Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Viviendo para el Reino en los años dorados

Annamarie Sauter: ¿Le has preguntado al Padre: «Señor, ¿qué es aquello de propósito eterno que tienes para mi vida?»

Nancy: Qué si millones de nosotras, mujeres cristianas, dijéramos –cuando Dios nos pone en una etapa con tiempo y recursos en nuestras manos– «Señor heme aquí, estoy dispuesta. ¿Con quién puedo yo compartir a Jesús? ¿A quién puedo yo discipular, mentorear? ¿A quién puedo yo alimentar y nutrir? ¿Cómo puedo servir? ¿Para quién puedo elaborar comidas? ¿Con quién quieres que me conecte?»

Dios colocará una pasión en tu corazón; colocará las oportunidades ahí. Mi oración es que estemos dispuestas, y que respondamos: «Sí, Señor».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La porción de la Escritura para hoy es Lamentaciones capítulos 3 al 5.

Esta semana Nancy ha estado conversando con Kim Wagner, Holly Elliff, y Rebecca Lutzer. Esta conversación se titula, «Floreciendo en el nido vacío». Si te perdiste alguno de los programas anteriores encuéntralo en AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy: Aquí estamos representando, de hecho, algunas décadas diferentes alrededor de esta mesa. Madres con hijos adultos, ahora hay nietos. ¿Cuáles son algunas maneras en las que podemos estar invirtiendo en el reino y ser fructíferas (no desperdiciando nuestra vida o tomándola a la ligera) —pero en verdad ¿cómo podemos llegar a ser útiles en el reino de Dios cuando llegamos a ser mujeres mayores?

Holly: Nancy, yo creo que hay una tendencia, y la vemos en nuestra iglesia con las mujeres que han pasado por todas las etapas de la vida. Ellas han trabajado en el cuido de niños, han enseñado a niños en edad preescolar, y han tenido un tiempo con el grupo jóvenes. Ahora sus hijos han crecido y ellas piensan, «bueno, ya hice todo eso, y ahora es mi turno de ya no hacer nada».

Lo trágico de eso es que tomas todos esos años que has caminado con el Señor, esos años de aprendizaje y de experiencia, y de crecer en sabiduría, y en el momento cuando Dios quiere impartir esa sabiduría por medio de ti, tú te sientas. Me disculpas, pero eso no está en la Biblia. No hay ningún lugar donde Dios dice, «siéntate».

En una grabación anterior Nancy hizo referencia a Caleb y como Dios lo llamó cuando él era mayor de edad. Yo veo a Dios hacer eso muchas veces.

Nancy: Holly, comparte con nosotras sobre esa mujer en tu iglesia que ha enseñado a niñas por años y años.

Holly: ¡Claro que sí! En nuestra congregación había una preciosa mujer quien falleció después de veinte años de su lucha contra el cáncer. Cuando la diagnosticaron con cáncer ella era maestra de niñas de doce años. Ella decidió no dejar de enseñar. Ella iba a su quimioterapia en las mañanas y en las noches fielmente enseñaba a su clase de niñas.

La clase en donde estaba mi hija Jessica fue la última clase en la que ella enseñó antes de morir. Hoy en día, Jessica es capaz de trazar el hilo rojo a través de la Biblia. Eran cosas que tú pensarías que a una niña de doce años no le interesaría saber, pero su compromiso hacia esa clase era muy grande. El esposo la ayudaba a enseñar esa clase. Él venía con ella, la sacaba del auto, la ponía en su silla de ruedas y la empujaba hacia el salón, él sostenía las imágenes y ponía las gráficas en la pared (ya que ella no podía).

Las niñas de esa clase hicieron un cuaderno juntas. Jessica todavía tiene su cuaderno, en donde se muestra el «hilo rojo» a través de la Biblia. Ella te puede decir, por qué vino Jesús, qué vino hacer y cuáles son las cosas que Dios hizo intencionalmente.

Nancy: Qué bien, eso me recuerda una mujer que yo conocí. Yo la llamaba mamá Johnson, y viví con ella y con su esposo cuando fui a la universidad. Ellos estaban en sus años sesenta en aquel tiempo, y ellos me hospedaron durante un par de años. Avanzando un poco en el tiempo… ella falleció en sus años noventa. Y un par de años antes de morir ella enviudó habiendo cuidado a su marido anciano. Él se enfermó y falleció antes que ella.

