Aviva Nuestros Corazones Podcast

Relaciones a largo plazo

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Serie «Conviértete en una mujer virtuosa»

Annamarie Sauter: Echa un vistazo a lo que Dios podría hacer en la vida de tu esposo a largo plazo.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Quizás no puedas verlo aun. Quizás no hay evidencia de que tu esposo pueda convertirse en un verdadero hombre de Dios, y no hay garantía de que algún día él lo sea. Pero pídele a Dios que te conceda la fe para ver lo que ese hombre puede llegar a ser si tú estás dispuesta a hacer un compromiso a largo plazo y una inversión en ese hombre.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

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Aquí está Nancy con nosotras en la continuación de la serie, «Conviértete en una mujer discreta».

Nancy: Hemos estado viendo un retrato de la mujer necia, tal y como lo ilustra el capítulo 7 de Proverbios. Hemos llegado al versículo 13, y hemos visto que esta mujer necia, con maquinaciones seductoras, ha salido a encontrarse con este joven necio en medio de la noche, en un lugar y ambiente inapropiados.

Ella es una mujer casada y está enfocando toda su atención y su esfuerzo en un hombre que no es su esposo. Hemos visto que ella es físicamente agresiva en su conducta hacia este hombre. Ella lo saluda con audacia. Ella es quien inicia la relación, en lugar de tomar el rol de ser la que responde, como es la intención de Dios.

Hay una pequeña frase en el versículo 13 que pasamos por alto en el último programa. Nos dice que ella lo agarró y lo besó «descaradamente» para hablarle. Ella inicia la conversación. Esa palabra descarada, en algunas de sus traducciones, dice, «insolente». La palabra significa «una mujer cuyo rostro está endurecido». Ella no es tierna para con Dios.

¿Quieres estar protegida de convertirte en una mujer inmoral, de convertirte en una mujer necia? Primero pídele a Dios que le dé un corazón tierno y suave hacia Él. Una vez que tienes ese corazón hacia Él, encontrarás que tu rostro refleja esa suavidad. Una mujer que busca su propia voluntad y su propio camino, tendrá un semblante, una cara, que refleja dureza.

No sé qué es lo que sucede con nosotras las mujeres, pero mostramos más cosas con nuestro rostro que los hombres. Veo a tantas mujeres hoy y veo evidencia de dureza de corazón. En ocasiones es porque quizás han sido heridas, ha habido mucho dolor. Pero en ocasiones es simplemente porque han vivido una vida haciendo las cosas a su manera, y eso trae como resultado cierta dureza.

Quizás seas una de esas mujeres. Si no estás segura, pregúntale a otra persona: «¿Muestro dureza de corazón o de espíritu en mi rostro?» Si eres una mujer con un corazón y un rostro endurecidos, pídele a Dios que te conceda un corazón tierno; que cree en ti un nuevo y limpio corazón para que tu cara y tu espíritu y tus ojos puedan reflejar la gentileza, la bondad, la mansedumbre, y la ternura de Cristo.

Ahora, cuando esta mujer inicia esta conversación con este joven necio, ella le dice, «tenía que ofrecer ofrendas de paz y hoy he cumplido mis votos» (v. 14). Aquí vemos que ella es una mujer religiosa. Ella no es una mujer de la calle, es una mujer que va a la iglesia.

Un escritor dice sobre este pasaje: «Su actividad religiosa era falsa, un esfuerzo para ocultar cualquier duda acerca del mal que ella pudo haber tenido». Pienso que muy a menudo, como mujeres cristianas, compensamos la culpa que hay en nuestros corazones, involucrándonos en actividades religiosas y en la iglesia.

Piensa en ese texto de Proverbios capitulo 5 —solo dos capítulos antes— donde el escritor dice, «he estado a punto de completa ruina en medio de la asamblea y la congregación» (v.14). En Proverbios 5, este hombre está diciendo que este tipo de actividades inmorales no solo ocurren en prostíbulos. Este tipo de cosas suceden entre las personas de la iglesia, en ambientes religiosos.

El escritor dice, «casi tiro mi matrimonio por la borda al involucrarme inmoralmente con una mujer en medio de la congregación y en la asamblea». Tú dirás, «pero la iglesia debe ser un lugar seguro»; pero el hecho es que somos humanos los que asistimos a la iglesia. Muchas de nosotras en tantas ocasiones actuamos neciamente y en nuestra carne, en lugar de en el espíritu. ¿Sabias que aun en la iglesia, en medio de personas de la iglesia y entre relaciones de la iglesia, como mujer, puedes ser una mujer necia y encontrarte envuelta en la maldad aun en medio de la congregación y la asamblea?

