Día 11 | Salmos 7 y 8
Salmo 7
Un lamento de David, que cantó al Señor por causa de Cus, el benjamita
«Oh Señor, Dios mío, en Ti me refugio;
sálvame de todo el que me persigue, y líbrame». -Salmos 7:1
El título del Salmo 7 menciona a Cus, el benjamita, pero la Escritura no nos da información clara sobre quién era este personaje. La tradición judía y varios comentaristas han sugerido dos posibles contextos:
- Relacionarlo con Saúl, quien también era benjamita y fue uno de los principales perseguidores de David.1
- Relacionarlo con Simei, también benjamita, que maldijo públicamente a David cuando huía de Jerusalén durante la rebelión de Absalón (2 Samuel 16:5–13).2
En ambos casos, lo que queda claro es que David está siendo acusado falsamente, probablemente con el fin de justificar una agresión o persecución contra él. Por eso el …
Salmo 7
Un lamento de David, que cantó al Señor por causa de Cus, el benjamita
«Oh Señor, Dios mío, en Ti me refugio;
sálvame de todo el que me persigue, y líbrame». -Salmos 7:1
El título del Salmo 7 menciona a Cus, el benjamita, pero la Escritura no nos da información clara sobre quién era este personaje. La tradición judía y varios comentaristas han sugerido dos posibles contextos:
- Relacionarlo con Saúl, quien también era benjamita y fue uno de los principales perseguidores de David.1
- Relacionarlo con Simei, también benjamita, que maldijo públicamente a David cuando huía de Jerusalén durante la rebelión de Absalón (2 Samuel 16:5–13).2
En ambos casos, lo que queda claro es que David está siendo acusado falsamente, probablemente con el fin de justificar una agresión o persecución contra él. Por eso el salmo tiene un tono de defensa personal, un clamor desde la angustia de un hombre inocente que busca refugio en Dios.
El Salmo 7 pertenece a la categoría de salmos imprecatorios y salmos de súplica individual, y puede estar conectado con varias etapas de la vida de David donde enfrentó acusaciones injustas y persecución activa, especialmente durante el conflicto prolongado con el rey Saúl.
El salmo comienza con un clamor desesperado pero lleno de fe:
«Oh Señor, Dios mío, en Ti me refugio…».
David no está huyendo a estrategias políticas ni a alianzas humanas. Su primer impulso es correr a su Castillo Fuerte. Esto refleja su relación íntima y constante con Dios, su refugio en todo tiempo.
Luego, en los versículos 3–5, David apela a su conciencia limpia, primero dice:
«Oh Señor, Dios mío, si yo he hecho esto,
si hay injusticia en mis manos…».
David no se declara perfecto, pero sabe que las acusaciones en su contra son falsas. Este tipo de defensa era común en la literatura hebrea y se conoce como una declaración de inocencia con juramento. Él dice, en esencia: Si yo soy culpable, que me persigan y destruyan. Pero no lo soy.
En el versículo 6, David usa expresiones un poco fuertes:
«Levántate, oh Señor… álzate… despiértate…».
Aunque pueden sonar exigentes, estas no son palabras de presunción, sino de fe y urgencia. David está apelando a la intervención de un Dios justo que no permanece indiferente ante la injusticia. Estas expresiones son comunes en la literatura de súplica (véase también Salmo 44:23; Isaías 51:9).
En este pasaje, David reconoce que Dios es:
«Juez justo… un Dios que se indigna cada día contra el impío».
En los versículos del 10-16 David establece un contraste muy fuerte: los justos son defendidos por Dios, mientras que los impíos cavarán su propia ruina. Hay imágenes gráficas, como la del impío que cava un hoyo para otros, pero cae él mismo en su trampa pues «concibe la iniquidad y da a luz el engaño».
Este lenguaje poético muestra cómo el pecado, aunque puede parecer oculto al principio, inevitablemente da fruto de destrucción. Es también una advertencia para el lector: no se puede esconder el corazón delante del Juez del universo.
El salmo termina con una nota de gratitud y adoración:
«Daré gracias al Señor conforme a Su justicia,
y cantaré alabanzas al nombre del Señor, el Altísimo».
A pesar de la angustia, David no espera a ver la solución para alabar. Su confianza en el carácter justo de Dios lo lleva a agradecer incluso antes de la vindicación visible. Este es un modelo de fe: alabanza anticipada porque conoce el carácter de Aquel en quien ha confiado.
Cuán glorioso es el nombre de Dios en toda la tierra
El Salmo 7 cerró con una nota de confianza y alabanza: «Daré gracias al Señor conforme a Su justicia, y cantaré alabanzas al nombre del Señor, el Altísimo». Ese canto de gratitud se convierte en adoración profunda en el Salmo 8. Después de clamar por justicia, después de enfrentarse a acusaciones y enemigos, David levanta la mirada al cielo y se maravilla: ¿Quién soy yo para que el Dios que gobierna todo se acuerde de mí?
La transición es teológicamente significativa: primero vemos a Dios como Juez Justo, ahora como Creador glorioso y Rey soberano, que pone Su gloria incluso en los labios de los más pequeños y que corona al ser humano con dignidad real.
En el Salmo 8 David exalta a Dios sobre toda Su creación, pero se maravilla porque Dios ha decidido poner a una de Sus criaturas a gobernar sobre las otras. Y la diferencia que tenemos nosotros sobre otras de sus criaturas es la imagen de Dios (imago dei). Aquí David expresa asombro y humildad. La creación revela el poder de Dios, y al mismo tiempo expone la pequeñez del ser humano frente a la inmensidad del universo; sin embargo, —¡misterio glorioso!— Dios ha puesto Su atención sobre el hombre, lo ha coronado de gloria y le ha dado dominio sobre sus obras.
David no solo muestra la pequeñez humana, sino también la ternura de Dios. Como nos recuerda Hebreos 4:16, es por Su infinita bondad y compasión que podemos acercarnos con confianza al trono de la gracia para recibir misericordia. El Salmo 8, leído a la luz del evangelio, nos invita a ver que Cristo —el verdadero Hijo del Hombre— tomó esta posición de dominio y gloria para redimirnos y restaurarnos.
El autor de Hebreos cita el Salmo 8 y lo aplica directamente a Jesús como el cumplimiento perfecto del «hijo del hombre» (Hebreos 2:6–9). Cristo, humillado por un tiempo, ha sido coronado de gloria y honra. Así, el Salmo 8 no solo exalta la dignidad del ser humano, sino que apunta al Rey-Hombre glorificado, Jesucristo.
Para meditar:
-
Cuando enfrentas acusaciones injustas, malentendidos o persecuciones, ¿dónde buscas refugio?
- ¿Confías, como David, en que Dios es tu escudo y que juzga con justicia?
- ¿Te detienes a contemplar la majestad de Dios en la creación y a reconocer tu pequeñez ante Su grandeza?
- ¿Buscas tu propia gloria o vives para reflejar la de Él?
- Spurgeon, Ch. El Tesoro de David.
- Keil, C. & Delitzsch, F. Old Testament Commentary.
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