Retrato de Cristo: una selección de Salmos, con Dannah Gresh
Nancy DeMoss Wolgemuth: Aquí está Dannah Gresh con una perspectiva que puede transformar la forma en que lees los Salmos.
Dannah Gresh: Este libro no se trata solo de ti. Primero y principalmente, se trata de Cristo y de Su historia de redención, y luego de ti. La razón por la que nos vemos en los Salmos es porque estamos en Cristo, y estas palabras tratan de Él.
Nancy: Hoy en Aviva Nuestros Corazones, exploraremos cómo los primeros creyentes veían a Jesús en los Salmos y cómo, al estar en Cristo, tú también puedes hacer tuyas esas oraciones.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro de oraciones «Cuando no encuentras palabras para orar», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 23 de febrero de 2026.
Nancy: En la conferencia True Woman’25, Dannah Gresh nos guió a …
Nancy DeMoss Wolgemuth: Aquí está Dannah Gresh con una perspectiva que puede transformar la forma en que lees los Salmos.
Dannah Gresh: Este libro no se trata solo de ti. Primero y principalmente, se trata de Cristo y de Su historia de redención, y luego de ti. La razón por la que nos vemos en los Salmos es porque estamos en Cristo, y estas palabras tratan de Él.
Nancy: Hoy en Aviva Nuestros Corazones, exploraremos cómo los primeros creyentes veían a Jesús en los Salmos y cómo, al estar en Cristo, tú también puedes hacer tuyas esas oraciones.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro de oraciones «Cuando no encuentras palabras para orar», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 23 de febrero de 2026.
Nancy: En la conferencia True Woman’25, Dannah Gresh nos guió a través de una enseñanza que cambió su manera de leer los Salmos. Su mensaje nos recordará que estos antiguos cánticos no son solo sobre nosotras, sino sobre Cristo, y sobre nosotras en Él. Con nosotras, Dannah.
Dannah Gresh: Acompáñame a encontrar a Cristo en los Salmos. ¡Yo amo los Salmos desde hace mucho tiempo! Cuando el Salmo 130 se convirtió en una parte importante de mi vida, desarrollé el hábito de pasar una hora diaria en la Palabra de Dios. Y quizás estés pensando: «Eso suena exagerado y demasiado espiritual». Bueno, la verdad es que alguien me retó a hacerlo.
Me toma entre 20 y 30 minutos dejar de pensar en mí misma, en mi lista de cosas por hacer, en mi vida, en la ropa sucia… en todo. En realidad, no comienzo sino hasta que han pasado unos 20 o 30 minutos. Después de ese tiempo, comienzo a olvidarme de todas las cosas que me distraen, me concentro y ya no puedo parar. Aunque debo decir que al principio no sabía qué hacer con una hora; el reloj parecía avanzar muy despacio. Entonces alguien me dijo: «Sin importar lo que estés leyendo o estudiando en las Escrituras, lee un proverbio y un salmo al día».
Así que, desde que tenía unos 26 años, ese ha sido mi patrón. No lo hago todos los días, incluso hay temporadas en las que no lo hago, pero esa es mi rutina habitual, mi ritmo preferido. Y gracias a eso, comencé a enamorarme de los salmos. Sin embargo, hace unos cinco o seis años, después de habituarme a hacerlo, las Palabras de la Escritura dejaron de tener un impacto en mí, y todo se volvió mecánico.
Entonces pensé: Necesito una nueva manera de mirar algunas de estas cosas. Así que comencé a leer un solo salmo y me quedaba en él por unos veinte o treinta días, en lugar de leer un salmo al día o una parte de un salmo cada día. Y algo realmente hermoso comenzó a suceder en mi corazón y en mi vida.
Empecé a ver las palabras de una manera diferente. Me familiaricé con ellas. Las entendí de una forma nueva. Y desde entonces, durante los últimos dos años, dos veces al año, he estado invitando a otras mujeres a estudiar conmigo el salmo en el que estoy profundizando. Lo llamo «look con actitud de chica santa para salir a caminar». Hablé sobre esto hace un tiempo y, hasta ahora, he hecho cuatro estudios: Salmos 30, 91, 92 y 130.
Al estar inmersa en estos salmos, a medida que te familiarizas con las Escrituras, comienzas a tener nuevas preguntas sobre ella, ¿verdad? Porque, cuanto más informada estás, más sabes qué pregunta hacer. Y una de las preguntas que me he estado haciendo durante meses es: ¿Dónde está Cristo en los salmos? Y en un momento te diré cómo llegué a esa pregunta y qué me llevó a ella. Pero primero, hablemos sobre qué son los salmos.
