Leer la Biblia en medio de la batalla por tu corazón

Si estás leyendo este blog, probablemente has leído la Biblia. Es posible que ya conozcas varios pasajes, pero ¿te has preguntado si la estás leyendo con el propósito adecuado? La Palabra de Dios es un libro especial, no está ahí solo para que la leamos con nuestros ojos físicos, sino con los «ojos del entendimiento» del corazón. Se trata de un entendimiento espiritual, y la forma en que la leamos tendrá enormes implicaciones.

Leer la Biblia es una experiencia sobrenatural, algo que solo el Espíritu Santo nos permite hacer verdaderamente. Pablo oraba para que el Espíritu Santo alumbrará los ojos del entendimiento de los efesios, y esa debe ser nuestra oración también. Debemos acercarnos a la Palabra en oración, buscando este encuentro sobrenatural para que el milagro del entendimiento espiritual suceda.

El objetivo principal de leer la Biblia es ver el infinito valor y la belleza de Dios, ya que Él es lo más alto y digno que existe en el universo. A esto nos referimos cuando hablamos de la «Gloria de Dios». Solo podemos ver esta gloria porque Dios, a través de las Escrituras, la revela para que Su pueblo pueda admirarlo y adorarlo.

Disfrutar de todo lo que Dios es para nosotros en Jesús se da cuando somos capaces de ver Su gloria, que es lo más valioso y hermoso que existe. Dios quiere que lo disfrutemos y lo exaltemos en adoración. A través de Su Palabra, Él nos transforma desde el interior a la imagen de Cristo. Esta transformación va más allá de una experiencia humana; ver la gloria de Dios no es algo que se pueda hacer con nuestros ojos físicos, sino con los «ojos del corazón». 

Dios ha dejado algo tan ordinario como la lectura de un libro, como el medio para que podamos ver algo tan extraordinario, como Su gloria. Nuestro objetivo al leer Su Palabra debe ser conocerlo más y disfrutar de Su gloria. No es solo una emoción humana; es el gozo de Cristo, experimentado como nuestro, a través de la presencia del Espíritu Santo. Juan 15:11 lo dice claramente: «Estas cosas les he hablado, para que Mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea perfecto». Si nuestra lectura de la Biblia no nos conduce al gozo de Cristo, no estamos leyendo de manera adecuada.

El Salmo 1:3 nos enseña que debemos deleitarnos en la ley del Señor, meditar en ella día y noche.

Tenemos un enemigo

Para poder leer la Biblia correctamente, debemos depender del Señor, ya que tenemos un enemigo externo, Satanás, y una condición interna, nuestra naturaleza pecaminosa, que nos ciegan. Por esto, necesitamos la ayuda sobrenatural del Espíritu Santo.

Satanás no se opone a que simplemente leamos la Biblia. De hecho, le agrada que la leamos de forma superficial, solo recolectando datos, calmando nuestra conciencia o como un trámite. Ese tipo de lectura no tiene valor espiritual. Satanás mismo conoce la Palabra, como lo vemos en Mateo 4 cuando tienta a Jesús en el desierto. Sin embargo, la lectura que tiene como propósito ver el valor supremo de Dios y Su belleza es aquella que nos lleva a disfrutar de todo lo que Dios es para nosotros en Cristo. Es este tipo de lectura la que Satanás tratará de impedir con todas sus fuerzas.

Nuestro propio pecado también nos ciega

Nuestra naturaleza es contraria a lo que la Escritura revela. 1 Corintios 2:14 dice que «Pero el hombre naturalno acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad». Sin la intervención del Espíritu Santo, no podemos ver la Biblia como realmente es: hermosa y deseable.

En los tiempos de Jesús, los fariseos y escribas eran probablemente los que más leían las Escrituras. Sin embargo, Jesús les decía repetidamente que actuaban como si nunca las hubieran leído. ¿Cómo era posible esto? Porque, aunque leían las Escrituras, su pecado y su orgullo les impedían ver la verdad. Valoraban más la gloria de los hombres que la de Dios, lo que los cegaba para no reconocer a Jesús como el Verbo de Dios.

Esto nos enseña que nuestros mayores obstáculos para leer las Escrituras no son intelectuales, sino espirituales. No es la falta de habilidad lo que nos impide entenderlas, sino un corazón que ama otras cosas más que a Dios, lo que nos mantiene bajo el engaño de Satanás.

¿Qué debemos hacer para leer la Palabra correctamente?

Debemos depender de Dios: del Padre, del Espíritu Santo y de Cristo. Solo ellos pueden hacer lo que nosotras no podemos hacer por nosotras mismas: abrir nuestros ojos espirituales para ver lo que realmente hay en las Escrituras. Buscamos deleitarnos en Su Palabra y ser transformados.

El Nuevo Testamento describe esta ayuda divina de varias maneras. Dios ilumina nuestros corazones de manera sobrenatural. Pablo nos muestra que la solución a la ceguera causada por Satanás es el poder de Dios para alumbrar. En 2 Corintios 4:6 leemos: «Pues Dios, que dijo: “De las tinieblas resplandecerá la luz”, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo». Así como Dios creó la luz al principio, hace brillar la luz en nuestro corazón para que podamos ver Su gloria en las Escrituras.

Este poder no es solo para el momento de nuestra conversión, sino para todo nuestro caminar con Cristo. Efesios 1:17-18 nos enseña que necesitamos continuamente que Dios alumbre los ojos de nuestro entendimiento para poder comprender las riquezas de Su gloria

Recuerda

Al meditar en estas verdades quiero animarte a que cuando leas tu Biblia, le pidas a Dios que abra tu entendimiento, que Su luz brille en tu alma y que alumbre los ojos de tu corazón, para que puedas ver y disfrutar de Su Gloria.

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Sobre el autor

Margarita Hinojosa

Margarita es esposa de pastor y madre de dos varones a quienes instruyó en casa hasta antes que comenzaran sus estudios universitarios. Actualmente ella es la directora del ministerio de mujeres en la iglesia local en Querétaro México, donde alienta … leer más …


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