Preparadas para la crisis
Débora de Rivera: Karen Loritts dice que algunas de tus amigas más cercanas te darán las mejores oportunidades para poner en práctica el perdón.
Karen Loritts: Puedes estar segura de que tu mejor amiga te ofenderá en algún momento. Pero perdonar libera inmediatamente a esa persona de tu resentimiento.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Adornadas», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 12 de febrero de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Conozco a un par de chicas jóvenes que estudian en casa y que hicieron una cuerda en una de sus clases. Ellas tomaron tres hilos de cordel y los entrelazaron para crear una cuerda útil que podía soportar mucha más presión que cualquiera de esos hilos por sí solos.
Y esa es la ilustración que leemos en Eclesiastés 4:12: «Un cordel de tres hilos no …
Débora de Rivera: Karen Loritts dice que algunas de tus amigas más cercanas te darán las mejores oportunidades para poner en práctica el perdón.
Karen Loritts: Puedes estar segura de que tu mejor amiga te ofenderá en algún momento. Pero perdonar libera inmediatamente a esa persona de tu resentimiento.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Adornadas», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 12 de febrero de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Conozco a un par de chicas jóvenes que estudian en casa y que hicieron una cuerda en una de sus clases. Ellas tomaron tres hilos de cordel y los entrelazaron para crear una cuerda útil que podía soportar mucha más presión que cualquiera de esos hilos por sí solos.
Y esa es la ilustración que leemos en Eclesiastés 4:12: «Un cordel de tres hilos no se rompe fácilmente». Y este autor bíblico no estaba tratando de hacer un gran comentario sobre cómo hacer una cuerda, sino que estaba hablando del poder de las relaciones.
Estamos a punto de escuchar un mensaje de mi amiga Karen Loritts. Ella ha aprendido sobre el poder de las relaciones que nos fortalecen cuando la vida amenaza con desmoronarse.
Ella compartió este mensaje en la primera conferencia de True Woman y es una pequeña muestra de lo que se conoce como un taller, o una sesión de grupo. Estas sesiones son una oportunidad para que quienes asisten a las conferencias de True Woman participen en reuniones más pequeñas basadas en sus necesidades e intereses.
Ahora escuchemos a Karen mientras nos muestra por qué las relaciones cercanas con nuestras hermanas en Cristo son tan importantes.
Karen: He vivido en Atlanta durante los últimos treinta años y me he reunido con un grupo de catorce mujeres que nos llamamos «Las Piedras». Con este nombre, nos referimos a la historia del Antiguo Testamento, cuando los hijos de Israel cruzaron el río Jordán, y dejaron piedras conmemorativas en medio del río para que los que vinieran supieran que Dios los había visitado en ese lugar.
Por eso nosotras, como «Las Piedras», queríamos dejar huellas de la bondad y la fidelidad de Dios a nuestros hijos, especialmente a nuestras hijas. Así que nos reunimos y nos mostramos el amor de Cristo las unas a las otras.
A lo largo de los últimos treinta años hemos pasado por todo tipo de cosas, desde entrenar a nuestros hijos a ir al baño hasta algunos divorcios, hasta acompañarnos en las situaciones más complejas como el encarcelamiento de algunos hijos y la muerte de otros. Estas son «Las Piedras», y ellas son mis verdaderas amigas.
Sin embargo, cuando estaba pasando por una crisis, estaba tan consumida por mí misma y por el orgullo que no compartí mi situación con mis amigas durante bastante tiempo, pero luego tuvimos nuestro retiro anual. En este retiro, nos vamos solas para pasar tiempo juntas y dejamos a todos los niños con el resto de la familia.
Juntas, pasamos un tiempo muy agradable, oramos y compartimos cómo nos ha ido en el año. Simplemente, nos ponemos al día. Cada una de nosotras ahora pertenece a una iglesia diferente y ya sabes cómo pueden ser las amigas: hablamos sin parar hasta muy tarde en la noche.
Vivian y Verónica roncan cuando duermen, por lo que todas las que roncan duermen juntas. Nos reímos hasta que nos duele el estómago y a la mañana siguiente nos despertamos mientras alguien más nos prepara el desayuno para luego pasar un gran día. Finalmente, terminamos nuestro tiempo juntas el domingo visitando la iglesia de una de nosotras.
