Honrando a un hombre que supo amar
Débora: A principios de este año, nuestro querido amigo Robert Wolgemuth partió para estar con el Señor. Joni Eareckson Tada fue una de las personas que compartió en su servicio memorial.
Joni Eareckson Tada: Robert está en la tierra de los vivos, y nosotros somos quienes habitamos en la tierra de los que mueren. Así que todavía amo a nuestro hermano Robert, y él todavía canta con todo su corazón.
Débora: Escucharemos más de Joni y de otras personas en este episodio de Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, quien estuvo casada con Robert Wolgemuth durante diez años. Hoy, 30 de marzo de 2026.
La mañana del sábado 10 de enero de 2026, Robert Wolgemuth, amado y querido esposo de Nancy DeMoss Wolgemuth, dejó su cuerpo terrenal y este mundo quebrantado para entrar en la gloria de la eternidad con Cristo.
Robert tenía setenta y …
Débora: A principios de este año, nuestro querido amigo Robert Wolgemuth partió para estar con el Señor. Joni Eareckson Tada fue una de las personas que compartió en su servicio memorial.
Joni Eareckson Tada: Robert está en la tierra de los vivos, y nosotros somos quienes habitamos en la tierra de los que mueren. Así que todavía amo a nuestro hermano Robert, y él todavía canta con todo su corazón.
Débora: Escucharemos más de Joni y de otras personas en este episodio de Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, quien estuvo casada con Robert Wolgemuth durante diez años. Hoy, 30 de marzo de 2026.
La mañana del sábado 10 de enero de 2026, Robert Wolgemuth, amado y querido esposo de Nancy DeMoss Wolgemuth, dejó su cuerpo terrenal y este mundo quebrantado para entrar en la gloria de la eternidad con Cristo.
Robert tenía setenta y siete años. Estaba rodeado por las oraciones y el apoyo de familiares y amigos, con Nancy a su lado, cuando su fe se convirtió en vista. La partida de Robert ocurrió tras una breve pero intensa lucha con complicaciones derivadas de una neumonía, por la cual fue hospitalizado en la víspera de Navidad.
Aunque nuestros corazones están llenos de tristeza, no nos lamentamos como los que no tienen esperanza, pues creemos que quienes mueren en el Señor vivirán nuevamente, y que Robert ha encontrado el descanso y la sanidad definitiva con Cristo.
Familiares y amigos se reunieron en la Iglesia Community Baptist Church, en South Bend, Indiana, para recordar a Robert y dar gracias a Dios por su vida. Hoy escucharemos algunos de esos recuerdos compartidos en ese servicio. Mientras escuchas, quiero que pienses en dos cosas.
Primero, da gracias al Señor por la vida de un hombre fiel. No era perfecto, pero amó a Dios y a los demás. Y piensa en tu propia vida: ¿qué dirán otros de ti?
Comencemos escuchando las reflexiones del pastor Joe Fant.
Pastor Joe Fant: Esta tarde nos hemos reunido aquí, en este lugar, para lamentar la pérdida y celebrar la vida de nuestro querido amigo Robert Wolgemuth. Nuestros corazones lloran la partida al hogar de un padre, un esposo, un abuelo, un tío, un hermano; tantos títulos que Robert llevó, pero por encima de todo, fue un fiel seguidor de Jesucristo.
Hebreos, capítulo 4, versículo 9, nos dice que hay un descanso preparado para el pueblo de Dios. Y hoy, Robert está experimentando ese descanso eterno.
Él fue llevado a la presencia de su amado Salvador en la madrugada del 10 de enero, el Salvador a quien amó profundamente.
Cada uno de nosotros tiene distintas historias sobre lo mucho que Robert significó en nuestras vidas. La mayoría lo conocimos en diferentes etapas de su vida. Yo tuve el privilegio de conocer a Robert mientras corría su «recta final», y la bendición de verlo cruzar su «meta final».
Puedo decirles esta mañana que Robert lo hizo muy bien, por el poder del Espíritu Santo y mediante una vida bien vivida, rendida a la voluntad de Dios. Robert terminó bien.
