Dios está escribiendo esta historia, y confiamos en Su mano: Un tributo al matrimonio de Nancy y Robert Wolgemuth

«Hay ciertas vidas que no solo enseñan la verdad, sino que la encarnan. Vidas que parecen libros abiertos, escritos no con tinta, sino con rendición».

Laura González-De-Chávez, directora de Aviva Nuestros Corazones, compartió esas palabras acerca de Nancy DeMoss Wolgemuth y su querido esposo, Robert, en una publicación en redes sociales el 9 de enero de 2026. A la mañana siguiente, el 10 de enero, tras una breve pero intensa batalla con complicaciones derivadas de una neumonía, Robert dejó su cuerpo terrenal y entró en la presencia de Cristo.

Con el Día de San Valentín mañana, pensamos con ternura en Nancy, ya que el 14 de febrero también marcaría lo que habría sido su próximo «mesiversario» con Robert.

Un testimonio de rendición

Compartimos las palabras de Laura a continuación, no simplemente como un tributo al matrimonio de Nancy y Robert, sino como un testimonio de lo que significa vivir en rendición a Jesucristo. Esta no es la historia de dos personas perfectas; Nancy y Robert serían los primeros en insistir en que su historia no se trata de ellos. Su historia da testimonio de la bondad de un Dios extraordinario que ha obrado con gracia en la vida de dos personas comunes.

Aun ahora, en medio del dolor, Dios sigue escribiendo la historia de Nancy; y la misma mano fiel que fue autora de sus años de soltería y de su hermoso matrimonio, es soberana también sobre este capítulo. Sus propósitos no han fallado, y Su gracia no ha disminuido.

Lo mismo es cierto para ti. Ya sea que estés soltera, casada, viuda, en temporada de anhelo o gozo, o atravesando el duelo, tu historia también está en Sus manos. Que el tributo de Laura te anime a confiar por completo a Dios, para que tu vida también declare: «Dios está escribiendo esta historia, y confiamos en Su mano».

Hay ciertas vidas que no solo enseñan la verdad, sino que la encarnan.

Vidas que se sienten como libros abiertos, escritos no con tinta, sino con rendición.

Las vidas de Nancy DeMoss Wolgemuth y Robert Wolgemuth son de ese tipo.

Cuando pienso en Nancy, pienso en la gracia serena y constante de una mujer que confió a Dios toda su historia. Sin apresurarlo. Sin exigir respuestas. Sin aferrarse a resultados. Dios le permitió caminar muchos años en soltería—no como una sala de espera, sino como un llamado. Una vida plena, fructífera y profundamente dedicada a Él. Y entonces, sin que ella lo buscara, sin esfuerzo ni maniobra humana, Dios escribió un nuevo capítulo. Uno sorprendente. Uno tierno.

A su vida Él trajo a un caballero—amable, piadoso, humilde. Un hombre que la ama a ella, ama al Señor, ama el ministerio y ama a las personas que la aman. Eso, por sí solo, habla profundamente del corazón de Dios. Y entonces se casaron. No como un retiro privado del mundo, sino como un testimonio público de la fidelidad de Dios.

Aun su luna de miel dio testimonio. Que una pareja recién casada eligiera pasar esos días tan sagrados compartiendo la vida con otros habla de su abnegación. De sus manos abiertas. De sus corazones abiertos. No guardan sus vidas; las entregan. No solo «hablan» de su fe; la viven—con sencillez, honestidad y reverencia—delante de un mundo que observa.

Lo que nos enseñan no es solamente qué creer, sino cómo vivir como hijos de Dios que verdaderamente confían en Él. Vidas vividas sin paredes, sin techos, sin habitaciones ocultas—vidas expuestas a la mirada de otros, pero firmemente ancladas en la soberanía de Dios. Vidas que dicen, sin palabras: Dios está escribiendo esta historia, y confiamos en Su mano.

Honraron a Dios con su matrimonio. Se lo ofrecieron de vuelta como una plataforma para servir—para mentorear a los esposos en un amor fiel, para animar a las mujeres a caminar en una feminidad piadosa, para recordar a la Iglesia que el matrimonio mismo puede ser un acto de adoración.

Y ahora, en esta prueba final y dolorosa—Robert en su camino a casa—esa misma gracia vuelve a mostrarse. Nancy vive este sufrimiento delante del mundo con la misma rendición con la que vivió sus gozos. Aún enseñando. Aún señalando hacia Cristo. Aún recordándonos cómo luce una vida que pertenece por completo a Dios.

Verdaderamente no hay palabras suficientes. Nancy no tiene sustituto. Fue formada por Dios para un tiempo como este, para momentos como estos. Su vida no puede explicarse sino a la luz de la gracia sobrenatural de Dios. Y por medio de ella, Dios ha dado un regalo profundo a Su Iglesia.

Así que gocémonos en esa gracia.

Demos gracias a Dios por su vida.

Honrémosla, amémosla y levantémosla en oración.

Y sigamos su ejemplo—en la medida en que ella sigue a Cristo.

Como dijo el apóstol Pablo una vez: «Sean imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo».

Al observar la vida de Nancy, somos recordadas una vez más de cuán hermosa puede ser esa invitación.

A salvo en el hogar celestial

La mañana del sábado 10 de enero de 2026, Robert Wolgemuth —amado esposo de Nancy DeMoss Wolgemuth— entró en el gozo de la eternidad con Cristo. Aunque lloramos su partida, lo hacemos con esperanza, confiados en que el Cielo gobierna y que Jesús está cerca.

Te invitamos a recordar a Robert, reflexionar sobre su vida y legado, y compartir una nota de ánimo en su memoria.

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Sobre el autor

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