Yo sabía que el retiro llegaría pronto, así que no quería contarle a nadie sobre mi crisis debido a mi orgullo. Mi miedo era que pensaran mal de mí, y no solo eso, sino que me miraran y dijeran: «Bueno, ¿cómo podemos confiar en Karen si ella no puede confiarnos los detalles de lo que está pasando?». Entonces, llegó el día y no dije nada a nadie, absolutamente nada. Lo disimulé muy bien. Simplemente, estaba ahí diciendo todo tipo de cosas, y nunca supieron que por dentro estaba sufriendo.
Me di cuenta de que realmente no era una verdadera amiga, porque las buenas amigas, las amigas de verdad, pueden confiar todo a las personas que han estado a su lado en las buenas y en las malas. Fui unilateral en mi orgullo y todas ellas me dieron una lección. Después de que se enteraron, me regañaron con dureza, justo cuando nuestro retiro terminó.
Ellas se enteraron de que estaba mucho mejor, que había superado todo y había resuelto las cosas con Dios (y les compartiré sobre esto más adelante), pero en ese momento, mis amigas se enojaron mucho conmigo.
Pensé que me dirían: «Vaya, me alegro de que lo contaras todo», pero no lo hicieron. Así que me fui dando cuenta de que la amistad adquiere un significado diferente cuando atraviesas las estaciones de la vida. No importa en qué temporada de la vida te encuentres, como mujeres, pasaremos por varias de ellas, y cada una requiere una dosis de valentía y coraje.
Y mientras atravesaba esta etapa de la vida, le preguntaba a Dios: «Si tuviera que pintar un cuadro de la amistad, ¿cómo sería?». Y realmente lo que me mostró a través de mis amigas «Las Piedras» son al menos tres o cuatro cosas que han marcado nuestra amistad a lo largo de los años y también fue una amonestación en mi fracaso al no confiar en ellas.
El retrato de la amistad, en mi opinión, implica tres aspectos diferentes: compromiso, comunicación y valentía, y comunidad.
Voy a mencionar algunos pasajes de las Escrituras para ilustrar cada uno de estos puntos. Para ello, voy a partir de algo muy sencillo, y es buscar en el Nuevo Testamento todas aquellas frases que empiezan, terminan o tienen una parte que se repite, como «llevar las cargas los unos de los otros», «servirse los unos a los otros», todas esas expresiones que empiezan con «los unos a los otros». Voy a darte la referencia y la leeré a medida que lleguemos a cada punto.
Comencemos con lo primero: el compromiso. Cuando haces amigos, se requiere un nivel de compromiso en las distintas temporadas de la vida. Si eres una persona soltera, estás haciendo amigos y estás analizando tu soltería y lo que puedes aportar, porque puede que tengas mucho más tiempo que si estás casada y tienes hijos pequeños. Cada etapa requiere un nivel de compromiso diferente. Pero la frase que quiero usar mientras hablamos de compromiso es que se necesita mucho tiempo para establecer la relación. El compromiso significa que estableces una relación.
¿Y cómo se establece la relación? «Señor, quiero tener este grupo de mujeres, estas amigas. Quiero comprometerme con ellas, quiero establecer esta relación. ¿Cómo lo hago?». Bueno, hay varios versículos en Santiago, capítulo 3. Permíteme darte dos palabras que te ayudarán a descubrir con quién quieres comprometerte al establecer una relación en lo que se refiere a tener amigas.
En Santiago, capítulo 3, los versículos 13 al 16, dice: «¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que muestre por su buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tienen celos amargos y ambición personal en su corazón, no sean arrogantes y mientan así contra la verdad. Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural, diabólica. Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala».
En los versículos 17 al 18, dice: «Pero la sabiduría de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, condescendiente, llena de misericordia y de buenos frutos, sin vacilación, sin hipocresía. Y la semilla cuyo fruto es la justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz».
Dos ideas que se destacan en este pasaje, cuando habla de la sabiduría de lo alto, son que debemos tener sabiduría para saber a quién Dios quiere que elijamos como nuestros amigos, y debemos tener discernimiento espiritual para saber quiénes son. Dios dice que debemos tener sabiduría, que es de lo alto, y tener Su discernimiento.
La sabiduría es la aplicación del conocimiento dado por Dios y el discernimiento es tener esa perspicacia espiritual para aprender. Tómate tu tiempo para aprender cómo hacer amigos. Todo se trata de la gracia.
Cuando pienso en el compromiso, hay varias cosas que quiero al establecer una relación con una persona joven, o con varias personas, o con una mujer de la que quiero ser su amiga. Esto requiere varias cosas de mí.
