Cristo por encima de todo
Débora: ¿Te sientes cansada, agotada, con el tanque vacío y bajo el peso de la vida en este mundo caído? Gretchen Saffles te recuerda una verdad liberadora…
Gretchen Saffles: El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. El Verbo fue clavado en una cruz en nuestro lugar y sufrió por nosotras. El Verbo caminó en esta tierra en un cuerpo humano. Él entiende, y Él venció. Es por medio de Él que podemos permanecer firmes en el evangelio. Podemos conocer Su verdad: que aun cuando todo se está desmoronando, cuando no sabes a qué aferrarte, Su Palabra realmente te sostiene.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 10 de marzo de 2026.
Hoy escucharemos la última parte de un mensaje que Gretchen Saffles compartió en la conferencia True Woman 2025, titulado «La Palabra contra …
Débora: ¿Te sientes cansada, agotada, con el tanque vacío y bajo el peso de la vida en este mundo caído? Gretchen Saffles te recuerda una verdad liberadora…
Gretchen Saffles: El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. El Verbo fue clavado en una cruz en nuestro lugar y sufrió por nosotras. El Verbo caminó en esta tierra en un cuerpo humano. Él entiende, y Él venció. Es por medio de Él que podemos permanecer firmes en el evangelio. Podemos conocer Su verdad: que aun cuando todo se está desmoronando, cuando no sabes a qué aferrarte, Su Palabra realmente te sostiene.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 10 de marzo de 2026.
Hoy escucharemos la última parte de un mensaje que Gretchen Saffles compartió en la conferencia True Woman 2025, titulado «La Palabra contra el algoritmo». Escuchemos.
Gretchen Saffles: Bueno, yo vivo en el sur, y ahí tenemos muchas tormentas de lluvia torrencial en el verano. Es tan húmedo que, de repente, cae una de esas tormentas sin previo aviso. Y cuando salgo a revisar mi jardín después de que ha pasado, prácticamente todas las flores están en el suelo, como si se hubieran rendido y acostado en el suelo.
Sin embargo, a pesar de eso, me encanta observar lo que pasa en los días después de la tormenta, cuando vuelve a salir el sol, porque esas mismas flores que literalmente parecían decir: «Me rindo», que se habían caído por toda esa lluvia, terminan haciendo algo hermoso: ellas estiran su tallo hacia el sol. Así que, aunque sus tallos hayan quedado doblados por la tormenta, literalmente se curvan hacia un lado y se levantan buscando la luz.
Eso es exactamente lo que necesitamos hacer: necesitamos volver nuestro corazón, estirar nuestro cuello, fijar nuestros ojos en la Palabra de Dios, porque Jesús es el sol. Nosotras somos como la luna. La luna no emite su propia luz. Lo que hace la luna por la noche es reflejar la luz del sol. Así que no somos el sol, nuestro pastor de la iglesia no es el sol; nuestro autor favorito no es el sol. Nancy DeMoss Wolgemuth no es el sol. Cristo es el sol y nuestro llamado es simplemente reflejarlo a Él, disfrutar de la luz de Su bondad, de Su gloria y de Su gracia.
De hecho, Juan habla de esto en los versículos 6 al 13. Y puede parecer un poco fuera de lugar que, de repente, él comience a hablar de «un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan», y uno podría pensar: «¡Hay tantos Juanes!». Bueno, aquí está hablando de Juan el Bautista. Entonces Juan, el discípulo, está hablando acerca de Juan el Bautista, y dice que este hombre vino para dar testimonio acerca de la Luz. Él no era la luz. Juan el Bautista no era el Salvador.
Y él mismo lo dice en los capítulos siguientes del Evangelio de Juan, cuando dice que «Aquel que viene después de mí es antes de mí» (Jn 1:15). «Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya» (Jn. 3:30). Juan no era el sol. Cristo es el Sol y nosotras somos como la luna. ¿Lo estás reflejando? ¿Estás mirándolo y levantando tu rostro hacia Él? Tal vez estás atravesando una tormenta en tu vida. De hecho, me sorprendería si alguien aquí dijera: «No, la vida es muy fácil ahora, todo va de maravilla». La realidad es que siempre hay algo, ¿verdad? Sales de una situación, y ya hay otra. Así es la vida; la vida en un mundo caído. Y, sin embargo, podemos ser como esas flores que estiran su tallo para mirar al sol.
Jesús es la luz de este mundo. Él nos da vida porque Su Palabra tiene poder para salvar. Solo la Palabra de Dios puede derribar las fortalezas en nuestras vidas, el pecado que se alimenta en la oscuridad, detrás de puertas cerradas. Tal vez hay algo que estés cargando ahora mismo. Quizás hay algún pecado, algún patrón pecaminoso o alguna adicción de la que no le has hablado a nadie y andas caminando como Adán y Eva, con esa vergüenza, sintiendo que estás cubierta con hojas de higuera.
Quiero recordarte que Dios nos ha dado esperanza. Él cambió esas frágiles hojas de higuera, que, al arrancarlas de la rama, mueren, ¿verdad?, por una cobertura duradera en Su Hijo, quien vivió una vida perfecta, sin mancha, una vida que nunca podríamos vivir, nunca, jamás. Y luego murió en nuestro lugar, para que pudiéramos tener vida en Él. ¡Pero Él ya no está en la tumba! No servimos a un Dios con una lápida que podamos visitar.
Yo llegué a visitar la tumba y sé que Él ya no está ahí. Tal como dijeron los ángeles: «¡Ven y ve! ¡No está aquí! ¡No está aquí! ¡Ha resucitado!». Tenemos un Salvador resucitado. Solo la Palabra de Dios, solo Su Hijo, conquistó la oscuridad del pecado con la luz del evangelio. Cuando la luz de la Palabra eterna brilla en tu corazón, la oscuridad tiene que huir. No puede quedarse.
Nunca he encendido una luz en medio de la oscuridad y que la oscuridad permanezca. Es imposible. Enciendes la luz, y lo ves todo, ¿verdad? Es como ese cajón lleno de cosas que no sabes dónde poner; cuando lo abres, ahí sigue todo. La luz del evangelio quema y expone todo lo que hay en nosotras y revela nuestra necesidad de Cristo.
Entonces, lee conmigo nuestro último pasaje en Juan capítulo 1, los versículos 14 al 18. Juan continúa diciendo:
«El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan dio testimonio de Él y clamó: “Este era del que yo decía: ‘El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo’”.
Pues de Su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él lo ha dado a conocer».
Esto es asombroso. Si observas todas las demás religiones, no hay ningún otro dios que haya venido a rescatar a su pueblo. Nuestro Dios envió a Su Hijo para hacerse carne. Él experimentó todo lo que nosotros experimentamos, y aun así no pecó. Jamás pecó. ¿Puedes imaginarlo? Y ahora Él es nuestro gran Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades. Él puede ayudarnos. Él puede proveer una salida. Él está lleno de gracia y de verdad.
No sé en qué situación te encuentras hoy, pero Cristo no se ha quedado sin gracia. Él no está allá arriba diciendo: «Ayer me quedé sin más gracia para darte, lo siento. Hoy no tengo para ti». ¡No! De Su abundancia hemos recibido gracia y verdad. Pablo escribió en Colosenses 1:19–20:
«Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud [no un poco, no una parte; Él era completamente Dios y completamente hombre], y por medio de Él reconciliar [y aquí están esas dos palabras otra vez] todas las cosas consigo…».
¿Puedes decir «todas las cosas»? No algunas cosas, ¿verdad?, sino todas las cosas. Me encanta este grupo de palabras. Todas las cosas.
«…habiendo hecho la paz por medio de la sangre de Su cruz» (v. 20).
Hemos recibido de Su plenitud, no de Su carencia, porque nosotras somos las que tenemos carencias, pero Él es el que tiene toda la plenitud.
A lo largo de los años, a mi familia le encanta ir al norte de Georgia a recoger manzanas. Vivimos en Georgia y ese es uno de mis días favoritos del año. No estoy segura de que sea el favorito de mi familia porque para ellos es como: «Ah…sí… tenemos que recoger tantas manzanas!». Pero, ¡a mí me encanta! Es muy divertido.
En una ocasión que fuimos, se nos olvidó revisar cuánto combustible tenía el carro. Así que manejamos hasta allá, y esos huertos de manzanas no están cerca de la ciudad, están bastante lejos. Cuando llegamos, tuvimos un día maravilloso recogiendo manzanas, pero al salir nos dimos cuenta de que casi no nos quedaba combustible y faltaba un largo camino por recorrer.
Bueno, nos subimos al carro y nos fuimos. Parece que cuando el indicador de combustible llega a cierto punto, es como si te dijera: «¡Te engañé!»… y ya no hay nada. Me asusté tanto que apagué el radio… no estoy segura de si eso ahorra gasolina, pero me hizo sentir mejor. Apagué el radio, el aire acondicionado y dije: «¡Que nadie respire! ¡No podemos quedarnos sin gasolina!».
Así que iba manejando, tratando de cualquier pequeña bajada en el camino. Y no sé cómo llegamos, pero tomé una foto del indicador, y literalmente estaba en cero cuando por fin llegamos a la gasolinera. No nos quedamos totalmente sin gasolina, pero casi fue así. Nunca olvidaré cómo se siente andar con el tanque de gasolina en reserva. No fue nada divertido. Y sé que, de la misma manera, muchas de nosotras hoy andamos así: vacías.
Como mencioné antes, hay muchas líderes de ministerio de mujeres que me escuchan hoy. Tal vez coordinas grupos en tu iglesia, o sirves en algún ministerio. Todas servimos en algún lugar. Quizás sea en el ministerio de niños, tal vez en tu trabajo, tal vez en tu hogar, rodeada de niños constantemente. Pero estamos vacías.
Constantemente te estás derramando en los demás, dando, animando y acompañando a otros, y parece que no tienes tiempo para sentarte a los pies de Cristo. Estás andando con el tanque vacío. O tal vez eres una mamá con hijos pequeños, o estás estudiando y tienes tantas cosas que hacer, tantas actividades, y cada vez que intentas abrir la Palabra de Dios, justo en ese momento suena el teléfono, hay una reunión, alguien te interrumpe, y te sientes desanimada, agotada, vacía.
Estás aquí hoy con el indicador de gasolina prácticamente vacío. O tal vez estás en una temporada de profundo dolor o anhelo. Quizás perdiste a un ser querido este año. Tal vez recibiste un diagnóstico que cambió tu vida, y la manera en que conocías la vida ya no es la misma, y apenas te sostienes de un hilo preguntándote: ¿De verdad hay esperanza?
El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. El Verbo fue clavado en una cruz en nuestro lugar y sufrió por nosotras. El Verbo caminó en esta tierra en un cuerpo humano. Él entiende, y Él venció. Es por medio de Él que podemos permanecer firmes en el evangelio. Podemos conocer Su verdad: que aun cuando todo se está desmoronando, cuando no sabes a qué aferrarte, Su Palabra realmente te sostiene.
En Isaías 55, el profeta nos recuerda que vengamos a Cristo. Él dice:
«Todos los sedientos, vengan a las aguas; y los que no tengan dinero, vengan, compren y coman. Vengan, compren vino y leche sin dinero y sin costo alguno».
No tienes que tener tu vida en orden. No. Dios quiere que vengas como estás: «Sin dinero y sin precio».
El versículo 2 dice: «¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no sacia?». Nosotras tenemos la Palabra de vida. Y unos versículos más abajo, en los versículos 10–11, dice:
«Porque como descienden de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra, haciéndola producir y germinar, dando semilla al sembrador y pan al que come, así será Mi palabra que sale de Mi boca: no volverá a Mí vacía, sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié».
Yo sé que hay días en los que abro mi Biblia y… ¿alguna vez has hecho un plan de lectura bíblica? Inevitablemente vas a llegar a Levítico, y también a Crónicas. Y muchas veces, al leer esos pasajes, no salgo pensando: «¡Wow, qué consolador fue esto!». Pero esta Palabra sigue siendo vida. Dios sigue obrando aun cuando lees esas genealogías, porque Él es un Dios intencional en cada pequeño detalle. Él es diseñador, es escritor, es creador. Aun en esas genealogías, hay tesoros escondidos por descubrir.
Incluso cuando estás en el libro de Levítico y lees sobre los sacrificios, ¡oh, la gracia!, el evangelio está ahí. Vayamos a Él todas aquellas de nosotras que estamos vacías. Entreguémosle nuestras copas vacías, porque Él las llenará.
La Biblia no es un libro obsoleto y anticuado. Pero verás que en las redes sociales y en muchos lugares dicen lo contrario. Nancy mencionó que la Biblia apareció en una lista de libros titulada «Libros que no deberías leer». ¡Qué absurdo! ¡Es todo lo contrario! Este es el único libro que realmente necesitas. Ábrelo, atesóralo. No tenemos que andar por la vida con el tanque vacío. Podemos traerle a Dios nuestras copas vacías, y Él las llenará.
