Dándole la bienvenida al quebrantamiento
Dannah Gresh: Hola, soy Dannah Gresh. Antes de que comience el programa de hoy, quiero darle las gracias a todas los que han orado por la familia Wolgemuth en los últimos días, mientras Robert, el esposo de Nancy, estuvo hospitalizado. Con el corazón muy apesadumbrado compartimos que ahora él está con el Señor. ¿Podrías continuar orando por Nancy, para que el Señor la consuele en los días venideros? Ella grabó la enseñanza que estás a punto de escuchar antes de que Robert enfermara, pero debes saber que está en medio de su duelo como alguien que tiene una gran esperanza en el Señor. Escuchemos el programa de hoy.
Débora de Rivera: Hace treinta años, un grupo de obreros cristianos escuchó un mensaje sobre el quebrantamiento. Dios usó ese mensaje de maneras increíbles.
Varios de estos obreros cristianos:
Kathy Helvey: «Recuerdo cuando esa jovencita subió al escenario».
…Dannah Gresh: Hola, soy Dannah Gresh. Antes de que comience el programa de hoy, quiero darle las gracias a todas los que han orado por la familia Wolgemuth en los últimos días, mientras Robert, el esposo de Nancy, estuvo hospitalizado. Con el corazón muy apesadumbrado compartimos que ahora él está con el Señor. ¿Podrías continuar orando por Nancy, para que el Señor la consuele en los días venideros? Ella grabó la enseñanza que estás a punto de escuchar antes de que Robert enfermara, pero debes saber que está en medio de su duelo como alguien que tiene una gran esperanza en el Señor. Escuchemos el programa de hoy.
Débora de Rivera: Hace treinta años, un grupo de obreros cristianos escuchó un mensaje sobre el quebrantamiento. Dios usó ese mensaje de maneras increíbles.
Varios de estos obreros cristianos:
Kathy Helvey: «Recuerdo cuando esa jovencita subió al escenario».
Julie Denker: «Y Dios la estaba utilizando para ablandar mi corazón».
Dave Warn: «Empezamos a caminar humildemente con Dios. Empezamos a ser sinceros los unos con los otros».
Bob Helvey: «Fue como si se me hubiera quitado la niebla de los ojos y me hubiera dado la oportunidad de ser honesto conmigo mismo».
Dave Warn: «Había sido limpiado de una forma que no habría podido imaginar tan solo seis meses antes».
Kathy Helvey: «No sabía de dónde venían las lágrimas. Nunca había llorado así antes».
Bob Helvey:«Era algo especial que Dios estaba haciendo. Nunca había experimentado nada igual».
Julie Denker: «Nunca había escuchado un mensaje como ese antes».
Kathy Helvey: «Nunca he vuelto a experimentar algo así. Nunca lo olvidaré. Nunca lo olvidaré».
Débora de Rivera: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «Quebrantamiento: El corazón avivado por Dios» en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 13 de enero de 2026.
Han pasado treinta años desde que el personal de Cru se reunió en Fort Collins, Colorado. Nancy fue invitada a hablar, y Dios multiplicó sus esfuerzos de una manera que nadie podría haber imaginado.
Escucharemos ese mensaje más adelante esta semana en Aviva Nuestros Corazones, pero hoy escucharemos la historia de algunos de los miembros del personal que estuvieron allí, entre ellos Bob Lepine, de FamilyLife Today. Él habló con Nancy sobre los acontecimientos que tuvieron lugar hace tres décadas.
Bob Lepine: En 1994 y 1995, en varios campus universitarios ocurrió algo espiritual. ¿Recuerdas el momento en que te diste cuenta por primera vez de qué estaba sucediendo?
Nancy: Sí, claro, Bob. Una noche recibí una llamada en mi casa y me dijeron que Dios se estaba moviendo y que estaba sucediendo un avivamiento en el campus de Wheaton College en Wheaton, Illinois. Algunos amigos y yo fuimos la noche siguiente para ver qué estaba sucediendo, qué estaba pasando.
Y recuerdo que estos jóvenes estaban alineados uno tras otro para confesar los pecados sobre los que Dios les había dado convicción. Ellos habían sido impactados profundamente por dos estudiantes universitarios que venían de Brownsville, Texas, y hablaban de cómo Dios se estaba moviendo en su campus. Ahora, estos estudiantes de Wheaton College estaban respondiendo a la convicción del Espíritu de Dios. Hubo arrepentimiento. Hubo quebrantamiento.
