Aconseja tu corazón
Débora: ¿Anhelas realmente que se haga la voluntad de Dios en tu vida? Con nosotras, Nancy DeMoss Wolgemuth.
Nancy DeMoss Wolgemuth: El problema es que a menudo comparamos el gozo con que las cosas salgan «a mi manera».Pero tengo que llegar al punto en mi vida en que anhele más la voluntad de Dios que nuestra propia voluntad.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «Rendición: El corazón en paz con Dios», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 26 de marzo de 2026.
¿Hay algún área de tu vida que desearías poder sanar? Esta semana, Nancy nos ha dado una perspectiva sobre la sanidad, la espera y la capacidad de Dios para satisfacer las necesidades más profundas de nuestro corazón.
Nancy ha estado basando su enseñanza en Marcos capítulo 5. Permíteme leerte una parte de …
Débora: ¿Anhelas realmente que se haga la voluntad de Dios en tu vida? Con nosotras, Nancy DeMoss Wolgemuth.
Nancy DeMoss Wolgemuth: El problema es que a menudo comparamos el gozo con que las cosas salgan «a mi manera».Pero tengo que llegar al punto en mi vida en que anhele más la voluntad de Dios que nuestra propia voluntad.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «Rendición: El corazón en paz con Dios», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 26 de marzo de 2026.
¿Hay algún área de tu vida que desearías poder sanar? Esta semana, Nancy nos ha dado una perspectiva sobre la sanidad, la espera y la capacidad de Dios para satisfacer las necesidades más profundas de nuestro corazón.
Nancy ha estado basando su enseñanza en Marcos capítulo 5. Permíteme leerte una parte de este pasaje, comenzando en el versículo 24:
«…una gran multitud lo seguía y oprimía. Había una mujer que padecía de flujo de sangre por doce años. Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, sino que al contrario, había empeorado.
Cuando ella oyó hablar de Jesús, se llegó a Él por detrás entre la multitud y tocó Su manto. Porque decía: «Si tan solo toco Sus ropas, sanaré». Al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba curada de su aflicción. Enseguida Jesús, dándose cuenta de que había salido poder de Él, volviéndose entre la gente, dijo: “¿Quién ha tocado Mi ropa?”. Y Sus discípulos le dijeron: “Ves que la multitud te oprime, y preguntas: ¿Quién me ha tocado?”. Pero Él miraba a su alrededor para ver a la mujer que lo había tocado.
Entonces la mujer, temerosa y temblando, dándose cuenta de lo que le había sucedido, vino y se postró delante de Él y le dijo toda la verdad. “Hija, tu fe te ha sanado”, le dijo Jesús; “vete en paz y queda sana de tu aflicción”».
¿No es hermoso? Esta porción es solo una pequeña parte de un día agitado y caótico.
Repasemos algo de lo que hemos aprendido hasta ahora. Nancy nos dijo que cuando nos sentimos como esta mujer que necesita sanidad, en realidad nos encontramos en un buen lugar.
Nancy: Cuando tú y yo hemos agotado toda esperanza, toda esperanza humana, cuando todo lo que hemos buscado para ayudarnos en nuestra necesidad ha fallado, quizás es entonces cuando finalmente podemos abrirnos paso entre la multitud y llegar hasta Cristo.
Débora: Nancy también nos ayudó a poner en perspectiva las oraciones que no han sido respondidas de la manera que nos gustaría.
Nancy: A veces, lo que creemos que necesitamos es que la presión desaparezca, que el problema se resuelva, que no haya más dificultades. Pero Dios sabe que lo que realmente necesitamos es experimentar Su gracia y Su plenitud en nuestras vidas en medio del problema o la dificultad.
Débora: También nos mostró que todas necesitamos algo más que salud física.
Nancy: ¿De qué sirve estar bien físicamente si tu corazón está enfermo, si estás apartada de tus relaciones y alejada de tu relación con Dios?