En un tiempo en el que muchos líderes cristianos están deteniéndose antes de llegar a la meta, arruinando sus vidas al elegir apartarse de la gracia de Dios, Robert terminó bien, sirviendo junto a Nancy durante estos últimos diez años, cuando muchos hombres ya se estaban retirando, dando un paso atrás y optando por una vida más tranquila. Él avanzó con determinación, asumió su llamado y terminó bien.
Mientras escuchas hoy estas historias y testimonios, quiero animarte a que lleves estas verdades a tu propio corazón, pues ellas nos desafiarán a terminar bien.
Débora: Ese fue Joe Fant, pastor de la Iglesia Community Baptist Church en South Bend, Indiana.
Janine Nelson: A mis compañeros de batalla…
Débora: Ella es Janine Nelson, quien ha sido amiga en el ministerio de Robert durante muchos años. Actualmente, forma parte del equipo de Revive Our Hearts.
Janine: Quiero darles las gracias por permitirme representar y traer el sentir colectivo de nuestro corazón a este lugar. Cuando Robert se casó con Nancy hace diez años, no solo obtuvo una esposa. Heredó un ministerio global para mujeres, cuya sede se encuentra en Niles, Michigan.
Él era el chico nuevo, enfrentándose a una avalancha de preguntas por parte de más de cien miembros del equipo, quienes eran como hermanos protectores de Nancy (y quizás estaban un poco escépticos). No le sorprendería a nadie saber que pasó la prueba con honores, y que el personal rápidamente llegó a amarlo.
Su inmenso valor y su presencia se hicieron sentir de inmediato. ¡Él se mudó de la soleada Florida a Michigan! Eso ya es una gran muestra de compromiso. Robert no solo apoyó el trabajo de Revive Our Hearts, también lo vivió junto a nosotros.
Nancy fue la primera en llamarlo su Director Principal de Ánimo. ¡Y qué rápido se difundió ese título y cuán acertado resultó ser!, pues quienes formamos parte del equipo de Revive Our Hearts somos beneficiarios de sus palabras de aliento.
Hace unas semanas, durante uno de nuestros tiempos de oración como equipo, varias personas tuvieron la oportunidad de compartir cómo Robert había impactado sus vidas, y rápidamente comenzó a surgir un hermoso patrón.
Esta es solo una pequeña muestra:
Tom compartió: «Robert nunca lanzaba un simple “te quiero” al pasar. Más bien, se detenía, te miraba a los ojos y decía: “Yo te amo, Tom”. Lo hacía personal. Le ponía el “yo”».
Austin dijo: «Cuando yo era un don nadie entrevistándose para un puesto en el ministerio, Robert me trató con una sinceridad que me hizo sentir como la persona más importante del edificio».
Jill notó que, incluso cuando llevaba los botones en sus mangas con el sello del Presidente, nunca se presentaba a partir de sus credenciales. Se presentaba con gracia.
Cuando Ana compartió su temor de convertirse en madre de acogida, él la miró con un corazón paternal y le dijo: «Qué hermoso que tengamos la oportunidad de hacer cosas que dan miedo por Cristo, ¿no te parece?».
Él era un hombre profundamente agradecido por cada pequeño gesto. Era quien enviaba mensajes de cumpleaños o aniversarios a las cinco de la mañana. También escribía a personas del equipo para expresarles cuánto valoraba su trabajo, el trabajo que cada quien hacía en particular.
Pero también fue el hombre que caminó a nuestro lado en nuestros valles más oscuros sin una pizca de juicio, ofreciendo solo un corazón apacible, una voz tierna, y apuntándonos siempre a Jesús.
En los últimos años, mientras Nancy ha estado especialmente ocupada estudiando y grabando episodios para enseñar sobre la Biblia, y aunque no la veíamos tanto, Robert, como un reloj, siempre estaba presente, conduciendo hasta la oficina para los tiempos de capilla y oración. También era de los primeros en conectarse a las reuniones por Zoom.