Romanos, capítulo 12, versículo 10, dice: «Sean afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, dándose preferencia unos a otros». El compromiso que implica devoción. Debo comprometerme a ser devota hacia esta persona con la que creo que Dios me está llamando a establecer una relación. Y estamos hablando de una relación a largo plazo. No estamos hablando de simples conocidos; ni de amigos con «a» minúscula; estamos hablando de verdaderas amigas. ¿Entiendes la diferencia?
En este versículo de Romanos 10, se nos dice que esto requiere devoción y eso demanda tiempo. Debemos tomarnos el tiempo.
Y algo más acerca del compromiso que vemos en las Escrituras se encuentra en 1 Juan, capítulo 4, versículo 7. Dice: «Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios; y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios». El compromiso requiere amor.
Permíteme retarte con el pasaje que está en 1 Corintios, capítulo 13 (y creo que todas conocemos ese capítulo del amor). Haz la prueba y escribe en esos versículos tu nombre o el nombre de tu amiga, y pregúntate si estás dispuesta a hacer lo que dice allí. ¿Están dispuestas a vivirlo? En el versículo 13 de 1 Corintios, capítulo 4, dice:«El amor es paciente, es bondadoso». Yo diría: «Karen es paciente, Karen es bondadosa», o pondría a una de mis amigas a responder a la pregunta: «¿Vivian es paciente? ¿Vivian es bondadosa?».
Si pasan esta prueba, entonces somos candidatas para una relación de amigas. ¿Suena demasiado difícil? Bueno, esto requiere un nivel de amor y compromiso.
El tercer nivel de compromiso, a medida que establecemos una relación de amistad, es la bondad. Efesios 4:32 dice que el compromiso requiere que, como amigas, seamos «amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, como también Dios los perdonó en Cristo». No sé cuántas veces, mi grupo de amigas «Las Piedras», a lo largo de treinta años, hemos discutido una y otra y otras y nos hemos vuelto a reconciliar una y otra vez.
La razón por la que volvemos a reconciliarnos es porque una verdadera amiga puede tener una diferencia y puede aceptar estar en desacuerdo de manera amable y en amor porque hemos asumido un compromiso.
Ahora, no digo que no habrá mujeres que puedan llegar a tu vida por una temporada. Dios las tiene allí por una temporada, y luego Él trae a otras mujeres en otra temporada. Sin embargo, hay algunas amigas de toda la vida a las que puedes llamar, a las que no has visto físicamente desde hace mucho tiempo, con las que puedes tener una conversación de la que hablaste hace uno o dos años, y te sientes como en los viejos tiempos. Esa es una verdadera amiga.
Ahora hablemos de la amabilidad: «Sean más bien amables unos con otros… perdonándose unos a otros…». Las Escrituras nos llaman a extender ese perdón que nos lleva a la reconciliación. Tengo la capacidad de perdonar a un par de amigas que pueden venir y decirme: «Karen, me ofendiste», o que me amonestan por algo que me molestó, o que simplemente abrí demasiado la boca, o que pensaron que estaba chismeando, o que me sorprendieron en algo. Ellas pueden venir y amonestarme, porque les he dado permiso, como mis amigas, para que me amonesten por eso, y luego puedo decirles: «¿Me perdonas?».
Entonces, necesitamos reconciliarnos porque a veces, nosotras, las mujeres, no olvidamos. Alguien te dice algo que hiere tus sentimientos y luego tenemos este pequeño video que siempre se reproduce en nuestra mente y decimos: «Esa persona hirió mis sentimientos, así que no sé si quiero que siga siendo mi amiga». Pero lo único que estaba haciendo esa persona era hablar con amor, por lo que la reconciliación dice: «Está bien, lastimaste mis sentimientos, pero sé que viniste a mí con un espíritu de amor y quieres ayudarme porque soy tu amiga, y necesitamos resolverlo. Hay que derribar ese muro y reconciliarnos».
El cuarto componente del compromiso al establecer una relación de amistad es la palabra «considerar». Hebreos, capítulo 10, versículo 24, dice:«Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras». Esto quiere decir que necesitamos estimularnos mutuamente para no quedarnos en el mismo lugar.
¿De qué sirve que todas nosotras, las «Piedras», nos reunamos en cada retiro y salgamos luciendo como ancianas desaliñadas porque nos hemos visto arrastradas por nuestros problemas, nuestros fibromas, nuestras mamografías y todas estas cosas? Lloramos, pero podemos llorar juntas y luego animarnos y ayudarnos mutuamente para realmente confiar y creer en Dios.
Quisiera que las personas se quedaran mucho tiempo en mi vida. No quiero que las amistades me depriman, pero en ocasiones algunas de nosotras debemos tener el valor suficiente para quitarnos algunos de estos parásitos que llamamos amigas. Algunas de ellas hacen que nos hundamos; otras nunca tienen nada bueno que decir sobre tu esposo. Y déjame decirte que tu esposo no tiene que caerles bien a ellas, pero deben respetar el hecho de que es tu esposo.
Cada vez que las ves, siempre tienen algo malo que decir sobre tus hijos o hacen algún tipo de comentario como «Dios me mostró cómo criar a tus hijos»; eso drena. Algunas de nosotras necesitamos quitarnos esos obstáculos de nuestras vidas, y puede que hayamos superado a algunas personas que pensábamos eran nuestras amigas.
Necesitas tener sabiduría y discernimiento. Pregúntate a ti misma: ¿Estoy creciendo? ¿Estoy realmente estimulando a mis amigas a hacer el bien, al amor y las buenas obras? Eso es compromiso.
El compromiso dice que tengo la sabiduría de Dios y tengo la perspicacia espiritual para saber quién estará conmigo en la línea de meta. Esta carrera cristiana no es una carrera de velocidad, es un maratón. Y no quiero correr con alguien que me abandone en el camino, sino que quiero una amiga que esté allí cuando tenga que someterme a una histerectomía o cuando tenga un hijo pródigo. La única que puede escucharme y orar por mí sin condenarme y señalarme con el dedo es una verdadera amiga.
Entonces, lo repito, necesitamos tener un espíritu de compromiso, y una palabra que yo pondría en relación con toda esta idea del compromiso es que todo se trata de la gracia.
Ya vimos que el retrato de la amistad implica compromiso, hacer amigas y luego ser amigas.
Ahora, el segundo aspecto de hacer amigas, un retrato de la amistad, es la comunicación y la valentía. Permíteme abordar el tema de la comunicación.
Ya que el compromiso implica establecer la relación, la comunicación significa fortalecer la relación. Esto es lo que yo llamo el punto en el que se necesita mucha energía, porque nos gusta hablar. A veces les hablamos a nuestras amigas, pero no estamos hablando con nuestras amigas, o a veces nuestras amigas nos están hablando y no nos están ayudando. La comunicación necesita fortalecer la relación.
Permíteme leer 1 Pedro, capítulo 3, los versículos 8 al 12, para ver si esto tiene sentido para ti. Pedro escribe:
«En conclusión, sean todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos, y de espíritu humilde; no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fueron llamados con el propósito de heredar bendición.
Porque, el que desea la vida, amar y ver días buenos, refrene su lengua del mal y sus labios no hablen engaño. Apártese del mal y haga el bien; busque la paz y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra los que hacen el mal».
Nuestra comunicación debe estar sazonada con una bendición. Ya hemos dicho que la idea de la amistad es que queremos estimularnos mutuamente al amor y a las buenas acciones. Queremos que nuestros amigos sean mejores porque están presentes en nuestras vidas y forman parte de nuestro círculo de personas cercanas. Según 1 Pedro 3, Dios dice que debemos ser una bendición.
Ahora acompáñame al Salmo 34, los versículos 13 y 14. Una vez más, aquí dice:
«Guarda tu lengua del mal y tus labios de hablar engaño.
Apártate del mal y haz el bien, busca la paz y síguela».
En las relaciones personales con las mujeres, a veces podemos tener una discusión que puede durar por los siglos de los siglos y nunca llegar a resolverse. He perdido a muchas amigas por malentendidos o cuando dicen algo sobre mis hijos (y eso realmente me molesta). Y no sé qué pasa con las madres y sus hijos, pero cuando dices algo sobre mis hijos, puede que sea verdad, pero no veo la verdad en ello. Cuando hablas de mis hijos, hablas de mí, y no me gusta que hables de mí.
La comunicación requiere mucho trabajo. Tenemos buena memoria. Somos tan capaces de recordar, que cuando ella habla de mis hijos, recuerdo a su hijo en la guardería. Recuerdo a su hijo en la Escuela Bíblica de Verano, por lo que tengo preparada mi escopeta. Estoy lista para dejarla boquiabierta. «¿Va a hablar de mis hijos? Yo también puedo hablar de sus hijos». Hacemos lo mismo. Entonces, lo siguiente que sucede es que, en lugar de decir algo, simplemente dejo de comunicarme con ella. La veo en la iglesia y simplemente me voy hacia otro lado. ¿Alguna vez has hecho eso? Seguro que ninguna de ustedes lo ha hecho. Pero lo hacemos y nos hacemos daño.