Débora: Si te perdiste alguno de los 3 episodios anteriores, puedes escucharlos en AvivaNuestrosCorazones.com o en la aplicación de Aviva Nuestros Corazones.
Esta serie ha sacado a relucir muchos temas difíciles. Espero que profundices en Marcos 5 por ti misma y hables con personas sabias de tu iglesia local sobre tus necesidades específicas.
El día de hoy Nancy compartirá con nosotras algunos de los resultados prácticos de esta enseñanza. Si has estado orando por algo y aún no has visto los resultados que deseas, Nancy te animará a que sigas orando y esperando.
Nancy: Esta mujer obtuvo lo que Cristo sabía que realmente necesitaba. Ella recibió sanidad física, y eso era algo muy importante en su vida. Cuando Cristo le dijo: «Tu fe te ha sanado», pienso que se refería a algo más que la sanidad física. Él se dio cuenta de que el problema fundamental en la vida de esta mujer no era su enfermedad física, sino la enfermedad de su alma y su espíritu, que estaban separados de Dios.
Su enfermedad física sanguínea, que la había separado de las personas, era solo simbólica. Era muy real, pero no era más que una imagen terrenal de una realidad mucho más grave, que era su separación de Dios a causa de la impureza de su pecado. Cristo le dijo: «Has sido salvada», salvada en el sentido eterno, en el sentido de que su espíritu había sido salvado de la maldad, la impureza y la contaminación del pecado.
Ahora, al mismo tiempo, Él también realizó un milagro físico y tocó su cuerpo, de manera que ella fue sanada físicamente, lo cual creo que tenía un significado importante en sí mismo. Pero más que eso, este milagro era una imagen de una realidad interior que ya había ocurrido en ella, una realidad mucho más profunda y significativa que su sanidad física.
¿De qué serviría estar físicamente sana, sin dolores, sin problemas físicos, sin enfermedades físicas, si permanecieras separada de Dios, y eternamente separada de Dios, debido a la enfermedad interna del pecado en tu corazón? La curación de esta mujer representaba una curación más profunda, más significativa y eterna.
El hecho es que, incluso con su curación física, ella moriría algún día. Todos somos físicamente mortales; esta mujer era más consciente de esto que la mayoría de nosotras. Con esta imagen de la curación física, Cristo estaba mostrando un milagro mayor, más profundo y más significativo, que era su integridad espiritual, su bienestar y su salvación. Ella acudió a Él, tal vez preocupada por sus síntomas y por su situación física. Pero lo que recibió fue mucho más de lo que había pedido.
Jesús a veces nos proporciona una curación física significativa, como muchas de nosotras hemos experimentado. Muchas de nosotras hoy gozamos de buena salud física; eso es un regalo de la gracia de Dios. En muchos de nuestros casos, hemos pasado por enfermedades físicas y, de alguna manera, Dios ha tocado nuestras vidas, ha tocado nuestros cuerpos y nos ha restaurado físicamente. ¡Qué bendición! Démosle gracias por eso.
Pero el verdadero problema que Dios quiere tratar es el de nuestro bienestar espiritual, nuestra integridad espiritual, nuestra impureza y contaminación espirituales causadas por el pecado. Esta es la promesa que Él nos hace: si venimos a Él, podemos saber que estamos espiritualmente completas, que nuestras almas están completas, que Él restaurará los años «que las langostas han devorado», como dice el Antiguo Testamento, cuando venimos con humildad, fe, arrepentimiento y sumisión a Él.
Dios es quien decide si nos da o no las bendiciones físicas, temporales o materiales que estamos buscando. Lo que sí Él nos dará es lo que realmente necesitamos, que es Su gracia, Su poder y Su Espíritu. Y me atrevería a decir que los problemas de nuestras almas, la amargura, la ira, la indiferencia, la culpa, la vergüenza, están directamente relacionados con nuestra relación espiritual con Dios.