Los salmos son canciones. Son 150 canciones, y también puedes considerarlos oraciones. Fueron escritos por varios autores como: David, los hijos de Coré, Asaf, Moisés y algunos escritores anónimos. Son profundamente emocionales porque tratan casi todas las emociones humanas y nos enseñan cómo manejarlas. Y los salmos también son como un tutor, porque nos instruyen, nos enseñan cómo llevar nuestras emociones —o las circunstancias que las provocan— delante del Señor.
En una de las charlas de esta mañana en la conferencia, se habló de la emoción de la vergüenza y aprendimos qué hacer cuando la sentimos. La mayoría de los salmos siguen ese mismo patrón. Atanasio, uno de los primeros padres de la iglesia, dijo:
«La mayoría de las Escrituras nos hablan, pero los Salmos hablan por nosotros».
Cuando no sabes cómo orar, probablemente haya un salmo que te ayude a saber cómo hablar con Dios sobre esa emoción y esa circunstancia.
Veamos ahora su cronología. Los salmos, uno de los más antiguos, datan del año 1489 a. C. El salmo 90 es considerado el más antiguo según el consenso de la mayoría de los eruditos. Y luego, para el 444 a. C., se cree que los dos más recientes son el Salmo 1, que fue escrito como una introducción al libro de los Salmos después de que decidieron organizarlos, y el Salmo 119, que es al que le estaremos dedicando tiempo. Ese probablemente fue uno de los últimos en escribirse.
No vamos a profundizar mucho en la organización de los Salmos, pero voy a compartir contigo algunos datos interesantes. Quizás ya sabías esto, pero cuando decidieron ordenar los Salmos, alrededor del año 444 a. C., los dividieron en cinco libros. Volveremos a esto en un momento, pero así es como están agrupados los salmos:
- Libro 1: Salmos 3 al 41 (la mayoría de estos fueron escritos por David).
- Libro 2: Salmos 42 al 72
- Libro 3: Salmos 73 al 89
- Libro 4: Salmos 90 al 106
- Libro 5: Salmos 107 al 145
Puede que te estés preguntando: «¿Dónde están los salmos 1 y 2? ¿No se supone que son 150 salmos?». Exactamente. Los dos primeros, que fueron escritos por un autor anónimo, se consideran introductorios. Se cree que el Salmo 1 fue escrito con el propósito de servir como introducción al libro, y el Salmo 2 es como si hubieran dicho: «Este encaja bien aquí». Y luego la parte final, los salmos 146 al 150, son como una celebración, una culminación: «Todo lo que respira alabe al SEÑOR» (Salmo 150:6).
Volveremos a eso en un momento. Pero todo eso fue lo que hizo que comenzara a preguntarme: «¿Dónde está Cristo en los salmos?». El año pasado, mi esposo y yo tuvimos la oportunidad de viajar a Roma, y me encantó… en parte porque comí mucha pasta, por supuesto. Pero también porque pensé: «¡Pablo estuvo aquí!». Quería ver la prisión donde él estuvo, y pude hacerlo.
Sin embargo, también vi algo que no esperaba que me emocionara tanto. Mi esposo dijo que quería ir a las catacumbas. Yo había visto fotos de los cráneos en las catacumbas, y solo pensé: «Mmm… no, gracias». Pero mi esposo realmente quería ir. Así que decidí que yo debía decir que sí. Entonces le dije: «Está bien, vamos». Y él me dijo: «Quiero llevarte a la que se encuentra en la Vía Apia». Y yo le pregunté: «¿Qué es eso?»; él me respondió: «Es el camino por el que Pablo entró a Roma». Y yo le dije: «¡Pues vamos!».
Entonces, llegamos a la Vía Apia, y en realidad nos paramos sobre ella. Estuvimos de pie sobre unas piedras llamadas piedras de basalto; no son exactamente las mismas que Pablo habría pisado, pero sí del mismo camino, y han estado allí por siglos. Estuvimos literalmente en la misma calzada por donde Pablo habría caminado.
Ahora, como estábamos en un lugar tan antiguo, visitamos una de las catacumbas más antiguas. Hay dos muy conocidas en esa zona, y a la que fuimos se llama San Calixto. San Calixto pertenece a la Iglesia Católica, y es curioso, porque vas conduciendo, y conduciendo, y conduciendo, y lo único que ves es un campo enorme. Es simplemente un campo con un pequeño edificio donde venden los boletos para entrar, y luego bajas al subsuelo de ese terreno extenso.
Esta catacumba es muy especial, porque allí eran enterrados los cristianos de los siglos I y II, y además adoraban allí antes de que Constantino legalizara el culto público. Así que bajamos a las catacumbas y lo que el Señor hizo ese día fue realmente impresionante.
Estoy segura, completamente segura, de que nuestro guía turístico era cristiano. Lo noté en cada palabra que él dijo mientras nos explicaba las cosas. Cuando salimos, le pregunté: «¿Qué piensas de las palabras que nos compartiste mientras estuvimos allá abajo?», y él me respondió: «Creo todo lo que dije».
Este hombre estuvo citando las Escrituras todo el tiempo que estuvimos allá abajo. Fue realmente impresionante. En las catacumbas de San Calixto no había cráneos, porque ellos creen en la dignidad de la vida humana. Por eso, los cráneos y huesos fueron retirados de las galerías que recorrimos y llevados a un lugar de descanso, de modo que lo único que veíamos eran huecos vacíos en las paredes.
Pero esto es lo interesante sobre la catacumba de San Calixto. Allí hay una estatua que representa a una de las primeras mártires de la Iglesia, una mujer llamada Cecilia, quien fue martirizada por su fe. En esas catacumbas hay pequeñas cámaras que habrían albergado sus restos en algún momento.
En la antigüedad se hizo una escultura en su honor, para conmemorar su sacrificio por el evangelio. Y esto es lo que quiero que notes, porque aquí fue cuando empecé a preguntarme: «¿Dónde está Cristo en los Salmos?». Por todas las catacumbas se pueden ver frescos en las paredes (los frescos son un tipo de pintura).
A lo largo de las catacumbas había frescos de distintos estilos. Se podía ver que las personas más pobres que estaban enterradas allí tenían dibujos hechos a mano alzada, sencillos, casi como garabatos. Luego había pinturas magníficas en otras secciones. Entre ellas se veían símbolos como el Ichthys (que es un pez, un símbolo cristiano) y el Chi-Ro, que es el monograma de Cristo, algo que uno no esperaría encontrar allí.
Había muchos símbolos de Jesús, y también muchos de Jonás. Jonás estaba por todas partes. No voy a entrar en eso ahora. Pero lo que más vimos fue la imagen del Buen Pastor. Era una de las representaciones simbólicas más comunes de Cristo que se encontraban en el arte cristiano primitivo y en las catacumbas.
Y cuando la vi, una pregunta comenzó a surgir dentro de mí. No recuerdo exactamente cuál era, pero solo pensaba: El Buen Pastor aparece mucho aquí… Ahora sé por qué tuve esa inquietud y te lo contaré en un momento. Pero antes quiero mencionar que El Buen Pastor estaba por todas partes, y, por supuesto, hacían referencia al Salmo 23.
En ese momento no entendía del todo por qué, pero ahí fue cuando comenzó a surgir en mí la pregunta: «¿Dónde está Cristo en los Salmos?». Fue algo asombroso descubrir que los creyentes gentiles, que enterraban a sus muertos y a sus mártires y adoraban en esas catacumbas, adoptaron los textos judíos como propios.
Para nosotros eso parece algo completamente normal porque esta es nuestra Biblia, ¿cierto? Sin embargo, en ese tiempo, para los creyentes judíos eso era algo inconcebible. Déjame leerte un fragmento de la tesis del Oxford Handbook of Early Christian Biblical Interpretation —sí, un título en inglés bastante largo. Cito:
«Históricamente hablando, era casi impredecible que la comunidad cristiana —predominantemente gentil— de la antigüedad tardía se sintiera atraída por un libro de antiguas oraciones judías, y mucho menos que le atribuyera autoridad divina. Sin embargo, los cristianos adoptaron el Libro de los Salmos de Israel en su totalidad, como parte del tesoro espiritual del pueblo de Cristo.
El Salterio no solo ofrecía enseñanza profética, formación espiritual y una vida devocional con una perspectiva profundamente cristológica, sino que el texto mismo transmitía la voz de Cristo hablando en primera persona. [¿Escuchaste lo que acabo de decir? Vamos a examinar: “la voz misma de Cristo hablando en primera persona”. El fragmento sigue diciendo:] Así se abría una ventana al interior de la vida del Señor redentor.
Los Salmos recibieron más comentarios de los escritores cristianos primitivos que cualquier otro libro del Antiguo Testamento. Fueron una presencia constante en la liturgia, un manual de entrenamiento para la oración, una fuente de instrucción teológica, un modelo para el crecimiento espiritual y una clave que abría el entendimiento de toda la Biblia».
Cierro la cita.
Bueno, esto es lo que quiero decir acerca de esto: ellos eran gentiles. No tenían ninguna conexión con la fe judía, y aun así abrazaron los Salmos, lo cual simboliza que creían ver a Cristo en ellos. Así que lo primero que me gustaría que te llevaras hoy es esto:los primeros creyentes consideraban a Cristo como el tema central de los Salmos.
Ahora vamos a ver algunas citas y pensamientos de los primeros creyentes. Voy a contarte sobre algunos de los ancianos de ese tiempo para que los conozcas.
Pero antes de hacerlo, quiero dejar algo claro: lo que creemos no se basa en la tradición. Como creyentes, nuestra base, nuestro fundamento, es la Palabra escrita de Dios. Sin embargo, no se trata de seguir la tradición ciegamente, pero tampoco de descartarla por completo. Tengo 57 años, soy abuela, y hay muchas chicas de 20 años a quienes amo, pero que no siempre entienden que he caminado con Cristo y con Su Palabra por casi cinco décadas más de lo que ellas han vivido. Y, sinceramente, a veces noto una actitud de menosprecio hacia los mayores. ¿Te identificas con esto?
Bueno, creo que a veces tratamos la tradición y la historia de los creyentes de la misma manera. Algunos de ellos caminaron más cerca y más cerca de la época en que Cristo mismo caminó, y aun así, actuamos como si supiéramos más que ellos.
Ahora, una vez más, vamos a examinarlo todo, tal y como hacían los beréanos, verificando cuidadosamente lo que se enseñaba. Ya verás a qué me refiero. Primero hablemos de Justino Mártir. Justino vivió entre los años 100 y 165 d.C. y fue uno de los primeros y más importantes apologistas cristianos, un defensor de la fe. Se convirtió al cristianismo después de darse cuenta de que Cristo cumplía las verdades más profundas que las filosofías paganas solo podían insinuar. Era un historiador enfocado en buscar la verdad.
Él escribió un libro titulado El Diálogo con Trifón. Trifón era judío, y gran parte del libro consiste en argumentar que las Escrituras no eran únicamente de ellos, sino también nuestras. Y, una vez más, eso para nosotras hoy parece algo normal, ¿verdad? Pensamos en las Escrituras como textos judeocristianos, pero para ellos no era así. Justino decía: «Creo que Dios ordenó esas palabras tanto para el pueblo de Israel como para aquellos que seguirían al Mesías de Israel». Y eso, en su tiempo, era algo totalmente revolucionario.
En su libro, Justino hace con frecuencia la pregunta: «¿Quién está hablando en este salmo?». Y su respuesta, una y otra vez, es: «Cristo está hablando proféticamente». Y dice esto no solo de los salmos más obvios, sino también de otros en los que uno no lo esperaría. Permíteme darte algunos ejemplos:
- Salmo 22: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Justino argumenta que esta es la voz de Cristo, hablada proféticamente por medio de David. David no inspiró esas palabras; Dios lo hizo. David no las escribió para que Cristo las dijera; Cristo las escogió.
- Salmo 31: «En tu mano encomiendo mi espíritu».
- Salmo 69: «Para mi sed…».
- Salmo 118: «La piedra que desecharon los edificadores».
- Salmo 45: Habla del esposo, el rey, el novio, que hoy entendemos —como lo explica Efesios 5— que se refiere a Cristo.
¿Lo ves? Justino tenía una profunda convicción —una certeza firme— de que los Salmos estaban llenos de declaraciones proféticas sobre Cristo.
Y muchas veces pasamos por alto esto; no siempre lo vemos. Te he dado algunos ejemplos muy, muy evidentes. Ahora, probablemente conozcas a Agustín. Él vivió entre los años 354 y 430 d.C. y fue uno de los pensadores más influyentes en toda la historia del cristianismo. Hasta la llegada de Freud —que en realidad no es tan moderno—, el pensamiento occidental estaba profundamente moldeado por Agustín. Y él dijo algo de manera muy explícita (prepárate para esto, vamos a examinarlo, ¿de acuerdo?). Este es, quizás, el más difícil para mí. Tal vez ya lo hayas escuchado antes; yo no lo había oído hasta este año. Él declara expresamente que el Salmo 1:1, que dice: «¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos!», se entiende como una referencia a, y cito: «A nuestro Señor Jesucristo, el Dios-Hombre».
