A pesar de la incredulidad generalizada de Israel, en Romanos 11 Pablo deja claro que Dios no ha desechado completamente a Su pueblo. A lo largo de la historia, Él ha mantenido un remanente fiel, una porción preservada por la gracia soberana de Dios. Pablo, siendo un judío que ha experimentado la redención, es un ejemplo vivo de ese remanente, así como lo han sido miles de israelitas a lo largo de las generaciones, quienes por la gracia de Dios han sido transformados y sostenidos.
Esta gracia no es algo del pasado; es una gracia inagotable y soberana que sigue fluyendo en el presente y continuará extendiéndose hasta el futuro, alcanzando a los escogidos de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas.
Pablo comienza este capítulo con una afirmación contundente: Dios no ha rechazado a Su pueblo. No es que Dios intentara algo con Israel y fracasara… ni …
A pesar de la incredulidad generalizada de Israel, en Romanos 11 Pablo deja claro que Dios no ha desechado completamente a Su pueblo. A lo largo de la historia, Él ha mantenido un remanente fiel, una porción preservada por la gracia soberana de Dios. Pablo, siendo un judío que ha experimentado la redención, es un ejemplo vivo de ese remanente, así como lo han sido miles de israelitas a lo largo de las generaciones, quienes por la gracia de Dios han sido transformados y sostenidos.
Esta gracia no es algo del pasado; es una gracia inagotable y soberana que sigue fluyendo en el presente y continuará extendiéndose hasta el futuro, alcanzando a los escogidos de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas.
Pablo comienza este capítulo con una afirmación contundente: Dios no ha rechazado a Su pueblo. No es que Dios intentara algo con Israel y fracasara… ni que cambiara de plan… El problema nunca ha sido la fidelidad de Dios, sino la respuesta del hombre. Dios sigue teniendo un propósito con Israel dentro de Su plan redentor.
En los días de Elías, cuando parecía que todo Israel había caído en la idolatría, Dios le recordó al profeta que se había reservado un remanente de siete mil hombres que no habían doblado sus rodillas ante Baal (1 Rey. 19:18). De manera similar, hoy, a pesar de que muchos en el mundo rechazan a Dios y siguen a otros ídolos modernos, podemos tener la certeza de que Dios sigue llamando y preservando un remanente fiel. Como explica D. A. Carson, esta preservación soberana es la base de nuestra seguridad en medio de la oscuridad: el plan de Dios nunca será frustrado. Él continúa obrando, llamando a aquellos que le pertenecen, manteniendo a un pueblo para Sí mismo, incluso en los tiempos más sombríos.
Y algo clave que Pablo deja claro es esto: ese remanente no existe por obras… existe por gracia. Si es por gracia, ya no es por obras. Porque en el momento en que añadimos mérito humano… la gracia deja de ser gracia.
Esto nos ubica nuevamente: no estamos aquí por lo que hicimos… estamos aquí por lo que Dios decidió hacer.
Pablo enseña que los gentiles no deben jactarse del privilegio de ser injertados, ya que fue únicamente la bondad de Dios la que permitió su inclusión en el «olivo» que representa al pueblo de Dios. La misericordia de Dios es el centro del injerto, no las obras humanas, y esto debe inspirar humildad en lugar de orgullo. El olivo representa al pueblo de Dios, la línea de la promesa que siempre ha existido. No son dos pueblos distintos… es un solo pueblo. Las ramas naturales fueron Israel… y nosotras, como gentiles, fuimos injertadas. Pero eso no nos hace superiores. Pablo es fuerte aquí:
- no te jactes.
- no te creas mejor.
- no olvides de dónde vienes.
Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales… tampoco tendrá por inocente el orgullo en nosotras. La respuesta correcta no es orgullo… es temor reverente.
El remanente de Israel ha sido preservado por la gracia de Dios, no por sus obras. Así también, los gentiles fueron incluidos solo por esa misma gracia. Pablo recuerda que Dios tiene el poder de injertar de nuevo a Israel; de hecho, utiliza la aceptación del evangelio por parte de los gentiles para provocar celos en los judíos, con el fin de que también vuelvan a Él. Aquí vemos el misterio revelado por Pablo: el endurecimiento de Israel es solo parcial y temporal. Dios sigue llamando a un remanente en cada generación.
Este endurecimiento no es definitivo. Es parcial… y es temporal. Dios no ha terminado con Israel. Hay una restauración futura dentro de Su plan soberano.
Este «endurecimiento parcial» no implica que todos los israelitas sean salvos individualmente, sino que, como Carson explica, Dios siempre ha mantenido un remanente fiel entre ellos. Al final, ese remanente será reunido, cumpliendo el plan soberano de redención que abarca tanto a judíos como a gentiles. Recordemos lo que Pablo explicaba en Romanos 4: es por la fe que entramos al reino de Dios, no por nuestra posición étnica. Los verdaderos israelitas son los que creen en Cristo Jesús y solamente en Él. Siempre ha sido por la fe, nunca por las obras, una posición o una identificación étnica.
Y aquí hay algo profundamente importante: Dios ha sujetado tanto a judíos como a gentiles bajo desobediencia… para mostrar misericordia a todos. Esto significa que nadie tiene ventaja. Todos estamos en la misma condición… Y todos dependemos de la misma gracia.
Doxología: la profundidad de las riquezas de Dios
Pablo, al contemplar el misterio del plan redentor de Dios, no puede contener su adoración. En Romanos 11:33-36, estalla en una doxología, exaltando la profundidad de las riquezas, la sabiduría y el conocimiento de Dios. Aquí, Pablo destaca lo insondables que son los juicios de Dios y lo inescrutables que son Sus caminos. Según MacArthur, Pablo se maravilla de que, aunque los seres humanos no pueden comprender plenamente los propósitos divinos, estos siempre son justos, perfectos y para Su gloria.
Cuando Pablo ve todo esto… no termina en argumento… termina en adoración. Porque hay un punto donde la mente ya no alcanza… y solo queda rendirse.
Pablo concluye con una afirmación rotunda de la autosuficiencia y la soberanía de Dios: «Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén». Esta es la respuesta natural a la revelación de los planes de Dios: una adoración profunda y sincera, reconociendo Su control absoluto sobre todas las cosas.
De Él…
por Él…
y para Él… Todo. Incluso la salvación.
Para meditar
- ¿Estoy reconociendo que mi salvación es completamente por gracia… o, en el fondo, sigo creyendo que hay algo en mí que la hizo posible?
- ¿Hay áreas en mi vida donde estoy cayendo en orgullo espiritual, olvidando que fui «injertada» únicamente por la misericordia de Dios?
- ¿Hay personas o grupos que inconscientemente considero «menos alcanzables» por el evangelio, olvidando que todos dependemos de la misma gracia?
- ¿Mi conocimiento de la Palabra me está llevando a mayor humildad… o a una falsa sensación de superioridad espiritual?
- ¿Estoy viviendo a la luz de que «de Él, por Él y para Él son todas las cosas»… o sigo centrando mi vida en mí misma?
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