Esta es un área en la que creo que muchas mujeres de hoy viven enfermas, asumiendo que tienen que seguir viviendo así. Han acudido a consejeros, a terapeutas, están tomando medicamentos. Han probado todas las terapias, los programas y los seminarios, han leído libros y han escuchado diferentes pódcasts, pero no están mejor que antes.
Pienso que, al igual que otros pasajes, esta historia nos dice que no tienes que seguir viviendo como una mujer espiritualmente enferma. En cuanto a lo físico, sería bueno no tener que seguir viviendo como una mujer físicamente enferma. Pero, en realidad, todas estamos físicamente enfermas. Todas vamos a morir físicamente, pero puede haber plenitud espiritual y del alma, incluso con un cuerpo como el nuestro, que se está deteriorando y muriendo.
El reto que les planteo hoy a las mujeres es el siguiente: no tienes que vivir con la esclavitud, el peso de ese dolor pasado, esas ofensas pasadas, esos fracasos pasados y lo que eso ha traído a tu vida; no tienes que vivir bajo esa carga. Si acudes a Cristo, puedes liberarte de eso, pero no para tener una vida sin problemas, ni una vida sin más dolor, sino una vida en la que puedan ser vencedoras en lugar de víctimas en medio de los dolores y las situaciones de la vida real.
El problema es que a menudo comparamos la alegría, el gozo, con que las cosas salgan «a mi manera». Tenemos que llegar al punto en nuestras vidas en el que anhelemos que se cumpla la voluntad y los propósitos de Dios más de lo que deseamos que se cumplan los nuestros. Pienso que uno de los pensamientos más aterradores es que Dios me dejara hacer lo que yo quiero. ¿Y si Dios realmente me liberara de todo dolor, problema y pensamiento depresivo, y no tuviera que soportar nada de eso? Puede que me digas: «¿Pero no sería maravilloso?».
Bueno, lo sería por un momento. Pero entonces perderíamos la belleza, la fragancia, la gloria que Dios quiere sacar de esas circunstancias. Y otra vez, quiero glorificar a Dios con mi vida y que se cumplan Sus propósitos más que el deseo que tengo de aliviar mi dolor. Ahora, hay momentos en los que deseo con todas mis fuerzas aliviar mi dolor, cuando lo deseo más que cualquier otra cosa. Pero es entonces cuando tengo que dar un paso atrás, poner las cosas en perspectiva y decir: «Mi vida no me pertenece. Mi vida pertenece al Señor. Estoy aquí para cumplir Sus propósitos. Y si muero en el proceso, o me pasa lo peor que puedas imaginar, está bien, porque mi vida no es mía. No vivo para complacerme a mí misma, y tengo que ajustar mis valores y mi propósito».
Pienso que hay algunas formas prácticas, cosas que me han ayudado a reenfocarme, a ajustar mi forma de pensar a la de Dios. Cantar al Señor es una de ellas. A menudo les pregunto a las mujeres que están deprimidas o desanimadas: «¿Estás cantando al Señor y memorizando las Escrituras?». Esas dos cosas han sido un medio muy poderoso de liberación y sanación en mi vida.
A veces tengo que cantar entre lágrimas, sin poder articular palabra. Me refiero a sollozos y lágrimas tan intensos que nadie reconocería la canción. He aprendido a seguir cantando hasta que se disipa esa nube. Cantar no suele cambiar mis circunstancias. Puede que haga que las personas se vayan. Pero a veces saco un himnario y empiezo a cantar alabanzas al Señor, a cantar lo que sé que es verdad.
Hay algo muy poderoso en cantar al Señor, y pienso que esa es una de las razones por las que Dios nos dice tantas veces en las Escrituras que cantemos al Señor. Pienso que también es algo que el enemigo no quiere que hagamos, porque sabe que cuando comenzamos a alabar, estamos trayendo a Dios a nuestras circunstancias y que nuestra perspectiva va a cambiar.
