Donde Él habita, florece la vida

Uno de los nombres más preciosos de nuestro Señor Jesucristo es Emmanuel: Dios con nosotros (Mt. 1:23). Esta verdad no es solo una declaración teológica; es un consuelo profundo y una promesa viva que transforma cada aspecto de nuestra vida cristiana. Para nosotras, mujeres que enfrentamos luchas diarias, cargas familiares, ministeriales y personales, saber que Dios está con nosotras nos sostiene, nos da esperanza y nos recuerda que no caminamos solas.

Nancy suele enfatizar que la presencia de Dios no es un accesorio espiritual, sino la esencia misma de nuestra fe. No tenemos un Dios distante ni una religión fría, sino un Salvador que habita con nosotras y en nosotras por medio de su Espíritu. Esa verdad debe moldear nuestra identidad, nuestras prioridades y nuestra manera de enfrentar la vida.

La presencia de Dios en medio de nuestras luchas

La gloria de Dios se manifiesta de manera especial cuando, en medio del sufrimiento, confiamos en Él. Nosotras no siempre entendemos el propósito de nuestras pruebas: enfermedades, decepciones, conflictos en el hogar o heridas emocionales. Sin embargo, Cristo mismo prometió: «Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt. 28:20).

Dios con nosotras significa que no hay valle tan oscuro donde Su luz no brille. Él es nuestra compañía constante, nuestro refugio en la tormenta y nuestra fortaleza en la debilidad. John Piper nos recuerda que Dios se glorifica cuando hallamos satisfacción en Él, incluso cuando nuestras circunstancias son adversas. Ahí descubrimos que la presencia de Dios es suficiente.

Dios con nosotras para santificarnos

La meta de la vida cristiana no es simplemente ser felices, sino ser santas. Dios con nosotras significa que Él no nos deja como estamos, sino que nos transforma cada día a la imagen de Cristo. Su Espíritu mora en nosotras para guiarnos, convencernos de pecado y fortalecernos en obediencia.

Una fe verdadera se hace evidente en una vida transformada. Si decimos que creemos en Emmanuel, entonces nuestra conducta debe reflejar Su presencia. Esto implica vivir en pureza, cultivar una mente renovada por la Palabra (Ro. 12:2) y caminar en obediencia diaria. La santidad es una carga imposible, pero se vuelve posible cuando recordamos que el Dios santo vive con nosotras y en nosotras, y si le permitimos que Él lo haga en nuestras vidas.

Dios con nosotras en nuestra misión

El hecho de que Dios esté con nosotras nos impulsa a salir de nosotras mismas y anunciar Su nombre a otros. No se trata de confiar en nuestras habilidades, sino en Su poder.

Cuando Jesús comisionó a Sus discípulos a hacer discípulos de todas las naciones, no les prometió recursos humanos ilimitados, sino Su presencia constante (Mt. 28:19-20). Esa misma promesa es para nosotras hoy. En nuestras casas, trabajos, escuelas e iglesias, somos embajadoras de Cristo, sabiendo que Él obra a través de nosotras.

La misión de Dios la va a llevar a cabo Él mismo por Su fidelidad, y si Él está con nosotras, nada puede detener Su plan.

Dios con nosotras en la vida cotidiana

Dios con nosotras no significa únicamente que nos acompaña en los momentos de oración o en la iglesia los domingos, sino también en la cocina, cuando estamos atendiendo a nuestros niños, en la oficina, en las conversaciones difíciles y en los instantes de soledad.

La presencia de Dios nos recuerda que cada acción —por más sencilla que parezca— tiene valor eterno si se hace para Su gloria. Lo ordinario se vuelve extraordinario cuando lo hacemos conscientes de nuestro Emmanuel. Así, criar hijos, servir a nuestro esposo, trabajar con excelencia o ministrar a una amiga afligida, son expresiones de la presencia activa de Dios en nosotras.

Vivir confiadas en Emmanuel

Si de algo podemos estar seguras es de que nunca estamos solas. Cuando la ansiedad toca nuestra puerta, cuando la culpa del pasado quiere esclavizarnos, cuando los temores del futuro nos paralizan, podemos recordar: Dios está con nosotras.

Esta promesa debe movernos a rendirnos plenamente al Señor. No tenemos que controlar todo, porque Aquel que está con nosotras reina sobre todo. La confianza en Su soberanía y Su cercanía nos da libertad para vivir con gozo y paz, aun en medio de un mundo incierto.

Conclusión

Emmanuel no es solo un nombre hermoso para recordar en Navidad; es una realidad diaria. Dios con nosotras significa que no caminamos solas, que tenemos poder para vivir en santidad, que somos enviadas a cumplir una misión y que podemos vivir cada momento —por pequeño que parezca— para Su gloria.

Como mujeres redimidas, podemos levantar nuestra mirada y predicarnos a nosotras mismas: «El Señor está a mi favor; no temeré» (Sal. 118:6). Esa es nuestra esperanza, nuestra seguridad y nuestra mayor alegría: Dios con nosotras, hoy y por la eternidad.

Ayúdanos a llegar a otras

Como ministerio nos esforzamos por hacer publicaciones de calidad que te ayuden a caminar con Cristo. Si hoy la autora te ha ayudado o motivado, ¿considerarías hacer una donación para apoyar nuestro blog de Mujer Verdadera?

Donar $3

Sobre el autor

Margarita Hinojosa

Margarita es esposa de pastor y madre de dos varones a quienes instruyó en casa hasta antes que comenzaran sus estudios universitarios. Actualmente ella es la directora del ministerio de mujeres en la iglesia local en Querétaro México, donde alienta … leer más …


Únete a la conversación