Recuerdo que pusieron unas bolsas de basura grandes en la plataforma, y los jóvenes iban subiendo a lo largo de la noche y ponían en esas bolsas de basura cosas que habían sacado de sus habitaciones y que tuvieron la convicción de que no debían tenerlas allí.
Pienso que una de las cosas que más me conmovió fue estar sentada en ese balcón viendo a cientos de jóvenes universitarios reunidos abajo y ver la sobriedad, el silencio, los estudiantes con la cabeza entre las manos, inclinados en arrepentimiento, en anticipación, escuchando. Los estudiantes de todo el lugar se reunieron en pequeños grupos, de dos, tres y cuatro, y oraban, compartían y lloraban, abrazándose. Había un gran silencio, pero era una obra muy profunda y penetrante del Espíritu.
Pienso que fue esa obra de Dios en muchos de los campus universitarios lo que llamó la atención de algunos miembros del personal de Cru, lo que era Cruzada Estudiantil para Cristo, en todo el país. Creo que eso fue parte de lo que Dios utilizó para despertar en sus corazones un deseo y una necesidad de que Dios obrara de esa manera dentro del ministerio de Cru.
Bob Lepine: Sí, tienes razón. Mientras todo esto sucedía, era justo antes de la reunión bianual del personal de Cru. Cada dos años, el personal se reúne en Fort Collins, Colorado, para una semana de capacitación, reuniones y renovación espiritual. Y tú habías sido invitada a hablar en esta conferencia en particular. ¿Cómo sucedió eso, Nancy? ¿Lo recuerdas?
Nancy: Claro. Steve Douglass se puso en contacto conmigo. Yo conocía a Steve desde hacía muchos años. Él conocía mi corazón por avivamiento. Todo esto fue en la primavera de 1995. Él me llamó y me dijo: «Necesitamos un avivamiento en nuestro ministerio. Queremos ver a Dios moverse de una manera nueva y fresca en los corazones de nuestro personal, y sabemos que tú tienes un corazón para esto. ¿Podrías venir a hablarnos y así ayudarnos a pensar y planificar cómo podríamos apartar esta semana de una manera especial para este propósito?».
Steve Douglass: Ciertamente, teníamos la esperanza de que Dios hiciera algo especial por nosotros en la capacitación del personal.
Débora: Él es Steve Douglass, antiguo presidente de Cru, y quien ahora está con el Señor.
Steve: Éramos conscientes de que el Espíritu de Dios se estaba moviendo en ciertos campus, y parecía razonable que se moviera en nuestra capacitación de personal si nuestros corazones estaban en paz con Él. Pero, como mínimo, queríamos participar en el tipo correcto de pensamiento acerca de Dios y el hecho de que nuestros corazones podían ser avivados, incluso si eso no sucedía en ese momento. Queríamos tener la oportunidad de escuchar a Dios y estar abiertos a lo que Él quisiera hacer.
Bob Lepine: ¿Recuerdas de dónde surgió la idea de pedirle a Nancy que hablara en la conferencia del personal en 1995?
Steve: Bueno, había un grupo de nosotros pensando en cuál debía ser el programa en la Universidad Estatal de Colorado ese verano, y recuerdo que el tema de la rutina y los pequeños pecados estaban afectando al movimiento.
Bob Lepine: Nancy, cuando se acercaron a ti para pedirte que hablaras, ¿supiste inmediatamente de qué querías hablar?
Nancy: No realmente, así que trabajé en ello durante meses. De hecho, dos semanas antes de la conferencia, si mal no recuerdo, finalmente decidí sobre qué iba a hablar. Durante esos meses anteriores, había estado leyendo y meditando en el libro de Isaías. Fue en ese proceso cuando el Señor impactó profundamente mi corazón, a través de Isaías, este mensaje de humildad, quebrantamiento y de arrepentimiento. Isaías 66:2 dice: «Pero a este miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante Mi palabra».
Dios había estado haciendo en mi vida una obra nueva de arrepentimiento y quebrantamiento en un asunto relacional, por lo que había una ternura renovada en mi corazón hacia el Señor. Había un quebrantamiento y un avivamiento renovados en mi propia vida. Pienso que fue por eso, combinado con lo que Dios me había estado hablando a través del libro de Isaías, que me hizo darme cuenta de que este es un tema que es la esencia de todo el asunto. Este es el tipo de corazón que Dios puede avivar, así que fue Dios quien me guió a hablar sobre ese tema.