Ahora bien, Robert nunca llegó a dominar del todo la etiqueta de Zoom. El concepto del botón de silencio simplemente no iba con su estilo. Él quería poder intervenir con facilidad para ofrecer una palabra de ánimo. Atesoramos profundamente, y seguramente seguiremos repitiendo, su icónica banda sonora: «¡Qué bueno!», «¡Increíble!», «Estoy muy, muy agradecido», y por supuesto, esos «Amén» prolongados durante los tiempos de oración. De verdad vamos a extrañar escuchar su voz.
No podemos hablar de Robert sin hablar de su amor por Nancy. Él fue su mayor defensor. Amplió su mundo y la amó con una caballerosidad que no solo transformó la vida de ella, sino que también cambió los matrimonios de los hombres que lo rodeaban.
Ver a Robert amar a Nancy era contemplar un reflejo vivo de cómo Cristo ama a Su Iglesia. Él entendía que el mejor uso de la vida era gastarla por el bien de otros, ya fuera dirigiendo una reunión del consejo administrativo o enviando un mensaje antes del amanecer. Vivió con un propósito claro y firme: reflejar el amor de Cristo a todos los que estaban a su alrededor.
Nos dejó una guía clara de cómo terminar bien.
Nos enseñó a escuchar a los pájaros.
Nos enseñó a prestar atención a la persona que estaba detrás de nosotros en el lavadero de autos y a pagar por ella.
Nos enseñó a buscar a la persona que se sienta en la última fila, para asegurarnos de que sepa que es vista.
Robert estaba listo para el cielo mucho antes de llegar allí. Vivió a la luz de la eternidad, y por eso no le temía a la «meta final».
Hoy lo honramos volviendo a poner el «yo» en los «te amo», levantándonos temprano para animar a un amigo y sosteniendo nuestras propias ambiciones con manos abiertas, para dar prioridad a los demás.
Al despedirnos de él hoy, casi puedo escucharlo cerrar por última vez, no con una lista de sus libros ni de sus logros, sino con esas palabras sencillas y humildes: «Estoy muy, muy agradecido».
Te amo, Robert. Te amamos. Y estamos profundamente agradecidos por la manera en que nos mostraste al Padre. Nos vemos pronto.
Débora: Uno de los momentos más especiales al recordar a Robert fue cuando Will Ellerman se acercó al micrófono. Robert había desarrollado una amistad muy especial con Will, quien tiene síndrome de Down. Robert pidió de manera específica que Will compartiera. Vas a escuchar a Will hablar acerca de una camiseta muy especial. Mientras él hablaba de ella, su mamá, Rebecca, la mostró. Fue un momento verdaderamente especial.
Will Ellerman: Quiero hablar de mi buen amigo, Robert, y mis recuerdos favoritos de él.
Número 1: Él y Nancy me invitaron a mi mamá y a mí a ver la película La Forja. Me senté al lado de Robert. Fue una gran película.
Número 2: Robert me invitó a ayudarlo en el patio de atrás de su casa. Me encantó ayudarlo a guardar los cojines en el almacén cuando terminábamos de estar afuera.
Número 3: Robert me invitó a pasear en su carro convertible, y era muy rápido.
Cuatro: Robert me invitó a sentarme junto a él una vez mientras Nancy estaba grabando. Ella hablaba mucho de burros. Nos portábamos un poco tontos y nos reíamos cada vez que Nancy decía la palabra «burro». Robert empezó a llamarme «su pequeño burrito», y nos hizo camisetas iguales.
Cinco: Una mañana, cuando todavía estaba oscuro, Robert estaba pasando tiempo a solas con Dios. Me invitó a sentarme con él en la silla de Nancy. Quería mostrarme los venados que pasaban frente a la ventana del patio trasero. Estaba tan contento de que yo pudiera verlos con él.
Él fue mi amigo y el tuyo. Amaba a Jesús. Vivía poniendo en práctica Su Palabra.