Esta mujer de Proverbios capítulo 7, versículo 15, le dice a este joven, «por eso he salido a encontrarte, buscando tu rostro con ansiedad y te he hallado». Hasta ahora el muchacho no ha dicho ni una palabra.

  • Ella es la que está hablando
  • Ella es la que está iniciando
  • Ella está en un lugar donde no debe estar
  • Ella está en ese lugar a una hora que no debería estar
  • Su corazón ha abandonado su hogar, y ella se dirige a encontrarse con este hombre.

Mientras leía sus palabras, veo a una mujer que está alimentando el ego de este joven necio con sus palabras lisonjeras. Ella lo hace sentir importante. Ella lo hace sentir necesitado, «tú eres el que importa para mí, eres importante para mí.

Ahora, todo este tipo de expresiones —todo esto está ocurriendo en la calle en medio de la noche negra y oscura, dice la Escritura, pero este tipo de conversaciones puede darse también en los pasillos de la iglesia. Este tipo de conversaciones pueden darse desde un escritorio en el lugar de trabajo, o aún en una consejería con un pastor o terapeuta, o consejero. Podemos estar hablando, como mujeres, a estos hombres—aun a hombres de Dios que respetamos—usando palabras de admiración y aprecio, con el fin de atraerlos de formas que no son ni apropiadas, ni sanas, ni santas.

¿Significa eso que nunca podré decirle a un hombre, «verdaderamente aprecio esta cualidad en tu vida»? Queremos ser mujeres agradecidas, y queremos ser especialmente agradecidas con aquellos que nos ministran la Palabra de Dios, con los que nos enseñan los caminos de Dios. Pero ten cuidado con tus expresiones verbales hacia los hombres, aun hacia los hombres de Dios. No te enfoques en sus características físicas, no uses lisonjas y no te expreses con un corazón seductor o con un corazón que busca la atención o la afirmación que quizás no estás obteniendo en casa.

Pregúntate a ti misma, «¿le hablo de forma igualmente gentil, agradecida, y tierna a mi propio esposo, como le estoy hablando a este hombre? ¿O estoy expresando formas de admiración a este hombre que hace tiempo no le expreso a mi esposo? Les hablo a aquellas de ustedes que son casadas.

Esta mujer está inflando el ego de este hombre y está aumentando las oportunidades de que esto se convierta en todo un romance. Ahora, quizás en tu propia vida no se convierta en un romance, pero estarás aumentando las posibilidades de que esto se convierta en una relación inmoral al usar tu lengua para inflar al otro, usando palabras de admiración para afirmar características que son temporales o físicas; usando palabras que solo deben ser expresadas a un hombre por su propia esposa.

Puede que estas cosas, que estas afirmaciones de aprecio sean genuinas, salgan de tu corazón, pero sé prudente y sujeta a la dirección del Espíritu cómo y cuándo y en qué medida debes expresarlas.

Tengo el privilegio de trabajar con muchos hombres piadosos en el ministerio. A muchos los admiro por su corazón; admiro su caminar con el Señor, admiro muchas cosas de su carácter. Pero guardo muchas de esas cosas en mi corazón y no las digo a estos hombres porque ellos necesitan escucharlas de sus esposas. No querrás ponerte a ti o a ese hombre en una situación donde puedan sentir atracción el uno por el otro, de formas que al principio luzcan espirituales pero que en última instancia puedan llegar a ser lujuriosas.

Esta mujer de Proverbios 7 le dice ahora a este hombre simple, a este hombre necio, «he tendido mi lecho con colchas, con linos de Egipto en colores; he rociado mi cama con mirra, áloes y canela» (vv. 16-17). Ella busca atraer a este hombre para que caiga en su trampa, describiendo la sensualidad de la habitación de ella y de su esposo. Ella está siendo indiscreta.

Ahora, tantas mujeres hoy ni siquiera conocen lo que esa palabra significa. Debemos aprender el significado de esa palabra. La discreción tiene que ver con hablar y comportarse de manera apropiada, respetando límites bien establecidos.

Esta mujer de Proverbios capítulo 7, es indiscreta. Ella está hablando de asuntos y de ambientes íntimos de una forma totalmente fuera de contexto. Es completamente apropiado que ella hable de forma romántica de su habitación, pero esas formas deben estar reservadas exclusivamente para su marido, no para otro hombre. Ella está hablando públicamente de cosas íntimas.

Encuentro que tantas mujeres hoy en día dicen lo primero que les viene a la mente. Usan palabras y lenguajes y descripciones que no son adecuadas para una conversación pública.

