Comunicación y comunidad
Débora de Rivera: Karen Loritts dice que todas necesitamos tener una Elisabet en nuestras vidas. Esto es lo que quiere decir.
Karen Loritts: Todas necesitamos encontrar a una mujer en nuestra vida que nos anime a perseverar en el buen camino. Ella invertirá tiempo, energía y sabiduría, y nos ayudará a rendir cuentas.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Adornadas», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 13 de febrero de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: La palabra «amiga» ha adquirido un nuevo significado en un mundo altamente influenciado por las redes sociales. A menudo se utiliza para describir a alguien que apenas conoces, y que sigue tu vida a la distancia y se comunica contigo dando «Me gusta» a lo que publicas.
Ayer Karen Loritts nos mostró un retrato muy enriquecedor de la amistad. Ella describió …
Débora de Rivera: Karen Loritts dice que todas necesitamos tener una Elisabet en nuestras vidas. Esto es lo que quiere decir.
Karen Loritts: Todas necesitamos encontrar a una mujer en nuestra vida que nos anime a perseverar en el buen camino. Ella invertirá tiempo, energía y sabiduría, y nos ayudará a rendir cuentas.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Adornadas», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 13 de febrero de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: La palabra «amiga» ha adquirido un nuevo significado en un mundo altamente influenciado por las redes sociales. A menudo se utiliza para describir a alguien que apenas conoces, y que sigue tu vida a la distancia y se comunica contigo dando «Me gusta» a lo que publicas.
Ayer Karen Loritts nos mostró un retrato muy enriquecedor de la amistad. Ella describió una amistad verdadera como una comunidad de mujeres que se animan, se retan y se acompañan en los momentos más difíciles.
Y debo decir que yo estoy muy agradecida de tener una comunidad como esa en mi vida. No puedo imaginar vivir la vida cristiana sin el estímulo y la ayuda que recibo de ese grupo de mujeres.
Y bueno, Karen no es una desconocida para las oyentes de Aviva Nuestros Corazones. Ella es esposa de pastor, y tanto ella como su esposo, Crawford, han hablado en varias conferencias de True Woman. Incluso la continuación de su mensaje que estaremos escuchando hoy fue parte de una de esas conferencias.
Así que si te perdiste la primera parte de esta serie, puedes regresar y escucharla en AvivaNuestrosCorazones.com. En el episodio anterior, Karen describió una de las disciplinas que está tratando de desarrollar para ser una buena amiga. Ella está procurando cuidar su lengua para evitar herir a los demás con sus palabras. ¡Y qué importante es eso!
Aquí está Karen para continuar describiendo las maneras en que podemos usar nuestras palabras para fortalecernos unas a otras en comunidad. Escuchemos.
Karen: Voy a darte algunos pasajes de las Escrituras que podríamos agregar a este aspecto de la comunicación. En 1 Tesalonicenses, capítulo 5, versículo 11, se nos hace un llamado a animarnos las unas a las otras. Dice: «Por tanto, confórtense los unos a los otros, y edifíquense el uno al otro, tal como lo están haciendo». ¿Y cómo puedes animar a una amiga? Dios te ha bendecido con esta amiga y ahora deben animarse unas a otras.
Lo segundo es orar. Santiago, capítulo 5, versículo 16, dice: «Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados». Eso significa que tienes un nivel de confianza en que esta persona te ama, y está comprometida contigo, y guardará un voto de confidencialidad.
Ahora, de nuestras catorce amigas, tengo un pequeño círculo de tres o cinco de ellas a las que puedo llamar inmediatamente. Mientras pasaba por mi crisis emocional, en lugar de haber sido tan egocéntrica y orgullosa, debí haber llamado a una de ellas para decirle: «¿Puedes orar por mí? No tengo el deseo de hacerlo. Estoy sufriendo. Tengo miedo de mi mamografía. Tengo miedo del diagnóstico del médico. Tengo miedo de quedarme sola en casa. Hay tanto silencio que escucho mi propia respiración. ¿Puedes orar por mí? ¿Puedes venir?». Y yo sé que ellas lo harían y mantendrían la confidencialidad. Así que oren las unas por las otras.