Y en cuanto a memorizar las Escrituras: cuando no tienes palabras propias o no sabes qué orar, o te sientes totalmente perdida, o no quieres orar, como me ha pasado a mí en algunas ocasiones, tener las palabras de las Escrituras en mi corazón o en una tarjeta que me ayude a recordarlas, o simplemente llevar conmigo una pequeña Biblia, es algo que me ayuda mucho. Tengo algunas tarjetas con versículos de las Escrituras escritos en ellas. A veces, cuando salgo a caminar, llevo esas tarjetas conmigo y repito en voz alta la Palabra del Señor, hablándole a mi propio corazón lo que sé que es verdad.
Esa es realmente la forma en que aconsejo a mi propio corazón. Le digo: «Corazón, esto es lo que Dios dice. Lo que Dios dice puede ser totalmente opuesto a lo que parece y a lo que parecen tus circunstancias; pero no voy a creer lo que me dicen mis emociones, lo que me dicen mis circunstancias. En cambio, voy a escoger creer que lo que Dios ha dicho es verdad».
Una amiga me compartió que Dios le está dando la oportunidad de abrazar el regalo de otro hijo cuando pensaba que su aljaba ya estaba llena. Hay un ajuste en su forma de pensar. Hay un ajuste emocional. Tiene las manos llenas. Muchas de ustedes, madres, saben exactamente lo que se siente.
Pero ella está aconsejando a su corazón según la Palabra de Dios. Se está dando cuenta de que la Palabra de Dios dice que este niño en el vientre es un regalo. Y sí, en las primeras etapas del embarazo tiene náuseas matutinas (¡o vespertinas o quizás todo el día!). La oración y la fe quizás no hagan que desaparezcan. Pero en medio de esas náuseas, en medio de la abrumadora sensación de «¿Cómo voy a poder con otro hijo?», ella está aconsejando a su corazón según la Palabra de Dios. Ella dice, ella está diciendo: «Dios, escojo darte gracias porque Tú has dicho que este niño es un regalo. Voy a aceptar esto como un regalo de parte Tuya».
A veces me lleva mucho tiempo que mis emociones alcancen la verdad, así que me alegro de que tengamos un Salvador que entiende nuestras emociones y que es tierno con nosotras, pero no puedo permitirme dejar que mi mente se desborde con pensamientos que no son verdaderos. No puedo permitirme decir cosas que no son la forma en que Dios piensa sobre la situación. Tengo que seguir hablándome la verdad sobre la situación y entregándome a Dios en desesperación.
Hay un versículo en los Salmos que dice: «En la angustia me has aliviado». Dios aumenta nuestra capacidad para soportar la presión y nuestra capacidad para Él mismo. ¿Y cuándo y dónde lo hace? Cuando estamos en angustia. Ahí es donde tiene lugar el crecimiento. En medio de la angustia tengo que decir: «Por muy desagradable que sea para mí, por muy difícil que sea, Señor, te doy gracias por esto. Lo abrazo y, por la fe, sé que Tú me ayudarás a superarlo».
Débora: Cuando has estado orando por una situación difícil durante mucho tiempo sin ver el más mínimo cambio, puede ser muy desalentador. Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado ayudando a mantener una perspectiva eterna.
Cuando te encuentras en la misma situación que la mujer de Marcos 5, esperando la sanidad durante tanto tiempo, ¿cómo perseveras?
Nancy: Permíteme recordarte primero que es posible estar bien espiritualmente, estar plena, completa espiritualmente y seguir viviendo en medio de circunstancias extremadamente difíciles, extremadamente dolorosas y que tal vez no cambien por ahora. Una mujer que vive con un esposo incrédulo, que no respeta su fe, que la menosprecia, que la humilla verbalmente, y así sucesivamente; o una mujer que vive con el problema de un hijo o una hija descarriados, que están lejos del Señor. Ese dolor, aunque el hijo esté lejos de casa, no está lejos del corazón de esa madre. Algunas de ustedes han pasado o están pasando ahora mismo por ese tipo de circunstancias.
