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Un día, tú y yo vamos a morir. Nuestro final puede llegar al término de una enfermedad prolongada o puede venir de manera repentina. Una lucha contra el cáncer o un fatal accidente automovilístico. Una experiencia lenta y dolorosa con el Alzheimer o un infarto súbito. Independientemente del camino, el destino siempre será la muerte.
Entonces, cuando esto nos suceda a ti y a mí, ¿cómo será? ¿Te lo has preguntado?
Yo sí.
¿Y qué dirás en los momentos antes de dar tu último suspiro? ¿Será como dijo Sir Winston Churchill: «Estoy aburrido de todo esto»? ¿O tal vez como John Wayne, cuya hija le preguntó momentos antes de que muriera si sabía quién era ella, a lo que él respondió: «Por supuesto que sé quién eres. Eres mi niña. Te amo»? ¿O quizá como Leonardo da Vinci, quien suspiró: «He ofendido a Dios y a la humanidad porque mi obra no alcanzó la calidad que debía»?
En 2014, escuché las últimas palabras de quien fue mi esposa casi cuarenta y cinco años. Acostada en su cama de hospital, en medio de nuestra sala familiar, me tomó de la camisa, acercó mi rostro al suyo y dijo con una voz clara y firme: «Te amo tanto». Luego cerró los ojos y murió. Puede que tú no hayas visto la muerte tan de cerca.
Yo sí.
No estamos solos en nuestras preguntas sobre la muerte. A lo largo de la historia, las personas han hecho esfuerzos asombrosos para prepararse para su propia muerte. Las pirámides de Egipto fueron construidas por los faraones como el lugar final de descanso de sus cuerpos y como un sitio seguro desde el cual ascender a la vida después de la muerte. Algunos incluso ordenaban la ejecución de sus esclavos al morir, para poder ser servidos con el mismo lujo en la muerte que en la vida. (Nota: Siempre lee la letra pequeña de tu contrato laboral).
A lo largo de los años, hombres y mujeres han tenido «experiencias cercanas a la muerte». Han muerto y han sido reanimados. Los relatos que dan son variados: largos túneles, luces centelleantes, instrumentos musicales extraños, imágenes de seres resplandecientes. Pero cada una de estas personas que ha tenido un ensayo de la muerte… morirá. No habrá regreso, esta vez será real. Definitivo.
No te sorprenderá saber que la Biblia tiene mucho que decir acerca de la muerte.
Y después de eso…
De hecho, la Palabra de Dios afirma dos verdades innegables. La primera es que va a suceder: tú morirás. Yo moriré.
Pero la segunda verdad es aún más importante que la primera, y queda resumida en estas cuatro palabras: «y después de esto».
«Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio». -Hebreos 9:27
Después de que nuestros párpados se cierren por última vez, familiares y amigos se despedirán. Habrá lágrimas. Las personas compartirán entre sí recuerdos de la amistad que tuvieron con nosotros. Algunos quizá describan lo que fue estar de pie junto a nuestro cuerpo ya gris y frío, y cómo vivieron ese momento final.
Pero para nosotros, esto no será el final. Como en los infomerciales de la televisión nocturna o en la pantalla de la computadora: «Eso no es todo. Aún hay más».
El autor del libro de Hebreos inserta esas cuatro palabras… «y después de esto».
Entonces, ¿qué es exactamente ese «y después de esto»? ¿Qué nos sucederá?
En una palabra: juicio.
¿Puedo ver su licencia y su registro, por favor?
No hace mucho, Nancy y yo íbamos manejando por una zona residencial de Atlanta. Conversábamos emocionados sobre la reunión a la que nos dirigíamos. Yo no estaba prestando ninguna atención a la velocidad a la que iba. Lamentablemente para mí, alguien más sí lo estaba.
De repente, un policía se colocó en medio del camino delante de mí. Literalmente, en la calle, justo frente a mi auto. No parecía nada contento. Aunque llevaba puestos unos lentes oscuros, sabía que me estaba mirando directamente. Su dedo apuntando en mi dirección subrayó aún más su disgusto. Mi corazón se hundió. Has estado ahí, ¿verdad?
Nuestro «y después de esto» será mucho más solemne que mi experiencia de aquel día en Atlanta. Tú y yo no estaremos en la presencia de un policía de tránsito mortal; estaremos de pie delante del Dios del universo. Su «radar de velocidad» será, en realidad, un libro de registro de todo lo que hemos hecho.
«También vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono, y los libros fueron abiertos. Otro libro fue abierto, que es el libro de la vida, y los muertos fueron juzgados por lo que estaba escrito en los libros, según sus obras». -Apocalipsis 20:12
Nuestra audiencia delante de este Juez podría ser algo así: Su dedo justo recorrerá la lista hasta encontrar tu nombre. Si has confesado tu pecado, si Jesús es tu Señor y Salvador, allí habrá un asterisco. Una nota al pie. Y junto a esa referencia, un símbolo familiar: una cruz.
Porque has recibido el perdón que Jesús proveyó mediante Su muerte y resurrección, tú «y después de esto» será el acceso al cielo.
Esto es lo que Él prometió acerca de nuestro «y después de esto».
«No se turbe su corazón ; crean en Dios, crean también en Mí. En la casa de Mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, se lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para ustedes». -Juan 14:1-2
Así que sí… tú y yo vamos a morir. Esto es una certeza, pero ese no será el final de tu historia ni de la mía. Y porque conocemos a Jesús, la historia que sigue será buena. Él lo ha prometido.
La verdad
Por medio de Su muerte y resurrección, Jesús venció el pecado y la tumba. Tu «final» y el mío no serán el final. Y será maravilloso.
Este extracto fue adaptado de «Mentiras que los hombres creen», de Robert Wolgemuth (Chicago: Moody, 2018). Usado con permiso.
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