Día 13 | Mateo 9
Meditemos hoy juntas en Mateo 9. Si no has leído la lectura de hoy en tu Biblia, te recomiendo que lo hagas antes de seguir con esta reflexión; de esa forma, este corto devocional será mucho más enriquecedor para ti.
Como enfatizamos en nuestra lectura de Mateo 8, la intención del autor es dar una idea de la identidad de Jesús. Quiere enseñarnos y convencernos de quién es Él, por lo tanto, nos está dando detalles acerca de su vida, lo que hizo, las palabras que usaba al responder a otros, los lugares que concurría, etc.
Cristo continúa sanando y enseñando, tanto a Sus discípulos como a las multitudes que se agrupaban para verlo y escucharlo. Nuestro pasaje de hoy enfatiza la autoridad de Cristo en la tierra para perdonar pecados y sanar enfermos, y la misión de Sus discípulos. Cada día tenemos que recordar que somos ciudadanos …
Meditemos hoy juntas en Mateo 9. Si no has leído la lectura de hoy en tu Biblia, te recomiendo que lo hagas antes de seguir con esta reflexión; de esa forma, este corto devocional será mucho más enriquecedor para ti.
Como enfatizamos en nuestra lectura de Mateo 8, la intención del autor es dar una idea de la identidad de Jesús. Quiere enseñarnos y convencernos de quién es Él, por lo tanto, nos está dando detalles acerca de su vida, lo que hizo, las palabras que usaba al responder a otros, los lugares que concurría, etc.
Cristo continúa sanando y enseñando, tanto a Sus discípulos como a las multitudes que se agrupaban para verlo y escucharlo. Nuestro pasaje de hoy enfatiza la autoridad de Cristo en la tierra para perdonar pecados y sanar enfermos, y la misión de Sus discípulos. Cada día tenemos que recordar que somos ciudadanos de la patria celestial, y que nuestro modelo a seguir y a reflejar es Jesucristo: Su corazón, Su carácter; en lugar de ser simples espectadores que permanecen indiferentes.
Ante un mundo caído lleno de dolor, Dios nos llama a actuar en fe y compasión, no con apatía, incredulidad o rechazo. Como hijas Suyas, estamos llamadas a llorar con los que lloran, a considerar el dolor del otro como nuestro dolor, y así mismo gozarnos si Dios les imparte salvación. No escatimamos ningún detalle en palabra o acción que pueda guiar a estos corazones a un encuentro personal con Cristo.
El corazón de Dios se alegra y conmueve cuando mostramos compasión hacia nuestro prójimo, familiares, amigos y compañeros de trabajo ante sus dolencias físicas y necesidades emocionales y espirituales; Él se alegra cuando damos pasos de fe junto a ellos guiándolos hacia el único sanador y Dios que existe.
Vemos en Mateo 9:1–8 que Jesús quería mostrar a la gente su condición espiritual al sanarlos. Encontramos a un paralítico del cual antes de ocuparse de sanar su condición física, se ocupa de la condición espiritual y le dice: «Anímate, hijo, tus pecados te son perdonados». Más adelante, al escuchar a los fariseos, dice: «Porque no he venido para llamar a justos, sino a pecadores».
Este es el Jesús que nos presenta Mateo, el Jesús que aunque ciertamente se preocupa por nuestra condición física, está preocupado por nuestra condición espiritual.
Abramos nuestros ojos para que día a día, en medio de nuestras rutinas, podamos escuchar la voz de Dios; no nos quedemos en la queja, en la amargura o en la autocompasión. La desesperación del paralítico y sus amigos los llevó a acercarse al Hijo de Dios creyendo que Él podría sanarlo. ¿Te imaginas qué hubiera sucedido si se hubieran quedado en sus casas lamentándose?
Mateo y la cena en su casa
«Cuando Jesús se fue de allí, vio a un hombre llamado Mateo, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo: “¡Ven tras Mí!”. Y levantándose, lo siguió… Cuando los fariseos vieron esto, dijeron a Sus discípulos: “¿Por qué come su Maestro con los recaudadores de impuestos y pecadores?”». -Mateo 9:9 y 11
Si has leído los evangelios antes, habrás notado el conflicto que tenían los fariseos con Jesús. Los fariseos eran considerados los más entendidos en la ley y los más puros, ceremonialmente hablando. En cambio, ante sus ojos, Jesús era uno que no cumplía la ley y era ceremonialmente impuro por sentarse a mesa con los recaudadores de impuestos, personas que los judíos consideraban traidores, así como con los pecadores.
Los fariseos, al ver que Jesús hacía esto, se acercaron a Sus discípulos para dispersar sus dudas, más Jesús les oyó, y sin problema respondió su pregunta: «Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. Pero vayan, y aprendan lo que significa: “Misericordia quiero y no sacrificio”; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
Jesús respondió a los maestros de la Escritura con la Escritura misma y los mandó a estudiarla. Él usó Oseas 6:6 para reprenderlos: «Porque me deleito más en la lealtad que en el sacrificio, y en el conocimiento de Dios, que en los holocaustos». Los fariseos estaban muy ocupados en cumplir la ley como tal y no el corazón detrás de la ley. Si ellos hubieran conocido el corazón detrás de la ley, habrían entendido por qué Jesús comía en casa de Mateo con recaudadores de impuestos y pecadores.
