¿Eres una persona orgullosa o una persona quebrantada?
Dannah Gresh: A continuación, escucharás a Nancy compartir una hermosa historia sobre su matrimonio con Robert. En los días posteriores a que ella grabara este contenido, Robert partió para estar con el Señor. ¿Podrías continuar orando para que el Señor consuele a Nancy? Escuchémosla ahora cómo ella presenta a nuestra invitada de hoy.
Julie Denker: Cada dos años vamos a la Universidad Estatal de Colorado. Después de un tiempo, tienden a mezclarse, pero este año, en particular, no fue así.
Débora de Rivera: Era el año 1995. Julie Denker, que ahora está en la presencia del Señor, asistía a una capacitación para el personal como miembro de Cru. Ellos se reunían cada dos veranos en el campus de la Universidad Estatal de Colorado. Conversamos con Julie en el año 2005; esto fue antes de que Nancy se casara con Roberth Wolgemuth.
Julie Denker: Nunca había escuchado hablar …
Dannah Gresh: A continuación, escucharás a Nancy compartir una hermosa historia sobre su matrimonio con Robert. En los días posteriores a que ella grabara este contenido, Robert partió para estar con el Señor. ¿Podrías continuar orando para que el Señor consuele a Nancy? Escuchémosla ahora cómo ella presenta a nuestra invitada de hoy.
Julie Denker: Cada dos años vamos a la Universidad Estatal de Colorado. Después de un tiempo, tienden a mezclarse, pero este año, en particular, no fue así.
Débora de Rivera: Era el año 1995. Julie Denker, que ahora está en la presencia del Señor, asistía a una capacitación para el personal como miembro de Cru. Ellos se reunían cada dos veranos en el campus de la Universidad Estatal de Colorado. Conversamos con Julie en el año 2005; esto fue antes de que Nancy se casara con Roberth Wolgemuth.
Julie Denker: Nunca había escuchado hablar a Nancy Leigh DeMoss. Fui a nuestra reunión un lunes y recuerdo a esta mujer pequeña con una chaqueta roja puesta, hablando con mucho poder. Dios la estaba usando para ablandar mi corazón y enseñarme acerca del quebrantamiento. Nunca había escuchado un mensaje como ese.
Nancy en 1995: En las últimas semanas he descubierto que Dios está escudriñando mi corazón. Me he presentado ante Él muchas veces y le he dicho: «Oh, Dios, muéstrame lo que significa ser una persona quebrantada, vivir una vida de quebrantamiento». ¿Cuáles son algunas de las características y las evidencias de un espíritu orgulloso e inquebrantable? Permítanme compartir con ustedes algunas de las que han llegado a mi corazón mientras esperaba en el Señor.
Las personas orgullosas se enfocan en los fracasos de los demás, pero las personas quebrantadas están abrumadas por un sentido de su propia necesidad espiritual. Las personas orgullosas son justas ante sus propios ojos. Tienen un espíritu crítico que busca faltas. Miran las faltas de los demás con un microscopio, pero las suyas con un telescopio, y miran a los demás con desprecio.
Pero las personas quebrantadas son compasivas. Pueden perdonar mucho porque saben cuánto han sido perdonadas. Piensan lo mejor de los demás.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «Quebrantamiento: El corazón avivado por Dios» en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 15 de enero de 2026.
Esta semana hemos estado conmemorando el trigésimo aniversario de un mensaje clásico que Nancy compartió sobre el tema del quebrantamiento. A principios de semana, escuchamos a algunas personas que estuvieron entre la audiencia y que fueron profundamente conmovidas por el mensaje. Y ayer comenzamos a escucharlo. Si te perdiste los episodios anteriores, visita AvivaNuestrosCorazones.com para escuchar el audio o leer la transcripción. También puedes encontrarlos en nuestra aplicación del ministerio Aviva Nuestros Corazones.
Ahora escuchemos la segunda parte del mensaje de Nancy «Quebrantamiento: un corazón avivado por Dios».
Nancy en 1995: En las últimas semanas he descubierto que Dios está escudriñando mi corazón. Me he presentado ante Él muchas veces y le he dicho: «Oh, Dios, muéstrame lo que significa ser una persona quebrantada, vivir una vida de quebrantamiento». ¿Cuáles son algunas de las características y las evidencias de un espíritu orgulloso e inquebrantable? Permítanme compartir con ustedes algunas de las que han llegado a mi corazón mientras esperaba en el Señor.
