Podcast Aviva Nuestros Corazones

No es un lugar para niños

Carmen Espaillat: Hoy Aviva Nuestros Corazones no es apto para niños pequeños. Es mejor que los distraigas haciendo otra cosa, y pero regresa a escuchar la historia de Angie.

En su adolescencia ella había visto a sus padres discutir. Una noche, la pelea se hizo más intensa, y la mamá de Angie tomó un cuchillo de la cocina...

Angie: Solo escuché un grito y el grito parecía eterno... Pero fueron solo unos tres minutos. Gritó sin respirar, entró al cuarto donde yo estaba—tenía sangre en su ropa. Me dijo que había matado a mi padre.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Durante el mes de enero cada año se celebra en los Estados Unidos el aniversario de la decisión que tomó la Corte Suprema en 1973, sobre el caso conocido como Roe vs. Wade. Esa fue la decisión que legalizó el aborto en Estados Unidos durante los nueve meses del embarazo. Y como saben, ha habido enormes consecuencias y repercusiones por esta decisión. Millones de mujeres, al igual que hombres, han sido impactados.

Pero gracias a Dios, que Él está en Su trono. Sabemos que Dios es un Dios que ama la vida, quien la ha creado, y el que la da. Hay muchos creyentes hoy en día que tienen un corazón para defender la vida y están trabajando muy duro de diversas maneras para que la vida sea conservada.

En los Estados Unidos se ha establecido incluso una celebración anual conocida como “Santidad de la vida humana”. Oramos que de igual forma muchas de nuestras oyentes se involucren en promover el valor de la vida y la conservación de la misma en sus comunidades y en sus iglesias locales.

Años atrás fui invitada a hablar durante un banquete con motivo de recaudar fondos para el Centro de Cuidado Prenatal de mi comunidad en Niles, Michigan, donde está la sede de nuestro ministerio de Life Action.

Cuando acepté esa invitación, nunca me imaginé qué tan especial iba a ser esa noche. Para empezar, fue bastante emocionante ver a tanta gente de nuestra área a quienes les importaba la vida de los que aún no habían nacido; y ver que invertían de tantas formas—con su tiempo, sus finanzas, sus oraciones—tantos esfuerzos compartidos para conservar la vida.

Justo antes de que yo hablara, una joven llamada Angie procedió a contar su historia.

Ella compartió cómo había llegado al Centro de Cuidado Prenatal, como una adolescente embarazada y asustada. Nos comentó cómo Dios había usado ese encuentro de una manera tan significativa en su vida.

Al momento de ella terminar de compartir, estaba llorando, y muchas, muchas otras personas también lloraban. Cuando el evento terminó, quería saber, si la historia de Angie fue grabada, desafortunadamente, nadie había grabado el testimonio de Angie esa noche, y me sentí un poco decepcionada.

Así que decidimos contactar a Angie directamente y le pregunté si podría venir al estudio de Aviva Nuestros Corazones para compartir su historia. Es una historia que queremos compartir con ustedes en estos próximos días. Solo te digo que este testimonio es confrontador, es duro en algunas ocasiones, pero también será un recordatorio del poder que Dios tiene en cada situación para proveer gracia y sanación.

Así que las invito a escuchar esta conversación con Angie:

Hoy tenemos el privilegio de tener a Angie en el estudio con nosotras para compartir la historia de la gracia de Dios en su vida. Angie, muchísimas gracias por venir y acompañarnos hoy en Aviva Nuestros Corazones.

Angie: Es un placer.

Nancy: Fuiste de gran bendición para mí esa noche. Si recuerdo bien, tan solo corrí a abrazarte esa noche luego de haberte conocido.

Angie: ¡Sí! Así fue.

Nancy: Yo fui tan conmovida con tu historia, y es tu historia. Pero en realidad es la historia de la gracia de Dios y Su intervención en tu vida y en la vida de tu pequeño BJ, quien ahora tiene seis años.

Hay mucho más detrás de la historia que contaremos, y has sido muy amable en contarme parte de la historia de tu infancia, de tu pasado y de algunos eventos en tu familia que te llevaron a ser quien hoy eres y a convertirte en la persona que eres.

Hay partes de la historia que no son agradables, y otras son difíciles de escuchar y les aseguro que también difíciles de compartir. Y no es nuestra intención glorificar las partes feas, pero creo que ayudarán a darnos una idea de dónde Dios te encontró.