Pero en medio de esas circunstancias, es posible seguir teniendo una relación intacta con Dios, en la que estás completa y eres capaz de tener una conciencia recta hacia Dios, de estar correctamente relacionada con Él y, si me permites decirlo, de estar caminando con alegría en medio del dolor.
Tengo una amiga que sabe de lo que estoy hablando. Ella ha pasado por esto, ha visto el dolor y la pérdida, en parte por su pecado, en parte por el pecado de otros, cosas sobre las que ella no tenía control, pero ha aprendido. Ella está aprendiendo a caminar como una mujer íntegra en medio de esa circunstancia.
Este que te voy a compartir ahora es otro recordatorio alentador. Es alentador para mí, y pienso que debería serlo para todas nosotras, y es que nuestro sufrimiento no es para siempre. Habrá un final. Dios corregirá todo mal. Toda rodilla se doblará, incluso la de tu cónyuge, hijo o tu hija, padre, amigo o amiga, que no está arrepentido. Al final, todo se corregirá, todo estará bien. Dios es un Dios redentor y Él está redimiendo nuestras circunstancias, aunque no podamos ver el panorama completo en este momento. No podemos ver el final en este momento, así que tenemos que creerlo por fe.
Cuando dices: «No puedo seguir adelante. Esto va a durar para siempre». Recuerda que esto no es para siempre. Nada en esta vida es para siempre. De hecho, Pablo dice en el libro de Romanos: «Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada» (Rom. 8:18). Habrá un final. Habrá redención. Habrá restauración de las piezas rotas, desordenadas y destrozadas que nos rodean, algunas de las cuales son responsabilidad nuestra, y otras son circunstancias que están completamente fuera de nuestro control.
Entonces recuerda esto: en medio del fuego, en medio del valle, hay Alguien que camina contigo y cuya presencia es suficiente. Esos tres jóvenes hebreos que fueron arrojados al horno ardiente por su fe, por negarse a doblar la rodilla ante el edicto del rey malvado, ellos sabían que eso podía costarles la vida. Sin embargo, dijeron: «Oh, rey, vamos a someternos a Dios, y Él es capaz de librarnos. Él puede hacerlo, pero si no lo hace, no nos postraremos ante otros dioses» (Daniel 3:17-18, parafraseado). Y por adoptar esa postura, los tres jóvenes fueron arrojados a un horno real, con un fuego real que estaba muy caliente.
Ellos entraron en el fuego. Algunas de ustedes hoy están en el fuego. Si conoces la historia, recordarás que en ese fuego entró con ellos un cuarto Hombre, el Hijo de Dios. Esos hombres nunca estuvieron más cerca de Cristo que cuando estuvieron en medio de ese horno ardiente. Por eso el salmista pudo decir: «Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo» (Sal. 23:4).
Y puede que estés diciendo: «Bueno, eso está muy bien para él en ese valle; pero yo vivo aquí, en esta vida, en esta casa, con este hombre, con estas circunstancias, con esta situación en mi trabajo». Bueno, Dios te dice: «Sí, ahí mismo estaré contigo».
Dios te dice lo mismo que a mí: «Mi gracia te basta». Él no dijo: «Mi gracia eliminará todos tus problemas». De hecho, esos mismos problemas son los que Dios está utilizando para cumplir en nosotras lo que realmente queremos, que es ser como Cristo. Los problemas son los que nos están moldeando, perfeccionando, refinando y purificando. Entonces, ¿por qué deberíamos resentirnos, resistirnos o huir de las mismas cosas que Dios está usando para hacernos como Cristo? Queremos el resultado, pero no queremos el proceso para llegar allí.
La gracia de Dios es suficiente, no para quitar todos los problemas; esa no es la promesa que Él da. Pero Él sí dice: «En medio de los problemas, estaré contigo. Supliré tus necesidades. Seré suficiente para ti». Es entonces cuando tenemos que, aunque a veces nuestros ojos se llenen de lágrimas, levantar la vista y decir: «Oh, Dios, por fe, creo que Tu gracia es suficiente para mí en este momento, en esta circunstancia, en esta situación, y por mucho que duela, por muy doloroso que sea, creo que hay gracia para esto».