Las personas orgullosas se enfocan en los fracasos de los demás, pero las personas quebrantadas se abaten a causa de su propia necesidad espiritual. Las personas orgullosas son justas ante sus propios ojos. Tienen un espíritu crítico y que busca faltas. Miran las faltas de los demás con un microscopio, pero las suyas con un telescopio, y miran a los demás con desprecio.
Pero las personas quebrantadas son compasivas. Pueden perdonar mucho porque saben cuánto han sido perdonadas. Piensan lo mejor de los demás y estiman a todos los demás como mejores que a sí mismas.
Las personas orgullosas tienen un espíritu independiente y autosuficiente, pero las personas quebrantadas tienen un espíritu dependiente y reconocen su necesidad de los demás.
Las personas orgullosas tienen que demostrar que tienen razón, pero las personas quebrantadas están dispuestas a ceder el derecho a tener razón. Las personas orgullosas reclaman sus derechos y tienen un espíritu exigente, pero las personas quebrantadas renuncian a sus derechos y tienen un espíritu manso.
Las personas orgullosas son protectoras de su tiempo, sus derechos y su reputación, pero las personas quebrantadas son abnegadas.
Las personas orgullosas desean ser servidas, pero las personas quebrantadas están motivadas a servir a los demás. Las personas orgullosas desean tener éxito, pero las personas quebrantadas están motivadas a ser fieles y a hacer que los demás tengan éxito.
Las personas orgullosas desean el progreso personal, pero las personas quebrantadas desean promover a los demás. Las personas orgullosas tienen un impulso por ser reconocidas, por ser apreciadas. Se sienten heridas cuando otros son promovidos y ellas son ignoradas. Las personas quebrantadas tienen un sentido de su propia indignidad. Se emocionan de que Dios las use en cualquier ministerio. Están ansiosas por que otros reciban el crédito, y se regocijan cuando otros son exaltados.
Las personas orgullosas tienen un sentimiento subconsciente que dice: «Este ministerio tiene el privilegio de contar conmigo y con mis dones». Piensan en lo que pueden hacer por Dios, pero las personas quebrantadas tienen una actitud de corazón que dice: «No merezco formar parte de este ministerio». Saben que no tienen nada que ofrecer a Dios, excepto la vida de Cristo que fluye a través de sus vidas quebrantadas.
Las personas orgullosas se sienten seguras de lo mucho que saben, pero las personas quebrantadas se sienten humildes por lo mucho que tienen que aprender. Las personas orgullosas son conscientes de sí mismas, pero las personas quebrantadas no se preocupan por sí mismas en lo absoluto.
Las personas orgullosas mantienen a los demás a distancia, pero las personas quebrantadas están dispuestas a arriesgarse para acercarse a los demás y a asumir los riesgos de amar íntimamente. Las personas orgullosas se apresuran a culpar a los demás, pero las personas quebrantadas aceptan la responsabilidad personal y pueden ver dónde se equivocan en la situación.
Las personas orgullosas son inaccesibles, pero las personas quebrantadas son fáciles de acceder y persuadir. Las personas orgullosas se ponen a la defensiva cuando se las critica, pero las personas quebrantadas reciben las críticas con un espíritu humilde y abierto. Las personas orgullosas se preocupan por ser respetables. Les preocupa lo que piensan los demás y trabajan para proteger su propia imagen y reputación. Pero las personas quebrantadas se preocupan por ser reales, por ser auténticas. Lo que les importa y lo que les preocupa no es lo que piensan los demás, sino lo que Dios sabe acerca de ellas, y están dispuestas a morir a su propia reputación.
A las personas orgullosas les resulta difícil compartir sus necesidades espirituales con los demás, pero las personas quebrantadas están dispuestas a ser abiertas y transparentes con los demás, según Dios se los dirija. Las personas orgullosas, cuando han pecado, quieren asegurarse de que nadie se entere. Su instinto es encubrirlo. Pero las personas quebrantadas, una vez que han sido quebrantadas, no les importa quién lo sepa o quién lo descubra. Están dispuestas a quedar expuestas porque no tienen nada que perder.