Sé de antemano que al tú compartir esto otras mujeres jóvenes o mayores—quienes quizás han pasado por cosas semejantes dolorosas, difíciles en su pasado, quienes quizás llevan mucho “equipaje”, como le llamamos ahora—podrán recibir esperanza de que Dios realmente puede rescatar a los que perecen, no solo a esos pequeños en el vientre que estamos tratando de rescatar, sino que Él también puede rescatar las vidas de las mujeres jóvenes como tú, que lejos de la gracia de Dios, quién sabe donde estarían hoy en día.

Así que me gustaría preguntarte si pudieras compartir un poco sobre tu infancia. Creciste en un hogar que era todo menos sano y feliz. Cuéntanos algunos de los recuerdos que tienes de tu familia.

Angie: Mis padres se casaron cuando mi mamá se enteró que estaba embarazada de mí, porque mis abuelos eran religiosos y los presionaron mucho. Si mi papá iba a recibir ayuda económica de mis abuelos, debían casarse, o si no, mis abuelos los desheredarían. Digo, no parecía ser así, pero secretamente—sin palabras—así lo sentían ellos.

De niña desarrollé una relación muy cercana con mi mamá, al menos eso pensaba. Me sentía muy dependiente de ella e iba a dormirme con ella en la noche. Iba y me acurrucaba en la cama como la mayoría de los niños hacen, pero papá siempre se enojaba mucho cuando hacia eso y me mandaba siempre a mi cuarto. Así que esperaba a que se durmiera, iba a su cuarto y me acostaba debajo de la cama, y esperaba que se fuera al trabajo.

Nancy: ¿Así que te sentías más cercana de tu mamá que de tu papá?

Angie: Oh, definitivamente.

Nancy: ¿Cómo te sentiste cuando tu mamá te dijo a los 10 años que te había tenido por presión de sus padres?

Angie: Siempre fui muy cercana a mi abuela. Ella era, como la llamaba, la luz en un lugar oscuro, pues no había mucha felicidad en mi casa, había mucha droga y alcohol.

Cuando iba a visitar la casa de mi abuela, su carro siempre estaba limpio y olía agradable, y siempre vestía bien y sus zapatos siempre estaban limpios. Sé que esas cosas son tonterías, pero eso es lo que recuerdo, me sentía muy apegada a ella.

¿Puedes imaginarte cómo ella se sentía al tener una nieta en un ambiente que ella sabía que era terrible? Ella entraba a mi casa y estaba llena de humo. El piso estaba pudriéndose, literalmente, por toda la orina, las heces del perro, y ella me tenía que dejar ahí. ¿Puedes imaginar lo que pudo haber sentido?

Nancy: ¿ Y ella vivía cerca de ustedes?

Angie: No, vivía lejos. Bueno, no lejos, como a media hora, en South Bend, yo crecí en Niles. Así que ella venía y me recogía cada vez que podía.

Nancy: ¿Tu abuela conocía al Señor?

Angie: Sí.

Nancy: Así que a ella le dolía tu situación, y apuesto que oraba por ti.

Angie: Es chistoso, porque también tenía una bisabuela que también conocía al Señor.

Nancy: Que seguramente plantó algunas semillas en tu corazón que Dios regó e hizo que crecieran.

Angie: Creo que ella oró por mí toda su vida.

Nancy : Así debe haber sido.

Angie : Es triste, pero Dios trabaja en maneras que no podemos entender... justo cuando ella murió, yo me convertí, así que ella no llegó a saberlo. Supongo que eso es de exhortación para las abuelas.

Nancy: Así es, creo que sí son palabras de ánimo para algunas abuelas que están escuchando el programa y pensando en ese nieto o en esa nieta que están en situaciones bastantes desesperantes o disfuncionales. Que sepan que sus vidas realmente pueden reflejar a Cristo, y sus oraciones pueden ser usadas por Dios. Quién sabe cuántas vidas son rescatadas solo porque las abuelas toman seriamente la responsabilidad de orar por sus nietos. Gracias Angie, por compartir acerca de ella, y gracias a Dios por tu abuela.

Ahora, estabas creciendo en este hogar. Dijiste que había alcohol, drogas ¿era todo esto algo constante? ¿Era un ambiente caótico, todo el tiempo? ¿Cómo recuerdas el ambiente en esos días de tu edad temprana?

Angie: Bueno papá empezó a trabajar mucho. Creo que a medida que pasaba el tiempo mi mamá intentó trabajar a veces; mis padres solo trataban de sobrevivir. No podían realmente tomar o hacer muchas cosas porque estaban tratando de resolver, me imagino que trataban de estar estables.

Mi papá empezó a trabajar largas horas para que mamá no tuviera que trabajar, así que ella se quedaba con nosotros en casa y papá llegaba a la casa con un cartón de cerveza. Él bebía toda la noche y se quedaba tirado en el piso de la sala. Esas son las memorias que tengo de mi padre.

Le gustaban el arco y flecha, las pistolas y la cacería, así que quise acercarme a él de esa manera—porque cada niña quiere poder decir “papi” y tener esa relación. Siento que siempre añoré poder tener eso en mi vida.

Esto fue cuando tenía siete años hasta que cumplí los 10. Buscaba su atención y esa necesidad de cariño y amor. Cualquier atención que me daba era un gozo tremendo. Cuando obtenía esa atención era cuando le tiraba al blanco muy bien, o cuando estaba con mi arco, o cuando estaba despellejando venados con él—solo por estar a su lado.

Siento que él sabía… él hizo lo que supo hacer. No quiero sonar como que mis padres eran monstruos. Escuché una vez que uno ama de la manera en la que ha sido amada, y solo amas de la manera en la que sabes hacerlo. No sé si eso tiene sentido, pero siento que todo esto fue obra de Satanás; no puedo culpar a mis padres. No odio a mis padres por la manera en la que fueron conmigo.

Sí, me afecta, pero después de que vine a Cristo… siento que en mi infancia estuve enojada... añoraba atención. Después, cuando no la obtuve por largo tiempo, me enojé más y me amargué, y lo odié, quería que se muriera. Todos estos malos sentimientos de egoísmo empezaron a surgir.

Así que me aferré a mi madre. Mi madre tenía también una gran carga emocional dentro de ella ya que fue criada por una mamá alcohólica. Y ella no supo quién fue su papá. Tuvo cuatro hermanos, y su madre fue abusiva, venía de un trasfondo muy malo.

Nancy : Muy triste

Angie : Así que, siendo mi madre, ella en cierta forma usaba el que—como había comentado antes, me iba debajo de la cama, y yo como madre ahora, ni siquiera aceptaría eso de mi hijo. Quiero enseñarle a mi hijo responsabilidad e independencia y que sea capaz de—bueno ahora porque soy cristiana—de que dependa del Señor en lugar de mí. Siento que era bastante triste porque ella dependía de mí. Y yo alimenté sus necesidades emocionales; era algo egoísta de su parte, en lugar de educarme como una mujer independiente.

Nancy: Después también viste a tu mamá involucrada en relaciones inmorales, y eso también tuvo un impacto más tarde en tu vida.

Angie: Durante los primeros dos años de matrimonio de mis padres hubo fidelidad, pero los próximos quince años hubo muchas infidelidades. Recuerdo estar en casa y ver hombres entrar como si nada. Ella entraba al cuarto y decía, “No contestes el teléfono”, y yo jugaba con los hijos del hombre de turno.

Pero no pensaba nada, esa era mi mamá. Pensaba que mi papá no le estaba dando el cariño necesario, como tampoco lo hacía conmigo. ¿Cómo podía culparla de buscar en otros lados si no él no era un buen padre ni un buen esposo? Podía verlo con mis propios ojos. Tenía a mi mamá diciéndome lo mismo porque estaba enojada y yo era la única en la cual ella podía confiar, en su hija de siete años.

Y fue a través de esta experiencia, hasta que cumplí los diez años, que traté de ser fuerte para todos. No sé si tenga sentido lo que digo, porque parecería que debería ser débil por todas esas cosas; pero no sé, cuando no hay fortaleza alrededor tuyo, viene de adentro. Y sé que probablemente era Dios cuidándome para que no me deshiciera. Recuerdo cuando tenía diez años y medio, mi mamá se embarazó del hombre con quien estaba teniendo una aventura. Había tenido abortos, “no era algo malo”… digo, “no era un pecado, ¿verdad?” Así que ella decidió…

Nancy: ¿Sabías lo que era un aborto en ese momento?

Angie: Sí.

Nancy: ¿Tu mamá te había explicado?

Angie: Sí.

Nancy: ¿Y para ella era tan solo un estilo de vida?

Angie: Bueno cuando estás en problemas hay decisiones que se tienen que tomar. Digo, si no podías cuidarlo, especialmente en esta situación, pues “te deshacías de ello”. Y mi papá cuando se enteró… porque el hombre que embarazó a mi mamá vino a la casa y resultó ser el mejor amigo de mi papá... Él vino a la casa y dijo, “no puedo seguir con esto… solo quiero que sepas esto”. Pero realmente ese fue su escape, porque huyó de la casa después de eso. Y mi mamá solo dijo, “Bueno, voy a abortar”.

Mi papá… Parecería que él hubiera tomado la posición del niño aún no nacido en el vientre de mi madre. No sé que dice esto de mi padre. Sé que él era—resulta chistoso... Mientras yo lo perseguía a él, él perseguía a mi madre. Y mientras yo solo buscaba su cariño y su afecto, él simplemente estaba tan abrumado, tan... él realmente estaba batallando.

Solo recuerdo que él estaba obsesionado con mamá y no de una manera sana. Él vivía para ella. Al mismo tiempo, él tomaba mucho. Había cosas en su matrimonio que no era posible que yo conociera. Mi mamá me compartió en más de una ocasión sus experiencias sexuales con mi padre cuando yo era muy pequeña, y cómo ella era infeliz. Creo que estaba tratando de justificar sus acciones delante de mí para que no pensara mal de ella, porque yo era lo único que ella tenía.

Nancy: ¿Pero tu papá convenció a tu mamá de no abortar ese bebé?

Angie: Sí. Ella decidió conservar al bebé. Cuando el bebé nació… el tiempo de embarazo fue maravilloso. Mi papá le estaba comprando ropa, recuerdo que compraron una camisa que tenía todos nuestros nombres impresos dentro de unos globos. Dentro de uno de los globos decía “bebé”, por el bebé que cargaba en su vientre; y mi papá estaba realmente contento.

Cuando nació el bebé, mi papá firmó el acta de nacimiento.

Nancy: Pero el matrimonio de tus padres no duró.

Angie: No, cuando cumplí trece años, recuerdo una noche antes de que se divorciaran; mi papá y mi mamá discutían, lo cual era muy común en nuestra casa con alcohol, drogas y demás. Mi hermano estaba allí y estaba en medio de ellos. Estaban discutiendo porque mamá se había dado cuenta de que mi papá estaba silbándole a otras mujeres o algo parecido.

Mi mamá se enojó bastante y se fueron a su cuarto. Estaban tomando tequila y había un limón en la mesa con un cuchillo. Mi mamá entró al cuarto y estaba gritándole y trató de agarrarlo, y le pegó. Y él le regresó el golpe, y ella fue y tomó el cuchillo de la mesa y lo apuñaló.

Nancy: ¿Tú estabas viendo todo esto?

Angie: Estaba afuera en la sala, pero la escuché. Estaba sentada con mi hermano. Los oí entrar al cuarto y ahí ya no tuve miedo. Recuerdo que me asustaba cuando se tiraban contra el refrigerador o cuando las peleas se ponían muy físicas. Pero la mayoría de las veces eran solo gritos de palabras feas. Nunca fue muy físico.

Mi papá nunca le había pegado a mi mamá excepto esa vez que ella le pegó. Creo que él dijo, “basta”, y le pegó de vuelta. Solo escuché un grito que parecía haber durado para siempre. Fue de tres minutos; ella gritó sin tomar aire, luego entró al cuarto donde yo estaba y me cargó. Tenía sangre salpicada en su blusa.

Me dijo que acababa de matar a mi padre y que iba a huir, y que yo tenía que ir a vivir con mi tía; pero que me amaba mucho. Me di la vuelta y vi a mi papá en el piso, le había enterrado el cuchillo en la arteria del brazo, justo abajo del codo, estaba sangrando rápidamente. Mi hermano corrió adonde el vecino y llamó a la policía. La policía vino y afortunadamente mi papá se salvó de esa.

No puedo entenderlo; cuando la policía vino preguntaron quién lo había acuchillado. Allí estaba mi mamá cubierta de sangre. Mi papá dijo que había ido a revisar el buzón y que un hombre que caminaba por la calle lo había hecho. Toda la sangre estaba en el cuarto, mi mamá la tenía en su blusa... Digo, era obvio. Fue un intento desesperado por salvar a mamá de la cárcel o de ella misma, no tengo ni idea.

Querían llevarse a mi papá en la ambulancia y a mi mamá en la patrulla; mi papá se negó a subir a menos que mi mamá fuera con él, así que se fueron en la ambulancia. Después, mi hermana, que tenía 16 ó 17 años, nos llevó al hospital— fuimos mi hermana, mi hermano y yo y mi hermanita, que tenía solo año y medio o a lo mejor dos.

Fuimos al hospital y esperamos allí. Solo recuerdo que mi mamá tenía esta mirada helada en sus ojos, aún con la misma blusa. Tenía la mirada de “No puedo más”, “Ya no puedo con esto”; ni una lágrima, es decir, no había emoción alguna en su cara. Solo esta mirada que decía, “No puedo más”.

Tres o cuatro semanas después, cuando lo dieron de alta del hospital, ella le pidió... Le presentaron los papeles de divorcio.

Nancy: Lamento interrumpir en esta parte de la historia porque es una imagen horrible de lo que el pecado hace, y lo que hace el enemigo destrozando familias y destrozando vidas. Ahí estás, en ese momento, una niña de trece años, apenas llegando a la adolescencia y viviendo todo esto.

Podría verse como una situación sin esperanza, pero quiero decir, que regresaremos con esta historia mañana, y veremos que no es una situación sin esperanza porque Dios tenía un plan para tu vida Angie. Dios estaba en el proceso de acercarte hacia Él, tuviste que vivir varios años difíciles antes de que conocieras al Señor.

Pero ya en la eternidad pasada, Dios tenía Su mirada y Su corazón puestos en ti, Angie, y Él quería que fueras de Él . No había ninguna situación en el hogar, tan horrible como fuera posible, que impidiera que el Señor te acercara a Él. Así que quiero decirles a nuestras oyentes que hay esperanza; hay un final precioso en esta historia, aunque la historia aún no termina. La historia continúa por lo que Dios está haciendo en tu vida con tu nueva familia hoy en día, tu esposo y tu pequeño.

Cuando regresemos a la historia, también conoceremos a otras personas que Dios usó en este proceso de tu vida. Quiero resaltar algunas cosas que dijiste aquí.

Primero, un recordatorio de la influencia de una abuela que ora. La que tú mencionaste era la luz en un lugar tan oscuro. ¿Esa era la mamá de tú papá?

Angie: Sí.

Nancy: Después, el escuchar acerca de la libertad que Dios te dio de la amargura, de la ira y del temor que sentías. Muchas mujeres que crecieron en ese mismo tipo de ambiente que el tuyo puede ser que se sientan merecedoras de una vida llena de ira o de amargura y de relaciones destructivas, aún después de conocer al Señor.

Pero tú has dicho que al venir al Señor, Él te hizo una nueva persona. Ahora, no hemos llegado muy lejos en la historia, pero puedo sentir la manera en la que nos estás diciendo esto, al revivir lo pasado, que Cristo realmente te ha libertado—no del recuerdo (porque estoy segura de que no son recuerdos muy gratos) pero Dios te ha hecho una nueva persona que puede ver atrás y ver a tus padres con compasión sin odio y sin ira. Ese es el trabajo del Espíritu de Dios, dándote un nuevo corazón.

Dios puede hacer esto con quien sea, no importa tu historia, no importa que tan atroz sean sus circunstancias, no importa qué tan profunda sea la herida o el dolor o el hoyo en el que te encuentras, a lo mejor sin culpa alguna. Dios es mucho más grande, y la gracia de Dios es capaz de rescatar y de redimir esas horrendas situaciones de nuestro pasado.

En estos días veremos cómo la maravillosa gracia de Dios intervino en la vida de Angie y redimió su vida de la destrucción.

Al ir descubriendo la historia de Angie, podrás darte cuenta de la labor tan importante que hacen las personas que trabajan en los centros de cuidado prenatal a través de tu país y del mundo.

Escuché por primera vez a Angie en ese evento de recaudación de fondos para el centro que está localizado en el área donde vivo. Quisiera que, mientras escuchas estos programas, le preguntes al Señor cómo Él quisiera que te involucraras con estas mujeres que están tomando una decisión de vida o muerte.

Si esto es algo que Él puso en tu corazón, pregúntale directamente a Él para que te dirija a algún centro de cuidado prenatal en tu área, y sirve allí en nombre de Cristo. Contacta el centro de cuidado prenatal de tu área y pregunta cómo puedes involucrarte.

Quizás sea colaborando de alguna forma, ya sea económicamente o compartiendo tu tiempo y aconsejando a estas mujeres en crisis.

Creo que sería maravilloso que cada centro recibiera muchas llamadas de parte de oyentes de Aviva Nuestros Corazones que hayan escuchado la historia de Angie, y digan, “quiero involucrarme dando, orando, donando, como sea que Dios me guíe.

Carmen: Gracias Nancy.

Recuerda que ya pronto celebramos la primeraconferencia de Mujer Verdadera en Santo Domingo. Visita AvivaNuestrosCorazones.com para que conozcas cómo puedes ser parte de ese maravilloso evento.

Se supone que los padres deben de cuidar de sus hijos, ¿no? Mañana escucharemos acerca de una mamá que estaba tan confundida que introdujo a sus hijos a las drogas. Eso es mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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