Así que quiero que, si tienes una Biblia, aunque sea en tu teléfono, la levantes un momento y quiero que digas conmigo: «Esta es la Palabra de Dios». Esta es la Palabra de Dios, hermanas. Esta es la Palabra de Dios: la Palabra que existía antes del mundo, que creó el mundo, la Palabra que nos da sabiduría para esta vida, la Palabra que brilla en las tinieblas y las tinieblas huyen. Él las vence. Esta es la Palabra que hace que nuestros corazones muertos vuelvan a latir, la Palabra que aviva nuestras almas cansadas, la Palabra que nunca cambia, pero que siempre nos cambia a nosotras.
Esta Palabra no nos lleva a una vida de legalismo ni a marcar casillas para sentir que cumplimos con la lectura bíblica del día, sino que nos lleva a una vida de gozo y deleite.
George Müller fue un evangelista cristiano del siglo XIX, conocido por fundar orfanatos por toda Inglaterra. Terminó ministrando y cuidando a más de 10,000 huérfanos y tenía una vida de oración extraordinaria.
Si has leído alguna biografía sobre él, sabes que era un hombre muy ocupado. Él se derramaba por esos niños, y un día escribió estas palabras:
«Vi más claramente que nunca que el primer y gran negocio al que debía atender cada día era procurar que mi alma estuviera gozosa en el Señor. Lo primero no era preocuparme por cuánto pudiera servir al Señor o cómo pudiera glorificarlo, sino cómo podría poner mi alma en un estado de gozo y cómo mi hombre interior podría ser alimentado. Vi que lo más importante que tenía que hacer era dedicarme a la lectura de la Palabra y a meditar en ella, para que mi corazón fuera consolado, advertido, reprendido e instruido».
¿Está tu alma gozosa en el Señor? ¿Está tu alma buscando su alegría en Cristo? Mi pregunta para ti es esta: ¿conoces a Cristo? ¿Has conocido al Verbo hecho carne? Sé que estamos en una conferencia de mujeres, pero también sé que hoy me pueden estar escuchando mujeres que nunca han conocido a Cristo verdaderamente como su Señor y Salvador. Y si nunca has creído en Su nombre, oro para que hoy sea ese día. Haz que hoy sea ese día.
Si ya eres una creyente que camina con el Señor, pero tal vez te sientes como yo me sentía en el año 2018 —y como a menudo me siento incluso hoy—, que es más fácil encender las noticias, o acudir a tantas otras palabras, sin antes venir a la Palabra y deleitarte en la luz del Hijo de Dios, oro para que hoy recordemos que es por gracia que leemos la Palabra.
Dios no está allá arriba mirándote y diciendo: «Wow…No hiciste tu devocional hoy». No. Él te está invitando: «Ven. Ven tal como estás». Ven y trae tu copa vacía a Él. Y escucha: no siempre lo harás bien. No me gusta escuchar eso, pero sé que es verdad. No siempre lo haremos bien.
Habrá días en los que nos despertemos y tomemos el teléfono primero. Habrá temporadas en que el sufrimiento nos dejará sin fuerzas. Pero sigamos regresando a Su Palabra.
Y quiero terminar contándote una historia que me dejó maravillada. Es sobre dos mujeres que conocían la Palabra de Dios y decidieron poner la Palabra por encima del mundo, y sus vidas marcaron una diferencia que, de hecho, nos impacta hoy, y te diré cómo.
La primera mujer se llamaba Lilias Trotter. Ella nació a finales del siglo XIX, y desde muy joven todos sabían que tenía un talento artístico extraordinario.
Era increíble dibujando y pintando, y tuvo la oportunidad de estudiar con un gran maestro de la pintura. Pero Lilias se dio cuenta de que quería vivir una vida enfocada en lo que realmente importaba: las misiones.
Y lo hermoso es que, aun como misionera entre personas no alcanzadas, siguió creando un arte hermoso. Puedes buscarlo si nunca has visto las obras de Lilias Trotter. También siguió escribiendo; fue una escritora reconocida.
Alrededor del año 1901, Lilias escribió un folleto titulado «Focused» (Enfocada), que luego fue publicado. Guarda este detalle en tu mente.
Después, por la misma época, nació otra mujer llamada Helen Lemmel. Nació en una familia de ministerio que eventualmente emigró a los Estados Unidos. Helen también tenía talento artístico; era escritora y, con los años, desarrolló un profundo amor por la escritura y la música. Llegó a escribir más de 500 himnos.
