Día 16 | Mateo 12
Mateo 12 marca un punto de inflexión en el ministerio público de Jesús. Aquí vemos a los líderes religiosos endurecer su oposición y rechazar abiertamente a Jesús, mientras que las multitudes siguen siendo testigos de Su poder y misericordia. Este capítulo prepara el terreno para las parábolas del Reino en Mateo 13. Este capítulo es clave porque:
Jesús denuncia la hipocresía farisea. Ellos ya comienzan a planear matarlo (v. 14).
Jesús cita Isaías 42 mostrando que Él es el Siervo escogido que traerá justicia a las naciones (vv. 18–21).
Jesús declara la gravedad del rechazo a la obra del Espíritu Santo.
Veamos juntas algunas de las enseñanzas:
Jesús es Señor del día de reposo
En Mateo 12:1–2, los discípulos de Jesús iban pasando por sembradíos y tuvieron hambre. Se les hizo fácil alargar su mano y arrancar espigas para comer. Imagínalo: vas caminando por …
Mateo 12 marca un punto de inflexión en el ministerio público de Jesús. Aquí vemos a los líderes religiosos endurecer su oposición y rechazar abiertamente a Jesús, mientras que las multitudes siguen siendo testigos de Su poder y misericordia. Este capítulo prepara el terreno para las parábolas del Reino en Mateo 13. Este capítulo es clave porque:
Jesús denuncia la hipocresía farisea. Ellos ya comienzan a planear matarlo (v. 14).
Jesús cita Isaías 42 mostrando que Él es el Siervo escogido que traerá justicia a las naciones (vv. 18–21).
Jesús declara la gravedad del rechazo a la obra del Espíritu Santo.
Veamos juntas algunas de las enseñanzas:
Jesús es Señor del día de reposo
En Mateo 12:1–2, los discípulos de Jesús iban pasando por sembradíos y tuvieron hambre. Se les hizo fácil alargar su mano y arrancar espigas para comer. Imagínalo: vas caminando por el campo, tienes hambre y estiras tu mano para arrancar una manzana que encuentras en un árbol para comerla. Bueno, este simple hecho realizado en un día sábado, en la interpretación de los fariseos, era quebrantar la ley. Esto hace que ellos miren a Jesús y le digan: «Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo».
Ante esta acusación, Cristo les responde recordándoles cómo David y sus compañeros también hicieron algo que no era lícito: comer de los panes consagrados (1 Sam. 21). Por otro lado, les pregunta si es que ellos sabían lo que hacían los sacerdotes en el día de reposo (solo Mateo 12:5 lo registra).
Después de su respuesta a los fariseos, Jesús les recuerda tres cosas:
Él es mayor que el templo.
Ellos ignoraban lo que significaba: «Misericordia quiero y no sacrificio» (Os. 6:6; Mt. 12:7). Se enfocaban en lo ceremonial y en los sacrificios, pero descuidaban el conocimiento de Dios y la honra al Hijo.
Cristo finaliza afirmando que Él es «Señor del día de reposo».
Cuando se trata de disciplinas espirituales (la lectura de la Biblia, la oración, la comunión con otros creyentes, etc.), muchas veces podemos llegar a ser como lo fueron los fariseos con el día de reposo. Somos prontas a hacer una lista y marcar como completas estas tareas, desconectándonos sutilmente de la comunión que debemos cultivar con el Señor. Esto nos lleva al legalismo: pensamos que tenemos una vida devocional activa, pero en realidad solo estamos cumpliendo una lista de «sacrificios» vacíos.
He notado que cuando caigo en estos patrones puedo estar tranquila mientras «cumplo con esta lista», pero al terminar me veo siendo poco paciente y poco amorosa con mis hijos, me frustro fácilmente y mis emociones son prontas a descarriarse.
El pasaje completo que Jesús cita del profeta Oseas dice:
«Porque me deleito más en la lealtad (también traducido como misericordia) que en el sacrificio, y en el conocimiento de Dios que en los holocaustos». –Oseas 6:6
Las disciplinas espirituales son valiosas, pero no superan la importancia de conocer a Dios y tener una relación con Él.
Cuando Jesús enseñó que Él era Señor del día de reposo, también les dijo que el día de reposo había sido creado para el hombre y no el hombre para el día de reposo (Mr. 2:27).