A las personas orgullosas les cuesta mucho decir: «Me equivoqué. Por favor, ¿me perdonas?». Pero las personas quebrantadas son rápidas en admitir su fracaso y en buscar el perdón cuando es necesario. Al confesar su pecado, las personas orgullosas tienden a hablar en términos generales, pero las personas quebrantadas son capaces de lidiar con la convicción del Espíritu de Dios para reconocer los detalles específicos.
Las personas orgullosas están preocupadas por las consecuencias de su pecado, pero las personas quebrantadas están afligidas por la causa, la raíz de su pecado. Las personas orgullosas se arrepienten de su pecado, lamentan que las hayan descubierto o atrapado. Pero las personas quebrantadas se arrepienten verdadera y genuinamente de su pecado, lo que se evidencia en el hecho de que abandonan ese pecado.
Cuando hay un malentendido o un conflicto en las relaciones, las personas orgullosas esperan a que el otro venga y pida perdón, pero las personas quebrantadas toman la iniciativa de reconciliarse. Corren hacia la cruz. Ven si pueden llegar primero, sin importar cuán equivocado haya estado el otro.
Las personas orgullosas se comparan con los demás y se sienten dignas de honor, pero las personas quebrantadas se comparan con la santidad de Dios y sienten una necesidad desesperada de Su misericordia. Las personas orgullosas están ciegas a la verdadera condición de su corazón, pero las personas quebrantadas caminan en la luz. Las personas orgullosas piensan que no tienen nada de lo cual arrepentirse, pero las personas quebrantadas se dan cuenta de que necesitan una actitud continua de arrepentimiento en su corazón.
Las personas orgullosas e inquebrantables no creen que necesitan un avivamiento, pero están seguras de que todos los demás sí lo necesitan. En cambio, las personas humildes y quebrantadas sienten continuamente la necesidad de un nuevo encuentro con Dios, de una nueva llenura de Su Espíritu Santo.
Ahora, con esta larga lista, ¿por qué alguien querría ser quebrantado? Es como si voluntariamente quisiéramos pasar por el sufrimiento o someternos a una cirugía. Bueno, lo que aprendemos de las Escrituras es que el quebrantamiento trae bendición. El quebrantamiento trae bendición. Cristo dijo: «Bienaventurados los quebrantados, los pobres de espíritu…» (ver Mateo 5:3).
¿Qué clase de bendiciones trae el quebrantamiento? Dios se acerca a los quebrantados (Sal. 34:18). Él levanta a los humildes (Sal. 147:6). Se nos dice que Dios rechaza y resiste a los orgullosos (Stg. 4:6). Él los mantiene a distancia, pero se acerca. Así como el padre del hijo pródigo atrajo a su pecho al hijo arrepentido y quebrantado y lo abrazó, encontramos que nuestro Padre celestial se acerca al corazón de los quebrantados. ¿Quieres acercarte a Dios? Dios se acerca donde hay quebrantamiento.
Vemos entonces que el quebrantamiento trae la bendición de una nueva vida que es liberada. Cristo dijo que «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo; pero si muere, produce mucho fruto» (Jn. 12:24).
Escucha, he descubierto en mi propia vida que la soledad es a menudo una evidencia de que no hay quebrantamiento. Pero cuando estoy dispuesta a que se rompa esa dura coraza exterior, entonces la vida de Cristo puede ser liberada a través de mí, y ocurre una reproducción: hay fruto producido en la vida de otros.
Y, por supuesto, la imagen máxima de ese quebrantamiento es el Señor Jesucristo, a quien hemos adorado y cantado esta mañana. Él dijo: «Esto es mi cuerpo, que por vosotros es partido» (1 Cor. 11:24, RV60). En la cruz, al experimentar y soportar el quebrantamiento de la comunión con su Padre celestial, de quien nunca se había separado ni por un momento, y al tomar sobre Sí mismo todo el peso de nuestro pecado y ser quebrantado por nosotros. Su muerte liberó la vida eterna para nosotros. Por lo tanto, cuando estamos dispuestos a ser quebrantados, Su vida abundante fluye a través de nosotros hacia los demás.
El quebrantamiento nos trae una mayor capacidad para amar y adorar. Y pienso en aquella mujer pecadora del capítulo 7 de Lucas. Se le había perdonado mucho, por lo que era capaz de amar mucho. Veo en aquella mujer un abandono, una rendición en su relación con Cristo que yo anhelo para mí.
Esta mujer era ajena al rechazo, a los pensamientos o a la desaprobación de quienes la rodeaban. Lo único que le importaba era Cristo. Y en su adoración y en su amor había una extravagancia, una libertad inmensurable. Y eso es porque hay un ciclo en los caminos de Dios en que el quebrantamiento conduce al arrepentimiento genuino. El arrepentimiento genuino conduce al perdón, y entonces el perdón producirá en mi vida libertad de la culpa, libertad de la esclavitud a mí misma y a mi pecado.
Cuando esa nueva libertad nace a través del quebrantamiento, el arrepentimiento y el perdón, esa libertad producirá una nueva capacidad para amar y adorar, y una capacidad para amar a los demás, para amar a los que no son amados, para amar a Dios y para adorar a Dios.
Y, por supuesto, esa adoración y ese amor a Dios nos llevan siempre a nuevos niveles de quebrantamiento, lo que conduce a un arrepentimiento aún mayor y más profundo, a un nuevo perdón, a una libertad recién descubierta y a una mayor capacidad de amar y adorar; de amar a las personas con las que trabajamos y con las que vivimos.
Entonces, ¿por qué es tan limitada nuestra capacidad? Quizás sea porque no estamos viviendo en quebrantamiento, ya que el quebrantamiento produce ese maravilloso fruto de una mayor capacidad de amar y adorar.
Y luego el quebrantamiento trae mayor abundancia y fruto. Dios usa personas y cosas que están quebrantadas, y hay tantos ejemplos maravillosos de esto en las Escrituras.
- Cuando la fuerza natural de Jacob fue quebrantada en Peniel, Dios pudo vestirlo con verdadero poder espiritual.
- Cuando la roca en Horeb fue golpeada y quebrada por la vara de Moisés, el agua brotó para saciar la sed del pueblo.
- Cuando las trescientas personas de Gedeón rompieron sus jarras, la luz de las linternas que había dentro brilló.
- Cuando los cinco panes del niño fueron partidos… y permíteme compartirte que ayer, mientras pasaba por el área del pícnic, tuve una imagen de esto. Dije: «Esto debe parecerse a la alimentación de los cinco mil». Me imaginé a Cristo tomando esos cinco panes, y cuando fueron partidos en las manos del Maestro, se multiplicaron lo suficiente como para alimentar a la multitud y sobró en abundancia.
- El quebrantamiento trae mayor fructificación. Cuando se rompió el frasco de alabastro de María, la fragancia se liberó y llenó toda la casa.
- Y como mencionamos antes: cuando el cuerpo de Cristo fue quebrantado en el Calvario, la vida eterna fue liberada para la salvación del mundo.
Entonces, el fruto del quebrantamiento se ve en el avivamiento. Aquello por lo que hemos anhelado y orado no es más que la liberación del Espíritu de Dios a través de vidas quebrantadas. Hemos leído acerca del avivamiento en Galés de 1905. La canción que se cantaba durante todo el avivamiento de Galés, cantada por labios que representaban corazones quebrantados y contritos, era este estribillo: «Inclíname, más abajo, más abajo, a los pies de Cristo».
A través de ese quebrantamiento, Dios liberó un gran torrente de Su Espíritu que abarcó toda la tierra y trajo bendiciones de avivamiento indescriptibles al mundo.
Quizás hayan leído acerca del avivamiento de Shantung a finales de la década de 1920 y principios de la década de 1930 en China. Recientemente, volví a leer acerca de eso, según lo contó el Dr. C. L. Culpepper, quien era el director de la agencia misionera bautista del sur en esa provincia.
Él comparte la historia de cómo había un grupo que había estado orando por un avivamiento, un grupo de líderes y de misioneros. Contó que una noche, después de la reunión de oración, fueron a su casa, y él se presentó ante el Señor y sintió una necesidad y un vacío, pero no podía identificar qué era. Dijo que, a altas horas de la noche, exclamó: «Oh, Dios, ¿qué hay en mí?».
Después de encontrarse con Dios esa noche, regresó a la reunión de oración por la mañana y confesó a sus compañeros misioneros y líderes los pecados de la pretensión espiritual, de la impotencia espiritual. Confesó que los elogios que le habían hecho por ser un buen misionero le habían llevado a enorgullecerse y a robarle la gloria a Dios. Dijo: «Anoche mi corazón estaba tan quebrantado que no creía que pudiera seguir viviendo».