En la comunicación, debemos ejercitar dos cosas. Ya hemos hablado un poco de esto, pero quiero volver a insistir en ello. Debemos perdonar, y perdonar es liberar a esa persona cuando te ha ofendido. Puedes estar segura de que tu mejor amiga te ofenderá en algún momento. Puede que diga algo, o puede que te encuentres en ese momento del mes en el que lo que te dice no te hace ninguna gracia. Puede que te ofenda. Pero perdonar libera inmediatamente a esa persona de tu resentimiento.
La otra parte de eso es la reconciliación. La reconciliación es que, si ella es una verdadera amiga, es un acto piadoso participar en restaurar la relación.
Ahora, el perdón requiere iniciativa; se trata de que seas tú la primera que diga: «Te perdono y acepto tu perdón», o «Te pido que me perdones». Alguien debe tomar la iniciativa, porque la reconciliación la inician dos personas que creen que Dios las ha llamado a estar unidas y se han comprometido a permanecer unidas como amigas para poder reconstruir su relación. Pero de no ser así, ese rencor se irá acumulando y acumulando, y antes de que nos demos cuenta, ya no sabremos ni por qué no hemos hablado. Y aquí estamos hablando de amigas, pero, por desgracia, esto también ocurre en las familias.
No tengo hermanas biológicas, pero tengo muchas amigas que tienen hermanas y pelean como perros y gatos. Son familia. Y entre las 6,000 personas que hay aquí, puede que haya una o dos familias que no se hayan hablado en años. Eso no debería ocurrir nunca, y seguro que nunca debería ocurrir en nuestras relaciones con los demás en el Cuerpo de Cristo. La Palabra de Dios dice que, en la medida de lo posible, debemos estar en paz unos con otros. La paz debe estar presente donde yo estoy.
Ahora bien, como he dicho, hay personas que Dios trae por una temporada y luego las aparta. Pero nunca debería haber una relación que Dios te haya dado por una temporada y que, por causa de algún conflicto o pecado, se separaron y no lo resolvieron. Algunas de nosotras necesitamos sanar algunas relaciones que empezaron muy bien, pero que tuvieron algún tipo de conflicto y nunca se resolvió. Hermanas contra hermanas. Madres contra hijas. Amigas contra amigas.
Las amigas pueden ser muy rencorosas. Cuando mi hija Holly estaba en la universidad, ella llamó a casa. Holly es la pequeña de la familia. Entre mis dos hijas, hay siete años de diferencia y entre mis hijos, hay ocho años de diferencia, así que había como dos grupos de niños: niño/niña, niño/niña. A Holly siempre la echaban de su habitación porque esa es la habitación de Heather. Cuando eres la más pequeña, cuando compartes habitación, tienes que esperar a que el hermano o la hermana mayor decidan dejarte entrar. Así que siempre se quedaba fuera.
En realidad, ella no tenía una conexión profunda con su hermana. Bueno, cuando Heather se fue a la universidad, solo estaban Holly, mamá y papá. Ella era la única hija que quedaba, por lo que nunca tuvo que relacionarse realmente con su hermana.
Entonces un día nos llamó estando en la universidad y nos dijo que quería ser parte de una hermandad, junto a estas dos Ashleys. Ellas eran mejores amigas desde la secundaria y ahora eran compañeras de dormitorio en la universidad. Pero una de las chicas decidió que iba a poner a Holly en la lista negra.
Y a pesar de que estuvieron juntas en la secundaria, al llegar el segundo año de la universidad, esta chica comenzó a sentir celos de Holly. Entonces Holly nos llamó y se le notaba un pequeño temblor en la voz; estaba llorando y nos dijo: «¡Odio a las chicas! ¡Las odio! ¡Son tan malas! ¡Mamá, las mujeres son tan malas!». No dejó de hablar y tuvimos que resolver todo el asunto, pero ella estaba abrumada por la maldad de las chicas.
Ella nunca tuvo que experimentar esto personalmente porque tenía una hermana que era mucho mayor que ella, y cuando llegó a la edad en que podían tener un pequeño conflicto, ella siempre perdía, porque era la hermana menor. Y luego Heather se fue a la universidad, por lo que nunca tuvo que lidiar con asuntos como ese. Y yo tampoco tuve que lidiar con eso, pero sí había visto chicas que podían ser muy desagradables.
Solo hay que ir a la escuela secundaria. La escuela secundaria es un pozo negro de cosas. Entras por la puerta y te evalúan para ver si van a ser tus amigos durante el resto del año, y si no quieren ser tus amigos, les dicen a todos sus otros amigos que no sean tus amigos, sin ninguna razón aparente.
Tenemos este tipo de cosas dentro de nosotros. Yo lo llamo el síndrome de Eva. Lo que sucedió en el Jardín del Edén hizo que ese cromosoma se estropeara, o lo que sea, y ahora podemos llegar a ser desagradables unos con otros.
Entonces, le dije a Holly: «Holly, tienes que perdonarla, libérala». Su amistad nunca volvió a ser la misma. Ya no es como antes. Pero hay que perdonar, y para reconciliarse, se necesitan dos. Holly pasó esta temporada en la que Dios tuvo que hacerla crecer y ayudarla a aprender a amar, a pesar de que las personas sean rencorosas y te hagan daño.
Así que sé una bendición.
El Salmo 39, versículo 1, dice: «Yo dije: “Guardaré mis caminos para no pecar con mi lengua. Guardaré mi boca como con mordaza mientras el impío esté en mi presencia”». A veces, simplemente tienes que ponerte literalmente la mano sobre la boca y no decir nada. Muchas veces con mis amigas «Las Piedras», me limitaba a esperar, porque estaba muy a la defensiva sobre ciertas cosas. Me estaban hablando y en el fondo de mi mente ya estaba preparando mi munición para disparar esa escopeta, pero esta Escritura vino a mi mente: «Ponte una mordaza sobre la boca». No hables.
Nancy: ¡Qué maravilloso! Sé que ese es un versículo que necesito con frecuencia, porque es muy fácil para mí pecar con mi lengua. Mi amiga Karen Loritts nos ha estado mostrando cómo controlar nuestras palabras para cultivar relaciones personales piadosas.
Y en Aviva Nuestros Corazones queremos ayudarte a desarrollar amistades auténticas. Ya seas soltera o casada, joven o no tan joven, queremos hacer todo lo posible para mostrarte cómo la Palabra de Dios permea todas tus relaciones. Y quiero mencionarte tres recursos en los que puedes hacerlo.
En primer lugar, si estás casada, puede que hayas escuchado hablar sobre el Reto para animar a tu esposo. Este reto te ayudará a usar tus palabras para bendecir al esposo que Dios te ha dado. Puedes obtener más información sobre esto en AvivaNuestrosCorazones.com.
En segundo lugar, si eres soltera joven o adulta, tenemos el Reto devocional para chicas jóvenes y el Reto devocional para mujeres adultas; el subtítulo de ambos recursos es Con la mirada en lo eterno. Estos recursos te ayudarán a florecer y a prosperar en tu relación con Cristo. Puedes visitar nuestra página web, AvivaNuestrosCorazones.com, para adquirir cualquiera de los dos.
Y por último, permíteme compartir contigo otro recurso con el que puedes crecer en tus relaciones con los demás, y es el folleto titulado Belleza en el quebranto: Cómo la humildad lo cambia todo.
Ahora, necesito advertirte que, a medida que trabajes con este folleto, es probable que descubras algunos rincones de orgullo en tu corazón y en tu vida. Bueno, déjame decirte que yo también tengo esos lugares, esos rincones, en mi propia vida y en mi propio corazón. Pero este es el punto: el primer paso hacia la humildad para todas nosotras es ser honestas y reconocer nuestra necesidad.
Cristo enseñó que las infinitas riquezas y bendiciones del reino de Dios pertenecen a aquellos que reconocen su pobreza espiritual. Entonces, es hora de descubrir la belleza que se encuentra en vivir quebrantadas ante nuestro Dios misericordioso.
Débora: ¡Muchas gracias, Nancy! Te animamos a que puedas obtener cualquiera de estos recursos, ser animada a través de ellos y no quedarte con lo aprendido, pero compartirlos con otras mujeres.
Mañana escucharemos la segunda parte del mensaje de Karen Loritts. Ella continuará mostrándonos un retrato de la verdadera amistad mientras habla sobre el valor de la comunidad. Regresa con nosotras el día de mañana aquí a Aviva Nuestros Corazones.
Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de La Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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