Piensa en cuántas cosas el Señor nos ha dado para nuestro beneficio: la comida, el descanso, tiempos recreativos, la familia, una iglesia… Sin embargo, muchas veces invertimos su valor. En lugar de que estas cosas sirvan para nuestro beneficio, les servimos a ellas.
En lugar de que la comida nos nutra, nos volvemos siervos de nuestro cuerpo, ya sea por comer descontroladamente o por obsesionarnos con no subir de peso.
En lugar de usar el tiempo recreativo con propósito, lo desperdiciamos en ocio que nos deja más agotadas física, emocional o espiritualmente.
Amada, demos lugar al Espíritu Santo de Dios. Seamos sensibles a Su voz y no nos hagamos siervas de aquello que fue creado para nuestro bien. Seamos mayordomas fieles de todo lo que Él nos ha confiado.
Es lícito hacer el bien
Otra historia que encontramos es el milagro que Jesús hizo al hombre con la mano seca, también en un día de reposo. Los fariseos buscaban «acusar» a Jesús preguntándole si era lícito sanar en ese día. Él les responde: «Es lícito hacer bien en el día de reposo». A causa de los muchos milagros que hacía, las multitudes venían a Jesús para ser sanados. Su fama se difundió.
Jesús y Beelzebú
Tanto Mateo como Lucas relatan cómo Jesús sanó a un endemoniado que era ciego y mudo. El milagro fue tan evidente que aquel hombre al ser libre hablaba y veía. Las multitudes decían: «¿No es este el Hijo de David?». Pero los fariseos decían que lo hacía por Beelzebú, el príncipe de los demonios.
Beelzebú era un dios filisteo adorado en Ecrón, también llamado «el señor de las moscas». Pasó a ser considerado por los judíos como el príncipe de los demonios (2 Reyes 1). Esto fue una blasfemia contra el Espíritu Santo: atribuir al diablo la obra del Espíritu de Dios. Jesús lo llama un pecado imperdonable (Mt. 12:31–32).
Me pregunto cuántas veces en nuestra lógica humana pudiéramos dudar de la obra de Dios. Quizás en sanaciones, en ciertos dones del Espíritu o a través de personas con las que no estamos totalmente de acuerdo. Y al hacerlo, corremos el riesgo de negar Su obra y no darle gloria a Él.
La fe que agrada a Dios
A pesar de los milagros, los escribas y fariseos demandaban más señales. Jesús les dice que solo se les dará la señal de Jonás: Su resurrección. Porque:
«La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» y «Sin fe es imposible agradar a Dios», dice en Hebreos 11:1 y 6.
La fe verdadera cree que Jesús es el Hijo de Dios, capaz de salvarnos, perdonarnos, guiarnos en la vida. La fe camina sin ver. Confía sin tener todas las respuestas. Cree en que Él ha dado todo lo necesario para una vida que le glorifique. Hoy muchos exaltan las palabras de hombres y rechazan la Palabra de Jesús. ¿Cómo está tu fe? Pide a Dios que la aumente.
La verdadera familia
Mientras Jesús hablaba, le avisaron que Su madre y hermanos lo buscaban. Él respondió:
«¿Quién es Mi madre y quiénes son Mis hermanos?… Cualquiera que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos, ese es Mi hermano y Mi hermana y Mi madre».
Nuestra familia más importante es la espiritual. La unión que tenemos con los hijos de Dios es eterna. Es natural amar a nuestra familia de sangre, pero Jesús eleva la relación espiritual por encima de las biológicas, especialmente si estas últimas nos alejan de Su voluntad.
«En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros». –Juan 13:35
Para meditar y orar:
Repite este pasaje al Señor en oración: «¿Quién puede discernir sus propios errores? Absuélveme de los que me son ocultos. Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de Ti, oh Señor, roca mía y Redentor mío» (Salmo 19:12,14).
Sé intencional en meditar en aquellas cosas que has hecho en tu vida cristiana más como un «ritual» en lugar de buscar conocer a tu Creador.
Pide al Señor que te muestre aquellas áreas y que Su Espíritu Santo te traiga convicción de pecado.
Examina si has caído en legalismo, incredulidad o temor al rechazo por causa de tu fe.
Evalúa cómo estás viviendo tu identidad como parte de la familia de Dios.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación