Día 15 | Mateo 11
Continuamos con nuestra lectura meditando hoy en Mateo 11. En este capítulo comenzamos a ver el ministerio de Jesús y Sus discípulos después de que fueron encomendados en el capítulo 10. Podrás observar cómo las personas responden a la predicación y los milagros de Jesús. Algunos, como Juan el Bautista, se encontraban en duda por las circunstancias. Otros, como las ciudades donde hizo milagros, se mostraron indiferentes. Jesús sigue mostrando quién es Él y para quién es Su descanso.
La duda de Juan el Bautista
«Al oír Juan en la cárcel de las obras de Cristo, mandó por medio de sus discípulos a decir a Jesús: “¿Eres Tú el que ha de venir, o esperaremos a otro?”». –Mateo 11:2
Después de que Cristo encomendó a Sus discípulos la tarea de la predicación y muchos milagros fueron hechos, encontramos este relato. Juan el Bautista, seguramente habiendo recibido noticia …
Continuamos con nuestra lectura meditando hoy en Mateo 11. En este capítulo comenzamos a ver el ministerio de Jesús y Sus discípulos después de que fueron encomendados en el capítulo 10. Podrás observar cómo las personas responden a la predicación y los milagros de Jesús. Algunos, como Juan el Bautista, se encontraban en duda por las circunstancias. Otros, como las ciudades donde hizo milagros, se mostraron indiferentes. Jesús sigue mostrando quién es Él y para quién es Su descanso.
La duda de Juan el Bautista
«Al oír Juan en la cárcel de las obras de Cristo, mandó por medio de sus discípulos a decir a Jesús: “¿Eres Tú el que ha de venir, o esperaremos a otro?”». –Mateo 11:2
Después de que Cristo encomendó a Sus discípulos la tarea de la predicación y muchos milagros fueron hechos, encontramos este relato. Juan el Bautista, seguramente habiendo recibido noticia de lo que sucedía, envía a sus discípulos a preguntarle a Cristo: «¿Eres Tú el que ha de venir, o esperaremos a otro?». Juan se encontraba en la cárcel cuando mandó a hacer esta pregunta a Cristo. Herodes lo había encarcelado después de que Juan lo confrontara por haber tomado a Herodías como su esposa puesto que era la mujer de su hermano Felipe (puedes ver este relato en Mt. 14:3–4; Mc. 6:18; Lc. 3:19–20).
Diversos comentaristas coinciden en que esta pregunta manifestaba que Juan dudaba que Cristo era el Mesías. Considerar esto es interesante después de que hemos leído que Juan dio testimonio de que Cristo era el Hijo de Dios al bautizarlo y predicar de Él (Jn. 1:19-34). ¿Por qué, entonces, dudaría?
Se dice que era una pregunta dudosa debido a que Juan se encontraba en la cárcel, y tanto Juan, como la mayoría de los judíos, esperaban a un Mesías que vendría a gobernar y a hacer justicia sobre Israel en un sentido político y no solamente espiritual. Probablemente su juicio en la cárcel (que por cierto terminó en muerte, lo leeremos en Mateo 14:1–12) hizo que Juan dudara que Cristo estuviera estableciendo Su Reino.
Una vez enviada respuesta a Juan por sus discípulos afirmando que Él era el Mesías, Jesús alabó a Juan ante las multitudes. Esto nos enseña que Dios no mide el éxito con ojos humanos; Él premia la fidelidad. Quizá estando en la cárcel, Juan pensó que su ministerio había sido un fracaso. Pero Jesús lo alaba ante otros por su fidelidad de hacer lo que se le había encomendado a pesar de sus dudas: preparar el camino para el Mesías; menguar para que otro pasara adelante.
Probablemente, la mayoría de nosotras no pasemos por una situación en la que, por confrontar a alguien, terminemos en la cárcel como sucedió con Juan; sin embargo, de lo que no hay duda es de que pasaremos por momentos en los que seremos probadas. Pasaremos por momentos difíciles en esta tierra, y no hay nada que podamos hacer para evitarlo, momentos en los que estaremos tentadas a dudar de quién es Cristo. Quizá ya has pasado por esos momentos o estás en uno de ellos.