Débora: Dios también estaba preparando otros corazones entre el personal de Cru.
Bob Helvey: Yo estaba luchando con la apatía y con la mediocridad. Estaba luchando con una frialdad que había tenido hacia el Señor durante mucho tiempo y que no reconocía.
Débora: Bob Helvey había pasado quince años haciendo trabajo misionero en Nueva Zelanda y regresó a los Estados Unidos justo a tiempo para la capacitación del personal de Cru.
Bob Helvey: Me estaba yendo bien y estaba haciendo las cosas correctas en el ministerio. Las personas respetaban lo que hacía. Habían sucedido algunas cosas emocionantes en Nueva Zelanda. Tenía todo eso en mi maletín para poder presentarlo y dije: «Sí, estoy haciendo grandes cosas para Dios». Pero en mi corazón había un enfriamiento, una distancia, una niebla. Había una apatía que estaba tomando lugar en mi esfuerzo por buscar a Dios con fervor. Era enfriamiento y mediocridad.
Cuando me convertí al cristianismo, lo que le pedí a Dios fue que me convirtiera en cristiano. No sabía nada sobre lo que significaba ser cristiano, lo que implicaba.
Simplemente dije: «Te seguiré, Dios, pero no permitas que me convierta en un hipócrita. No permitas que sea un cristiano mediocre. Si voy a hacer esto, lo haré con todo mi corazón». Y ahí estaba yo, viviendo en la mediocridad, desde un punto de vista espiritual, y lo odiaba. Realmente lo odiaba.
Débora: Dave Warn era miembro del personal de Cru y ministraba en la Universidad de Wisconsin. El avivamiento en Wheaton College se había extendido al campus de Dave, y esto le llevó a experimentar un tiempo de arrepentimiento y quebrantamiento justo antes de la capacitación en Colorado.
Dave Warn: Esperábamos que Dios usara este poderoso movimiento del Espíritu Santo que para nosotros había comenzado con estos estudiantes de Wheaton. Teníamos la esperanza de que se extendiera por todo el ministerio y afectara a todos los estudiantes que estaban involucrados bajo nuestro liderazgo y a todo el país. Así que había una gran expectativa de que Dios se manifestara y moviera nuestros corazones de nuevo.
Tim Spyridon: Bueno, llegué a la conferencia con un corazón cansado y enfermo.
Débora: Aquí está el antiguo miembro de Cru, Tim Spyridion.
Tim: Estaba agotado por las actividades del ministerio. No estaba de ánimo para la comunión, ni para la adoración. Recuerdo que en las primeras noches no quería estar con nadie ni ver a nadie. Me senté en la grada más alta que pude encontrar, lo más lejos posible del escenario. Simplemente, movía mis labios al ritmo de las canciones y, a veces, ni siquiera cantaba, solo escuchaba. Era como una batería seca que estaba muy, muy, muy baja.
Bob Lepine: Estabas hablando en un pabellón de baloncesto. Había cuatro mil empleados reunidos en ese pabellón del campus de la Universidad Estatal de Colorado.
Nancy: ¿Puedes imaginártelo? Sé que tú estabas allí. Había sillas en la cancha de baloncesto y gradas alrededor. No era precisamente el tipo de escenario que se elegiría o diseñaría como un lugar para encontrarse con Dios.
Bob Lepine: No era una catedral ni un santuario. Pero en esos días sí se convirtió en un santuario. ¿Estabas nerviosa, Nancy?
Nancy: Una vez que descubrí lo que Dios había puesto en mi corazón, y comprendí que mi vida estaba bien ante el Señor, en este asunto en particular con el que Él había estado lidiando conmigo, luego que tuve la bendición del liderazgo del ministerio, entonces fijé mis ojos en la meta y me propuse agradar al Señor. Mi corazón era lo único de lo que yo estaba consciente.
Bob Lepine: Estabas orando sobre qué compartir y preparando con cuidado ese mensaje. También sé que estabas orando para que Dios usara ese tiempo en la vida de los que te escuchaban. Sé que cada vez que sales a hablar, hay mucha oración para que Dios use lo que sea que estés haciendo, de la manera que Él decida. ¿Tenías la expectativa de que Él haría lo que hizo mientras hablabas en ese momento?
