Día 18 | Salmos 11 y 12
Refúgiate en el Dios justo
En medio de la persecución, la injusticia y la mentira, David nos enseña algo profundamente contracultural: corre hacia Dios, no lejos de Él. Cuando los fundamentos son destruidos y parece que ya no hay justicia en la tierra, el salmista afirma con convicción: «En el Señor me refugio». Él no huye, ni se desespera, ni se venga. Se refugia.
David sabe que Dios está en Su santo templo, que Él ve, examina, prueba al justo y aborrece al impío. El juicio no es ignorado ni postergado para siempre: el Señor hará llover sobre los malos carbones encendidos. Esta es una verdad incómoda pero profundamente consoladora: Dios gobierna, Dios ve, y Dios juzgará con justicia.
Lo mismo vemos en el Salmo 12. Allí, David clama porque «faltan los piadosos», y la mentira parece dominar la escena. La boca de los malvados habla con …
Refúgiate en el Dios justo
En medio de la persecución, la injusticia y la mentira, David nos enseña algo profundamente contracultural: corre hacia Dios, no lejos de Él. Cuando los fundamentos son destruidos y parece que ya no hay justicia en la tierra, el salmista afirma con convicción: «En el Señor me refugio». Él no huye, ni se desespera, ni se venga. Se refugia.
David sabe que Dios está en Su santo templo, que Él ve, examina, prueba al justo y aborrece al impío. El juicio no es ignorado ni postergado para siempre: el Señor hará llover sobre los malos carbones encendidos. Esta es una verdad incómoda pero profundamente consoladora: Dios gobierna, Dios ve, y Dios juzgará con justicia.
Lo mismo vemos en el Salmo 12. Allí, David clama porque «faltan los piadosos», y la mentira parece dominar la escena. La boca de los malvados habla con arrogancia, y usan palabras para manipular y destruir. Pero en contraste con esas palabras corruptas, David se consuela con esta afirmación que leemos en el versículo 6: «Las palabras del Señor son palabras puras, plata probada en un crisol en la tierra, siete veces refinada».
Dios no solo ve y juzga. Él también habla con verdad y guarda a los Suyos. Esa es nuestra esperanza: el Señor preserva a los piadosos aun cuando los impíos se paseen por todas partes. En un mundo donde las voces son muchas, confusas y engañosas, la Palabra de Dios permanece pura, confiable y suficiente.
¿Y qué hacemos con los salmos imprecatorios?
Muchos se sorprenden al leer en los Salmos palabras duras contra los enemigos. ¿Cómo se reconcilia esto con el mandato de Jesús de amar a nuestros enemigos? Es importante recordar algunas verdades importantes:
- Los salmos imprecatorios en los que el salmista clama por justicia y juicio contra los impíos, nos recuerdan la santidad de Dios y la seriedad del pecado. Pero, al leerlos a la luz del evangelio, vemos que todas esas maldiciones justas que nosotros merecíamos por nuestra rebelión, Cristo las llevó sobre Sí en la cruz. Él fue hecho maldición por nosotros (Gálatas 3:13), cargando con la ira divina para que todo aquel que en Él cree no sea condenado. Así, estos salmos nos llevan a adorar con gratitud, no solo por la justicia de Dios, sino por Su misericordia inmerecida. Nos recuerdan lo que merecíamos, y nos muestran el inmenso precio que Cristo pagó para librarnos del juicio. Por eso, al leerlos, lo hacemos con reverencia, pero también con esperanza, sabiendo que en Jesús fuimos librados de la ira venidera.
- Los enemigos de estos salmos no son rivales personales por asuntos triviales, sino enemigos del pueblo de Dios que aborrecen la justicia y buscan suprimir la verdad. Son personas que, al oponerse a los justos, se oponen directamente a Dios.
- El lenguaje imprecatorio es poético. Estas expresiones usan imágenes fuertes, exageradas, no para promover el odio, sino para mostrar la seriedad del pecado y la justicia divina. Su cumplimiento está en manos de Dios, no del creyente.
- No son expresiones de venganza personal, sino de indignación moral. El salmista no busca su propio beneficio, sino que anhela la gloria de Dios. La indignación proviene de ver a los malvados prosperar mientras los fieles sufren.
Estos salmos no nos invitan a odiar, sino a confiar en que la venganza es del Señor. Podemos orar con honestidad sobre el dolor que causan los impíos y dejar que Dios, el justo Juez, actúe conforme a Su voluntad y tiempo.
En estos salmos aprendemos una lección poderosa: la confianza verdadera no niega el dolor ni la injusticia, pero mira por encima de ellos hacia un Dios que reina, escucha y actúa. Cuando sientas que todo se tambalea, no huyas. Corre al refugio. Descansa en la fidelidad de un Dios que no olvida, cuyas palabras son puras, y cuya justicia es perfecta.
Que tu oración hoy sea como la de David: «Tú, Señor, los guardarás; de esta generación los preservarás para siempre» (Salmo 12:7).
Para meditar:
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¿A dónde tiendes a correr cuando los «fundamentos» de tu vida parecen tambalearse: a Dios, o a soluciones humanas?
- ¿Qué significa para ti hoy, en tus circunstancias actuales, decir: «En el Señor me refugio»?
- ¿Qué tanto confías en que las palabras del Señor son suficientes y verdaderas para guiarte en medio de tantas voces engañosas?
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