Respuesta a la pregunta sobre el ayuno
«…los discípulos de Juan se acercaron a Jesús, diciendo: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, pero Tus discípulos no ayunan?”».
La respuesta que Jesús daría a esta pregunta es muy importante porque Su presencia vendría a inaugurar una nueva etapa. Es bueno mencionar que según lo que vemos en la ley en Levítico 16:29, 31, solo se requería un día de ayuno a los judíos anualmente, en el Día de la Expiación. Si ellos hacían más ayunos aparte de este, sería algo voluntario. Con esto entendemos que el ayuno que mencionaban los discípulos de Juan a Jesús no era el que la ley establecía, sino otros establecidos por ellos mismos.
Para responder a la pregunta de los discípulos de Juan, Jesús usa tres ilustraciones:
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El esposo y los invitados a la boda. ¿Cómo era posible estar de ayuno mientras estabas invitado a una boda, la cual es un momento de gozo y celebración? En este caso, el esposo era Jesús, y Sus discípulos, los invitados. No podían estar en ayuno mientras Jesús estuviera con ellos, pero habría un día en que Jesús les sería quitado y entonces sería tiempo de ayunar.
- El remiendo nuevo en vestido viejo. Aquí tenemos el «vestido viejo» que eran las reglas y tradiciones humanas contra el nuevo remiendo que era el evangelio de Cristo. Jesús no estaba preocupado con «remendar» el viejo sistema religioso que los fariseos practicaban; estaba estableciendo un nuevo pacto, incluso mientras cumplía la ley.
- El vino nuevo en odres viejos. En aquel entonces, el vino se ponía a fermentar en odres de cuero. En el proceso de fermentación, el vino se expandía, por lo tanto, si lo ponías a fermentar en odres viejos, el cuero no tenía cómo ensancharse más y se reventaba, en cambio, en un odre nuevo, el cuero tenía espacio para ensancharse y el vino completaba su proceso de fermentación. Jesús enfatizó una vez más que estaba haciendo algo nuevo, y esto quizá no iba a encajar con los rituales establecidos por el hombre. El reino de Dios había llegado y no era uno que se suponía que se adaptara a estructuras viejas, venía a traer no solo renovación externa sino renovación espiritual, del corazón.
No nos extrañemos ni tomemos por sorpresa los ataques o las palabras desmotivantes, pues el enemigo y el mundo odia todo aquello que ensancha nuestros corazones de amor por Dios y por los demás. Antes bien, perseveremos en Dios, perseveremos en Su Palabra fiel y verdadera, manteniendo el enfoque en la misión sin distraernos con nimiedades.
Jesús nos invita a ver con compasión a las multitudes como Él lo hizo, y a orar por obreros que trabajen en Su mies. Podemos comenzar siendo sensibles a las necesidades espirituales de quienes nos rodean. Acerquémonos a los marginados y rechazados, sentémonos con ellos, escuchemos sus frustraciones y sus corazones, y hablemos palabras de vida. La Palabra de Dios es la única que puede transformar el corazón de los hombres.
Los versículos en Mateo 9:35-38 nos hablan mucho del carácter de Dios. Cuando Él vio a las multitudes que venían a Él para ser sanadas, dice la Biblia que Él tuvo «compasión». Y notamos que esto no era por la cantidad de enfermos, sino porque eran personas «angustiadas», «abatidas», «como ovejas sin pastor». Después de esto, mira a sus discípulos y les dice: «La cosecha es mucha, pero los obreros pocos. Por tanto, pidan al Señor de la cosecha que envíe obreros a Su cosecha».
Esto prepara el escenario para lo que veremos en el capítulo 10 de Mateo, en el cual observaremos el llamado de los discípulos de Jesús y la encomienda que Él les da para ahora ir ellos a compartir el evangelio. Cuando llegues al capítulo 10, te animo a observar los versículos en los cuales Jesús les encomienda a hacer lo que Él ya ha hecho primero (pues Él ha sido su ejemplo), los llamará a sanar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos, expulsar demonios. Ellos ya han visto todo esto de Jesús, y ahora son llamados a hacer lo mismo.
Para meditar:
- Pensemos por unos momentos: ¿Dónde te has refugiado últimamente? ¿Por cuál causa vale la pena vivir y morir?
- Hermana, ¿estás siendo intencional en ser obrera o en orar para que más obreros sean enviados a la mies? Pidamos al Señor ese corazón compasivo por los perdidos.
- Cristo tenía bien en claro cuál era Su misión y propósito en esta tierra, y por eso invertía Su tiempo sabiamente. ¿Estamos aprovechando bien el tiempo cumpliendo la misión que Dios nos ha encomendado?
- https://www.gotquestions.org/Espanol/parabola-fiesta-ropa-odre.html
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