Podcast Aviva Nuestros Corazones

Lo que significa «Aleluya»

Recursos del Episodio

PDF «Citas de Charles Spurgeon sobre la alabanza»

Annamarie Sauter: Con nosotras Nancy DeMoss Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: He escuchado que hay tres palabras que son reconocidas universalmente en casi todos los idiomas. La palabra, «amén», la palabra «aleluya» y la palabra «Coca-cola».

Annamarie: Adivina en cuál de estas palabras se enfocará Nancy...

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

«¡Aleluya!», es una palabra que usamos mucho. La usamos al congregarnos, y también las personas la dicen cuando se emocionan. En otras ocasiones se usa para burlarse de los predicadores… pero usar esta palabra es algo serio. Hoy Nancy nos explicará por qué, en la serie que inicia hoy, titulada, «Aleluya: Una celebración de alabanza».

Nancy: Déjame pedirte, si tienes tu Biblia, y espero que la tengas, que vayas conmigo al Salmo 113. Y mientras te diriges allí, déjame darte un poco del contexto y del trasfondo de este salmo. Creo que las Escrituras siempre adquieren un significado especial y adicional para nosotras cuando sabemos de dónde proviene el pasaje o el texto que estamos viendo, cuál es el contexto y un poco sobre el trasfondo.

El Salmo 113 es el primero de una breve colección de seis salmos (los Salmos del 113 al 118), que se conocen como los salmos del Hallel. A veces se les conoce como el Hallel Egipcio, y te diré por qué en un momento. La palabra Hallel significa en hebreo, «alabanza». Estos son salmos de alabanza, en realidad muchos de los salmos son salmos de alabanza.

Pero estos salmos en particular, se centran en alabar a Dios por la liberación de su pueblo, de la esclavitud en Egipto. Los hijos de Israel habían sido esclavos en Egipto durante cuatrocientos años, y Dios envió a su siervo, Moisés, para sacarlos de la esclavitud.

El segundo de estos salmos del hallel, si vas al Salmo 114, comienza a hablar acerca de esto: «Cuando Israel salió de Egipto, la casa de Jacob de entre un pueblo de lengua extraña...» (Sal. 114:1). Asi que en realidad se refiere específicamente al éxodo de Egipto.

Toda esta colección de salmos, los salmos del hallel, son una parte importante de la vida de los judíos, de su celebración anual de la Pascua. ¿Cuándo comenzó la Pascua, cuándo se inauguró? Se inauguró iniciando el Éxodo, justo antes de que los hijos de Israel salieran de Egipto, ¿verdad? Estos salmos conmemoran la liberación del pueblo de Dios del cautiverio de Egipto.

También apuntan, en el sentido neotestamentario, a la redención final del pueblo de Dios, que no solo fueron aquellos que salieron de Egipto, sino que se extiende al pueblo de Dios en todo el mundo; el pueblo que Él está liberando para sí mismo.

Los primeros dos salmos de esta colección, los Salmos 113 y 114, generalmente se cantan cuando los judíos celebran la Pascua. Se cantan antes de la cena de la Pascua. Los últimos cuatro, Salmos 115–118, típicamente se cantan después de la cena de la Pascua. Así que cuando leemos en Mateo 26, que «después de cantar un himno, salieron», es probable que haga referencia a cuando Jesús y sus discípulos salieron del aposento alto, donde Jesús había tenido la última cena con sus discípulos y había instaurado la Cena del Señor, y que mientras dejaron la habitación cantaron un himno y luego salieron a Getsemaní, donde Jesús fue arrestado y lo llevaron para ser crucificado; es probable que sean estos salmos los himnos que Jesús y sus discípulos cantaron en el aposento alto antes de que Jesús fuera crucificado.

¡Eso los hace muy especiales para nosotras como creyentes del Nuevo Testamento, ya que pensamos que Jesús conocía y cantaba estos salmos! Veremos a medida que pasamos por este salmo, que este (al igual que los otros) nos da una descripción temprana de Cristo y de Su obra redentora en el Antiguo Testamento.

Estos salmos son himnos de acción de gracias, y como los judíos celebraban la Pascua todos los años (muchos de ellos todavía lo hacen), recordarían y se alegrarían. Mirarían hacia atrás y agradecerían a Dios por el cordero de la Pascua sacrificado, y agradecerían a Dios por redimir y liberar a su pueblo de la esclavitud.

Hoy en día, al celebrar la Cena del Señor como lo hacemos a menudo en nuestras iglesias, también miramos hacia atrás. También recordamos; también nos alegramos. ¿Qué recordamos y por qué nos regocijamos? Bueno, recordamos la liberación del pecado que hemos experimentado a través de la sangre derramada de Cristo, nuestro Cordero Pascual.

Mientras celebramos la Cena del Señor al recordar y regocijarnos en nuestra liberación y el Cordero de Dios, es apropiado tener estos salmos en la mente.

Durante la Pascua, los judíos no solo miraban hacia atrás, también esperaban el día en que el Mesías vendría y liberaría a su pueblo de su esclavitud espiritual. Al observar la Cena del Señor en nuestras iglesias, no solo miramos atrás, también miramos adelante, y anticipamos la esperanza de nuestra redención final, definitiva y completa, cuando Jesucristo regrese para llevarnos con Él.

Entonces, pongamos estos salmos en el contexto de la Pascua y de la Cena del Señor. Miramos atrás, recordamos, nos regocijamos y esperamos con gran anticipación la consumación del plan eterno de Dios mientras experimentamos esa redención final.

Ahora, al Salmo 113. Hay tres estrofas, y cada una tiene tres versículos, por lo que se bosqueja bastante fácil. Vamos a tomar un día para cada una de estas tres estrofas (aparte de este primer día, en la primera frase de este salmo). Permíteme leer el Salmo 113 (los primeros tres versículos son una estrofa, luego los versículos del 4 al 6 son otra y los versículos del 7 al 9 forman la tercera estrofa), leamos y luego comencemos a desarrollar solo la primera frase.

¡Aleluya!

Alabad, siervos del Señor,

alabad el nombre del Señor.

Bendito sea el nombre del Señor

desde ahora y para siempre.

Desde el nacimiento del sol (algunas de nosotras vimos el nacimiento del sol esta mañana, y le agradecemos al Señor en nuestro tiempo de alabanza por la belleza del amanecer… Le adoramos)

hasta su ocaso, alabado sea el nombre del SEÑOR.

Excelso sobre todas las naciones es el Señor;

su gloria está sobre los cielos.

¿Quién es como el SEÑOR nuestro Dios,

que está sentado en las alturas,

que se humilla para mirar lo que hay en el cielo y en la tierra?

Él levanta al pobre del polvo,

y al necesitado saca del muladar,

para sentarlos con príncipes,

con los príncipes de su pueblo.

Hace habitar en casa a la mujer estéril,

gozosa de ser madre de hijos.

¡Aleluya! (Salmos 113: 1-9).

Este es un salmo corto, pero uno que está lleno de significado, y creo que nos las arreglaremos para que salgan cuatro programas de ese salmo. Así que, únete a nosotras si lo deseas, y vamos a orar y a pedirle al Señor que nos hable a través de Su Palabra.

¡Señor, te honramos porque esta es Tu Palabra, la Palabra del Señor! Esta es nuestra alabanza por ti y para ti, pero que también Tú nos has dado. Es inspirada, y es santa, y te pido que llenes nuestros corazones este día con hambre, sed, apetito para desear escucharte, conocerte, verte, responderte y alabarte con todo nuestro ser por tus grandes obras redentoras.

Te amamos. Te bendecimos. Celebramos a Cristo, nuestro Cordero de Pascua, que fue inmolado por nosotras, pero que también resucitó, ascendió y está sentado a la diestra de Dios, y que hoy intercede por nosotras. Venimos confiadamente al trono de la gracia, al trono de Dios, en el nombre y a través de la sangre derramada de Jesucristo, para decirte: «Oh, Dios, ven y visítanos, reúnete con nosotras, háblanos, afina nuestros corazones para cantar Tu alabanza. Que seas magnificado mientras adoramos, mientras escuchamos, mientras respondemos a Tu Palabra. «Oramos en el santo nombre de Jesús, amén».

El primer versículo: «¡Aleluya! Alabad, siervos del SEÑOR, alabad el nombre del SEÑOR». Eso puede sonar un poco repetitivo, y quizás si estuvieras escribiendo esto en una clase de español en la escuela secundaria, tu profesor podría decirte: «Eso es un poco redundante, tienes que ser más concisa».

Nunca tuve un profesor que me dijera que era demasiado concisa en mi escritura. Por lo general me decían: «Tienes que eliminar algunas palabras. Estás usando demasiadas palabras». Pero cuando las Escrituras usan este número de repeticiones, no es por accidente. Es intencional, Dios no necesita un editor.

En la poesía hebrea (podemos hablar de eso en otro momento) es importante saber que cuando se ven repeticiones en las Escrituras (especialmente en la poesía hebrea), es significativo, es importante. Hay un propósito para ello. Es intencional. El énfasis en este primer versículo alumbra los conceptos que Dios quiere asegurarse que entendamos.

Así que comenzamos con la primera frase, que en realidad es una palabra: «¡Aleluya!» ¿Alguien sabe qué significa esto en el idioma hebreo, en el cual originalmente se escribió el Antiguo Testamento? Aleluya en hebreo sería: Aleluya, ¡alabado sea el Señor! ¡Tal vez tú lo sabías! Si puedes decir la palabra aleluya, puedes hablar un poco de hebreo. Esa es la palabra usada aquí.

En realidad son dos palabras hebreas que se unen. La primera es el verbo, hallel. Esa palabra significa «alabar». Cuando vas a la raíz de esa palabra, su significado es realmente especial. Un par de diccionarios bíblicos nos dicen acerca de esta palabra, que significa «ser brillante, brillar, ser espléndido, jactarse, celebrar, glorificar».

La raíz de la palabra original tiene la idea de resplandor, brillo, un brillo resplandeciente. Podría referirse a una luz brillante o clara que es visible desde una fuente específica, tal como el sol, la luna, las estrellas emiten luz. Son radiantes, son brillantes, son resplandecientes, son espléndidos.

De ahí obtenemos la palabra hebrea hallel, que significa alabar, hacer alarde de Dios, centrar la atención en Él, mostrar que Él es brillante. Wikipedia incluso tiene algo que decir acerca de esta palabra, hallel, en hebreo. Dice que es, «alabanza gozosa en la canción; jactarse en Dios».

Dice que también puede referirse a alguien que actúa de manera loca o tonta. Y tenemos algunas ilustraciones en las Escrituras de personas que cuando alababan al Señor, la gente pensaba que estaban un poco locas. Estaban alabando a un Dios que no podían ver, y sin embargo la gente lo alababa.

Pienso que si algunas personas que no conocen a Dios entraran en algunas de nuestras iglesias y nos escucharan hablar de lo bueno que es Dios, de lo fiel que es Dios, de lo bondadoso que es Dios. . . o nos escuchan aplaudir para alabar al Señor, o nos ven levantar nuestras manos para alabarlo, para bendecirlo. . . o nos escuchan cantar, «¡aleluya!» y a veces gritar, «¡aleluya!», esas personas podrían mirar a su alrededor y pensar, ¿con quién están hablando? ¿De qué están hablando? ¿De qué se trata todo esto?

Podrían pensar que nos vemos un poco tontas, que actuamos como locos, que estamos locos. Pero no estamos locos (y si lo estuviéramos, sería una buena locura) al alabar al Señor, al celebrar Su grandeza, Su bondad. ¡Aleluya!

Otro diccionario bíblico dice que este verbo hallel (la raíz del verbo), sugiere «estar sincera y profundamente agradecido y satisfecho, alabando las cualidades superiores o los grandes actos del sujeto». Ahora, eso es mucho decir. Pero significa que al enfocarnos en Dios que es tan grande, que es tan poderoso, nos enfocamos en Sus cualidades superiores, Sus cualidades excepcionales, extraordinarias, únicas y sorprendentes. Y estamos profundamente agradecidas por todo eso.

Estamos sinceramente agradecidas. Estamos satisfechas al elevar alabanza y adoración, mientras nos gloriamos en Dios, mientras decimos, «¡aleluya! ¡Alabado sea el Señor!» Ofrecemos alabanza. Vemos en este pasaje y en muchos de los salmos, que nuestra alabanza debe ofrecerse con una actitud de gozo, con una actitud de regocijo, una actitud de deleite. Es saber quién es Dios, creyendo que Dios es quien Él dice ser. En nuestras vidas, ese tipo de fe siempre debe estar entrelazada con el gozo.

Ahora, eso no significa que todas las circunstancias en nuestras vidas sean de gozo. Sabemos que ese no es el caso. Sé que hay personas que nos escuchan, que están en medio de algunas circunstancias profundamente tristes, dolorosas, e hirientes. Pero en medio de eso, ¿no han experimentado, al levantar los ojos (aunque estén llenos de lágrimas) que hay una fuente de gozo que no pueden explicar, que no tiene nada que ver con sus circunstancias? Tiene todo que ver con Aquel que están alabando, al que están adorando.

¡La fe y el gozo se entrelazan debido a la grandeza de nuestro Dios!

Dije que aleluya es una combinación de dos palabras hebreas. La primera es el verbo hallel, que significa alabar. La segunda palabra es el sustantivo Yah, que es la abreviatura de Yahweh o Jehová. Encontrarás Yah al final de algunos nombres compuestos en el Antiguo Testamento, en hebreo; en español seria as.

Por ejemplo, Elías, en hebreo es Eli-Yah, que significa «Jehová es mi Dios». En español ponemos as, Elí-as. Otro ejemplo es Abías, el rey Abías (en hebreo es Obhadh-yah) que en el Antiguo Testamento significa, «siervo de Yahweh o adorador de Jehová». Cuando ves ese Yah(as, en español) al final de un nombre, se refiere a Jehová, Yahweh. Así que hallel-yah, es –aleluya– ¿Qué significa cuando lo pones junto? «Alabad al Señor, alabad a Yahweh, alabad a Jehová».

Cuando leemos en el texto: «Alabado sea el Señor», como lo hacemos al principio y al final de este salmo, es la palabra en hebreo, «aleluya», Yah: Yahweh (Jehová), el autoexistente, el que se reveló a Moisés en Éxodo 3 como «YO SOY el que SOY». «No necesito nada, no necesito a nadie, soy autoexistente, soy autosuficiente».

Cada vez que pronunciamos la palabra «aleluya», en realidad estamos pronunciando el nombre del Señor en una forma abreviada. Entonces permítanme decir esto (y no quiero poner a nadie en tela de juicio, pero tal vez necesitamos llamar la atención), usar esta palabra o una palabra similar de manera casual, ligera o superficial es trivializar el nombre del Señor.

Cuando alguien hace un gran tiro en un juego de baloncesto o cuando obtienes un aumento o algo así, simplemente dices, «¡aleluya!»... Ahora, si lo que de verdad quieres decir es «alabado sea el Señor», entonces di eso. Pero si solo estás entusiasmada con algo, ten cuidado de cómo usas esa palabra, porque cuando la usamos, estamos usando el nombre de Dios.

Trivializar esa palabra es trivializar el nombre de Dios, tomarlo en vano. Es profanar su nombre. Así que, usa la palabra, usa el término con alegría, usa la palabra como una alabanza. Pero recuerda que cuando lo haces estás diciendo el nombre de Dios.

Charles Spurgeon se refirió a esto de la siguiente manera. Él dijo: «Seguramente, esta no es una palabra para ser arrastrada en el lodo. Debe ser pronunciada con asombro solemne y gozo sagrado. ¡Asombro y gozo! ¡Aleluya!

Entonces, «aleluya» es la primera frase de este salmo: Alabado sea el Señor. Esta es una expresión hebrea de alabanza a Dios. Es un llamado estándar a la alabanza en la celebración y el culto colectivo de los judíos. Con una excepción en los salmos (Salmo 135), cuando ves la palabra aleluya o la frase, «alabado sea el Señor», en los salmos, siempre se encuentra al principio o al final del salmo.

Es un llamado a la adoración. Es una bendición. Es una señal de exclamación. Es una celebración en nuestra alabanza corporativa.

Alfred Edersheim (algunas de ustedes pueden reconocer ese nombre como un académico del siglo diecinueve, un estudioso de los tiempos y de la vida de la Biblia, y que ha escrito algunos libros maravillosos y útiles sobre cómo era la vida en los tiempos de la Biblia) describe la lectura responsorial de los salmos en la adoración del templo. Él decía que los levitas leían la primera línea del salmo, y luego la gente repetía esa línea.

Después de que los levitas leían cada línea sucesiva (por supuesto, ellos no tenían sus biblias, no tenían teléfonos inteligentes, no tenían el texto delante de ellos, era transmitido oralmente), la gente decía (al final de cada línea): «¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!»

Así que quiero que leamos el Salmo 113:

¡Alabado sea el Señor! 

Alabad, siervos del Señor,

Alabad el nombre del Señor.

¡Bendito sea el nombre del SEÑOR

Desde ahora y para siempre! 

Desde el nacimiento del sol hasta su ocaso,

¡Alabado sea el nombre del SEÑOR! 

¡Excelso sobre todas las naciones es el Señor;

su gloria está sobre los cielos! 

¿Quién es como el SEÑOR nuestro Dios,

que está sentado en las alturas,

que se humilla para mirar

lo que hay en los cielos y en la tierra? 

Él levanta al pobre del polvo

y al necesitado saca del muladar,

Para sentarlos con príncipes,

con los príncipes de su pueblo. 

Hace habitar en casa a la mujer estéril,

 gozosa de ser madre de hijos.

¡Alabado sea el Señor! ¡Aleluya! (vv. 1–9).

Ahora, esta palabra, aleluya, se encuentra cuarenta y dos veces en el Antiguo Testamento. Quiero hablar sobre cómo se usa gramaticalmente y lo que quiere decir, para que cuando leas el término aleluya o alabado sea el Señor (según la traducción que uses), sepas lo que realmente significa.

En primer lugar, casi siempre se utiliza en modo imperativo. ¿Qué te sugiere eso? Que no es una opción. ¡Es es un mandato! ¡Alabado sea el Señor! Lo ves en el Salmo 113, versículos 1 y 9. Esto no es una sugerencia. ¡Alabado sea el Señor! No solo si deseas alaba al Señor. Si hoy brilla el sol, alaba al Señor. Es que lo que sea que esté sucediendo, ¡alaba al Señor!

Y la forma gramatical hace que este sea el mandato más fuerte posible en el idioma hebreo. «¡Alabado sea el Señor!» Asi que alabar al Señor es un gran privilegio, pero también es una gran responsabilidad para cada hijo de Dios en cada estación y circunstancia de nuestras vidas.

Además, la forma gramatical aquí, sugiere que esto no es solo para referirse a una actividad ocasional. Este es un estilo de vida habitual, es una forma de vida.

Un comentarista dijo que debería ser nuestra «actividad persistente y perseverante», o sea que debemos persistir y perseverar en esto. Por supuesto, cuando nos reunimos para nuestro culto no lo hacemos todos los días ni todo el tiempo. Sino que se refiere a que tenemos que estar veinticuatro/siete en un estilo de vida de alabanza al Señor: conscientemente, voluntariamente, alegremente, con entusiasmo, y de manera intencional. ¡Aleluya, alabado sea el Señor!

Es interesante que el verbo usado en esta frase (hallel), el verbo «alabar» no está en forma singular. Está en forma plural, lo que sugiere que la alabanza no es esencialmente o principalmente una canción de un solista. No es un deporte para espectadores. TODOS debemos unirnos para alabar al Señor. Es como lo hacemos muchas veces nosotras cuando nos reunimos –en grupos pequeños, en estudios bíblicos– estamos todas reunidas en la presencia del Señor, alabando al Señor.

Y muchas veces, antes de comenzar cualquier reunión, tenemos un tiempo de alabanza, y algunas dirigen ese tiempo de alabanza y oramos en voz alta. ¿No sientes que tu corazón se une al de tus hermanas cuando alabamos juntas al Señor? Así que alabemos al Señor todas juntas.

¡Alabad al Señor! La adoración no significa un grupo de cantantes o músicos parados en una tarima, actuando. Ahora, puede que ellos estén adorando al Señor, pero para nosotros, solo pararnos allí y observarlos como tocan los instrumentos, no es adoración. Estamos supuestas a unirnos. No se supone que estemos solamente paradas allí mirando.

Es triste para mí decirlo, pero miras en muchas iglesias hoy en día, que durante el «tiempo de adoración» las únicas personas que cantan, ¡son las personas que están en la tarima! Ahora, es genial que estén cantando, pero ¿y los demás? Esto es en plural «ustedes», «¡todos, alaben al Señor! ¡Aleluya!»

Si este salmista fuera un líder de adoración en un servicio de la iglesia, creo que diría a la congregación: «¡Alaben al Señor todos ustedes, no solo algunos, todos ustedes!» Así que aquí vemos el poder de la alabanza colectiva del pueblo de Dios. Algunas de ustedes quizás recuerdan los nombres de Charles y John Wesley, los fundadores del metodismo.

Charles y John eran escritores de himnos. Amaban los himnos. Los metodistas en los primeros días del avivamiento metodista eran personas que cantaban himnos. En 1761, John Wesley escribió lo que él llamó algunas «reglas para cantar». Déjame leerte las primeras dos de esas reglas. Este lenguaje puede sonar un poco extraño, pero creo que tiene sentido.

Número uno: Canta todo. Asegurate de que te unes a la congregación tan frecuentemente como puedas. No permitas que un ligero grado de debilidad o cansancio te obstaculice. Si es una cruz para ti, tómala y encontrarás que es una bendición.

¿Alguna vez te ha costado mucho cantar las canciones o los himnos que se estaban cantando? ¿Fueron una cruz para ti? Él dice: «Toma esa cruz». Canta al Señor incluso cuando no lo sientas, y encontrarás que se convierte en una bendición para ti. Entonces, número uno, canta todo.

Número dos... no usamos ese lenguaje actualmente, pero creo que entenderás lo que él quiere decir.

Número dos: Canta con energía, canta con mucho ánimo. Cuídate de cantar como si estuvieras medio muerto o medio dormido. Levanta tu voz con fuerza. No tengas más miedo de tu voz, ni más vergüenza de que se escuche, que cuando cantabas las canciones de Satanás.

Lo que Wesley les estaba diciendo era: «Cuando seguían a Satanás y estaban en los bares y en los juegos y en lo que fuera, cantaban, pero luego vienen a la iglesia, y su voz cae y cantan con timidez. ¡Griten! Canten con ánimo. ¡Canten enérgicamente!»

Ahora, hay algunos como yo que tienen una voz que no está hecha para ser grabada al cantar. Soy una de las peores pesadillas de un experto en sonido, y creo que tal vez quieren apagar el micrófono.

No tengo voz de cantante. Mi madre es la única de la familia que tiene eso. Pero aun así, estamos supuestos a cantar. Mi voz, mientras me hago mayor, más se quiebra, y no es algo que alguna vez emitirían en la radio cristiana, (¡a menos que yo cante durante esta serie y luego no tengan ninguna opción!).

Pero debemos cantar todo, cantar en voz alta, cantar al Señor. ¡Aleluya! Es una palabra que se usa principalmente en el Antiguo Testamento, pero encontramos la palabra aleluya, cuatro veces en el Nuevo Testamento. Es una transliteración del hebreo, «Aleluya, alabado sea el Señor».

Las cuatro veces que se usa esta palabra en el Nuevo Testamento se encuentra, ¿sabes dónde? En Apocalipsis 19, uno de los últimos capítulos de la Biblia. Este es el capítulo donde vemos la consumación de la historia humana. Vemos la caída de Babilonia la Grande, que representa el reino del hombre. Vemos que el Rey de reyes regresa a la tierra para reinar por los siglos de los siglos. Y esta gran obra de nuestro Dios celestial, santo y majestuoso incita a los ciudadanos y a los ángeles del cielo a levantar sus voces en un gran coro de aleluya en Apocalipsis 19. Cuando pensamos en cantar, «aleluya», diciendo, «¡alabado sea el Señor!», no siempre pensamos en usarlo de la manera en que primero se usa en Apocalipsis 19, ya que estos ángeles y santos alaban a Dios por sus juicios justos. Déjame leer Apocalipsis 19:1:

«Después de esto oí como una gran voz de una gran multitud...»; y en griego, esa voz fuerte es la palabra de la que obtenemos megáfono. Esto era como un megáfono, estos ángeles, estos ciudadanos, esto de «...una gran multitud en el cielo, que decía...» ¿Qué gritaban ellos? Déjame escuchar un poco más. ¡Aleluya! Déjame escucharlo como si tuvieras un megáfono. ¡¡¡Aleluya!!! ¡Me encanta!

(Ellos estaban) gritando: «¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos, pues ha juzgado a la gran ramera que corrompía la tierra con su inmoralidad, y ha vengado la sangre de sus siervos en ella».

«Y otra vez dijeron: ¡Aleluya! El humo de ella sube por los siglos de los siglos». (Este es el juicio de Dios sobre Babilonia la Grande, sobre toda maldad y todo reino de los hombres) «Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron y adoraron a Dios, que está sentado en el trono, y decían: ¡Amén! ¡Aleluya! Y del trono salió una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, los que le teméis, los pequeños y los grandes».

«Y oí como la voz de una gran multitud (y en ese día, esa multitud nos incluirá. ¡Estaremos ahí! Seremos parte de esta multitud) como el estruendo de muchas aguas y como el sonido de fuertes truenos, que decía: ¡Aleluya! Porque el SEÑOR nuestro Dios Todopoderoso reina. Regocijémonos y alegrémonos, y démosle a Él la gloria, porque las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado»(Apo. 19: 1-7)

Dilo conmigo: ¡Aleluya! Una vez más: ¡Aleluya! Más alto: ¡Aleluya! Porque el Señor Dios Todopoderoso reina. ¡Alabado sea el Señor!

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado guiando en un estudio del Salmo 113, en la serie titulada, «Aleluya: una celebración de alabanza».

Piensa en esto: ¡No puedes adorar y quejarte al mismo tiempo!

Únete a nosotras para reflexionar acerca de esto en un próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.