Día 1 | Mateo 1
Bienvenida al reto de lectura bíblica del Nuevo Testamento y los Salmos en un año.
¡Hoy damos inicio con Mateo capítulo 1!
Es bueno que tengas en mente que, antes de que los acontecimientos que leemos hoy ocurrieran, pasaron aproximadamente 400 años de silencio en los cuales no hubo palabra directa de Dios para con Su pueblo, en este tiempo Dios no levantó a ningún profeta en Israel. Y aunque Dios no habló directamente a Su pueblo, la preparación del escenario histórico como: el dominio romano, la expansión del idioma griego y el sistema de caminos, facilitó la difusión del mensaje del evangelio. Era el tiempo perfecto para que el Mesías viniera (Gálatas 4:4).
Mateo nos presenta a Cristo como el Rey prometido del Antiguo Testamento, estableciendo así un puente entre los pactos del Antiguo Testamento y el cumplimiento de esos pactos manifestado en Jesús. El libro …
Bienvenida al reto de lectura bíblica del Nuevo Testamento y los Salmos en un año.
¡Hoy damos inicio con Mateo capítulo 1!
Es bueno que tengas en mente que, antes de que los acontecimientos que leemos hoy ocurrieran, pasaron aproximadamente 400 años de silencio en los cuales no hubo palabra directa de Dios para con Su pueblo, en este tiempo Dios no levantó a ningún profeta en Israel. Y aunque Dios no habló directamente a Su pueblo, la preparación del escenario histórico como: el dominio romano, la expansión del idioma griego y el sistema de caminos, facilitó la difusión del mensaje del evangelio. Era el tiempo perfecto para que el Mesías viniera (Gálatas 4:4).
Mateo nos presenta a Cristo como el Rey prometido del Antiguo Testamento, estableciendo así un puente entre los pactos del Antiguo Testamento y el cumplimiento de esos pactos manifestado en Jesús. El libro abre de la siguiente manera: «Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham».
Creo que Mateo es muy intencional en comenzar su evangelio de esta manera. El pastor Sugel Michelén, en la introducción al evangelio de Mateo, en la Biblia Devocional Mujer Verdadera, nos dice: «De esta forma presenta a Jesús como el Mesías que anunciaron los profetas, en quien se cumplen las promesas de los pactos de Dios con Abraham y David».
¿Tú lo recuerdas? Echemos un vistazo rápido para refrescar la memoria. Abre tu Biblia o toma nota para que revises las siguientes citas...
- Pacto de Dios con Abraham: Génesis 17:4–5
- Pacto de Dios con David: 2 Samuel 7:12–16
Abraham recibe la promesa de Dios sobre una descendencia, y David recibe la promesa de un hijo cuyo trono durará para siempre. Mateo conoce estas profecías y confirma que se cumplen en Cristo al escribir: «Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham». ¿No es esto asombroso? Estos pactos de Dios con Abraham y David también nos apuntan a que el Mesías ciertamente traería bendición a todas las naciones (Génesis 12:3) y que Su reino sería eterno (2 Samuel 7). Al comenzar con esta genealogía en el versículo 1, Mateo está estableciendo legalmente el derecho de Jesús al trono de David, un requisito esencial del Mesías prometido.
Después, mientras continuamos leyendo Mateo, en los versículos 2 al 17, encontramos la genealogía de Jesús. Me resulta de mucho ánimo leer los nombres de 4 mujeres que se mencionan en esta genealogía y recordar el contexto en el que vivían.
1. Tamar era nuera de Judá; ella le dio dos hijos a su suegro: Fares y Zara. Recuerda por qué sucedió esto leyendo Génesis 38.
2. Rahab era una prostituta; ella fue quien escondió a los dos espías israelitas que fueron a reconocer la tierra prometida, y quien, a pesar de nunca haber sido instruida en los caminos de Dios, le exaltó como Señor «arriba en los cielos y abajo en la tierra». Lee más de su historia en Josué 2.
3. Rut era una mujer moabita, una extranjera que al quedar viuda de un varón israelí, tenía la libertad de volver con su parentela; sin embargo, ella decidió quedarse con su suegra Noemí, obedecerla y servirla. Esto implicó que ella se casara y se convirtiera en la bisabuela del rey David. Recuerda esta historia leyendo el libro de Rut.
4. Betsabé era esposa de Urías; ella cometió adulterio con el rey David y quedó embarazada mientras su esposo estaba en la guerra. Esta falta terminó en que David mandó matar a Urías y se quedó con Betsabé. Puedes leer esta historia en 2 Samuel 11.
Ante los ojos humanos, ninguna de estas mujeres era «digna» de estar en la genealogía del Mesías; sin embargo, por gracia, sus historias nos recuerdan a un Dios que hace lo que le place a pesar de nosotras. Además, sus historias prefiguran la inclusión de los gentiles y marginados en el plan redentor de Dios, anticipando el alcance universal del evangelio que veremos desarrollado en el ministerio de Jesús.
Como bien dice John Piper:
El punto no es que existe una cierta clase de personas que son elegidas por Dios. El punto es que Dios es libre de elegir para que participen de Su gracia a los menos indicados. Del mismo modo que sucedió con la elección de Abraham (el idólatra menos probable de Ur), Isaac (el hijo de la vejez nacido por obra de un milagro) y Jacob (el menor de hermanos gemelos), Dios contradice lo que el mérito humano dicta. Se esconde de los sabios y se revela a los más indefensos y mediocres.1
El nacimiento de Jesucristo
En esta porción encontramos el relato del nacimiento de Jesús. Lo más remarcable de esta porción es que Mateo menciona que el nacimiento de Jesús viene a ser el cumplimiento de la profecía que encontramos en Isaías 7:14 que dice: «Por tanto, el Señor mismo les dará esta señal: Miren, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel».
Mateo enfatiza que el nacimiento de Jesús no fue un evento aislado, sino el cumplimiento exacto de la profecía dada a la casa de David. Esta señal —una virgen que concibe— no es solo un milagro, sino la encarnación de Dios entre Su pueblo.
¡Me encanta la intencionalidad de Mateo en citar la Palabra misma y lo dicho por los profetas! No deja espacio a la duda afirmando que Jesús es ese niño concebido por una virgen cuyo nombre es Emmanuel.
Emmanuel, como leemos en Mateo 1:23, literalmente significa: «Dios con nosotros». Este nombre solo aparece una vez en el Nuevo Testamento y en dos pasajes del Antiguo Testamento; sin embargo, es un tema que se mantiene durante toda la Escritura. Este no es Su nombre en el mismo sentido en que «Jesús» es Su nombre, es más bien un título o una descripción de lo que Él es. Todo lo que este nombre significa se cumplió, halló su cumplimiento en Jesús.
El nombre «Emmanuel» revela que Dios no solo cumple Su promesa de redención, sino que también habita entre Su pueblo. Esta verdad se perfeccionará en la nueva creación, cuando Dios habite para siempre con los Suyos (Apocalipsis 21:3).
Hay dos nombres más de Cristo que encontramos en Mateo 1.
Jesucristo (Mateo 1:1, 18), queproviene de la combinación de 2 palabras: «Jesús», que significa «Jehová salva» y «Cristo», que significa «el Ungido». Este nombre para Cristo lo encontramos alrededor de 1,000 veces en la Biblia.
Y Jesús (Mateo 1:16, 21, 25), que es el equivalente griego al nombre del Antiguo Testamento en hebreo «Josué». Este nombre, «Josué», viene de dos palabras cortas en hebreo: la primera es «Jehová» y la otra es «el Verbo», que significa «salvar». Así que el nombre «Josué» significa «Jehová salva, Jehová libera», o «Jehová es salvación».
Para meditar:
- Amada hermana, ¿cuál era tu condición cuando Cristo te salvó? ¿En qué circunstancias te encontrabas? Te invito a glorificar a Dios por haberte elegido para salvación. Si es posible, comparte tu testimonio de salvación con alguien más hoy.
- El hecho de que podamos ver la realidad de nuestra condición caída es gracia de Dios. ¿Cómo puedes ser hoy intencional en dar gracias a Dios por el hecho de que el nacimiento de su Hijo unigénito vino a ser «luz de revelación a los gentiles»?
- ¿Cómo te anima saber que Dios usó a personas con pasados complicados en Su plan redentor?
Referencias:
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John Piper, La sonrisa escondida de Dios: el fruto del gozo inquebrantable en la vida de John Bunyan, William Cowper y David Brainerd (Barcelona: Editorial CLIE / Desiring God, 2008).
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