Jesús dijo en el Sermón del Monte: «Por tanto, cualquiera que oye estas palabras Mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca» (Mt. 7:24–25).
Robert, te amo. Te extraño. Sé que estás con Jesús, y te veré pronto.
Dan Wolgemuth: Esa transición, la partida de Robert, no ha sido algo que hayamos pasado por alto ni a la ligera.
Débora: Él es Dan Wolgemuth, uno de los hermanos de Robert.
Dan: Se llama lamento: la voz de la tristeza que se amplifica por la cercanía. No es un deambular sin rumbo a través del dolor, sino un viaje guiado por aguas turbulentas; una tristeza sazonada con gratitud. Como voz representativa de nuestros hermanos, lo que les diría es esto: mientras más lamentas, más recuerdos afloran. Tal vez sea un regalo que Dios te da para recordarte, por un lado, que fuiste bendecido al caminar junto a una persona así, y por otro, que se te ha confiado la responsabilidad de administrar lo que él dejó atrás.
Erik Wolgemuth: Nunca hubo un solo momento en el que existiera motivo para cuestionar el carácter de Robert…
Débora: También escuchamos a Erik Wolgemuth, sobrino de Robert y colaborador cercano.
Erik: …ni tampoco su compromiso de vivir de una manera que honrara al Señor. Su vida no estaba guiada por un legalismo duro y severo. Más bien, lo que vi en él fue una expresión gozosa y sincera de las palabras de Jesús en Juan 14, cuando dijo: «Si ustedes Me aman, guardarán Mis mandamientos». Robert vivió una obediencia gozosa y llena de amor.
Débora: Ahora escuchemos a Greg Thornton.
Greg Thornton: En unos versículos muy conocidos de Efesios 2 leemos: «Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas» (vv. 8–10).
Robert, llamado por Dios, salvado por la fe en Jesucristo y capacitado por el Espíritu Santo, llevó a cabo de manera admirable las buenas obras que Dios había preparado de antemano para él.
Débora: Joni Eareckson Tada no pudo estar presente físicamente en el servicio memorial, pero nos envió este homenaje.
Joni: Oh, Nancy, gracias por pedirme que comparta algunas reflexiones sobre tu extraordinario esposo, y Missy y Julie, sobre su extraordinario papá. Es un honor para mí.
La mañana en que nos conocimos en Word Publishing, en Waco, Texas, él estaba sentado al extremo de la mesa de la sala de juntas, como el nuevo y brillante vicepresidente de mercadeo… y ciertamente lo parecía. Yo me senté frente a él, al otro extremo. Después de hablar de libros, podría haber salido de esa reunión pensando que solo era un joven ejecutivo interesante. Pero al salir del edificio, comenzó a tararear un himno, un himno que yo conocía muy bien. Para cuando llegamos al estacionamiento, ya estábamos cantando a dos voces uno de sus favoritos y uno de los míos.
Al Rey, adorad, grandioso Señor…
Este hombre conocía todos los grandes himnos de la fe, tantos como yo. Así que seguimos cantando durante unos quince minutos más o menos. Estoy segura de que debió perderse alguna reunión, pero en ese tiempo, allí en ese estacionamiento, pude darme cuenta de que Robert amaba al Señor Jesús, amaba la Biblia y amaba los himnos que se centraban en glorificar a nuestro Salvador.
Nunca llegué a hacer un libro con Word Publishing, pero en la década de los noventa, cuando Robert comenzó a representar autores, firmé con él. Desde entonces, en cada reunión cantábamos. Cantábamos en salas de conferencias, estacionamientos y hoteles. Nadie tenía que escucharnos. Simplemente cantábamos porque disfrutábamos llevar una sonrisa al corazón de nuestro Señor Jesucristo.
¿Verdad que es imposible no amar a Robert? No puedo usar el tiempo pasado, «amé»; Robert está en la tierra de los vivos, y nosotros somos quienes habitamos en la tierra de los que mueren.Así que todavía amo a nuestro hermano Robert, y él todavía canta con todo su corazón. Así que todavía amo a Robert, y él todavía canta con todo su corazón.
Recuerdo que cuando tuve cáncer en 2010, Robert solía llamarme para cantarme. Estoy segura de que Nancy puede dar testimonio de que él cantó a lo largo de su propio camino con el cáncer. Y cuando él estaba luchando, le envié una carta de ánimo que incluía estas palabras de Charles Spurgeon. Cito:
«Cualquiera puede cantar en el día e inspirarse cuando su copa está llena, y cuando la riqueza lo rodea en abundancia. Cualquiera puede alabar al Dios que concede una cosecha abundante. Es fácil cantar cuando se pueden leer las notas a la luz del día. Pero hábil es aquel que canta cuando no hay ni un rayo de luz para leer, cuando canta desde el corazón.
Pónganme en el lecho de la enfermedad, ¿y cómo cantaré entonces las altas alabanzas de Dios, si Él mismo no me da el canto? Porque no está en poder del hombre cantar cuando todo es adverso, a menos que un altar toque sus labios. Entonces canta una melodía llena de fe».
Y así era Robert.
Cuando nuestro querido amigo nos dejó en este lado y partió al cielo, creo que experimentó lo que 2 Pedro describe como: «una amplia entrada al reino eterno» (1: 11). Y al igual que ustedes, yo anhelo el día en que Dios finalmente cierre el telón sobre el pecado, el sufrimiento y la muerte.
Y, para terminar, quiero citar las palabras del profeta Isaías: [Nosotros entraremos] en Sión con gritos de júbilo, con alegría eterna sobre [nuestras] cabezas. Gozo y alegría [alcanzaremos], y huirán la tristeza y el gemido.
Ahora escucha la letra de este himno:
Jesús podría venir hoy,
¡Día feliz, día feliz!
Y vería a mi amigo;
Los peligros y las pruebas terminarían si Jesús viniera hoy.
¡Día feliz, día feliz!
¿Será este el día de coronación?
Viviré para hoy, sin ansiedad;
A Jesús, mi Señor, pronto veré.
¡Día feliz, día feliz!
¿Será este el día de coronación?
(«Is It the Crowning Day?» de Henry Ostrom)
Débora: Estamos escuchando solo fragmentos de lo que amigos y familiares de Robert Wolgemuth compartieron en su servicio memorial en South Bend, Indiana. David Swanson fue el pastor de Robert durante las décadas en que él vivió en Orlando, Florida. Escuchemos lo que él compartió.
Pastor David Swanson: Miqueas 6:8: «Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que el Señor demanda de ti, sino solo practicar la justicia, amar la misericordia y andar humildemente con tu Dios?» (Miqueas 6:8).
Creo que este es un versículo del que Robert y yo hablamos muchas veces. Resonaba de tantas maneras, porque Dios nos dice: «¿Quieres saber cuáles son los requisitos? ¿Quieres saber qué debes hacer? ¿Quieres saber cómo vivir bien? Aquí está. Yo te lo voy a decir. Te voy a decir lo que es bueno».
Y, sin embargo, hay tantas personas en nuestro mundo que luchan por encontrar eso. Están desesperadas, tratando de descubrir qué es verdad, mientras hay todo tipo de charlatanes de feria intentando atraerlos, diciéndoles: «Oh, prueba esto. Aquí está la verdad. Alinea tu vida de esta manera y entonces encontrarás lo que estás buscando».
Y así es como lo intentan. Alinean su vida con algo falso, hasta que finalmente descubren que eso es algo vacío e insuficiente. Entonces pasan a probar otra cosa, y siguen buscando, y así siguen y siguen. Pero Robert encontró la única cosa que era verdadera, y decidió invertir su vida en ella.
Así que Dios dice: «¿Quieres saber cuál es la verdad? ¿Quieres saber qué es bueno, verdadero, justo y hermoso? Se encuentra en Mí. Se encuentra en Mi Palabra. Y esto es lo que quiero que hagas: practica la justicia, ama la misericordia y anda humildemente conmigo».
Así que, en cuanto a esas tres cosas, comenzaré con lo primero: practicar la justicia. Todos sabemos que, desde que Robert era pequeño, tenía un profundo sentido de lo que estaba bien y de lo que estaba mal. Como hombre, como empresario, tenía un fuerte sentido de integridad. Él quería hacer lo correcto todo el tiempo, y por eso confiábamos en él. Su «sí» era sí, y su «no» era no.
Y esto, queridos amigos, brota directamente de la naturaleza y el carácter de Dios. Adoramos a un Dios que, en Su esencia, en la naturaleza misma de Su ser, Él es justo, y Él es nuestro Juez. Y hoy, ser tachado de juzgador, de ser alguien que juzga, es una de las peores cosas que te pueden decir.
Y, sin embargo, quiero decirles esta tarde que ustedes anhelan un Dios que actúe con justicia y que sea justo. Ustedes saben que esto es verdad. ¿Cómo lo saben? Porque cada vez que estás en el estacionamiento del supermercado, sales y encuentras un rayón o un golpe en el costado de tu automóvil, de tu vehículo, ¿qué deseas? Deseas justicia. Sabes que eso está mal. La persona se fue, y tú quieres reparación, quieres restitución, quieres que alguien regrese y corrija lo que estuvo mal. Sabemos que ese deseo nace a partir de cómo fuimos creados, a imagen de Dios. Anhelamos justicia. Amamos la justicia.
Pero en nuestra cultura actual ya no existe una autoridad absoluta. No hay una persona que determine qué está bien y qué está mal. En su lugar, todo queda en manos del individuo: lo que tú piensas contra lo que yo pienso. Y ahora todo se ha vuelto arbitrario. Todo es relativo.
Hemos caído en lo que el filósofo francés y ateo, John Paul Clark, dijo: «En ausencia de Dios, todo está permitido». Y eso es lo que vemos a nuestro alrededor todo el tiempo.
Y a eso se suma la idea falsa de que «el amor siempre gana», de que Dios es tan grande que en realidad no importa lo que hagas, que al final todos entrarán al cielo. Pensemos un momento en las implicaciones de esa idea: Si esto fuera cierto, entonces lo que está mal no importa. Y si lo que está mal no importa, entonces lo que está bien tampoco importa. Así que al final, nada importa.
Nosotros queremos un Dios que se preocupe por lo que está bien y por lo que está mal, y que actúe frente a ello. ¿Eso nos involucra a nosotros? ¡Claro que sí! Porque la justicia de Dios también nos alcanza, ya que tenemos una deuda con Dios por nuestra propia rebelión. Pero ahí está la belleza del evangelio: Dios provee en Sí mismo aquello mismo que Él demanda. Y es así como hoy podemos estar delante del Señor de manera justa y recta, no sobre la base de nuestras obras, sino sobre la base de la obra de nuestro Dios en Cristo, imputada a nosotros.
Y así vimos en Robert ese entendimiento del Señor como el Justo, al practicar la justicia.
Y, en segundo lugar, Él dice: ama la misericordia. Ahora bien, la misericordia es como la otra cara de la moneda junto con la gracia. La gracia es recibir algo que no mereces. La misericordia es no recibir algo que sí mereces.
Dios dice: «Quiero que ames la misericordia». En otras palabras: «Quiero que ames a las personas de tal manera que no les des lo que merecen». Y por eso nos sentíamos tan atraídos por Robert, ¿no es cierto? Porque Robert no nos trataba conforme a lo que realmente somos en nuestra naturaleza pecaminosa. Nos veía a través de los ojos misericordiosos de Dios. Veía lo mejor de nosotros, no nuestro lado pecaminoso. Con una sola excepción: cuando Robert estaba editando algo que tú habías escrito… ahí sí veíamos a un Robert que no tenía misericordia.
Pero piensa en esto conmigo: si la misericordia es no recibir aquello que realmente merecemos, ¿cuántas veces nuestro Padre amoroso no nos ha dado lo que merecíamos? Esto nunca lo sabremos de este lado del cielo.
A Robert le encantaba ver lo mejor en nosotros y tratarnos con la misericordia de Dios. Robert creyó en mí más de lo que yo creí en mí mismo.
Luego de practicar la justicia y amar la misericordia, Miqueas dice: «Anda humildemente con tu Dios».
En el obituario publicado por Christianity Today se citó a Warren Smith diciendo que «Robert Wolgemuth fue uno de los evangélicos más influyentes, o más importantes, del que probablemente nunca has oído hablar». Y eso era tan cierto. Lo que más me gustaba de esa descripción es que Robert estaba completamente bien con eso.
Robert rara vez era el protagonista (aunque, claro, algunas veces sí, pero la mayoría de las veces no lo era). Él era quien preparaba la tierra para el protagonista. Era como quien encendía el fuego. Dejaba todo listo para la persona que iba a salir a sembrar la semilla.
Era el mejor maestro de ceremonias que hayas visto, porque preparaba el ambiente para que los corazones estuvieran listos para escuchar lo que Nancy, o quien fuera, iba a decir. Y eso brota directamente de las Escrituras, de Filipenses 2:3:
«No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo».
Él estaba ahí. No recuerdo quién dijo esto, no fui yo, no es original mío, pero hay dos tipos de personas en el mundo. Están las personas del «aquí estoy», y están las personas del «ahí estás tú».
Hay personas que, cuando entran en una habitación, básicamente dicen: «Aquí estoy, ¡qué bueno que me ves!». ¿Verdad? Llenan el espacio con su personalidad.
Pero luego hay otras personas que, cuando entran en una habitación, dicen: «Ahí estás tú. Tenía ganas de verte. Cuéntame cómo está tu hija. ¿Cómo va tu negocio? ¿Cómo está el negocio del que me hablaste la última vez?». Ese era Robert. Robert era una persona del «ahí estás tú».
Robert amaba primero. Y con esto me refiero a: ¿te das cuenta de cuánta humildad se necesita para ser quien inicia esas palabras? Él fue el primer hombre que, de manera constante, me dijo: «Te amo».
Vivimos en una cultura en la que decimos con mucha ligereza: «Muchachos, los quiero». Sales de una cena, todos se abrazan, hay un jolgorio y dicen: «Los quiero, nos vemos luego». ¿Verdad? ¿No es así?
Pero de pronto, cuando colocas una sola palabra delante de eso, todo adquiere peso y profundidad, porque ahora has identificado la fuente del amor. Ya no es algo general; no es algo al azar.
Robert me decía: «David, yo te amo». Y cuando dices eso primero… honestamente, debo decirles que, como hombre, cuando él empezó a decírmelo, me sentí incómodo. Pensé: «¿Podrías dejar de decir eso?». Era demasiado íntimo para mí. Yo simplemente le devolvía un «yo también te quiero».
¿Pero sabes qué? A Robert no le importaba. ¿Por qué? Porque el que primero amó ya lo había amado a él. Jesús amó primero.
Cuando amas primero, te expones por completo. Cuando amas primero, te vuelves profundamente vulnerable al dolor, al duelo, a la pérdida y también al gozo y al amor.
Jesús amó primero. Amó primero a Robert. Te amó a ti y a mí primero. Él se expuso. Se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Y así, por la humildad del amor de Dios hacia Robert, la copa de Robert fue llenada, para que él pudiera ir y amar primero en la vida de otras personas. Así que cuando él me decía: «Te amo», y yo no se lo devolvía; a él no le importaba. ¿Por qué? Porque no necesitaba manipularme para obtener lo que necesitaba.
Así es como muchos funcionamos en nuestras relaciones. Nuestras copas están vacías, y usamos las redes sociales o usamos a otras personas. Tratamos de sacar de ellos lo que anhelamos escuchar. Robert ya lo había escuchado, porque había caminado humildemente con un Dios que estuvo dispuesto a humillarse.
Si eres escéptico —y no doy por sentado que todos los que me escuchan amen a Jesús—, puede que seas escéptico. Puedo entender que te sientas como María y Marta después de la muerte de Lázaro. Piensas: «¿De qué sirvió la fe? Robert, tuvo neumonía… neumonía a los setenta y siete años». Queremos gritarle a Jesús como lo hicieron María y Marta: «¡Si hubieras estado aquí, esto no habría pasado!».
Y si soy completamente honesto contigo, yo mismo le he dicho eso al Señor unas cuantas veces: «Señor, si tan solo hubieras estado allí…». Y entonces buscamos a alguien a quien culpar. «¿Cómo pudo pasar esto?».
Empezamos a repasar todas las posibles razones, y vamos subiendo por toda la cadena de responsabilidades hasta llegar a la cima. Y cuando llegamos allí, decimos: «Bueno, entonces debe ser culpa de Dios. Simplemente, Él no se apareció».
Por eso tantas personas huyen de Dios, cuando no se puede exigir a Dios promesas que Él nunca hizo. Él nunca prometió que no enfrentaríamos las consecuencias del pecado y de la muerte.
Pero lo que sí prometió, y eso fue lo que María y Marta descubrieron con Jesús, es que Él no respondió a ninguna de las dos con explicaciones. Simplemente se sentó con ellas y lloró. Y las lágrimas que yo he derramado están guardadas por nuestro Señor, así como las tuyas, y Él las recuerda.
Y luego Jesús sacó a Lázaro de la tumba. Así que piensa esto: Dios no causó la muerte de Robert, pero sí respondió al vencerla. La razón por la que Él vino en Jesucristo fue para que aquello que tú y yo sentimos ahora, que la muerte es un ladrón y un salteador, nunca tenga la última palabra, porque Dios la ha vencido en Jesucristo. Robert vive y reina con el Señor para siempre.
Dejen de revolotear entre flores falsas y comederos vacíos que parecen atractivos, pero que al final son superficiales y sin significado. Vayan a Aquel que es la fuente de la vida verdadera, el agua de vida, y beban profundamente de Jesús.
Oremos.
Señor, te doy gracias porque cambiaste mi vida por medio de un hombre a quien amo. De una manera que solo Tú puedes hacer, tomas personas pecadoras y quebrantadas como Robert Wolgemuth y las usas para realizar obras milagrosas que transforman vidas espiritualmente. Tú haces eso en cada una de nuestras vidas. Gracias porque lo transformaste. Gracias porque transformaste a tantos de nosotros a través de él.
Oro para que podamos hallar el verdadero aroma de Jesús, y la esperanza y la promesa de una cruz y una tumba vacía. Gracias porque la fuente de la vida nos ha sido dada por Aquel que venció a la muerte, de modo que Robert, hoy, vive y reina en gloria, y nosotros, por la fe, volveremos a verlo.
Señor, bendice y unge esta palabra. Oro para Tu gloria y para la salvación de los perdidos. Oramos en el nombre de Cristo nuestro Señor. Amén.
Débora: Ese fue el pastor David Swanson, recordando la vida de Robert Wolgemuth y apuntándonos a la esperanza del evangelio.
Robert escribió muchos libros a lo largo de su vida. Si te interesa conocer alguno de ellos, Revive Our Hearts hizo una lista en su sitio web ReviveOurHearts.com. También encontrarás más información sobre Robert. Sus libros están traducidos al español y podrás encontrar algunos de ellos en nuestra tienda en línea en AvivaNuestrosCorazones.com.
Gracias por acompañarnos. El día de mañana, en Aviva Nuestros Corazones, Nancy DeMoss Wolgemuth, viuda de Robert Wolgemuth, compartirá reflexiones sobre su amado esposo: su vida, su amor y, por supuesto, su Dios. Esperamos que puedas acompañarnos en Aviva Nuestros Corazones.
Recordándote la bendición de vivir practicando la justicia, amando con misericordia y andando humildemente con Dios, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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