Las circunstancias adversas pueden traer consigo dudas, como probablemente pasó con Juan, y quizá te preguntes: ¿Realmente a Dios le importa? ¿Qué es lo que quieres de mí, Señor? ¿Cómo se supone que debería reaccionar ante esto que estás presentando delante de mí? ¿Realmente estás en control? Podemos imaginar la incertidumbre de Juan el Bautista pensando: «Yo sé que yo te bauticé, Señor, pero ¿realmente eres Tú el que ha de venir o estamos esperando a alguien más? Si eres Tú, ¿por qué estoy en la cárcel por hacer el bien? ¿No se supone que vienes a establecer Tu reino? ¿No vienes a hacer justicia?».
Amada, cuidémonos de la incredulidad. En contraste con Su alabanza a Juan por su fidelidad en su ministerio, Jesús reprendió a las ciudades por su falta de fe. Él había hecho grandes milagros en Corazín, Betsaida y Capernaúm, pero ellos no se habían arrepentido. Comparó estas ciudades con Tiro, Sidón y Gomorra, llegando a decir que aun esas naciones impías y orgullosas se hubieran arrepentido si hubieran sido testigos de los milagros que estas ciudades habían visto.
¿Qué preguntas has hecho en momentos de incertidumbre? ¿Podrías compararte con Juan o con las personas dentro de aquellas ciudades incrédulas? Y aún más importante, ¿a quién has acudido para recibir respuesta? Juan acudió a Cristo, y tú y yo sin duda debemos hacer lo mismo.
«Tengan cuidado, hermanos, no sea que en alguno de ustedes haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo». –Hebreos. 3:12
Me da mucho ánimo y aliento el que nuestra lectura de hoy cierre con «La gran invitación»:
«Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera». –Mateo 11:28–29
Cristo es nuestro descanso. Cuando dejamos atrás toda arrogancia y el orgullo de pretender conocerlo todo, y de salvarnos a nosotras mismas, experimentamos Su descanso. Quizá en este momento no estés atravesando algo difícil, o tal vez sí; cualquiera que sea el caso, recordemos que hay Uno que nos ha dicho que cuando venimos a Él podemos descansar. Podemos aprender de Él y hallar descanso para nuestras almas cuando estamos en angustia.
Recuerdo una frase que una querida hermana mencionó: «Recibo todo de tu mano, lo entrego todo en tus manos. Al rendirlo todo a ti, mis manos no quedan vacías, ¡Tú me das más de Ti! Tengo a Jesús, lo tengo todo». Y amada hermana, esto es cierto siempre. Cualquiera que sea tu situación, puedes tomarla y devolverla al Señor, y al hacerlo no quedarás vacía, siempre tendrás más de Él, y esto te dará descanso y confianza. Tienes esperanza eterna porque el Señor es tu fortaleza. Digamos como el salmista:
«En Dios solamente espera en silencio mi alma;
De Él viene mi salvación.
Solo Él es mi roca y mi salvación,
Mi baluarte, nunca seré sacudido.
Alma mía, espera en silencio solamente en Dios,
Pues de Él viene mi esperanza.
Solo Él es mi roca y mi salvación,
Mi refugio, nunca seré sacudido.
En Dios descansan mi salvación y mi gloria;
La roca de mi fortaleza, mi refugio, está en Dios.
Confíen en Él en todo tiempo,
Oh pueblo; derramen su corazón delante de Él;
Dios es nuestro refugio». –Salmos 62:1-2, 5-8.
Para meditar:
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En medio de tus dudas, ¿corres al Señor? Su Palabra está disponible para ti por medio de la ayuda del Espíritu Santo, y tienes a tu iglesia local para acercarte con tus preguntas.
- ¿Cómo puedes ver la evidencia de que Dios es Rey soberano en la situación en la que te encuentras?
- ¿Qué área de tu vida deberías rendir hoy al Señor para tomar Su yugo y aprender de Él?
- ¿Has considerado el costo del discipulado? ¿Eres una verdadera discípula de Cristo? ¿Por qué sí o por qué no?
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