Y un día yo salí a comer con ella cuando fui a California para algunas reuniones —ella probablemente tenía 92 años de edad. Acababa de visitar al doctor, y todo iba bien, ella alababa al Señor por esa buena salud que tenía y continuaba estudiando la Palabra de Dios y ministrando a las jóvenes.

Inmediatamente después de yo haber estado allá, ella recibió el diagnóstico de que tenía Leucemia, y unas seis semanas después falleció y se fue con el Señor. Yo fui a su funeral. Una madre joven (creo) de aproximadamente unos treinta años vino hacia mí y se me presentó. Y me dijo, «mamá Johnson me estaba discipulando, y me estaba mentoreando». Aquí está una mujer que incluso a sus noventa años dijo: «Por medio de la gracia de Dios, voy invertirme en otras mujeres mientras yo tenga aliento. No me voy a sentar, y a recibir, y absorber o a amargarme o a estar malhumorada. Yo voy a invertir».

Kim Wagner: ¡Me encanta! Este es el modelo de Tito 2. En nuestra iglesia tratamos de vivir así—donde las mujeres mayores traen consigo a las más jóvenes. De esta forma las mujeres jóvenes pueden ser mayores también. Las mujeres que tienen veinte años son mayores que las que tienen dieciséis. Ellas están estableciendo un ejemplo, de vivir una vida de fidelidad, en frente de las más jovencitas.

Una vez viajamos a Denton para una de las conferencias de Aviva Nuestros Corazones, y de eso hace algún tiempo. Te cuento que llenamos nuestras camionetas de la iglesia y nuestros autos y nos dirigimos en una caravana hacia Denton. Nos detuvimos en una de esas gasolineras donde compramos refrigerios para nuestro viaje.

Con nosotras iban niñas desde los siete años hasta mujeres cerca de los setenta años. Estábamos todas riéndonos y hablando y caminando por la tienda de la gasolinera, y después salimos todas en fila. Es tan poco común para el mundo ver esta clase de interacción, que la cajera se dirigió a mí, como yo era la última en salir, y me preguntó muy sorprendida: «¿Qué son todas ustedes?»

Entonces yo le respondí, «¿qué quieres decir?»

Ella me dijo, «disculpa, pero algunas de ustedes son mayores, y yo nunca he visto jóvenes y mujeres mayores, reírse y divertirse juntas».

Entonces yo le dije, «nosotras somos creyentes». Y le expliqué lo que estábamos haciendo. Y le dije, «nosotras somos una familia en la iglesia, y así vivimos, y nos involucramos una en la vida de la otra, nos interesamos las unas por las otras y sabemos lo que cada una de nosotras está pasando».

Nancy, esa es la manera en que las Escrituras lo han establecido. Las mujeres mayores tienen una fuente de información—como dijiste. Y Holly, toda una vida de experiencias para compartir con las mujeres más jóvenes. Si las mujeres mayores se sientan o se van de viaje por nueve meses en una casa rodante, entonces el cuerpo de Cristo sale perdiendo cuando la generación de mujeres mayores no comparte su corazón con las mujeres más jóvenes.

Holly: Así es. Algunas veces es aún por medio de tus errores. Yo dirigí un grupo de madres en nuestra iglesia. Un día se dirigió hacia mí una mujer mayor y me dijo, «yo no puedo hablar en las vidas de estas mujeres jóvenes porque yo no lo hice bien. Yo no pasé tiempo con mis hijos como debería. Yo no los dirigí hacia Cristo. Soy divorciada. Yo no tengo nada que decir».

Yo le respondí, «sí que tienes algo decir». Puedes decir, «yo no lo hice bien, pero tú, toma tu Biblia y aprende del Señor». Aún por medio de nuestros errores, nosotras podemos enseñar y señalar a otras hacia Cristo.

Rebecca Lutzer: Elisabeth Elliot solía decir, «nunca es tarde para obedecer», y eso es un ejemplo de esto. Nancy, creo que tengo un versículo que habla de lo que nosotros estamos hablando aquí. En 1 Corintios 15, el último versículo: «Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano» (v. 58).

Algunas veces se siente como si nuestra labor fuera en vano. Estamos cansadas, agotadas, y queremos que alguien más lo haga, queremos un descanso…pero voy a sacar una nueva idea aquí. Salimos apresuradas de nuestros hogares y regresamos apresuradas, calentamos algo en el microondas, alimentamos a todos, y salimos apresuradas hacia el partido de fútbol o cualquier otra cosa.

Yo sé que la vida es muy agitada. Yo veo a mis nietos involucrados en muchas cosas, pero creo que como mujeres mayores necesitamos ministrar a algunas de las mujeres jóvenes. Muchas de ellas no saben cocinar. Muchas de ellas no saben cómo mantener sus hogares preparados para recibir a la gente que viene. Tal vez, una familia a la vez, o una persona mayor a la vez que necesita recibir cariño… Apartar una tarde para invitar a comer a una familia y conversar con ellos, o jugar juegos, pregúntales, escúchalos y diles: «¿Cómo te puedo ayudar y ministrarte?»

No tienes que quebrarte la espalda demasiado, cocinando, limpiando… Es bueno tener algo agradable y presentable…pero pienso que esta es una gran manera en la que nosotras las mujeres mayores podemos ministrarles a las mujeres jóvenes. Especialmente nosotras que tenemos el nido vacío, porque ya no tenemos niños pequeños.

¿Qué piensan ustedes sobre esto?

Nancy: Yo estoy pensando en tantas maneras en que las mujeres mayores pueden ministrar. Estoy pensando en el pasaje de Lucas 2, sobre Ana en el templo. Ella había estado casada por siete años, y después viuda hasta los ochenta y cuatro años, en realidad ella tuvo más años de viuda que años de casada.

Las Escrituras dicen que «ella nunca se alejaba del templo, sirviendo noche y día con ayunos y oraciones» (v. 37). Ella estuvo allí cuando María y José trajeron al bebé, a Jesús, al templo para presentarlo —ella fue una de las primeras personas en verlo a Él. Ella fue una de las pocas (ella y Simeón fueron los dos ese día) quienes reconocieron quién era Él.

Hubo varios que entraron y salieron ese día del templo, pero ellos eran los que habían estado esperando en la presencia del Señor, y los que identificaron a Jesús cuando Él llegó. Y después, «llegando ella en ese preciso momento, daba gracias a Dios, y hablaba de Él a todos los que esperaban la redención de Jerusalén» (v.38).

Entonces ella tenía esta red de relaciones. Ella había ganado el derecho a ser escuchada. Ella era sensible hacia lo que Dios estaba haciendo. Y era también una mujer agradecida, una mujer de oración —no vivió esos años en autocomplacencia, o gastando su vida. Ella vivió con un propósito, ella vivió intencionalmente. Y además tuvo este ministerio como evangelista a sus ochenta y cuatro años, ¡hablar acerca de Jesús!

Y también, me pongo a pensar en otras mujeres que cuando envejecen, llegan a ser criticonas, intolerantes y egocéntricas. De hecho, tuve dos tías abuelas que eran hermanas y vivieron juntas con miembros de la familia por muchos años. Las dos eran de origen griego y nunca llegaron a hablar bien el inglés.

Una de ellas era muy cariñosa, llena de gracia, con un corazón lleno de bondad y dadivoso. Les diré solamente, que la otra era difícil. Te ponías a pensar cómo dos hermanas podían ser tan diferentes. Y cómo nosotras podemos dar forma a nuestro ambiente con nuestras prioridades, con nuestro espíritu, con lo que hablamos, a lo que damos importancia, y cómo respondemos…

¡Las dos hermanas eran tan diferentes! Recuerdo verlas en mi juventud y pensaba, «bueno, yo voy a crecer y llegar a ser una de esas dos mujeres. ¿Cuál me gustaría ser? Bueno, yo quiero ser como la que es cariñosa, llena de gracia, la que despide un aroma fragante con su presencia». Y la verdad que eso me ayudó. Yo vi esto en mi juventud y me di cuenta que yo no voy a llegar a ser esa mujer cariñosa, llena de gracia, y fragante algún día, si no me estoy convirtiendo en eso ahora.

Esta es la razón por la cual yo animo a las jóvenes a que piensen en qué clase de mujer mayor les gustaría llegar a ser…que se den cuenta de que «no van despertarse un día con las cualidades que han deseado». Holly, es cariñosa. yo no nací con esa cualidad.

Permítanme decir una cosa a las que son solteras—me he dado cuenta, que al nosotras envejecer, llegamos a ser menos agradecidas, menos cariñosas, más criticonas, más intolerantes, más censuradoras. Al ver esto en otra gente, esto ha llegado a ser para mí un aviso, una advertencia de precaución. Me he dicho a mí misma: «Bueno yo quiero ser más agradecida, más amorosa, más cariñosa, más sensible hacia las necesidades de los demás».

Quiero demostrar con mi vida las siguientes palabras: «Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va aumentando en resplandor hasta que es pleno día».

¿Cómo se ve esto? ¿Cómo luce? Señor, ¿cómo quieres que se vea mi vida? ¿Cómo me puedo rodear de personas y cómo puedo intencionalmente buscar personas que me ayuden a llegar a ser más como esa clase de mujer? Holly, de verdad, no me siento vieja. Pero, yo pienso que al envejecer yo quiero colocarme en una trayectoria que me ayude a llegar a ser una mujer fragante, agradecida, fructífera y fiel a Dios.

Kim: Nancy, te quieres preparar para eso sabiendo que, «hay algunas tendencias que ya tienes», y le pides a Dios que te cambie, que te madure en Cristo a medida que vas envejeciendo. Creo que es muy necesario que continuemos cultivando un espíritu enseñable hasta nuestro último aliento.

Rebecca: Hasta nuestro último aliento.

Holly: En nuestra iglesia en Oklahoma había una mujer llamada, Naomi Davis. Ella había enviudado, y era a lo que mi esposo llamaba «una luchadora», pero con un tremendo corazón para el Señor. Ella fue con nosotros a varios viajes misioneros. Al final del día llegábamos al hotel agotados, y ella entraba y decía, «¿por qué están aquí sentados? ¿Están cansados?» Y nosotros respondíamos, «¡sí!»

Entonces le dijimos a la señora Davis (creo que en esos tiempos tenía ochenta y cuatro años), «sería bueno que te quedaras en el hotel hoy y descansaras un poquito». Habíamos trabajado largos días. Nos marchamos para hacer cosas del ministerio, y ella esperó quince minutos después de que nos fuimos, y se escapó del cuarto, bajó al lobby del hotel y empezó a evangelizar a la gente toda la tarde, ya que nosotros nos habíamos retirado.

Ella era una mujer fenomenal. Recuerdo lo que me dijo sobre su viaje misionero a India— creo que tenía setenta y siete años en ese tiempo. Ella nos contó: «Yo entré a mi cuarto de hotel en India, y cuando quité el cubrecamas me di cuenta que las sábanas estaban sucias y cubiertas de arañas. En cada esquina del cuarto había arañas. Yo vi eso y pensé, «hay gente aquí en este pueblo que no conoce a Jesús, y estas arañas no me van a detener de hablar de Jesús con ellos. Yo barrí las arañas de mi almohada y dormí como un bebé».

Ella tenía setenta y siete años, y ella era una guerrera para el Señor. Ella no quería desperdiciar ni un día y estaba ansiosa por que otros conocieran a Cristo.

Nancy: Permítanme compartir con ustedes una carga que he llevado en mi corazón a través de los años que hemos grabado Aviva Nuestros Corazones, y es todo esto de la generación de los Baby Boomers los nacidos en los años sesenta… a la que pertenecemos muchas de nosotras. Hay setenta y siete millones de personas nacidas en los sesenta, en los Estados Unidos solamente. La primera ola de este grupo ha llegado ya a la edad de retiro, con mucho tiempo todavía por delante.

Esta es la generación más grande que nuestro país jamás haya tenido, y la que, probablemente, jamás tendrá alguna vez—debido a la disminución de la tasa de natalidad. Esa generación está viviendo más tiempo, y más saludable. A pesar de los desafíos financieros, esta generación, de hecho, está en mejor condición que las generaciones pasadas. Qué sería si millones de aquellas mujeres nacidas en los años sesenta fueran cristianas—seguidoras de Cristo—quienes tienen ahora ya sus hijos mayores.

Durante esa época hay una ventana de varios años, donde tus hijos ya son mayores y antes de que lleguen los nietos. Muchas mujeres todavía tienen mucha energía, tienen tiempo, y algunas tienen recursos. Lo que está sucediendo es que las esposas de pastores, las mujeres líderes de ministerio me han dicho que «muchas de las mujeres de esa generación están regresando a trabajar fuera del hogar porque quieren obtener algo de significado para sus vidas, algo interesante para ellas, y quieren evitar el aburrimiento».

Hay mujeres que nos dicen, «no hay nadie dirigiendo el ministerio de mujeres en nuestra iglesia local». ¿Entonces quién lo está haciendo? Las jóvenes lo están haciendo, las que todavía tienen niños pequeños y no tienen la experiencia de la vida. Ellas necesitan la influencia de estas mujeres mayores. Estas jóvenes dicen: «¿Dónde están las mujeres mayores?» Y muchas de las mujeres mayores dicen: «Ya nosotras cumplimos con nuestra parte».

Me pongo a imaginar, ¿qué sería si millones de estas mujeres nacidas en los sesenta, quienes son seguidoras de Cristo —o dicen serlo—qué sería si ellas dijeran, «esta temporada de mi vida es un regalo de Dios». El punto aquí no es si tú trabajas o no trabajas fuera del hogar. El punto aquí es si estás invirtiendo tu vida y estás haciendo que sea relevante de alguna manera que demuestre que estás pensando más allá de esta vida… ¿estás pensando en la eternidad?

Me pongo a pensar en Elisabeth Elliot quien empezó el programa de radio Gateway to Joy. ¡Ella tenía sesenta y tres años cuando comenzó esto!

Holly: Yo le pregunté a Susan Hunt, «¿cuántos años tenías cuando escribiste tu primer libro?»

Y ella me dijo, «oh… sesenta y algo». ¡En ese tiempo fue cuando ella empezó a escribir libros!

Nancy: No estamos diciendo que cada mujer va a escribir libros o a empezar un programa de radio. No se trata de lo público o visible que sea tu ministerio, pero la pregunta es: ¿Estás invirtiendo tu vida?

Tal vez tú digas, «yo no conozco a ninguna joven; ellas no están interesadas en lo que yo tengo que ofrecerles». Si tú estás dispuesta y buscas a tu alrededor y le preguntas al Señor, «¿qué tienes para mí en esta temporada de mi vida?», te sorprenderías. Y me encanta la historia de Caleb después de haber servido al Señor fielmente por muchos años el dijo, «dame ese monte, dame un monte más Jehová». Él dijo eso cuando tenía ochenta y cinco años.

Caleb dijo: «Yo quiero hacerlo por el Señor». Él dice: «Tú me has dado la fortaleza; y me has dado el deseo para hacer esto». Y él lo hizo. Él conquistó la ciudad que le pertenecía a los hijos de Anac. ¿Sabes quiénes fueron los hijos de Anac? Cuarenta años atrás, Caleb, fue uno de los espías que fue a explorar el territorio de Israel y (diez de ellos regresaron y dijeron, «¡son más fuertes que nosotros!» Josué y Caleb dijeron, «por la gracia de Dios podemos contra ellos»). Fueron los hijos de Anac a los que se refirieron como gigantes en ese entonces.

Eso fue lo que les impidió a los hijos de Israel entrar a la tierra prometida. Cuarenta y cinco años después cuando Caleb tenía ochenta y cinco años de edad dijo: «Yo quiero conquistar a los hijos de Anac, y lo quiero hacer para la gloria de Dios». Yo pienso que a los ochenta y cinco años, se te disculparía no querer conquistar gigantes o montañas ¿verdad? ¿Pero qué tal si Dios tiene algo planeado para mí, o para ti, en términos de invertir nuestras vidas en las vidas de otras?

Puedes imaginarte si una multitud de mujeres cristianas en este país —y en todos los pases, y mujeres solteras— dijeran: «Yo tengo la libertad…yo me puedo mudar a otro país para compartir el nombre de Jesús; yo puedo aprender otro idioma o yo puedo mudarme al centro de la ciudad e involucrarme en ayudar a esta comunidad y compartir el nombre de Jesús, o me puedo involucrar en un centro donde brindan ayuda a jóvenes embarazadas para conservar sus embarazos, o en el ministerio de las cárceles, o en clases de niños de doce años».

Las oportunidades son innumerables. ¿Por qué les dejamos la responsabilidad a las madres jóvenes con varios niños –en una temporada en donde ellas se encuentran cansadas, rendidas– cuando Dios nos da a nosotras una etapa donde todavía hay algo de reserva? Vamos a asegurarnos de que le estamos preguntando a Él, cómo podemos usar esta reserva para Su gloria y para el avance de Su reino.

Esto es parte de la visión de Aviva Nuestros Corazones, que haya un grupo grande de esa generación nacida en los sesenta que diga, «nosotras no nos vamos a dormir». Pregúntale al Señor, «¿Señor, tienes algo con propósito eterno, con significado para mi vida?» No tiene que ser algo grandioso.

Qué si millones de nosotras mujeres cristianas dijéramos –cuando Dios nos pone en una etapa con tiempo y recursos en nuestras manos– «Señor heme aquí, estoy dispuesta. ¿Con quién puedo yo compartir a Jesús? ¿A quién puedo yo discipular, mentorear? ¿A quién puedo yo alimentar y nutrir? ¿Cómo puedo servir? ¿Para quién puedo elaborar comidas? ¿Con quién quieres que me conecte?»

Dios colocará una pasión en tu corazón, colocará las oportunidades ahí. Mi oración es que estemos dispuestas, y que respondamos: «Sí, Señor». Yo creo que a través de este tipo de contrarrevolución silenciosa, podemos tener una gran influencia en la falta de interés por el evangelio, la mundanalidad, el egoísmo, entre muchas de aquellas que vienen detrás de nosotras.

Y creo que Dios puede enviarnos un avivamiento si hay mujeres de oración, mujeres de servicio, mujeres dadivosas, mujeres que van. No estoy diciendo que tienes que estar ocupada cada minuto del día. Tal vez seas como Ana, a quien Dios llamó para orar por varias horas al día. Tal vez ese es el llamado de Dios para ti. Yo no sé cuál es, pero busca lo que es, y deja que Dios te use para Su gloria y para Su reino. Entonces que se diga de ti, lo que se dice en Proverbios 4:

«Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va aumentando en resplandor hasta que es pleno día».

El pleno día… es cuando nosotras veamos a Jesús. Entonces, solamente te quiero retar a que dejes que la luz de Cristo que hay en ti brille más y más. No dejes que el cansancio—o cualquier otra cosa—sea una excusa para lo que Dios tal vez quiere hacer por medio de tu vida en esta temporada.

Annamarie: Guau… Este programa ha sido increíble. Si has sido bendecida a través de lo que has escuchado, te animo a que compartas el enlace a este programa con más mujeres. Hazlo fácilmente a través de nuestra aplicación, Aviva Nuestros Corazones, o de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Hoy escuchaste la conclusión de una conversación entre Nancy DeMoss Wolgemuth, Kim Wagner, Holly Elliff y Rebecca Lutzer. Ellas te han ayudado a ver el propósito por el cual Jesús te ha hecho parte de su cuerpo —¡se trata de una misión de significado eterno! Es tiempo de invertir en la próxima generación y de abrazar las bendiciones que Dios tiene para ti en la medida en que vives conforme a Su diseño.

Quizás en el momento de tu vida en que te encuentras, sientes como si estuvieras atravesando una gran tormenta en el mar... ¿Piensas que nunca llegarás a tierra firme? En nuestra próxima serie Nancy te hablará acerca de la esperanza que tienes y cómo puedes aprender a confiar solo en Dios. Asegúrate de acompañarnos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a no solo sobrevivir en la vida cristiana sino a tener una vida fructífera en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre los maestros

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

Rebecca Lutzer

Rebecca Lutzer

Rebeca ha usado sus dones de compartir animo y enseñanza para ministrar a las mujeres durante sus 40 años como esposa de pastor. Ella está casada con el pastor y autor Erwin Lutzer de Moody Church en Chicago. Su pasión es que las mujeres sepan y vivan la verdad de la Palabra de Dios. Ella también es una enfermera registrada y ha disfrutado trabajar como enfermera quirúrgica por varios años. Es la autora de “Versículos Bíblicos que cambian la vida que toda mujer debe saber” e “Increíbles versos Bíblicos que todo niño debe saber”, es también coautora de “Jesús, el amante del alma de una mujer”.

Kimberly Wagner

Kimberly Wagner

La pasión de Kimberly Wagner es Cristo, y ella desea encender la búsqueda de la gloria de Dios por parte de las mujeres. Es autora de, y es una invitada frecuente al programa de radio de Revive Our Hearts, así como colaboradora habitual del blog de True Woman. A ella le gusta compartir con las mujeres y escuchar lo que Dios está haciendo en sus vidas.

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