Y a partir de ese quebrantamiento, Dios trajo quebrantamiento a ese grupo reunido de misioneros, pastores nacionales y líderes cristianos, y el resultado fue un increíble derramamiento de convicción de parte del Espíritu de Dios: convicción de Su santidad, convicción de pecado, justicia y juicio, lo cual trajo como resultado la confesión de pecados y un gran derramamiento del Espíritu de Dios en toda la provincia.
Quizás hayan oído hablar del avivamiento de Lewis en 1949 y 1950 en la isla de Lewis, la isla más grande de las Hébridas Exteriores, frente a las costas de Escocia. Había un grupo de diáconos de la iglesia que se habían reunido durante meses, tres noches a la semana, durante dieciocho meses, en un granero, para orar por un despertar espiritual y un avivamiento. Oraron tanto y con tanta intensidad y fervor como pudieron, sin ver ningún resultado.
Luego cuenta la historia de cómo una noche un joven diácono se puso de pie y citó el Salmo 24: «¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Y quién estará en Su lugar santo? El de manos limpias y corazón puro… ese recibirá la bendición del Señor» (vv. 3-5). Miró al grupo de diáconos reunidos y les dijo: «Señores, me parece una locura que estemos orando por un avivamiento como lo estamos haciendo si nosotros mismos no estamos bien con Dios».
Allí, sobre la paja, los hombres se arrodillaron y confesaron sus pecados a Dios. Y de ese quebrantamiento se desató un avivamiento en toda la isla de Lewis, del que aún hoy se habla en Escocia como un gran mover del Espíritu de Dios.
Sé que han escuchado la historia de cómo Dios trajo un avivamiento a la pequeña nación de Rumania a mediados de los años setenta, lo que finalmente condujo, creo, a la revolución en ese país. Pero tal vez no hayan escuchado cómo comenzó realmente ese avivamiento. Un pastor de una de las iglesias evangélicas más grandes del país se presentó ante su congregación.
Ahora, es importante comprender que en Rumania, al menos en aquellos días, a los creyentes de todas las denominaciones se les llamaba «arrepentidos». Este pastor se presentó ante su pueblo en la Segunda Iglesia Bautista de Oradea y dijo: «Es hora de que los arrepentidos se arrepientan».
Llamó a su congregación a unirse a él en el arrepentimiento de pecados específicos que, si los nombrara, nosotros en nuestro mundo occidental pensaríamos: «¡Pero qué insignificantes!». Pero quebrantados por su pecado, los arrepentidos comenzaron a arrepentirse. A través de su quebrantamiento se desató y se liberó el poder vivificador de Dios a través de esa pequeña nación.
Escucha, Dios dice: «Yo habito en lo alto y santo, y también con el contrito y humilde de espíritu, para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los contritos» (Isaías 57:15).
Débora: Hemos estado escuchando un mensaje clásico que Nancy DeMoss Wolgemuth compartió en 1995. Terminaremos el mensaje a lo largo de esta semana en Aviva Nuestros Corazones.
¿Sabías que Aviva Nuestros Corazones puede ofrecerte enseñanzas transformadoras como las que has escuchado esta semana gracias a la generosidad de nuestras oyentes? Cuando apoyas Aviva Nuestros Corazones, nos permites continuar ayudando a mujeres como Tina. Ella le escribió a Nancy.
Nancy: Tina nos recordó que Dios tiene un tiempo perfecto. Nos dijo que muchas veces el tema de Aviva Nuestros Corazones es exactamente lo que necesita en un momento determinado. Ella nos escribió y nos dijo: «Algunos días voy por ahí con los oídos pegados a tu pódcast solo para poder superar un momento difícil».
Bueno, Tina ha estado descargando programas archivados en AvivaNuestrosCorazones.com y buscando temas que aborden las necesidades específicas a las que se enfrenta. Ella dice: «¡Amo la Palabra de Dios!», y está agradecida de que Aviva Nuestros Corazones la ayude a comprender la Palabra de Dios y a aplicarla a su vida diaria.
Bueno, este ministerio puede conectarse con mujeres como Tina gracias al apoyo de oyentes como tú. Cuando contribuyes financieramente a Aviva Nuestros Corazones, nos permites proporcionar a Tina y a otras oyentes como ella contenido diario, retador y práctico, tanto en la radio como en línea.
Así que, ¿considerarías hacer una donación hoy? Tu donación significaría mucho para nosotros. Si este ministerio ha sido una bendición para ti, te agradeceríamos que ores por nosotros y así ayudarás a más mujeres como Tina, que necesitan experimentar libertad, plenitud y abundancia en Cristo. Muchas gracias por colaborar con nosotros en este ministerio.
Débora: Amada, y quiero compartir contigo que nuestras conferencias, pódcast y programas de radio son posibles gracias a las generosas donaciones de los oyentes de Aviva Nuestros Corazones. Si este ministerio ha sido una bendición para ti, ¿considerarías hacer una donación? Si vives en Estados Unidos o Canadá, cuando realices una donación este mes de enero, podrás obtener una copia del libro de Nancy titulado Quebrantamiento. Para hacer una donación, visita AvivaNuestrosCorazones.com y haz clic en la pestaña «Donar».
Stacey Battenberg no es ajena al mensaje de quebrantamiento de Nancy. Ella estaba entre el público cuando Nancy lo compartió por primera vez en la capacitación del personal de Cru, y ahora forma parte del personal de Revive Our Hearts. Ella se empapa regularmente de las enseñanzas de Nancy, pero esa primera vez que escuchó el mensaje de quebrantamiento fue memorable. Aquí está Stacey, treinta años después, todavía asombrada.
Stacey Battenburg: El horario se suspendió por horas porque el Espíritu se estaba moviendo en los corazones de las personas. La gente comenzó a levantarse y a compartir. Fue la primera vez que recuerdo que las personas compartieran abiertamente cómo Dios les había convencido de pecado.
Así que hubo un tiempo de micrófono abierto en el que las personas compartieron cómo Dios estaba tratando con ellas. Y fue increíble que, mientras compartían, se apartaran a un lado donde había personas que se detenían a orar con ellas. La gente se apresuraba a orar con ellos.
Era la primera vez que veía tanta honestidad entre personas en una multitud como aquella, donde Dios estaba obrando para convencerlos y ellos lo compartían abiertamente con los demás, y luego otros oraban por ellos en relación con lo que habían compartido. Era una sensación de asombro por lo que Dios estaba haciendo en los corazones de las personas después de que Nancy compartió por primera vez ese mensaje sobre el quebrantamiento.
Débora: Con los años, ese mensaje se ha arraigado profundamente en el corazón de Stacey.
Stacey: Hubo muchas cosas que ese mensaje me mostró y nunca pensé que fueran orgullo o soberbia.
Nancy en 1995: A las personas orgullosas les cuesta mucho decir: «Me equivoqué. Por favor, perdóname». Pero las personas quebrantadas admiten rápidamente su fracaso y buscan el perdón cuando es necesario.
Stacey: Gracias a ese mensaje, cuando el orgullo aparece en mi vida, lo reconozco inmediatamente. Antes no lo habría reconocido como orgullo, pero ahora puedo arrepentirme y eso me ayuda a vencer ese orgullo.
Nancy en 1995: Las personas orgullosas se preocupan por las consecuencias de su pecado, pero las personas quebrantadas se afligen por la causa, por la raíz de su pecado.
Stacey: Y ese mensaje resuena continuamente en mi vida. Cosas que antes no habría reconocido como orgullo, ahora las veo como orgullo gracias a la manera tan concisa en que ella lo expresó.
Débora: Ella es Stacey Battenberg reflexionando sobre el mensaje de quebrantamiento de Nancy. Solo puedo decir: ¡Alabado sea Dios por usarlo tan poderosamente en la vida de Stacey… y de muchos otros hermanos!.
Mañana, Nancy te mostrará cómo llevar un estilo de vida de quebrantamiento.
Nancy en 1995: Escucha, no hay quebrantamiento, no hay verdadero quebrantamiento, donde no hay transparencia. ¿Significa eso que cada pecado que confieso debe ser confesado a cada persona que conozco? Por supuesto que no. Lo que estoy diciendo es que la persona quebrantada está dispuesta a que los demás la vean en su necesidad. Está dispuesta a ser transparente, a ser honesta.
Débora: ¡Te esperamos mañana aquí, en Aviva Nuestros Corazones!
Llamándote a clamar por un avivamiento genuino, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de La Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación