me encanta discipular a chicas y ayudar a otras mujeres a discipularlas. He estado haciendo esto en la iglesia donde sirvo durante casi diecisiete años. ¿Está bien ser brutalmente honesta apenas dos oraciones después de comenzar esta publicación? ¿Podemos simplemente entrar de lleno en el tema? Aquí va… En medio de compartir la vida con las chicas y otras mujeres con quienes sirvo, hay momentos en los que quiero renunciar. ¡Ya está! ¡Lo dije!
Ahora bien, el deseo de renunciar surge por una infinidad de razones. A veces simplemente estoy cansada y sé que ha llegado el momento de dedicar un día al cuidado de mi alma. En otras ocasiones, se trata de un ataque contra el llamado de Dios a discipular chicas. Satanás me vuelve a engañar para que piense que no puedo hacer lo que Dios dice que puedo hacer en Él.
Hace unos años dirigí la peor reunión de chicas que jamás había dirigido. Para ser justa, no conocía bien con quiénes servíamos, aunque estaba completamente convencida de que sí lo sabía. Sabía que estaba sirviendo a las chicas de mi iglesia mientras organizábamos nuestro retiro para adolescentes, tal como lo había hecho durante los doce años anteriores. Sin embargo, algo salió terriblemente mal desde el momento en que les asigné las tareas. Fui a buscarles unas galletas con chispas de chocolate y chocolate caliente, porque ¿quién no quiere eso mientras trabaja en la planificación de un retiro para chicas? Mientras entraba con la bandeja de bocadillos, sentí que la sangre abandonaba mi rostro al ver a las chicas agrupadas alrededor de mi pizarra, borrando mis planes. Con calma dije: «¿Qué está pasando, chicas?». Una de ellas habló con valentía en nombre de las demás: «Sin ánimo de ofender, pero vamos a tomar otra dirección».
Tal vez tú también has estado allí. Quizá habrías sentido que te hervía la sangre, tal como me sucedió a mí en ese momento. «¿Sin ánimo de ofender? ¡Claro que ha habido una ofensa! ¡Yo soy la encargada y ustedes no se están dejando enseñar!». Grité estas palabras dentro de mi cabeza. Ni siquiera recuerdo qué hicimos durante el resto de la reunión; solo recuerdo lo agotadas que nos sentimos porque simplemente estábamos jugando a tirar de la cuerda en las decisiones.
Mientras conducía de regreso a casa, alternaba entre llorar y quejarme con Dios. Algunas veces se trataba de las chicas; otras, de mí. Pero en algún punto intermedio, comencé a tener miedo de que ya no estuviera capacitada para servirlas. Empecé a creer que era demasiado mayor. Comencé a rendirme y a darme por vencida. Y en medio de mi decisión de dejar de discipular chicas, el Señor intervino y susurró suavemente una pregunta en mi corazón que comenzó una nueva obra dentro de mí. Con amor dejó a un lado mi carta de renuncia y renovó en mí el amor por las chicas que había puesto en mi camino. La pregunta que me susurró fue simplemente esta: «¿Qué generación es esta?».
Liderando a una nueva generación de chicas
Regresé a casa y descubrí que había estado dirigiendo nuestro ministerio para adolescentes como si ellas fueran millennials, pero estas chicas no eran millennials. Eran de la generación Z. Se parecían mucho a los millennials, pero respondían de una manera completamente diferente a mi liderazgo.
Tres cosas que aprendí acerca de la generación Z
- Esta generación fue creada por Dios.
Sé que esto parece elemental, pero nunca me había detenido a pensar que toda una generación fue creada por Dios. Eso significa que puedo hablar directamente con su Creador y pedirle discernimiento para saber cómo liderarlas. Cuando regresaba a casa llorando en mi carro y derramaba mi corazón delante de Él acerca de aquella reunión, Dios me escuchó. Respondió con una pregunta que me ayudó a ver quiénes eran las personas que debía liderar. Me enseñó acerca de las chicas que había puesto en mi camino.