En 1922, muchos años después, Helen leyó un pequeño folleto titulado Focused, escrito por Lilias Trotter. Estaba pasando por una temporada de profundo sufrimiento. Helen se había casado, pero comenzó a perder la vista a causa de una enfermedad. Su esposo la abandonó y aun así siguió escribiendo himnos sobre su fe y su esperanza en Cristo, mientras leía estas palabras escritas por Lilias Trotter, que decían:
«Vuelve tus ojos hacia Él. Míralo fijamente cara a cara, y descubrirás que las cosas de la tierra adquirirán una extraña y nueva insignificancia».
¿Te suena familiar? Helen escribió su respuesta a las palabras de Lilias diciendo:
«Me quedé quieta, y en mi alma, en mi espíritu, surgió el coro. No hubo un momento consciente de unir palabra con palabra o nota con nota para formar la melodía».
Los versos fueron escritos esa misma semana, como ella solía componerlos, pero dictados por el Espíritu Santo.
El himno es «Pon tus ojos en Cristo». Fue escrito por una mujer que había perdido la vista, por una mujer que había sufrido, inspirada por la vida de otra mujer que rindió tantas cosas para seguir al Señor y viajar a otro país a compartir su fe con personas que nunca habían escuchado las buenas nuevas del evangelio.
Estas palabras nos apuntan a una Persona. Y esta Palabra nos apunta a una Persona, y Su nombre es Jesucristo.
Así que quiero que escuches nuevamente estas palabras a la luz de lo que acabamos de aprender en Juan capítulo 1 sobre quién es Jesús, porque Helen escribió:
«Oh alma cansada y turbada
¿Sin luz en tu senda andarás?
Al Salvador mira y vive
Del mundo la luz es su faz».
Repite el coro conmigo desde donde estés:
«Pon tus ojos en Cristo,
Tan lleno de gracia y amor,
Y lo terrenal sin valor será
A la luz del glorioso Señor».
Helen escribió una tercera estrofa que realmente me cautivó. Dice así:
«Jamás faltará Su promesa;
Él dijo “Contigo estoy”
Al mundo perdido ve pronto
Y anuncia la salvación hoy».
Oremos.
Padre, fijamos nuestros ojos en Cristo, el Autor y Consumador de nuestra fe. Sabemos que Tu Palabra es verdadera. Tu Palabra es eterna; es poderosa. Está llena de gracia y de verdad. Así que, Señor, te damos gracias por llenar hoy nuestras copas vacías con Tu Palabra, que nos apunta a Tu Hijo, Jesús, quien es nuestra esperanza, nuestra paz, nuestro gozo y nuestra salvación. En el nombre de Jesús oramos. Amén.
Débora: Gretchen Saffles nos ha estado recordando que ninguna otra «palabra» —ni la de las noticias, ni la información que obtenemos a través de nuestro teléfono, ni la de nuestras emociones— puede sostenernos como lo hace la Palabra eterna. Tal vez hoy te identificaste con esa imagen del tanque vacío o con esas flores cuyos tallos se doblan después de la tormenta. La palabra que escuchamos hoy nos recuerda que Cristo nos llena, nos sostiene y nos levanta.
Como ministerio, estamos muy agradecidos con el Señor por la bendición de compartir contigo que ya tenemos fecha para nuestra próxima conferencia.
El 13 y 14 de noviembre de 2026 en Miami, Florida, celebraremos la conferencia Mujer Verdadera ‘26: «Preparen camino al Señor». Esta conferencia nace de la convicción de que la esperanza segura del regreso de Cristo forma la manera en que una mujer vive hoy. Preparar el camino del Señor no es solo esperar; es vivir con fidelidad y esperanza en medio de esta generación.
Separa la fecha, y acompáñanos en este llamado a caminar juntas, con claridad, fidelidad y esperanza, mientras esperamos al Rey.
Para más información visita AvivaNuestrosCorazones.com y mantente pendiente de nuestras redes sociales.
El día de mañana, para completar nuestra enseñanza de hoy, Nancy estará ayudándonos a mantener a Cristo en el centro de nuestras vidas. No te pierdas lo que ella tiene para compartirnos. Te esperamos aquí, en Aviva Nuestros Corazones.
Llamándote a completar la maravilla de la Palabra, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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