Nancy: Bueno, Bob, cada vez que tengo que hablar en público, le pido a Dios que primero obre en mi vida y luego obre a través de mí. Oro por la unción y el poder del Espíritu Santo. Siempre tengo la sensación de que este podría ser un momento en que Dios escoja moverse de una manera extraordinaria en los corazones de Su pueblo. Así que oro por eso y lo anhelo.
Me conoces lo suficiente como para saber que cada vez que hablo es como un asunto de vida o muerte. Lo tomo muy en serio, pero al mismo tiempo, en ese momento no podía ni imaginar lo que Dios tenía preparado, y pienso que eso es bueno.
Nancy en 1995: «Durante estos días nos hemos sentido animados y conmovidos por los maravillosos informes de lo que Dios está haciendo. La conmoción que Dios ha estado provocando en muchos campus universitarios».
Bob Lepine: ¿Esa era la mayor multitud ante la cual habías hablado?
Nancy: Probablemente sí.
Bob Lepine: Y no tenías un ministerio radial nacional. Llevabas quince años formando parte del ministerio de Life Action en ese momento.
Nancy: Y Bob, ¿no es muy típico del Señor escoger y usar a personas desconocidas? No se trataba de uno de los líderes de algún ministerio nacional; yo estaba ahí, consciente de mi propia necesidad del Señor y con el deseo de estar reunidos en Su presencia. Así que nadie puede atribuirse el mérito.
Nancy en 1995: «Creo que el Señor me guio para hablar esta mañana sobre uno de los ingredientes más importantes para experimentar la visitación del Espíritu de Dios, no solo esta semana, sino de manera continua en los días venideros».
Débora: Kathy Helvey era una gran amiga de Aviva Nuestros Corazones que partió para estar con el Señor. Ella estaba en esa capacitación del personal de Cru en 2005 y le contó a nuestro equipo sobre ese día en Colorado.
Kathy Helvey: Recuerdo cuando esta jovencita subió al escenario…
Débora: Se trata de Julie Denker, miembro del personal de Cru, que ahora también está con Cristo.
Julie Denker: Una mujer pequeña con una chaqueta roja que hablaba con fuerza…
Kathy: … y muy sencilla, que simplemente empezó a hablar.
Julie Denker: … y Dios la estaba utilizando para ablandar mi corazón.
Kathy Helvey: Y yo pensé: «Bueno, me pregunto qué tendrá que decir». Cuando empezó a hablar, pronto quedó claro que tenía mucho que decir.
Nancy en 1995: «Así que nos preguntamos: ¿qué tipo de corazón aviva Dios? ¿Y qué se necesita en mi corazón para experimentar un avivamiento continuo y constante?».
Bob Lepine: Lo primero que me llamó la atención al escucharte hablar fue lo profundamente bíblico que era lo que decías. El tema era ciertamente bíblico, pero no era solo un tema bíblico lo que estabas exponiendo. Nos estabas hablando de la Palabra de Dios. Nos estabas llevando a pasajes bíblicos y nos mostrabas cómo el Señor te había hablado a tu corazón personalmente sobre esos pasajes.
Mientras abría mi Biblia y te iba siguiendo, sentí una nueva comprensión de lo importante que es el tema del quebrantamiento para el corazón de Dios. Recuerdo específicamente cuando describiste cómo se doma a un caballo utilizando esa ilustración.
Nancy en 1995: «Incluso como el caballo que ha sido domado y se rinde y es sensible a la dirección y los deseos de su jinete. Es un estilo de vida en el que digo: “Sí, Señor. No se haga mi voluntad, sino la Tuya”. El quebrantamiento es la destrucción de mi voluntad propia para que la vida, el Espíritu, la fragancia y la vida de Cristo puedan manifestarse a través de mí».
Bob Lepine: Tendemos a pensar que el quebrantamiento es una crisis.
Nancy: Una crisis.
Bob Lepine: Es algo devastador. Es algo que… bueno, si un aparato o electrodoméstico se rompe, no funciona. Pero un caballo domado pasa de ser un caballo indómito, salvaje y autónomo a ser dirigido por el jinete. Esa fue una perspectiva sobre el quebrantamiento que me resultó nueva y me hizo comprender que debemos vivir nuestras vidas en un estado perpetuo de quebrantamiento.