Cuando se comunican, se están animando. Nos comunicamos orando y confesándonos entre nosotras. Efesios capítulo 5, versículo 19, dice:
«Hablen entre ustedes con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con su corazón al Señor».
Y allí mismo, en Efesios capítulo 4, versículo 15, la Palabra nos dice:
«Más bien, al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos en Aquel que es la cabeza, es decir, Cristo».
Me gusta la idea de la comunicación, pero también de la valentía.
Se necesita valentía para tener una amiga que se acerque a ti, pues ella ha invertido mucho de su tiempo, y tú del tuyo, para que puedas hablarle y decirle la verdad. No quiero que alguien venga y me diga lo que quiero escuchar, o que simplemente se acerque para hablar por hablar, o que diga sí a todo. Quiero a alguien que sea lo suficientemente valiente como para decir: «Karen, lo estás haciendo mal. Actúa bien. Deja de quejarte. Deja de poner excusas. Ya basta». Necesito que alguien me diga eso.
Ahora bien, me gusta todo lo que mis amigas y yo hacemos juntas, pero quiero que ellas me digan la verdad porque confío en ellas para hacerlo. Se necesita valentía para eso. Se necesita valor para poder hablar con salmos, himnos y cantos espirituales, siendo guiadas por el Espíritu Santo, pero también quiero que me hablen la verdad en amor.
¿Haces eso con tus amigas? ¿Eres una buena amiga? La comunicación es la clave. Ahora, tus hormonas no son excusa. Que de las cuatro semanas del mes, solo hay una semana en la que no nos sentimos bien para no comunicarnos, ¡eso no es bíblico! No hay ningún lugar en la Biblia donde diga que hay momentos en el mes en los que no se te permite ser espiritual, cantar himnos, amar, honrar y ser amable. Al menos no en mi Biblia; no sé qué versión sea la tuya. Pero Dios dice que confíes en Él todo el tiempo, las cuatro semanas del mes, para que puedas dar y recibir la verdad con valentía. ¿Entiendes lo que estoy diciendo?
Se necesita compromiso, buena comunicación, perdón y reconciliación. Estás llamada a ser de bendición, y quiero que te grabes esto: sé amable.
Si Dios me permite vivir hasta los setenta u ochenta años, quiero ser de esas mujeres que las personas quieran tener cerca. Existen algunas mujeres mayores a las que nadie quiere acercarse, porque siempre están malhumoradas. Pero yo quiero estar cerca y que mis hijos quieran llamarme.
Y quizás en ese entonces ya no podré hablar bien, pero aun así, deseo que ellos quieran estar conmigo. No quiero vivir quejándome ni mencionando cada dolor y malestar a cada rato; la verdad es que siempre vamos a tener dolores y molestias. Cuando me levanto en las mañanas, tengo que estirar mi cuerpo, mover las piernas y la espalda, pero en un futuro no quiero ser esa anciana a la que las personas quieran arrinconar en algún lugar.
Mis amigas me hubieran abandonado hace mucho tiempo si cada vez que vamos al retiro me quejo y protesto por todo. Todo el mundo tiene dolores y molestias. Y en ocasiones, no todo está bien, pero aun así me aman. Yo quiero envejecer con gracia.
Así que comunícate y sé amable. Eso no te hará daño y te prometo que no dolerá.
Bien, ya hemos hablado del compromiso, la comunicación y la valentía. Ahora quiero que hablemos sobre la comunidad. La comunidad se trata de establecer una relación, fortaleciéndola al hablar bien y haciendo lo correcto en todas las cosas. La comunidad implica nutrir la relación: la comunión.
Hay una cosa que las mujeres hacemos bien: nos gusta celebrar cualquier cosa. Simplemente, disfrutamos de andar por ahí sin hacer nada más que tomarnos un café. Y créeme, los hombres no se la pasarían tan bien en una conferencia como nosotras, porque, si están en una conferencia de hombres, ellos no se sentarían juntos, sino que cada uno estaría sentado en cualquier lugar. No habría una fila para ir al baño y hablar un poco aquí y allá.
¡Pero a las mujeres nos encanta eso! Dios nos hizo de esa manera. Nos encanta ese compañerismo, esa comunión. Nos necesitamos unas a otras.
Nos necesitamos unas a otras cuando tenemos que pasar por alguna cirugía, y qué mejor que tener una amiga que te ama, que te cocina el mismo platillo de siempre, mientras te dice: «Hice esta comida», y luego la pone en un plato bonito y te la lleva después de pasar por esa cirugía. ¡Nos encanta ese tipo de cosas! Somos una comunidad y amamos el compañerismo.
Pero, ¿qué cosas podemos aportar para nutrir esta relación? En primer lugar, permíteme mencionarte dos cosas. Nutrir una relación requiere tiempo y confianza. Necesitamos permitir que nuestras amigas invadan nuestro espacio. Algunas de nosotras simplemente somos demasiado cerradas: no queremos que nadie se acerque.
Pero las relaciones a larga distancia, aquellas que cruzarán la línea de meta contigo, serán esas amigas en las que has invertido tiempo y en las que has confiado mucho. Tu mejor amiga te amonestará en privado, pero te animará en público. Las mejores amigas se dedican mucho tiempo.
Hace un tiempo, iba de camino a dar una conferencia en México y estaba haciendo escala en Houston cuando recibí una llamada en la que me dijeron que una de las hijas de mi mejor amiga (una de nuestro grupo «Las Piedras»), que tenía veintiséis años y tenía diabetes juvenil, había muerto. Ella quería que fuéramos parte del memorial de Jessica.
Para mi amiga, este era el segundo hijo que perdía. Ella perdió a su primer hijo, Remington, por problemas cardíacos. Él tenía cinco meses y murió en la mesa de operaciones, y ahora su hija Jessica había muerto y su hijo Jonathan cumplía su quinto año de prisión.
Mi amiga es una mujer que ama la vida y ama a Dios; sin embargo, Dios había llamado a dos de sus hijos a casa y, sin ella tener la culpa, su otro hijo estaba en la cárcel. Había una increíble cantidad de dolor en esa familia, pero ella fue un gran aliento para nosotras. Incluso, en esa ocasión ella fue quien nos ministró. Ella nos dijo: «Vamos a esperar para hacer este memorial cuando las siete podamos reunirnos y darle el último adiós a Jessica».
La comunidad y el cuidado de la relación se forman con el tiempo. No es algo que sucede de la noche a la mañana. Mi amiga pudo confiar el entierro de su hija a sus queridas amigas. Fuimos sus acompañantes en el entierro.
¿Qué otras cosas podemos aportar en la comunidad? En la comunidad y en la amistad, nos servimos unas a otras. En Gálatas capítulo 5, versículo 13, dice:
«Porque ustedes, hermanos, a libertad fueron llamados; solo que no usen la libertad como pretexto para la carne, sino sírvanse por amor los unos a los otros».
¿Cómo puedes satisfacer las necesidades de tus amigas? A sus cinco meses, cuando Remington estaba en el hospital esperando someterse a una cirugía de corazón abierto, nosotras fuimos a acompañarla y nos reímos mucho. La ayudábamos cuando ella no podía hacer las cosas por sí misma.
En ese momento ella era madre de diez hijos, por lo que nos dejó la responsabilidad de cuidar del resto de los niños. Mientras su bebé tenía que pasar por una cirugía de corazón abierto, como amigas intervinimos y le servimos donde ella más lo necesitaba.
Puedes lavar la ropa de otras personas. En mi caso, por ejemplo, yo no suelo planchar, pero esta otra amiga sabe planchar. El permitir que otra amiga entre en tu casa y te ayude a limpiar es algo maravilloso. Se trata de servirnos unas a otras.
Y avanzando en nuestro tema, la comunidad también implica llevar cargas. Gálatas capítulo 6, versículo 2, dice:
«Lleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo».
Ahora, no estamos diciendo que tú debes quitar y llevar las cargas de otras personas. Cada persona lleva su propia carga, pero puedes caminar a su lado y ofrecerles ayuda y esperanza, incluso en medio de una crisis cuando no pueden llevarla por sí mismas. No se trata de decir: «Entiendo cómo te sientes, Vivian», porque yo no lo entendía. Su hija de veintiséis años acababa de morir, y no podía procesar eso. Pero lo que sí puedo decirle es: «Mi corazón se rompe por ti, y estoy aquí para llevar contigo tu carga. Estoy aquí para cualquier cosa en la que me necesites».
Otro pasaje para enriquecer todo esto está en Efesios, capítulo 5, versículo 21. Dice: «Sométanse unos a otros en el temor de Cristo». Comunidad significa que, cuando nos reunimos, nos honramos, nos respetamos y nos sometemos mutuamente, temiendo a Cristo. A esto estamos llamadas.
Permíteme mencionarte dos aspectos más. En Romanos, capítulo 15, versículo 7, habla de la aceptación. Dice:
«Por tanto, acéptense los unos a los otros, como también Cristo nos aceptó para la gloria de Dios».
Acéptense unas a otras. De mis catorce amigas, hay algunas que son completamente diferentes. No somos iguales. No tenemos los mismos dones, ni talentos, ni las mismas habilidades, pero las acepto como regalos creados por Dios para mi vida. ¿Haces eso? ¿Aceptas a tus amigas?
Último punto. En 1 Tesalonicenses, capítulo 5, versículo 13, menciona la paz. Pablo dice: «Vivan en paz los unos con los otros».Estén en paz unas con otras, sin tener tantos conflictos y discusiones todo el tiempo. Si hay mucho de eso, entonces es un indicador de que algo anda mal en la relación. Debemos estar en paz las unas con las otras. No puedes ir con tus amigas y simplemente soltar un montón de desechos tóxicos sobre ellas.
¿Alguna vez has tenido una amiga (con «a» minúscula), o una conocida que cada vez que la ves quieres correr hacia el otro lado porque sabes que te van a pasar por encima como si fueran un camión de remolque? «Ven aquí, te echaré todas estas cosas encima». Te sientes tan mal que desearías que se fuera del vecindario. O tal vez tienes un miembro de la familia que desearías que se distanciara de la familia. Pero podemos estar en paz unos con otros, porque la paz mora en nosotras.
¿Eres una persona pacífica con la cual es agradable estar? Nosotras las mujeres siempre tenemos mala reputación en algunas de nuestras actitudes. Por ejemplo, cuando lees el libro de Proverbios, es como estar en el desierto donde las mujeres simplemente se quejan y son gotera continua. Amigas, tenemos mala reputación y esa es la verdad. No hay nada tan irritable como una mujer quejumbrosa. Esa mujer que nunca es feliz con nada y siempre tiene algo negativo que decir. Lastimosamente, esa no es una amiga de verdad. O puede que tú seas una mujer así, y por eso no puedes ser una amiga de verdad.
Y como he dicho, algunas de nosotras necesitamos deshacernos de esas actitudes. Necesitamos sabiduría para escoger esas amistades íntimas que nos edifican y ayudan a crecer en Cristo. Algunas amigas, como mencioné antes, están por una temporada y quizá crees que no aportaron crecimiento a tu vida espiritual, pero Dios usa todo. Sin embargo, debes ser sabia para reconocer quiénes son esas amigas que te edifican y ayudan en tu vida espiritual y quiénes no lo hacen.
Bueno, ya hemos hablado sobre cómo desarrollar estas amistades, pero hay algo que necesitas tener en tu vida más allá de este tipo de amigas. Yo lo llamo el equipo de Elisabet, María y Marta. En primer lugar, Elisabet debe ser una mujer mayor.
Una de las grandes cosas que me sucedieron cuando nos mudamos de Dallas, Texas, a Atlanta, Georgia, fue que tuve una Elisabet. No crecí en un hogar cristiano, así que yo misma me daba lástima. Daba pena. No sabía nada del matrimonio. Lo único que sabía era que amaba a este hombre y que él era pastor. Él nació y creció en una buena familia. Él tuvo a su mamá y a su papá. Su madre realmente amaba a su esposo.
Era como la esposa perfecta. Lo digo en serio. La madre de mi esposo usaba perlas blancas y un delantal, y luego estaba yo: una adolescente, hija de madre soltera. Pero Dios me encontró y Crawford y yo nos conocimos en la universidad. Y debo decir que Dios se divirtió mucho uniéndonos.
Entonces se unieron estas dos personas que provenían de entornos completamente diferentes. Fue como la colisión de dos poderosos barcos de vapor. Pero yo necesitaba ayuda.
Amo a mi esposo. Él es un verdadero hombre. A mí me criaron para ser autosuficiente, aunque yo sabía que ese no era el camino de Dios. Con el tiempo, comprendí que Dios me había llamado a esto, que Él me había salvado y que yo sería la primera de mi familia en caminar y hablar sobre la Biblia. Pero antes de eso, yo necesitaba ayuda.
Cuando llegué a la iglesia, la hermana Ponder me observó. Creo que fue mi lenguaje corporal el que le habló a ella sobre mí. Y, seamos honestas, no tenemos que decir nada, nuestros esposos no tienen que decir nada, sino que es nuestro lenguaje corporal el que dice: «No me importa lo que digas, no lo haré».
La hermana Ponder debió haberme descubierto. Aunque no estoy segura de si fue mi lenguaje corporal lo que me delató, ella se acercó a mí y se presentó. Ella me dijo: «Me alegro mucho de que estés aquí. Bienvenida a Atlanta, Georgia». En ese tiempo, yo tenía dos bebés pequeños, uno de cinco años y otro de nueve meses, y ella simplemente entró en mi vida.
Eso fue un poco difícil para mí, porque pensé: «Tengo una madre». Pero la hermana Ponder fue abandonada por su esposo y tuvo que criar sola a sus seis hijos. Dios la transformó de una manera increíble, así que ella comprendió un poco sobre lo que yo estaba pasando. Ella era una mujer mayor que simplemente se acercó y entró en mi vida, y se convirtió en mi Elisabet.
En ocasiones, ella me decía cosas que me ponían los pelos de punta, pero de una manera agradable. Por ejemplo, yo pensaba que le hablaba bien a mi esposo, pero esta Elizabeth en mi vida me decía: «Karen, ¿no hay otra manera de hablar mejor?». Esta mujer me seguía diciendo lo que tenía que hacer, y yo me enojaba con ella. Incluso, no la llamaba ni le contestaba el teléfono, y todo ese tipo de cosas.
Necesitamos una Elisabet en nuestras vidas, alguien que hable a nuestras vidas.
¿Pero cómo se ve esta Elisabet? Bueno, ella es una mujer mayor; ella invertirá en ti tiempo, energía y sabiduría y te hará responsable de tu madurez en Cristo. Todas necesitamos encontrar a una mujer en nuestra vida que nos anime a perseverar en el buen camino. Y lo repito: ella invertirá tiempo, energía y sabiduría, y nos ayudará a rendir cuentas.
Necesitamos una Elizabeth en nuestras vidas, y puede que tal vez necesitemos un par de Elizabets. Yo he tenido tres. En total han sido tres hermanas mayores. No es necesario que sean cronológicamente mayores, pero a mí eso me ayudó mucho, porque eran mujeres experimentadas. Cuando hablaban, veías a Dios saliendo de las palabras que decían, y yo las recibía, porque yo era una cabeza dura.
Otra persona que necesitamos tener en nuestras vidas es una María. Una María es una persona joven en quien podemos invertir nuestra propia vida, una persona joven a quien podemos dedicarle tiempo, energía y pedirle cuentas. Debido a que se nos ha dado mucho, necesitamos dar mucho.
Y finalmente necesitamos a una Marta. Todas necesitamos a alguien que sea nuestra igual; tal vez tengamos la misma edad, como mis amigas «Las Piedras», o que estemos pasando por la misma etapa de la vida. Respetamos el tiempo de las demás, pero nos damos ese tiempo y energía unas a otras; nos responsabilizamos mutuamente. Es una relación recíproca.
Entonces, Elisabet es una mujer mayor, María es una mujer joven y Marta es una mujer de tu misma edad. Estas cosas nos ayudarán a madurar en Cristo.
Cuando en esta vida lleguemos a la meta, queremos escuchar: «Bien hecho, buen siervo y fiel». Y puede que crucemos la línea de meta un poco andrajosas, desgastadas y rotas. Pero queremos cruzar la línea de meta cumpliendo lo que Dios nos ha llamado a hacer, y necesitamos que este otro grupo de personas nos ayude en todo este retrato de la amistad.
Nancy: Ella es mi querida amiga Karen Loritts, y no podría estar más de acuerdo con lo que compartió con nosotras. Ella nos ha estado ayudando a ver cómo todas necesitamos una Elisabet, una María y una Marta. Una mentora, una discípula y una compañera.
Karen volverá con nosotras para orar, pero antes, quiero hacer una pregunta: mientras escuchabas este mensaje, ¿pensaste en alguien que pudiera ser tu mentora? Creo que hay muchas mujeres que están dispuestas a mentorear y animar a otras, pero ellas están esperando a que se lo pidas. Entonces, ¿quién en tu vida podría convertirse en una compañera más cercana?
Y, por último, ¿hay alguien a quien puedas discipular o mentorear? No tienes idea del gran impacto que podrías tener en la vida de esa mujer. Escucha, no esperes a que otras se acerquen. Espero que puedas dar ese paso para llegar a otras mujeres y que comiences a desarrollar el tipo de comunidad auténtica de la que hemos escuchado hablar a Karen Loritts.
No puedo expresar lo agradecida que estoy de tener esas relaciones de compañerismo y de comunión con tres de este tipo de mujeres. Y se necesita oración para que el Señor te dirija; para ver a quién Él te dirige en esta temporada. Te animo a que ores por eso y que luego tomes la iniciativa según el Señor te lo indique.
Haz una pausa en medio del ajetreo y permite que la Palabra de Dios renueve tu corazón.
Este mes de febrero me alegra presentarte un recurso muy especial disponible por una donación: «Aviva mi corazón: Reflexiones diarias».
Este devocional de 180 días, escrito por Nancy DeMoss Wolgemuth, te invita a disfrutar momentos significativos en la presencia del Señor. Fue diseñado para ofrecerte un refugio diario para tu alma: un espacio donde la verdad de la Palabra te acompañe fielmente durante seis meses, recordándote la gracia y la fidelidad de Dios.
Compilado a partir de algunos de los libros más queridos de Nancy, «Aviva mi corazón» te invita a profundizar en las Escrituras y a maravillarte con la belleza transformadora de Cristo. Cada reflexión renovará tu mente y fortalecerá tu fe, ayudándote a enfrentar cada día con esperanza y paz.
Durante todo el mes de febrero, este recurso está disponible por una donación en AvivaNuestrosCorazones.com.
No dejes pasar la oportunidad de tenerlo y permitir que el Señor avive tu corazón cada día.
Débora: Gracias, Nancy. Amada oyente, no dejes pasar esta oportunidad, adquiere este nuevo recurso de Aviva Nuestros Corazones por una donación este mes de febrero.
Ahora, aquí está Karen Loritts para concluir el episodio de hoy en oración.
Karen: Señor, como mujeres nos encanta reunirnos y pasar un buen rato. Te oro, Padre, para que todas tomemos en serio las cosas de las que hemos hablado con respecto al retrato de una verdadera amistad, pero más aún, te pido que traigas a todas nuestras vidas una Elisabet, una mujer mayor que nos ame, que nos haga responsables, que nos dé esa sabiduría divina para ayudarnos a pasar al siguiente nivel.
Y también, Señor, necesitamos a esa Marta en nuestras vidas, esa amiga con la que tenemos un compromiso mutuo, una responsabilidad que asumimos juntas, esa energía que compartimos para ayudarnos entre nosotras a llegar a la meta.
Y luego, Señor, necesitamos a esa joven, una María. Hay tantas jóvenes que necesitan que alguien las ame y sea ejemplo para ellas.
Padre, bendice a esas mujeres a las que aplaudimos y celebramos que están en nuestras vidas; que nuestras relaciones personales con ellas continúen creciendo. Y por último, te oramos para que nos des la valentía suficiente para deshacernos de esas actitudes de amargura y descontento que simplemente nos están drenando la vida y no nos permiten crecer en Cristo.
Oh, Señor, queremos ser mujeres que sean mujeres verdaderas de Dios. Gracias, Padre, por quién eres y por lo que nos has dado, y por todas las cosas que nos impulsarán a realizar las buenas obras que has preparado para nosotras. Te decimos: «Sí, Señor», y te damos gracias. Amén.
Débora: Llamándote a experimentar libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de La Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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