Ya sea que estés discipulando a tu propia hija o al grupo de chicas… no olvides hablar con su Creador acerca de quiénes son y de cómo han sido formadas. Él te revelará cosas acerca de toda una generación. Se deleita en mostrarnos cómo amar, discipular y orar por las chicas que Él ha creado.
- Esta generación es autosuficiente.
Creen en la primera parte de Filipenses 4:13: «Todo lo puedo», pero es con la segunda parte del versículo con la que tienen dificultades. Les resulta difícil rendir su principal vicio, el orgullo, y reconocer que solo pueden hacerlo todo por medio de Cristo, quien las fortalece.
Sin embargo, cuando el corazón de una chica de esta generación realmente es quebrantado por las cosas de Dios y ella busca Su reino, es como un grupo de apóstoles Pablo que proclaman valientemente Su evangelio a todas las personas y en todas partes.
- Esta generación tiene un espíritu emprendedor.
No esperarán a que les digas que tienen luz verde. En cuanto tienen una idea, dan por sentado que deben actuar. Cuando comencé a darme cuenta de que estas chicas eran diferentes y que necesitaba discipularlas de una manera distinta, dejé de caminar delante de ellas mostrándoles cómo hacer las cosas, como había hecho con los millennials.
Así que comencé a decirles cuáles eran las áreas que no podían cambiar y cuáles eran las cosas que sí podían modificar. Establecí algunos límites y les di permiso para avanzar dentro de ellos. Descubrí que estaban a la altura del desafío cuando les decía: «Como esto resulte tiene que ver con ustedes también».
También descubrí que no podía quitarles algo después de habérselo entregado. Quieren tener la posibilidad de apropiarse de una responsabilidad y, cuando se la quitas, no volverán a tomarla. ¡Estas son buenas noticias para las Buenas Nuevas! Una vez que les das a las chicas de la generación Z la visión de discipular a otras personas, correrán con ella y harán muchísimo más de lo que podrías pedir o imaginar.
Nunca eres demasiado mayor para discipular
Ahora que he llenado tu mente con toda esta información acerca de la generación Z, es importante que sepas que los miembros mayores de esta generación ya están en la universidad. Una nueva generación está comenzando a aparecer en nuestros ministerios infantiles.
Entonces, ¿qué significa eso para ti? ¿Qué significa para mí?
Significa que, ya sea que trabaje con la generación Z, con la generación alfa o con cualquiera de las generaciones que todavía están por venir, sé que, por diferentes que sean, todas fueron creadas por el mismo Creador. Y sé que Dios quiere que las generaciones se cuenten unas a otras cómo Él ha estado obrando:
«Una generación alabará Tus obras a otra generación,
Y anunciará Tus hechos poderosos». —Salmos 145:4
Y no debemos creer la mentira de que somos demasiado mayores para discipular a las generaciones que vienen detrás de nosotras.
Mientras investigaba acerca de las generaciones aquel día, hace cuatro años, Dios me mostró este pasaje:
«Y aun en la vejez y las canas, no me desampares, oh Dios,
Hasta que anuncie Tu poder a esta generación,
Tu poderío a todos los que han de venir» (Sal. 71:18).
Así que piensa hoy en las generaciones y no renuncies. Seguramente hubo un rostro o el nombre de alguna chica que Dios trajo a tu corazón mientras leías esta publicación. Habla con Él acerca de ella. Pregúntale hoy acerca de la generación de chicas a las que estás discipulando. Pídele que te muestre cómo amarlas, liderarlas y capacitarlas para que vayan hasta los confines de la tierra con Sus Buenas Nuevas.
Pídele que quebrante su orgullo para que puedan reconocer que Él es Dios y ellas no. Y levanta cada día tu propia bandera blanca de rendición delante de Él, reconociendo que solo puedes llevar a cabo esta tarea de liderazgo con Sus fuerzas, no con las tuyas. Ah, y una última cosa… ¡No renuncies!
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