En algunos de mis momentos más desesperados, algo que hago, y que me ayuda mucho, es mirar hacia atrás. Me alejo de mi situación por un momento y miro hacia atrás, a los años anteriores y a las circunstancias y situaciones que entonces me parecían desesperadas o sin salida. Miro hacia atrás y reflexiono sobre cómo Dios me ayudó a atravesarlas y cómo satisfizo mis necesidades en medio de esa situación.
Luego vuelvo a mi situación actual y digo: «Señor, has sido fiel todos estos años». Puedo mirar atrás y decir con sinceridad que, en las situaciones más desesperadas y dolorosas, Dios siempre ha estado ahí. Miro atrás; lo repaso. Me lo recuerdo a mí misma y lo recuerdo a Él.
Yo digo: «Señor, Tú has sido fiel conmigo todos los días, todos los momentos, de estos años. Hay algunas cosas que todavía no entiendo. Hay algunas piezas que todavía no he encajado, algunos puntos que todavía no puedo conectar; pero sí sé que Tú has sido fiel. Sé que has sido fiel con cada uno de tus hijos a lo largo de la historia, en cada circunstancia, en cada situación, en cada parte del mundo. Ahora, realmente no pienso que este sea el momento, ni que yo sea la persona, ni que esta sea la circunstancia en la que, por primera vez en la historia del mundo, Tú no puedas hacer algo. Tú has sido fiel. Y ahora acepto por fe, y te doy gracias por fe, que a pesar del dolor, a pesar de la carrera de resistencia en la que esto se ha convertido, Tú vas a ayudarme a superar esto.
Y no solo me sacarás de esto, sino que me llevarás al otro lado, a un lugar espacioso, un lugar de abundancia y plenitud; que de las heridas, del quebrantamiento, vendrá vida, integridad, gracia, maravilla y belleza».
Luego miramos atrás, como lo haremos dentro de un momento, a la luz de la eternidad; cuando veamos a Cristo, miraremos atrás a toda esta peregrinación, a las cosas que tuvimos que soportar y a las cosas que pensábamos que no podríamos soportar. Miraremos atrás y diremos: «Señor, todo lo hiciste bien». Y le adoraremos por las mismas cosas que ahora nos cuesta tanto aceptar.
Este es un caminar de fe; la vista viene después. La oración viene ahora. La fe viene ahora. Y alabamos por fe, creyendo que en el resultado final sabremos que Él ha hecho todas las cosas bien.
Débora: Nancy DeMoss Wolgemuth te ha estado recordando que Dios mismo es un regalo mucho más valioso que la sanidad que puedas buscar en Él. Si has estado pidiéndole al Señor algún tipo de sanidad, emocional, relacional o física, ¡sigue haciéndolo! Él nunca se cansa de escucharte.
Como ministerio, estamos muy agradecidos con el Señor por la bendición de compartir contigo que ya tenemos fecha para nuestra próxima conferencia.
El 13 y 14 de noviembre de 2026 en Miami, Florida, celebraremos la conferencia Mujer Verdadera ‘26: «Preparen camino al Señor». Esta conferencia nace de la convicción de que la esperanza segura del regreso de Cristo forma la manera en que una mujer vive hoy. Preparar el camino del Señor no es solo esperar; es vivir con fidelidad y esperanza en medio de esta generación.
Separa la fecha, y acompáñanos en este llamado a caminar juntas, con claridad, fidelidad y esperanza, mientras esperamos al Rey.
Para más información, visita AvivaNuestrosCorazones.com y mantente pendiente de nuestras redes sociales.
El día de mañana, Nancy concluirá la serie «Su poder sanador». También escucharemos a algunas amigas que saben lo que es soportar el sufrimiento físico en la presencia de Cristo. Regresa con nosotras para el próximo episodio aquí, en Aviva Nuestros Corazones.
Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación