Arrepentimiento radical
Débora de Rivera: En 1995, Nancy DeMoss Wolgemuth compartió un mensaje con el personal de Cru en Fort Collins, Colorado. Su tema fue el quebrantamiento.
Nancy en 1995: Al confesar su pecado, las personas orgullosas tienden a hablar en términos generales, pero las personas quebrantadas son capaces de lidiar con la convicción del Espíritu de Dios para reconocer los detalles específicos.
Débora: Mientras Nancy hablaba, Dios estaba moviendo los corazones de los oyentes. Aquí está Dave Warn.
Dave Warn: Cuando Nancy DeMoss terminó de hablar, ocurrió algo en aquel lugar que aún hoy me cuesta expresar con palabras.
Kathy Helvey: Las personas comenzaban a llorar.
Débora: Ella es Kathy Helvey, quien ahora está en la presencia del Señor.
Kathy Helvey: Empezaron a levantarse de sus asientos y a arrodillarse junto a ellos. Las personas se abrazaban entre sí mientras lloraban.
Dave Warn: …
Débora de Rivera: En 1995, Nancy DeMoss Wolgemuth compartió un mensaje con el personal de Cru en Fort Collins, Colorado. Su tema fue el quebrantamiento.
Nancy en 1995: Al confesar su pecado, las personas orgullosas tienden a hablar en términos generales, pero las personas quebrantadas son capaces de lidiar con la convicción del Espíritu de Dios para reconocer los detalles específicos.
Débora: Mientras Nancy hablaba, Dios estaba moviendo los corazones de los oyentes. Aquí está Dave Warn.
Dave Warn: Cuando Nancy DeMoss terminó de hablar, ocurrió algo en aquel lugar que aún hoy me cuesta expresar con palabras.
Kathy Helvey: Las personas comenzaban a llorar.
Débora: Ella es Kathy Helvey, quien ahora está en la presencia del Señor.
Kathy Helvey: Empezaron a levantarse de sus asientos y a arrodillarse junto a ellos. Las personas se abrazaban entre sí mientras lloraban.
Dave Warn: Había una sensación de que el Espíritu Santo descendía sobre toda la multitud al mismo tiempo.
Kathy Helvey: Las personas se levantaban de sus asientos, cruzaban el auditorio y abrazaban a otras personas, y resolvían sus diferencias con ellas.
Dave Warn: Había una convicción más poderosa que cualquier otra cosa que yo hubiera experimentado hasta ese momento.
Kathy Helvey: Y esto continuó, no durante veinte minutos, sino durante horas.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «Quebrantamiento: El corazón avivado por Dios» en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 17 de enero de 2026.
Esta semana hemos escuchado el clásico mensaje de Nancy sobre el quebrantamiento. Un mensaje que ella compartió hace treinta años.
Si te has perdido alguno de los episodios de esta semana, espero que los escuchen en AvivaNuestrosCorazones.com o en nuestra aplicación Aviva Nuestros Corazones. El concepto del quebrantamiento es crucial para que lo entienda todo creyente.
Aquellas de nosotras que hemos escuchado el mensaje de esta semana debemos responder con humildad y obediencia. Para ver un ejemplo de cómo podría ser eso, escucharemos a algunos amigos que estuvieron presentes cuando Nancy compartió su mensaje original sobre el quebrantamiento en 1995. Bob Lepine, copresentador de FamilyLife Today, fue uno de ellos.
Bob Lepine: Cuando terminaste el mensaje aquel lunes por la mañana, si no recuerdo mal, volvimos a cantar juntos.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Así es, cantamos ese antiguo coro que dice:
Cristo, Cristo,
tierno Salvador,
mi humilde ruego escucha;
¡sálvame, Señor!
Luego animamos a las personas, en un momento de silencio, a responder a la convicción del Espíritu de Dios, fuera lo que fuera lo que Él les estuviera diciendo.
Y déjame ir un poco atrás y decir que pienso que esto fue parte del panorama: unos diez minutos antes de terminar de hablar, por el rabillo del ojo, vi a dos hombres bajar de las gradas, acercarse al frente del auditorio y hacer una especie de altar en la plataforma, y simplemente se arrodillaron allí.
Hasta el día de hoy no sé quiénes eran esos dos hombres. No sé por qué vinieron. No sé qué estaba haciendo Dios en sus corazones. En ese momento no se había hecho ninguna invitación, pero con humildad y quebrantamiento, esos hombres dieron un paso adelante y respondieron a la convicción de Dios sin ningún impulso humano. Pienso que eso fue una ilustración de cómo Dios estaba obrando en los corazones de las personas, de manera muy individual y personal.
Y siguiendo su ejemplo, después de que terminé de hablar y comenzamos a cantar, las personas comenzaron lentamente, en silencio, sin ninguna indicación clara de cómo responder al Señor, comenzaron a acercarse a otras personas en el auditorio y a lidiar con algunos de los problemas de orgullo que habían levantado barreras en sus relaciones.
Y durante todo ese tiempo, el personal y los líderes del servicio estaban sentados y decían: «¿Qué hacemos ahora? ¿Qué nos está diciendo Dios?». Pienso que, sabiamente, ellos no querían interrumpir ese momento. Era una sensibilidad al hecho de que Dios se estaba moviendo, y queríamos que Él tuviera libertad para hacerlo.
Bob Lepine: Había personas que se acercaban no porque hubiera un llamado a pasar al frente o una invitación para que lo hicieran, sino simplemente porque querían abordar cuestiones que el Señor había puesto en sus corazones, y acercarse parecía la forma de hacerlo. A medida que lo hacían, otros amigos se acercaban y se reunían a su alrededor para orar con ellos. Había llanto en esos pequeños grupos.
A medida que el auditorio se iba llenando, se veía el mismo tipo de grupos, formándose por todas partes, en el piso y en las gradas. Parecía que las personas se reunían por su propia cuenta alrededor de hermanos y hermanas que decían: «Quiero estar bien contigo», o «Quiero estar bien con Dios», o «Quiero resolver algunas cosas». «Estoy quebrantado por lo que acabo de escuchar y quiero llevarlo ante el Señor». Eso continuó durante el resto del día y hasta la noche.
Nancy: Así fue. Al principio, las personas respondían en silencio, solas o en grupos pequeños. Más tarde escuché historias de padres que fueron a buscar a sus hijos a los grupos infantiles para pedirles perdón por las maneras en que les habían hecho daño a sus hijos.
Pero en un momento dado, probablemente una hora después de que terminé de hablar, se abrieron los micrófonos en la parte delantera. Algunos miembros del personal sintieron que había cosas que necesitaban compartir públicamente.
Débora: Tim Spyridon era uno de esos miembros del personal.
Tim Spyridon: Al subir a la plataforma, lo primero que sucedió fue que me puse en una fila, y eso probablemente fue lo peor de todo, porque es como si estuviera a punto de saltar en un paracaídas, pero tenía que esperar un rato y mirar al suelo desde una altura de 3000 pies.
Una vez que llegué al frente del escenario, estaba en esta fila, y tal vez pasaron quince o veinte minutos antes de que estuviera frente al micrófono, así que tuve todo ese tiempo para ver lo enorme que era la multitud. Pero, por supuesto, yo sabía que la audiencia más importante para lo que estaba a punto de decir era Dios, y eso es algo que te hace sentir muy humilde.
Débora: Kathy Helvey era una buena amiga de Revive Our Hearts. Antes de fallecer de cáncer, ella le contó a nuestro equipo sobre aquel día en Colorado en 1995.
Kathy Helvey: Recuerdo que, cuando cada persona se levantaba y compartía lo que había en su corazón, el Dr. Henry Blackaby les pedía a otras personas que las conocían o que estaban cerca de ellas, que se acercaran después de compartir y oraran por ellas. Había una oleada de tal vez treinta o cuarenta personas que subían al escenario y rodeaban a esa persona en oración.
Tim Spyridon: Mientras hacía mi confesión, me di cuenta de que casi dos docenas de miembros del personal se habían acercado al lado del escenario, listos para acercarse a mí cuando terminara. Muchas de ellas eran personas a las que creía no haber tratado con la actitud correcta. Hubo muchos abrazos, y oraron por mí. Fue muy bueno. Fue un momento muy memorable.