Puedo recordar que cuando yo era niña —y quizás algunas de ustedes se rían con esto— no se consideraba discreto pronunciar la palabra «embarazada». Una mujer estaba «esperando un hijo». ¿Creerías que aún hoy pienso dos veces antes de decir la palabra «embarazada» en un ambiente público?

Tú me preguntarás, ¿pero qué hay de malo o pecaminoso en la palabra «embarazada»? No, no hay nada, pero existían ciertos estándares y límites con relación a la forma en la que hablábamos en diversos ambientes. Se usaban palabras más íntimas en ambientes de más intimidad. Hoy nada de eso se hace ya y decimos palabras que yo no puedo decir aquí.

No son malas palabras. No son palabras inmorales. Simplemente son palabras que son íntimas; describen cosas íntimas. No son discretas; no es apropiado para nosotras tener ese tipo de conversaciones fuera del contexto de nuestras más íntimas relaciones.

Fíjate, esta mujer tenía una habitación muy romántica. Eso es maravilloso, pero es algo que ella está supuesta a compartir con un solo hombre, su marido. Ella es una mujer casada. Ella es una mujer religiosa, pero se viste de manera seductora. Ella habla con suavidad; ella infla el ego de este hombre con palabras de admiración. Ella habla sobre los detalles íntimos de su habitación con este hombre.

En el versículo 18, ahora ella se lanza para atraparlo; ella le dice, «ven, embriaguémonos de amor hasta la mañana, deleitemonos con caricias. Porque mi marido no está en casa, se ha ido a un largo viaje; se ha llevado en la mano la bolsa del dinero, volverá a casa para la luna llena» (vv. 18-20).

Vemos en este texto que ella es aún la iniciadora en esta relación. También vemos que esta mujer necia no entiende la naturaleza del amor genuino. Y es que el amor genuino tiene todo que ver con DAR; no tiene nada que ver con tomar. Alguien dijo una vez, «la lujuria no puede esperar para obtener, pero el amor siempre puede esperar para dar».

Aquí vemos a una mujer que está codiciando a este hombre. Ella no lo ama. Ella habla sobre embriagarse de amor hasta la mañana y deleitarse en caricias, pero eso no es amor, es lujuria.

  • Ella quiere recibir
  • Ella quiere que sus necesidades sean satisfechas
  • Ella no está pensando en su esposo
  • Ella no está pensando en sus hijos, si los tiene
  • Ella no está pensando en el futuro de este joven
  • Ella solo está considerando su propia gratificación inmediata, y esto lo vemos sobre todo en el uso de las palabras, «embriaguémonos de amor hasta la mañana»

La lujuria solo dura hasta la mañana. El amor perdurará a través del fuego, de las aguas, de las inundaciones, de los peligros, del bien y del mal, de la salud y de la enfermedad. El amor nunca deja de ser. Ella se está conformando con un sustituto barato de lo que Dios ideó que ella obtuviera con su esposo.

Ahora, eso no significa que su matrimonio fuera fácil o que su esposo fuera un hombre fácil. No lo sabemos. Pudo haber sido un hombre muy difícil con quien convivir, pero ella aún puede invertir en la vida de ese esposo el amor que Dios puede poner en su corazón, un amor sobrenatural para ese hombre. En su lugar, ella está buscando algo barato, rápido, fácil y satisfactorio.

Ella le está ofreciendo a ese hombre que no es su esposo algo que ella no tiene para dar. Ella se está ofreciendo a ella misma —su cuerpo, su corazón, su afecto, su admiración— y todo esto le pertenece a otra persona. Le pertenece a su esposo.

Primera a los Corintios 7 dice que el cuerpo de la mujer no le pertenece a ella, y que el cuerpo del marido no le pertenece a él (v. 4). El cuerpo del marido le pertenece a la esposa y el de la mujer que está casada, le pertenece a su esposo.

Esta mujer necia y este joven aún no se han vuelto sexualmente íntimos. No han hecho ningún acto inmoral, pero están en camino. Están siendo preparados para el fracaso moral por este estilo de vida que está dispuesto a sacrificar lo permanente en el altar de lo inmediato.

Por un poco de placer inmediato ella está dispuesta a tirar su matrimonio por la borda, un matrimonio que si ella y su esposo se dedicaran a invertir en él, sería algo que podría convertirse en una relación de gran valor y belleza. Ella no se está dando cuenta del impacto que tienen sus palabras, sus acciones y sus elecciones a largo plazo.

No sé tú, pero yo me encuentro haciendo lo mismo en muchas áreas de mi vida, de formas más sutiles, y quizás de formas que no me llevan a la inmoralidad, pero que sí serán costosas. Hacemos elecciones para hacer lo que se siente bien ahora, sin detenernos a contemplar las consecuencias a largo plazo.

¿Crees que si Eva se hubiera detenido a pensar lo que le costaría comerse solo un pedazo de esa fruta —lo que iba a suceder en su relación con Dios, con su esposo, con sus hijos (uno de ellos asesinó al otro) y las consecuencias sobre nosotras en las generaciones posteriores— si ella se hubiera detenido a pensar en las implicaciones a largo alcance, crees que su decisión hubiera sido diferente?

La mujer necia no piensa en lo que va a suceder después, a la mañana siguiente. La mujer necia solo piensa en lo que la hace feliz ahora.

Déjame decirte que si estás viviendo en un matrimonio difícil o doloroso, debes estar dispuesta a mirar más allá de lo inmediato en ese matrimonio también, y ver lo que Dios, por Su gracia, puede hacer a largo plazo. Tal vez no puedas verlo todavía. Tal vez no hay evidencia de que tu esposo se convertirá en un verdadero hombre de Dios, y no hay garantía de que alguna vez lo haga. Pero pídele a Dios que te dé fe por lo que ese hombre podría llegar a ser si estuvieras dispuesta a comprometerte e invertir a largo plazo en él.

No estoy diciendo que sea fácil. Es mucho más fácil ir y encontrar un extraño que te satisfaga hasta la mañana siguiente. Pero eso no es amor, y no te dará satisfacción. Te encontrarás —como muchas mujeres me han dicho que se han encontrado— herida, con una vida rota, con relaciones rotas, y tu vida hecha pedazos. Solo comienza con estas pequeñas decisiones y di cosas como, «tengo que tener satisfacción ahora, y no estoy dispuesta a esperar».

Ella le dice a este joven necio, «mi esposo no está en casa. Se fue en un largo viaje y volverá el día señalado. Sé que se ha ido, y sé que no verá ni sabrá lo que estamos haciendo». Ella piensa que nadie lo sabrá pero se ha olvidado de Aquel que todo lo sabe y todo lo ve. Ese es Dios. Las Escrituras dicen que «en todo lugar están los ojos del Señor, observando a los malos y a los buenos» (Prov. 15:3).

Dios ve. Dios conoce. Es por eso que como mujeres necesitamos aprender a vivir en el temor del Señor. No atemorizadas del Señor, aunque deberíamos sentir temor de su juicio si no nos rendimos ante Él. Pero más que eso, ese conciente y constante sentido de que Dios está aquí, que está aquí conmigo en esta conversación. ¿Me vestiría de esta manera, hablaría de esta forma, usaría mis ojos de esta forma, tendría esta actitud si estuviera consciente de que Dios es la tercera persona presente en esta situación?

Es el temor del Señor lo que nos protege de la maldad. Una de las cosas que le he pedido al Señor que desarrolle en mí es el temor al Señor, la conciencia de que Él está ahí, que Él está evaluando y sopesando no solo lo que hago, sino las motivaciones de mi corazón.

Es posible que esta mujer, esta mujer necia, esté buscando llenar necesidades que no está llenando en su casa. Solo diré esto —y si has estado casada por más de tres días de seguro ya lo sabes: No existe un esposo que pueda llenar todas tus necesidades.

Para aquellas de ustedes en este salón que no están casadas, escriban esto y recuérdenlo, porque nuestro corazón tiene esa expectativa de que si tan solo encontráramos a ese hombre perfecto, todas nuestras necesidades serían llenadas. Pero no hay hombre, no importa cuán piadoso sea, que pueda llenar las necesidades más profundas del corazón de una mujer. Dios no destinó tu corazón para ser profundamente llenado por un hombre, sino por Él mismo.

Así que ella está buscando satisfacer las necesidades que no están siendo satisfechas, en otra parte, pero está buscando en la dirección equivocada. Ella está buscando hacia afuera en lugar de hacia arriba.

Ahora, compara esta mujer con la mujer virtuosa de Proverbios 31, donde se nos dice, «en ella confía el corazón de su marido... ella le trae bien y no mal todos los días de su vida» (vv. 11-12).

Eso no significa que el esposo de esta mujer virtuosa sea el marido ideal o perfecto. De hecho, no existe ninguno. No existe ese marido perfecto o ideal. Pero dice que sin importar sus fallas o defectos, él sabe que tiene una mujer en la que puede confiar. Ella es digna de confianza ya sea que esté en casa o en un viaje de negocios, o donde sea que él esté. Y ella le hace bien y no mal todos los días de su vida. Ella es fiel.

Y nosotras como mujeres casadas debemos recordar que la verdadera prueba de su fidelidad en ese matrimonio es lo que sucede cuando su marido sale del hogar. Ahora, no solo me refiero a cuando literalmente está fuera de la casa, quizás en asuntos de negocios o en un viaje, esa es una prueba, cuando él no está presente física o geográficamente.

Pero más aún, a la prueba que me estoy refiriendo, es a cuando él está emocionalmente ausente. Él está tan ocupado en su trabajo o en las demandas de su tiempo que tú no sientes que te está dando el tiempo, la atención o el enfoque que tanto añoras. Estás viviendo con algunos anhelos insatisfechos y eso sucede en los mejores matrimonios y relaciones.

La prueba es:

  • Cuando él sale en esos días, o en esas etapas de la vida, ¿te mantendrás fiel?
  • ¿Le harás bien y no mal aún en esos momentos difíciles?

Si lo haces, serás una mujer sabia que edifica bien su casa. Si no lo haces, serás una necia y estarás derribando tu hogar.

Annamarie: Estas palabras de Nancy DeMoss de Wolgemuth son muy necesarias en días en los que los matrimonios se destruyen y se coquetea con el adulterio.

Espero que el compromiso y la discreción se conviertan en un estilo de vida para ti. Para ayudarte en tu caminar, Nancy ha escrito un folleto que lleva el mismo título de esta serie, «Conviértete en una mujer discreta». Este te ayudará a profundizar en la enseñanza de esta serie—lo puedes hacer a tu propio paso o junto a un grupo de mujeres. Adquiere el folleto digital, «Conviértete en una mujer discreta», por tu donación a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Tu donación nos ayuda a continuar llevando el mensaje del evangelio y de la feminidad bíblica a mujeres de habla hispana, como Larisa, de Panamá. Escuchemos,

Larisa: Hola, mi nombre es Larisa, soy de la ciudad de Panamá, conocí el ministerio de Aviva Nuestros Corazones hace cuatro años por medio de una hermana. Empecé a escuchar los audios y a medida que iba escuchando los audios la verdad de Cristo me era revelada, al punto que me encontraba en una situación difícil en mi vida, y esta verdad llegó justo a tiempo.

Removió los cimientos de mi corazón aún yo siendo convertida hace quince años, pero me di cuenta que estaba vacía, que no tenía una relación genuina con el Señor, con Aquel que me dio la vida y que tenía un propósito en mí.

Desde entonces mi vida ha cambiado, ha sido transformada. Mi vida y la vida de mis hermanas también, tengo dos hermanas, Melisa y Clarisa; de igual forma ha revolucionado nuestras vidas y desde entonces no hemos podido parar de predicar el evangelio, de predicar las buenas nuevas de salvación, de hablarles a otras mujeres sobre el diseño divino, ese diseño que desde un principio el Señor creó, y que ha sido tan distorsionado hasta el día de hoy.

Les animo a seguir. Nosotras nos sentimos unas nuevas mujeres en Cristo y queremos y anhelamos con todo nuestro corazón transmitir este mensaje a nuestras amigas y nuestras hermanas en la ciudad de Panamá, y sabemos que el Señor va a avivar el corazón de cada una de ellas, al igual que lo ha hecho con nosotras.

Realmente toda la gloria y toda la honra a nuestro Señor Jesús. Saludos desde la ciudad de Panamá.

Annamarie: ¡Amén! Es nuestra oración que muchas más mujeres puedan experimentar la libertad, la plenitud y la abundancia que solo se hallan en Jesucristo.

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Una mujer tiene un arma que es tan fuerte como la fuerza física de un hombre. Escucha cuál es, cuando Nancy regrese con el próximo programa en esta serie. Ella está aquí para concluir nuestro tiempo juntas.

Nancy: Me pregunto si no habrá una mujer en nuestra audiencia el día de hoy, que se sienta atraída emocional o físicamente hacia una relación que no es pura o correcta. Quizás estás buscando llenar las necesidades de tu corazón. ¿No recuerdas que Eva pensó que iba a llenar todas sus necesidades cuando tomó aquella primera mordida de la fruta prohibida?

Era codiciable a sus ojos. Parecía atractiva. Pensó que la llenaría, pero cuando mordió un pedazo de esa fruta, se dio cuenta que—figurativamente—se había llenado la boca de gusanos.

Aquello que crees que te traerá satisfacción, si no es lo que Dios quiere para ti, no lo hará. Te dejará destruida, miserable e infeliz, más de lo que podrías imaginar.

Annamarie: Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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