Nancy en 1995: «El quebrantamiento es un estilo de vida que consiste en responder con humildad y obediencia a la convicción del Espíritu de Dios y a la convicción de Su Palabra. Así como Su convicción es continua, así mi quebrantamiento también debe ser continuo».
Débora: Una vez más, Tim Spyridon.
Tim Spyridon: Creo que la parte de su mensaje que Dios utilizó para desencadenar el avivamiento que se produjo después fue cuando enseñó claramente la diferencia entre un corazón quebrantado y contrito de un corazón orgulloso.
Nancy en 1995: «Las personas orgullosas tienen un espíritu independiente y autosuficiente, pero las personas quebrantadas tienen un espíritu dependiente y reconocen su necesidad de los demás».
Tim: Aún hoy, guardo esa lista en mi Biblia, y de vez en cuando la miro durante mi tiempo devocional. Es difícil leer esa lista sin ver algún aspecto del pecado aflorar en la superficie, y que el Espíritu Santo te señale con el dedo y te diga: «Eso es real. Eso está presente en tu vida ahora mismo. Tienes que lidiar con eso».
Nancy en 1995: «Las personas orgullosas reclaman sus derechos y tienen un espíritu exigente, pero las personas quebrantadas renuncian a sus derechos y tienen un espíritu humilde. Las personas orgullosas protegen su tiempo, sus derechos…».
Débora: Aquí están Bob y Kathy Helvey.
Kathy: Y cuando ella empezó a decir: «Y esto es lo que es una persona orgullosa…», lo describía, y luego describe lo contrario de una persona quebrantada.
Bob Helvey: Las diferencias entre ambos eran enormes. Fue como si una niebla se hubiera disipado de mis ojos y me hubiera dado la oportunidad de ser honesto conmigo mismo sobre qué tipo de persona soy realmente.
Nancy en 1995: «Las personas tienen un sentimiento en el subconsciente de: Este ministerio tiene el privilegio de contar conmigo y con mis dones».
Kathy: Yo me senté avergonzada, pensando con aire de suficiencia: Bueno, yo no soy así. Eso no es para mí. Yo no soy así. Tampoco soy así. Bueno, quizá esa un poco.
Pero, a medida que ella iba leyendo la lista, algo sucedió en mi interior: hubo honestidad, una confrontación con los problemas de mi vida allí mismo, mientras estaba en mi asiento. Empecé a pensar: Oh, no. Sí, sí, sí, yo soy así. Sí, oh, sí, yo he hecho eso. Oh, esa soy yo.
Nancy en 1995: Las personas orgullosas se ponen a la defensiva cuando se les critica. Las personas quebrantadas reciben las críticas con un espíritu humilde y abierto.
Kathy: Mientras leía la lista, recuerdo sentir una gran devastación. Uno tras otro, debían de ser treinta, treinta y cinco, cuarenta ejemplos de personas orgullosas. Y tuve que ser honesta al pensar: Yo realmente soy casi todas esas cosas, pero no quiero serlo. Quiero estar en el otro lado, donde tiene lugar el quebrantamiento.
Nancy en 1995: A las personas orgullosas les cuesta decir: «Me equivoqué. ¿Me perdonas, por favor?». Pero las personas quebrantadas admiten rápidamente sus errores y buscan el perdón cuando es necesario.
Nancy en 1995: Al confesar su pecado, las personas orgullosas tienden a hablar en generalidades, pero las personas quebrantadas son capaces de lidiar con la convicción del Espíritu de Dios y reconocer los detalles específicos.
Nancy: Unos diez minutos antes de terminar de hablar, por el rabillo del ojo, vi a dos hombres bajar de las gradas, acercarse al frente del auditorio y hacer una especie de altar en la plataforma, y simplemente se arrodillaron allí.
Hasta el día de hoy no sé quiénes eran esos dos hombres. No sé por qué vinieron al frente. No sé qué estaba haciendo Dios en sus corazones. En ese momento no se había hecho ninguna invitación, pero con humildad y quebrantamiento, esos hombres dieron un paso adelante y respondieron a la convicción de Dios sin ningún impulso humano.
Kathy: Incluso durante el mensaje, las personas empezaban a llorar. Empezaban a levantarse de sus asientos y a arrodillarse junto a sus sillas. Las personas se abrazaban mientras lloraban.
Nancy: Estas personas comenzaron lentamente, en silencio, sin una indicación clara de cómo responder al Señor. Comenzaron a acercarse a otras personas en el auditorio y a lidiar con algunos de los problemas de orgullo que habían levantado barreras en sus relaciones.
Kathy: Las personas se levantaban de sus asientos, cruzaban el auditorio y abrazaban a otras personas, arreglando las cosas con ellas. Esto continuó, no durante veinte minutos, sino durante horas.
Bob Helvey: Este dolor comenzó a brotar en mi vida y empecé a llorar. Soy el tipo de persona que, cuando las personas comienzan a compartir cosas y se les llenan los ojos de lágrimas, yo pongo los ojos en blanco. Quizás sea un poco crítico o algo así, pero no me gusta que las personas se emocionen de esa manera delante de otros. Recuerdo que me decía a mí mismo: «Bob, ¿qué está pasando aquí? Tus ojos están llorosos». Pero eso pasó muy rápido porque al cabo de un rato estaba llorando como un niño.
Nancy: Y durante todo ese tiempo, el personal y los líderes del servicio estaban sentados y se preguntaban: «¿Qué hacemos ahora? ¿Qué nos está diciendo Dios?». Pienso que, sabiamente, no quisieron interrumpir o detener ese momento. Era una sensibilidad al hecho de que Dios se estaba moviendo entre nosotros, y queríamos que Él tuviera libertad para hacerlo.
Bob Helvey: Yo había asistido antes a reuniones en las que se producía este mover de arrepentimiento. He estado en reuniones en las que siempre pensé que era algo orquestado; tal vez esa sea la mejor manera de expresarlo. Pensaba que era algo hecho por el hombre. No creía que fuera del Espíritu. Era algo bueno. Era un buen ejercicio. No había nada malo en ello, pero simplemente no sentía que Dios estuviera en ello.
Pero esto era diferente. Desde el principio, y aún más con el paso del tiempo, pude darme cuenta de que esto era algo especial que Dios estaba haciendo. Nunca había experimentado nada igual. Soy bastante escéptico con este tipo de cosas. Así que me ayudó mucho ver que se trataba de un acto genuino y especial del Espíritu Santo que nunca había presenciado antes.
Débora: Hace treinta años, este fue un mensaje que el Señor usó sobre el quebrantamiento. Su Espíritu conmovió los corazones de Su pueblo de una manera especial.
Amada, y quiero compartir contigo que nuestras conferencias, pódcast y programas de radio son posibles gracias a las generosas donaciones de los oyentes de Aviva Nuestros Corazones. Si este ministerio ha sido una bendición para ti, ¿considerarías hacer una donación? Si vives en Estados Unidos o Canadá, cuando realices una donación, podrás obtener una copia del libro de Nancy titulado Quebrantamiento. Para hacer una donación, visita AvivaNuestrosCorazones.com y haz clic en la pestaña «Donar».
Este libro ha tenido un profundo efecto en muchos oyentes. Una mujer escribió para decir:
«Leí Quebrantamiento mientras estaba separada de mi esposo. Él había tenido una aventura. El Señor me avivó y, finalmente, entregué mi vida por completo y enfrenté los problemas de pecado en mi vida. Mi esposo y yo nos reconciliamos recientemente. ¿Cómo es posible que haya tenido una alegría, paz y esperanza tan inimaginables durante el momento más doloroso de mi vida? Eso es lo que sucede cuando mueres a ti mismo y recibes una nueva vida en Cristo. ¡Gracias, Señor Jesús!».
¡Wow! Definitivamente esto es algo que solo el Señor puede hacer. Alabado sea Dios por treinta años de este mensaje vivificante. Estoy muy emocionada de que lo escuchen esta semana, a partir del día de mañana.
Hoy hemos escuchado lo que sucedió cuando un grupo de personas aceptó el quebrantamiento y el dolor piadoso por el pecado. Pero su respuesta no se detuvo esa mañana. Escucharemos más de la historia a finales de esta semana. Pero mañana comenzaremos a escuchar ese mensaje clásico sobre «El quebrantamiento» que Nancy compartió hace treinta años.
Regresa con nosotras aquí, a Aviva Nuestros Corazones.
Llamándote a clamar por un avivamiento genuino, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de La Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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