Kathy Helvey: Luego, la siguiente persona comenzaba a compartir. A medida que avanzaba el día, se formaban filas a ambos lados del escenario con personas que esperaban para compartir. Me di cuenta de que algunas personas sentían la necesidad de confesar públicamente. Era algo muy importante para ellos, era parte de lo que Dios estaba haciendo.
Luego, había otros que no sentíamos la necesidad de levantarnos y compartir. Sin embargo, lo que sucedía allí era muy personal, porque nos veíamos a nosotros mismos a través de los ojos de Dios, probablemente con claridad por primera vez en nuestra vida cristiana. En cuanto a mí, no podía levantarme de mi asiento, porque no dejaba de llorar.
Débora: Este mover del Espíritu de Dios comenzó a extenderse también a algunas de las clases de niños. Renee Johnson había venido a Colorado con la intención de divertirse mientras sus padres estaban en la capacitación del personal. Ella tenía doce años en ese momento.
Renee Johnson: De repente, se desató un avivamiento donde estábamos. Solo recuerdo que alguien se subió al escenario y comenzó a decir: «Esto es lo que está pasando, y si alguien quiere subir y confesar su pecado, por favor, que suba». Fue muy incómodo durante mucho tiempo.
Finalmente, alguien se acercó y Dios derramó Su presencia. Empecé a llorar y no podía esperar mi turno para subir porque había partes de mí que quería que Dios llenara. Recuerdo que allí realmente conocí al Señor. Y no solo eso, sino que sentí que mis compañeros estaban detrás de mí orando por mí, y me sentí verdaderamente amada por Dios y por otras personas. Así fue como lo experimenté ese día.
Débora: Aquí está Bob Helvey.
Bob Helvey: Se confesaron algunos pecados bastante graves. No era solo «estoy enojado con esta persona; no me gusta». No, había cosas muy devastadoras. Esa fue otra demostración de la realidad de esto, de la autenticidad del Espíritu. ¿Quién haría eso delante de cuatro mil personas a menos que estuviera loco? Podían perder su trabajo. Sin duda, podían perder su reputación.
Había mucho que las personas estaban dispuestas a arriesgar en ese momento. El liderazgo tuvo que lidiar con eso. Tuvieron que decidir qué iban a hacer con esta información. ¿Este va a ser un lugar seguro, o va a ser un momento en el que dirás adiós a Cru porque confesaste estas cosas?
Según recuerdo, los líderes tomaron el camino correcto, desde mi punto de vista. Dijeron: «Les proporcionaremos la ayuda que necesiten para superar estas cosas».
Débora: Conversamos con Steve Douglass, antes de que se fuera a casa para estar con el Señor, y quien en ese momento era el presidente de Cru.
Steve Douglass: Recuerdo haberme encontrado con una mujer en un restaurante tres o cuatro días después. Ella había confesado un pecado particularmente desagradable. Recuerdo que no sentí ni la más mínima condenación hacia ella en mi corazón. Esa es la verdad.
Yo sabía exactamente lo que ella había confesado. Lo sabía, pero me regocijaba con ella porque ese pecado ya no tenía poder sobre ella. Y eso es solo un pequeño ejemplo de lo que sentía que estaba sucediendo en todo el grupo.
A medida que se confesaban los pecados, se trataban, y Dios perdonaba. Nos apresurábamos hacia esas personas. Diez, cincuenta, tal vez hasta cien personas rodeaban a una persona. Eran personas que conocían a esa persona y oraban por ella.
Bob Helvey: El liderazgo de Cru puso esa plataforma a disposición de las personas para que pudieran hablar. Fue realmente increíble.
Kathy Helvey: Me viene a la mente el cielo en la tierra. Probamos un poco de eso en esos pocos días. Era un lugar seguro. Ojalá fuera seguro en todos los demás lugares de la cristiandad.
Débora: Para Julie Denker, el tiempo de confesión continuó después de nuestra reunión.
Julie Denker: Recuerdo que volví a mi dormitorio, me senté en el suelo y me puse a orar por algunas de las cosas que Dios me estaba enseñando y lo que me estaba mostrando sobre mi propio corazón. Después de pedirle perdón a Él, me di cuenta de que, en particular, necesitaba llamar a mi papá. No había ningún motivo ni circunstancia concreta. Pero sabía que había habido momentos en los que no le había mostrado respeto ni le había honrado como a mi padre, con mis palabras o con mi actitud, y necesitaba arreglar eso.
Como dije, recuerdo estar sentada en el suelo de la habitación de la residencia y entonces él contestó al teléfono. Le pedí perdón y él se compungió, se echó a llorar y me perdonó inmediatamente. Entonces tuve la oportunidad de contarle más sobre lo que Dios estaba haciendo y la alegría que sentía por tener un corazón limpio.
Kathy Helvey: Empezamos por la mañana. Nancy comenzó su charla alrededor de las 10 de la mañana. Estuvimos allí todo el día, toda la tarde y hasta bien entrada la noche, llorando y arreglando las cosas con el Señor y con los demás.
Nancy: Recuerdo que llamé a mi oficina y les pedí oración, diciendo: «No sé qué está pasando aquí, pero Dios está haciendo algo. Oren para que Dios nos dé sabiduría, para que Dios dé sabiduría al liderazgo de este ministerio para saber cuánto tiempo debemos esperar, cuándo decir que es hora de irse a casa por esta noche». Fue hermoso ver al ministerio sensible al liderazgo de Dios y su respuesta al mismo.
Steve Douglass: Descubrí que apenas podía salir de allí.
No era porque se estuvieran diciendo cosas maravillosas y dulces durante la confesión; en realidad, era bastante desagradable en muchos aspectos. Pero, al mismo tiempo, sentía la presencia del Espíritu de Dios y, por lo tanto, no, no era ningún problema. Al principio cancelé una sesión, luego otra y, al final, terminamos cancelando toda actividad de ese día. Cuando se hizo tarde y finalmente dejamos que las personas se fueran a casa, anticipamos que volveríamos a empezar a la mañana siguiente, y así fue.
Bob Helvey: Ni siquiera querías ir a ningún sitio, no querías salir del auditorio. No querías ir a comer. No querías hablar con nadie a menos que te sintieras obligado a hacerlo. Recuerdo que solo quería estar allí porque algo estaba sucediendo en mi corazón y en el corazón de muchas personas. Todas esas cosas físicas y terrenales simplemente desaparecieron. Esas necesidades que tienes, esas necesidades de conversar con tus amigos, esas necesidades incluso de ir al baño, todas se desvanecieron ante lo que estaba sucediendo.
No era una presión de grupo. No había presión sobre nadie para hacer nada. Podían irse, podían marcharse. No era como si la gente te estuviera mirando o te hiciera responsable;la verdad es que no sentí ninguna presión para participar en esto, pero tenía que hacerlo.
Julie Denker: Una vez que ves algo, quieres volver a verlo. Una cosa es leerlo en libros antiguos, pero verlo suceder delante de ti te hace desear que continúe en tu propia vida.
Dave Warn: Un amigo del personal me dijo: «Dave, ¿cuál crees que será el resultado a largo plazo de todo esto?». Y yo inmediatamente respondí, y le dije: «¡Gozo! ¡Gozo! ¡Gozo!».
Steve Douglass: Estoy absolutamente seguro de que tuvo un impacto duradero en todos los que estábamos allí. No puedo evitar imaginar que si el Espíritu Santo trajo este avivamiento a miles de personas aquí, entonces también tuvo un impacto en todo el mundo.
Tim Spyridon: ¿Qué impacto ha tenido esa conferencia en estos últimos diez años? Pienso que Dios puede mirarnos, vernos y declararnos justos, aunque al mismo tiempo sigamos teniendo pies de barro y luchando contra la tentación.
Kathy Helvey: Lo veo como un ejercicio continuo en mi vida. Cada vez menos de mí, Señor; cada vez menos de mi naturaleza egoísta y egocéntrica, y cada vez más de Ti, cada vez más de Tu amor, Tu generosidad y Tu abnegación. Eso es lo que quiero en mi vida. Quiero que me rompas y me renueves. Eso es lo que quiero para el resto de mi vida. No quiero perderme eso. ¿Quién no querría ser una persona quebrantada y tener todas esas cualidades?
Bob Helvey: Pienso en todas las relaciones difíciles que he tenido desde entonces. Creo que gracias a ese tiempo, he sido capaz de lidiar con ellas más rápidamente, con más determinación y con más fuerza, y el resultado es muy favorable.
Kathy Helvey: Desde entonces ha sido un proceso continuo; no es algo que simplemente dejaste ahí. Cuando Nancy mencionó todas esas cosas de la lista, luego todos queríamos esa lista, así que la imprimieron. Recuerdo sentarme y marcar cada una de esas cosas de las que estaba orgullosa, y pensar: Voy a poner esto en la parte de atrás de mi Biblia, y nadie más que yo las verá. Y hasta el día de hoy, está en mi Biblia.
Bob Lepine: Sé que cuando todos nos fuimos para regresar a nuestros lugares de trabajo o a nuestras tareas, tú te fuiste de regreso a Michigan. Estoy seguro de que en la mente de todos estaba el recuerdo de Pedro, Santiago y Juan en el Monte de la Transfiguración.
Nancy: ¿Podemos quedarnos aquí?
Bob Lepine:Montemos una tienda de campaña y sigamos con esto. Y cuando el Señor los enviaba de vuelta al campo de batalla, uno se preguntaba: «¿Ha sido solo una respuesta emocional momentánea a las cosas de Dios, o se ha llevado a cabo una verdadera obra espiritual aquí? ¿Te preguntaste lo mismo, Nancy?
Nancy: Bueno, no sé si me lo pregunté, porque sé que todo lo que Dios hace perdura. Pienso que eso se ha confirmado en mi propio corazón al escuchar historias a lo largo de los años, algunas de las cuales estamos compartiendo incluso en esta serie, sobre los efectos duraderos en el corazón de las personas. He vivido lo suficiente como para ver que, cuando Dios hace la transformación, es duradera.
Pero eso no significa que no haya una batalla después. La hay, pues la santificación es un proceso. Hay momentos en los que se dan tres pasos hacia delante y dos atrás.
No puedes vivir en el calor y la emoción del momento. Tienes que bajar de ese monte y llegar al valle. Para mí fue algo muy personal porque, cuando volví a mi casa, regresaba a un ministerio en el que yo no era una heroína.
Las personas me conocen tal como soy, y yo no había cambiado en absoluto a sus ojos. Venía de ese evento en el que habíamos estado como en las puertas del cielo durante una semana, y estaba cansada y vulnerable. Así que, en ese momento, no me daba cuenta de lo que ahora he llegado a comprender. Hay una batalla después de la batalla.
Para mí, eso fue un gran alivio y, de hecho, ya lo he compartido antes en Aviva Nuestros Corazones, pero tal vez las personas no conocen el contexto. Vivo en South Bend, Indiana, y algunos amigos vinieron a buscarme al aeropuerto. Cuando llegaron, me contaron rápidamente algo que había sucedido en mi casa mientras yo no estaba. Ellos no pensaron que fuera ningún problema. ¿Debería contarles lo que sucedió?
Bob Lepine: Por supuesto.
Nancy: Bueno, en retrospectiva, ¡fue una tontería! Algunas personas se estaban quedando en mi casa (yo sabía que estaban allí), y una de ellas trajo a su perro y su mascota, a mi casa. No soy una persona a la que le gusten las mascotas en casa. Así que no sabía que lo había llevado. No esperaba que trajeran al perro, entonces me puse furiosa. Fue horrible, realmente horrible.
Bob Lepine: ¿Te enojaste?
Nancy: Me enojé muchísimo. No quería ese perro en mi casa. Y al recordarlo, mi reacción fue realmente desproporcionada a la ofensa. No era mi forma habitual de reaccionar. En realidad, lo manejé muy mal.
Bob Lepine: Y esto fue a las pocas horas…
Nancy: Esto fue a las pocas horas de haber estado en ese lugar donde Dios estaba obrando y nosotros estábamos siendo quebrantados y humillados ante Dios. Y ahí estaba yo, reaccionando en la carnalidad de mi propia carne y mi propio corazón.
Estoy segura de que las personas que estaban conmigo se preguntaban qué estaba pasándome. Habían estado escuchando toda la semana los testimonios de la obra de Dios, y pensaban: «¿Cómo se explica esto? Y bueno, déjame decirte que Dios, por supuesto, rápidamente trajo convicción a mi corazón acerca de mi respuesta.
Mi reacción simplemente puso de manifiesto que, aparte del Señor, no hay nada bueno en mí. Soy tan propensa y vulnerable a andar en la carne como cualquier otra persona. Y rápidamente tuve que llegar al punto de decir: «Me equivoqué en mi forma de reaccionar, en mi forma de responder. Por favor, perdónenme». Y, por supuesto, ellos lo hicieron con gracia.
Pero fue un recordatorio punzante y profundo de que nunca puedo permitirme caminar sin el control del Espíritu en mi vida, que siempre estoy sujeta al orgullo de mi carne, y que la humildad y el quebrantamiento, como acababa de decir a esta audiencia en Fort Collins: «No son una experiencia única. Son un estilo de vida».
Aquí Dios me estaba dando... No quiero culpar a Dios por esto, pero me tendieron una trampa y se me presentó una oportunidad. Tuve una prueba y la fallé, y entonces fue una oportunidad para humillarme y recibir más de la gracia de Dios. Desde entonces he estado aprendiendo que esta vida de quebrantamiento es un estilo de vida. Es un camino; es una elección continua. No es solo en los momentos en la cima, sino también cuando estás en el valle.
Débora: Nancy DeMoss Wolgemuth comparte esa historia al final de su libro, Quebrantamiento: El corazón avivado por Dios. La historia causó tal impresión en una mujer que le escribió a Nancy hace unos diez años.
Nancy: Una oyente llamada Julie nos escribió diciendo:
«Acabo de terminar tu libro sobre el quebrantamiento. Debo decir que la mejor parte de todo el libro fue tu testimonio personal al final».
Mientras leía este libro, Julie había estado viendo cómo Dios bendecía su ministerio y dijo:
«Yo lucho con algunas de estas mismas tentaciones. Es una oportunidad para mí de morir al orgullo y a todo lo que lo acompaña».
Todo el mundo lucha contra el orgullo, independientemente de lo que haga o de cómo Dios nos esté utilizando. Eso significa que cada uno de nosotros necesita desarrollar un caminar de humildad y quebrantamiento ante el Señor. Así que, quiero animarte a que no solo escuches este mensaje, sino que leas el libro sobre el quebrantamiento.
Débora: Gracias, Nancy. Querida oyente, te animamos a que tú consideres también leer este libro. Quebrantamiento: El corazón avivado por Dios, es una lectura que transforma la vida. Encontrarás un enlace al libro en la transcripción de este episodio en AvivaNuestrosCorazones.com
Amada, y quiero compartir contigo que nuestras conferencias, pódcasts y programas de radio son posibles gracias a las generosas donaciones de los oyentes de Aviva Nuestros Corazones. Si este ministerio ha sido una bendición para ti, ¿considerarías hacer una donación? Si vives en Estados Unidos o Canadá, cuando realices una donación este mes de enero, podrás obtener una copia del libro de Nancy Quebrantamiento. Para hacer una donación, visita AvivaNuestrosCorazones.com y haz clic en la pestaña «Donar».
Existe una historia sorprendente en el Antiguo Testamento, en 1 Samuel, capítulo 25. Se nos presenta una mujer del Antiguo Testamento. Ella no es muy conocida como otras de las mujeres que hemos estudiado en Aviva Nuestros Corazones, ni tan conocida como María de Nazaret o Débora o Elisabet, la madre de Juan el Bautista.
Estoy hablándote de Abigaíl, quien fue esposa de Nabal. Ella es una mujer extraordinaria. Hay mucho que aprender de ella, no solo de su vida, sino también de los dos hombres que aparecen como personajes principales en esta historia. Te esperamos la próxima semana para una nueva serie de Aviva Nuestros Corazones: aprende a vivir con personas difíciles en tu vida con el ejemplo de Abigail.
Sin más, por el episodio de hoy, te esperamos el próximo lunes en Aviva Nuestros Corazones.
Llamándote a clamar por un avivamiento genuino, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
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