Día 100 | Juan 4
¡Ya llevamos 100 días recorriendo la Palabra y ha sido ese refrigerio que necesitamos para cada día! El día de hoy llegamos a una escena donde Jesús se detiene junto a un pozo... no solo para calmar Su sed, sino para transformar un corazón sediento de verdad.
Jesús la encontró en plena luz del día
Este fue uno de los encuentros más extraordinarios que tuvo Jesús, en el que se acerca a conversar con una mujer, y no cualquier mujer, una samaritana. Por el contexto histórico sabemos que los judíos no tenían tratos con personas de Samaria; eran prácticamente enemigos. Jesús no solo cruzó un camino físico hacia Samaria, sino una frontera cultural, étnica y moral… para salvar a una mujer y encender un avivamiento en toda una ciudad.
Cerca del mediodía, una hora de mucho calor y sed, Jesús se sentó junto a un pozo y …
¡Ya llevamos 100 días recorriendo la Palabra y ha sido ese refrigerio que necesitamos para cada día! El día de hoy llegamos a una escena donde Jesús se detiene junto a un pozo... no solo para calmar Su sed, sino para transformar un corazón sediento de verdad.
Jesús la encontró en plena luz del día
Este fue uno de los encuentros más extraordinarios que tuvo Jesús, en el que se acerca a conversar con una mujer, y no cualquier mujer, una samaritana. Por el contexto histórico sabemos que los judíos no tenían tratos con personas de Samaria; eran prácticamente enemigos. Jesús no solo cruzó un camino físico hacia Samaria, sino una frontera cultural, étnica y moral… para salvar a una mujer y encender un avivamiento en toda una ciudad.
Cerca del mediodía, una hora de mucho calor y sed, Jesús se sentó junto a un pozo y esta samaritana vino a sacar agua; Él le dijo: «Dame de beber». La mujer se sorprendió tanto que no titubeó en decir: «¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». Lo que ella no sabía es que Jesús vino precisamente a buscar a quienes el mundo considera indignos, rechazados o invisibles. Como Él mismo más adelante afirmó, vino a buscar y salvar lo que se había perdido.
Seguimos leyendo y vemos que Jesús se presenta a ella como el Agua Viva, un agua que sacia, y quien toma de ella no tiene sed jamás. En ese momento podemos ver la humanidad de Cristo (tiene sed), pero también vemos Su divinidad (porque le ofrece agua viva). Él se acerca a quien el mundo considera indigno y le ofrece salvación. Ella recibe una invitación al evangelio, a un agua que brota para vida eterna.
La conversación continúa y Jesús le revela áreas de pecado que ella tenía, no para humillarla, sino para sanarla. Es ahí donde ella comienza a reconocer quién es Jesús. Le dice: «Señor, me parece que Tú eres profeta», y toda la conversación se eleva de lo personal a lo espiritual.
En los versículos 19 al 26 vemos que la conversación toma un giro profundo: la adoración no dependerá más de un lugar físico, sino de una Persona. Este fue un giro radical en la teología judía: el culto ya no se centraría en templos geográficos, sino en un Mesías que habita en nosotras por Su Espíritu. La adoración verdadera, le explica Jesús, es en espíritu y verdad, y nace de un corazón regenerado por la Palabra viva.
En ese contexto, ella le dice: «Sé que el Mesías viene (el que es llamado Cristo); cuando Él venga, nos declarará todo». Y Jesús responde: «Yo soy, el que habla contigo». ¡Qué escena tan impactante! Ella lo había llamado primero «judío», luego «profeta»… y ahora escucha la declaración más clara que Jesús da de Sí mismo en todo el evangelio. Solo a ella, una mujer marginada y despreciada por su pueblo, le fue revelada esta verdad de forma tan directa. ¡Qué muestra tan poderosa de gracia!
La mujer quedó tan maravillada que dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo a los hombres todo lo que le había sucedido. Dice la lectura que aquellos que la escucharon salieron de la ciudad y fueron adonde Él estaba. ¡Gloria a Dios! Esta mujer reconoció a Cristo y de inmediato fue a proclamar lo que le había acontecido.
Cuando tenemos un encuentro real con Cristo, no podemos quedarnos calladas; es tal el asombro por quién Él es que salimos corriendo a contar Sus maravillas. Esta mujer vivía en vergüenza, pero Cristo transformó Su corazón y la llevó a una vida de valentía; antes evitaba al pueblo… ahora lo corre a buscar. Su cántaro quedó atrás, porque ahora lleva un mensaje más urgente que el agua.
Me impacta mucho cómo llegó el evangelio a esta ciudad; veámoslo juntas en los versículos 39 al 42:
Y de aquella ciudad, muchos de los samaritanos creyeron en Él por la palabra de la mujer que daba testimonio, diciendo: «Él me dijo todo lo que yo he hecho». De modo que cuando los samaritanos vinieron, rogaban a Jesús que se quedara con ellos; y Él se quedó allí dos días. Muchos más creyeron por Su palabra, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho, porque nosotros mismos le hemos oído, y sabemos que Este es en verdad el Salvador del mundo».
La historia de esta mujer muestra que la evangelización nace del asombro ante Cristo. La evangelización no comienza con un plan… comienza con un corazón cautivado por la gracia.
Curación del hijo de un oficial del rey
Si en Samaria vimos cómo Jesús tocó a una marginada, ahora lo vemos responder a un hombre de influencia. Ambos necesitaban lo mismo: una fe viva en Su Palabra. Vimos anteriormente cómo Jesús se acercó a una persona a la que nadie le quería hablar, pero aquí vemos que tiene una conversación con un oficial del rey, un hombre del que podemos estar seguras que tenía un lugar de importancia y prestigio, alguien del que muchos querían estar cerca. Otra prueba más de que Jesús se acerca a todos sin acepción de personas, porque Él mira el corazón.
En estos versículos ocurre un milagro: este oficial del rey tenía un hijo enfermo, y cuando oyó que Jesús estaba en la ciudad, fue a Su encuentro y le suplicaba que fuera a ver a su hijo para que lo sanara, ya que estaba al borde de la muerte. Pero Jesús no fue; Él lo sanó desde el lugar en donde estaba, otra muestra del poder de Cristo y Su Palabra. Cuando Él habla, las cosas suceden según Su soberana voluntad, y así fue. Jesús no necesitó tocar al niño. Su Palabra es suficiente. No hay distancia que limite Su autoridad. Le dijo a este oficial: «Puedes irte, tu hijo vive», y lo sobrenatural ocurrió.
El oficial creyó en las palabras que Jesús le dijo, y cuando bajaba a su casa, sus siervos le informaron que su hijo vivía y supo que había empezado a mejorar justo a la hora que Jesús le dijo: «Tu hijo vive». Este milagro también trajo a muchos a Cristo; vemos que al final creyó no solo el oficial del rey, sino también toda su casa.
Para meditar:
- ¿Estás creyendo y confiando plenamente en la Palabra de Dios?
- ¿Es Cristo quien cubre todas tus necesidades? ¿Estás corriendo a Él como esa fuente de agua viva?
- ¿Estás bebiendo diariamente del Agua Viva, o sigues cargando cántaros vacíos?
- ¿Estás compartiendo con otros lo que Cristo ha hecho en tu vida para que otros también puedan conocerle?
Si no es así, hoy puedes empezar a hacerlo, así como la samaritana que corrió a contar a todos, y así como el oficial que, por lo que Cristo hizo en su vida, toda su casa creyó en Él.
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