Agustín fue uno de los primeros en afirmar y registrar esa interpretación. Y aunque fue de los primeros en pensarlo, no fue el último. Avancemos ahora a los años 1483–1546, con Martín Lutero, el monje alemán responsable de la Reforma Protestante. Esta es una cita de Lutero: «El primer Salmo habla literalmente acerca de Cristo». Esto muestra una profunda continuidad entre los pensadores de la Reforma y los primeros Padres de la Iglesia.
Christopher Ash, un maestro y autor contemporáneo (y sí, es un hombre vivo y conocido, no un famoso del pasado), él dijo y cito:
«Durante los primeros mil quinientos años del cristianismo, la respuesta predominante a la pregunta “¿Quién es el varón bienaventurado del Salmo 1?” era: Cristo. Hoy, esta es una respuesta minoritaria. ¿Cómo cambiamos?».
Quiero detenerme un momento en esta idea. Vamos a profundizar un poco más en este tema de los Salmos. No se trata realmente de si Cristo está en los Salmos, sino de dónde lo vemos en ellos.
Mientras hablaba con algunas amigas sobre este tema, le pedí a una de las colaboradoras de mi equipo que revisara mis notas y le dije: «Analízalas: examina la teología». Y ella tuvo la misma reacción que yo respecto al Salmo 1. Ella dijo: «¿En serio?». Abre tu Biblia y lee el Salmo 1 conmigo:
«¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos! [¡Por supuesto que Cristo no lo hizo!],
Ni se detiene en el camino de los pecadores, [¡Claro que no lo hizo!],
Ni se sienta en la silla de los escarnecedores,
Sino que en la ley del SEÑOR está su deleite,
Y en Su ley medita de día y de noche!
Será como árbol plantado junto a corrientes de agua…».
Cuando lo lees, suena como si habláramos de nosotras, ¿verdad? Bueno, le escribí a Bob Lepine y le dije: «Bob, mi amiga y yo estamos tratando de entender esto. En los escritos antiguos vemos que el Salmo 1 se entendía como una referencia a Cristo». Así que él lo buscó en Logos (que es un programa bíblico).
Bob tiene una cuenta en Logos, y esto fue lo que me respondió por mensaje de texto:
«Esto es lo que dice mi Logos:
“El varón bienaventurado del Salmo 1 es, de hecho, interpretado por múltiples fuentes teológicas como una referencia a Jesucristo.
El salmo describe a un individuo singular y único que encaja perfectamente con la descripción: Jesús, el Cristo, el único que puede declarar esas palabras con total integridad. [Esto es indiscutible]. Es una descripción del hombre perfecto, específicamente del Señor Jesús, quien no fue condenado por la ley.
Aunque los creyentes pueden apoyarse en recursos espirituales para parecerse a ese hombre bienaventurado, ¿quién más podría describirse como alguien que no se desvía por nada, agrada a Dios en todo y prospera en todo lo que hace?
El salmo presenta a este hombre como alguien que toma decisiones correctas, tiene deseos correctos, se deleita en la Palabra de Dios y medita en ella constantemente, florece en el lugar correcto, permanece siempre verde y todo lo que hace prospera.
El mensaje del evangelio es que, por medio de la obediencia de Jesús, todas las bendiciones del Salmo 1 están disponibles para los creyentes. En la cruz Él tomó nuestro pecado y nos dio Su justicia.
Cuando los cristianos recitan el Salmo 1, se unen a este hombre justo, afirmando las bendiciones que reposan sobre Él y comprometiéndose a vivir con Su Espíritu morando en ellos».
Y luego Bob añadió: «Así que sí, el retrato que encontramos en el Salmo 1 describe a Cristo».
Esto es algo nuevo para ustedes. ¿Cuántas de ustedes nunca lo habían pensado? Ahora volvamos atrás con esto como introducción al libro de los Salmos. Cambia por completo la manera en que lo vemos, ¿cierto? Veamos nuevamente la estructura general del libro. Agregué algunas notas donde podemos ver a Cristo en los Salmos:
Número 1: Él es el hombre bienaventurado en el Salmo 1. Y número 2: el Salmo 2 se refiere a la promesa de un Rey mesiánico que un día vencerá completamente al mal. Ahora, con respecto a los libros en los que están divididos los Salmos:
- Libro 1: se le conoce como El pacto de fidelidad. La mayoría fueron escritos por David; Cristo es el cumplimiento de ese pacto de fidelidad.
- Libro 2: refleja los escritos proféticos sobre el Rey Mesías.
- Libro 3: expresa la promesa y la necesidad de un Rey mesiánico, en contraste con el exilio y la caída del reino. Este libro termina con un clamor a Dios para que no olvide la fidelidad del pacto con David establecida en el libro primero.
- Libro 4: retoma las raíces de Israel y proclama que Dios es el verdadero Rey soberano sobre toda la creación.
- Libro 5: afirma que Dios escucha el clamor de Su pueblo y que un día enviará al Rey mesiánico.
Si te fijas, hay una progresión en todo esto. De hecho, muchos de los salmos son lamentos, y muchos son alabanzas. Al inicio hay más lamento, y al final más alabanza, menos queja, más adoración. Todo el libro concluye con un punto culminante en el Salmo 148:14. Voy a leerte la versión Reina Valera Antigua. Dice así: «Él ensalzó el cuerno de su pueblo…». El cuerno que menciona aquí es Cristo.
Los primeros creyentes entendieron esto así. Y esto es solo una visión general, pero ellos vieron y sintieron que en los Salmos se podía contemplar todo el arco narrativo de Génesis a Apocalipsis. De hecho, Martín Lutero llamó al Salterio «la pequeña Biblia», porque en él se puede ver a Cristo revelado de principio a fin.
Ahora, punto número 2: los escritores del Nuevo Testamento llamaron a la iglesia a utilizar los Salmos.
Hemos sido llamadas a cantarlos continuamente. Colosenses 3:16 dice: «Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones». Podría entrar en detalles, pero estas tres palabras: los salmos, los himnos y los cánticos espirituales son simplemente diferentes tipos de cantos que están escritos en el Salterio.
En Efesios 5:19 dice: «Hablen entre ustedes con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con su corazón al Señor». Pablo menciona esto de forma muy natural, como algo que ya daban por entendido, y lo mismo ocurre con otro tema que el Nuevo Testamento menciona brevemente: el ayuno. Creo que en ambos casos, tanto el ayuno como los Salmos, es como si los autores del Nuevo Testamento asumieran que los creyentes ya comprendían su importancia y prioridad, por lo que no sintieron la necesidad de detallarlo o explicarlo.
Y eso puede ser frustrante para nosotros, porque no vivimos en una cultura donde entendamos estas prácticas como ellos las entendían. Pero los primeros cristianos estaban inmersos en los Salmos. Cantaban estos himnos unos a otros. ¿Qué nos dice Hechos 2? ¿Cuándo se reunían? Cada día. ¿Y qué hacían cuando estaban juntos? Esto mismo: cantaban salmos, himnos y cánticos espirituales. Vivían en los Salmos diariamente…
Eso me lleva a Benito de Nursia, quien fue una de las figuras más influyentes en la formación espiritual y cultural de Europa durante la Edad Media. Él habló sobre la costumbre diaria de cantar los salmos. Vivió entre los años 480 y 547 d.C., y escribió un libro titulado La Regla de Benito, que buscaba ayudar a la Iglesia de su tiempo a establecer un ritmo diario de comunión, como lo hacía la iglesia primitiva de Hechos 2.
Una de las cosas que escribió allí fue esta: «Cualquiera que cante menos que el Salterio completo con sus cánticos acostumbrados en el transcurso de una semana demuestra falta de entrega y devoción; mientras que leemos acerca de nuestros santos padres, quienes cumplían arduamente en un solo día lo que nosotros, almas tibias, apenas logramos en una semana entera».
En otras palabras, es como si dijeran: «Nos vamos a tomar una semana para cantar los salmos». ¡¿Es en serio?! Bueno, ellos los cantaban constantemente. Los conocían tan bien como tú conoces las canciones de Shane & Shane. Los entonaban mientras lavaban los platos, mientras amasaban el pan, todo el día, meditando en su corazón. Y luego los cantaban juntos, unos a otros. Así de importantes eran los salmos para ellos.
Como mencioné antes, desde finales de los años noventa he estado leyendo un salmo cada día. Ahora me doy cuenta de que, si leo uno cada día, lo cual no siempre hago, porque el Salmo 119 y algunos otros son bastante largos, me toma unos 150 días terminar todo el libro. No sé qué pensaría San Benito de mí, pero sospecho que no estaría muy de acuerdo.
Punto número tres: no podemos experimentar los Salmos sin Cristo. Echemos un vistazo rápido a algunos pasajes de la Escritura que hablan sobre la misma Escritura. Juan 1:1–3: «En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». Cada vez que abrimos la Biblia, estamos con Cristo, porque Él es la Palabra.
En 2 Timoteo 3:14–15, dice:
«Tú, sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quiénes las has aprendido. Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús».
Eso significa que toda la Escritura existe para ayudarnos a entender la salvación por medio de Cristo. Lucas 24:27 dice que en el camino a Emaús, Jesús se aparece a dos creyentes afligidos y les dice:
«Comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras».
Lo referente a Él en todas las Escrituras. Cristo está en todas las Escrituras. Si lees el pasaje de Hechos 2:25–47, verás que Pedro dijo que el Salterio era un testimonio profético de Cristo. Y mientras preparaba este mensaje, pensé en algo. Yo les digo esto a mis chicas de Chica Verdaderacada vez que hago uno de estos talleres. Levanto mi Biblia y digo: «Este no es un libro sobre ti». Y todas las mamás dicen lo mismo que ustedes acaban de pensar: «¡Amén! ¡Amén!». La verdad es que muchas veces queremos hacer que la Biblia trate de nosotras y la malinterpretamos. Y una de las cosas que solemos hacer es centrar los Salmos en nosotras, porque entendemos la emoción que expresan.
Entendí la espera del autor del Salmo 30. Entendí lo que se siente estar en lo profundo. Bob y yo hemos entendido en estas semanas lo que es caminar por el valle de sombra de muerte.
Estos salmistas fueron ordenados por Dios para escribir sobre la emoción humana, por eso nos identificamos. Entonces, la pregunta es: «¿Está mal vernos a nosotras mismas en los Salmos?». Antes de este estudio yo habría dicho: «Sí, porque este no es un libro sobre nosotras, es un libro sobre Dios».
Pero escucha lo que descubrí. Juan Calvino, quien vivió desde 1509 hasta 1564, otro de esos «famosos ya fallecidos», pastor y teólogo francés, fue uno de los líderes de la Reforma Protestante. Él llamó a los Salmos «una anatomía de todas las partes del alma», y dijo: «No hay emoción de la que uno pueda ser consciente que no esté aquí representada como en un espejo». Entonces, por eso sentimos la tensión de volverlos «sobre nosotras». ¿Está bien hacerlo?
Permíteme cerrar este tiempo hablando sobre dos personas conocidas y vivas: Mark Futato y Nancy Guthrie (¿cuántos aman a Nancy? ¡Yo la amo!). Ellos tuvieron una conversación sobre los Salmos. Nancy dijo: «Una trampa que enfrento al llegar a los Salmos es hacerlos sobre mí». Mark respondió: «Solemos decir de la Biblia que no se trata de nosotros. En la cultura evangélica popular repetimos eso, y es difícil procesarlo. Pero el pacto es sobre Dios y nosotros. Los Diez Mandamientos son sobre Dios y nosotros. El Padre Nuestro es sobre Dios y nosotros. Todo eso es pactual. Cuando nos acercamos a los Salmos, naturalmente los leemos desde la experiencia».
Y luego añadió: «Eso, en realidad, está bien. Así que deberíamos decir: “No se trata solo de nosotros”». Y creo que eso es lo que empezaré a decirles a las chicas cuando levante mi Biblia: «Este libro no trata solo acerca de ti. Primero y principalmente se trata de Cristo y de Su historia de redención, y luego de ti».
Y quiero mencionar algo que dijo Christopher Ash (uno de mis autores favoritos) que refuerza todo esto. Christopher Ash es autor del libro Los Salmos: Un comentario Cristocéntrico (solo está disponible en inglés). Él lleva toda esta idea un paso más allá. Cito:
«Al defender una lectura cristocéntrica de los Salmos, a veces se me malinterpreta como si sugiriera que los cristianos individuales no pueden orar los Salmos. ¡Nada está más lejos de la verdad! Este malentendido surge porque llamo la atención sobre los problemas que aparecen cuando un creyente intenta referir directamente un salmo a sí mismo, o porque enfatizo cómo Jesucristo ora en los Salmos.
El punto final por el que abogo, sin embargo, es que podemos y debemos apropiarnos de los Salmos para nosotros, individual y corporativamente [ahora escucha lo que Christopher dice:], pero solo podemos hacerlo legítimamente como hombres y mujeres en Cristo.
Si estamos fuera de Cristo, los Salmos no son tuyos ni míos para apropiarnos de ellos. Pero, si estamos en Cristo, cada palabra es nuestro derecho de nacimiento como hijos de Dios Padre, hermanos y hermanas de Jesucristo, hombres y mujeres habitados por el Espíritu de Cristo».
Cierro la cita. Ser uno en Cristo es de las frases más importantes del Nuevo Testamento. La razón por la que me veo con tanta claridad en los Salmos no es solo porque expresan mis emociones, sino porque estoy en Cristo. Soy una con Él. Por eso algunas personas se frustran al leer los Salmos: porque no están en Cristo.
Pero hay un llamado aquí: volvamos al Buen Pastor. Ah, y aquí hay otra cita de Christopher Ash que no quiero dejar de mencionar. Él dice: «La razón por la que nos vemos en los Salmos es porque estamos en Cristo, y estas palabras tratan de Él».
Ahora, volvamos a las catacumbas y al Buen Pastor. Hace casi 2000 años, los creyentes pintaron al Pastor en los muros donde sepultaban a sus muertos. Se aferraron al Salmo 23 no como poesía, sino como promesa, porque sabían que el Pastor ya había atravesado la muerte y había resucitado. Y cantaban estos salmos no solo acerca de Él, sino con Él, en Él, el Cristo vivo. Esto sigue siendo verdad hoy.
Así que quiero preguntarte: ¿estás en Cristo? Y puede que digas: «No entiendo nada de esto. ¿Por dónde empiezo?». Bueno, creo que puedes comenzar rindiendo tu corazón y tu vida a Cristo y diciendo: «No lo puedo explicar, pero hay algo que me mueve hacia Ti, oh Cristo».
Escucha, no me gustaría que vinieras a una conferencia True Woman y no escucharas la verdad de Juan 3, donde Nicodemo le pregunta a Jesús: «¿Cómo obtengo vida eterna?», y Jesús le responde: «Tienes que nacer de nuevo». Nicodemo le dice: «No entiendo. ¿Acaso debo volver al vientre de mi madre?».
Eso sonó absurdo para él. Pero Jesús le dice: «No. Eso es nacer del agua. Pero todo en esta creación es una parábola que nos enseña acerca de Dios, incluso el nacimiento de un niño. Nicodemo, debes nacer del Espíritu». Amada, si quieres estar en Cristo, debes nacer del Espíritu. Es el Espíritu de Cristo quien lo hace: te hace nacer en Cristo.
Yo recuerdo cuando nací de nuevo. En Chica Verdadera, el ministerio que dirijo para niñas de 7 a 12 años, mi parte favorita es contar mi testimonio. Cuando era muy pequeña, entendí lo suficiente sobre estar en Cristo, lo suficiente sobre nacer de nuevo. Entendí que: soy pecadora, Jesús murió para borrar mis pecados, quiero vivir para Él. Eso fue todo lo que comprendí a esa edad, y fue suficiente para estar en Cristo.
Y si aún no has tenido ese encuentro con Cristo, te ruego que le ores al Señor y le digas: «Quiero nacer de nuevo».
Quiero decirte algo: en True Woman no tenemos un momento de euforia para presentar el evangelio, porque debe haber fruto y un llamado del Espíritu. Hay lugares donde todo se vuelve muy emocional; pero nosotros no hacemos eso. Sin embargo, no dejaremos de decirte que debes nacer de nuevo. Si quieres estar en Cristo, ahí es donde empiezas.
Solo entonces, la Escritura comenzará a tener sentido, tendrá vida para ti, y podrás leer los Salmos y serán sobre ti, pero no solo sobre ti: serán sobre ti en Cristo. Mi objetivo en este taller era despertar hambre en ti para que puedas ver a Cristo en los Salmos.
Y, no sé tú, pero estos fueron algunos de mis descubrimientos. Analízalos, exáminalos. Descarta lo que no te funcione y dime si estoy equivocada… hazlo amablemente. Soy nueva en esto; no soy erudita bíblica ni especialista en Salmos. Pero tengo mucha curiosidad y hambre. Y espero que tú también tengas hambre de ver a Cristo en los Salmos.
Déjame orar por ti. Padre, te agradezco tanto por estas mujeres. Gracias porque me escogieron hoy; lo siento como un gran abrazo. Bendícelas al continuar nuestro día y nuestra noche. Oro sobre ellas el Salmo 119: «Abre sus ojos para que vean las maravillas de Tu Ley».
No podemos abrirlos por nosotras mismas; podemos acercarnos, pero solo Tú puedes abrir nuestros ojos. Ayúdanos a ver, en el nombre poderoso de Jesús, amén.
Nancy: Amén. Qué hermoso recordatorio nos ha dado Dannah Gresh sobre la realidad de que los Salmos no son solo oraciones antiguas, son las palabras vivas de Cristo, que aún hoy nos enseñan a orar, a confiar y a adorar.
Este mensaje fue parte de un taller de la conferencia True Woman’25 donde, junto a miles de mujeres, exaltamos la preciosa, poderosa, vivificante y transformadora Palabra de Dios.
Débora: Llamándote a contemplar la maravilla de la Palabra, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
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