Día 19 | Mateo 13
Misterios del Reino y el llamado a examinar el corazón
En Mateo 13 vemos un cambio significativo en el ministerio de Jesús: Él comienza a hablar a las multitudes en parábolas. ¿Por qué este giro en su enseñanza? Sus discípulos le preguntaron lo mismo. Jesús respondió que a ellos se les había concedido conocer los misterios del Reino de los cielos, pero a la multitud no. Así se cumplía la profecía de Isaías: «Escuchen bien, pero no entiendan; miren bien, pero no comprendan» (Isaías 6:9). Las parábolas eran, por tanto, una forma de revelar la verdad a los que creían, y al mismo tiempo, un juicio velado sobre aquellos que endurecieron su corazón. Las mismas palabras que iluminaban a unos, oscurecían a otros.
Jesús declara bienaventurados a Sus discípulos: sus ojos veían y sus oídos oían. Ellos estaban presenciando lo que muchos profetas desearon ver, pero no vieron. …
Misterios del Reino y el llamado a examinar el corazón
En Mateo 13 vemos un cambio significativo en el ministerio de Jesús: Él comienza a hablar a las multitudes en parábolas. ¿Por qué este giro en su enseñanza? Sus discípulos le preguntaron lo mismo. Jesús respondió que a ellos se les había concedido conocer los misterios del Reino de los cielos, pero a la multitud no. Así se cumplía la profecía de Isaías: «Escuchen bien, pero no entiendan; miren bien, pero no comprendan» (Isaías 6:9). Las parábolas eran, por tanto, una forma de revelar la verdad a los que creían, y al mismo tiempo, un juicio velado sobre aquellos que endurecieron su corazón. Las mismas palabras que iluminaban a unos, oscurecían a otros.
Jesús declara bienaventurados a Sus discípulos: sus ojos veían y sus oídos oían. Ellos estaban presenciando lo que muchos profetas desearon ver, pero no vieron. Pedro, más adelante, diría lo mismo: que la salvación que ahora disfrutamos fue anticipada por los profetas, anunciada por el Espíritu, y deseada incluso por los ángeles (1 Pedro 1:10–12).
¡Qué privilegio tenemos de conocer y comprender el evangelio! Nuestro corazón necesita recordar que la historia de nuestras vidas no se trata de nosotras mismas, sino de Cristo. Gracias al Padre que abrió nuestros ojos y oídos, no por mérito, sino por pura gracia. Que no perdamos el asombro de esta verdad en medio de la rutina diaria.
¿Qué tipo de terreno eres?
La parábola del sembrador nos invita a examinar el terreno de nuestro corazón. La semilla es la Palabra de Dios, pero no siempre produce fruto, dependiendo del corazón que la recibe:
- El camino: oyen, pero el enemigo arrebata la palabra antes de que germine.
- Los pedregales: reciben con gozo, pero sin raíz; en la prueba, caen.
- Los espinos: oyen, pero las preocupaciones y placeres ahogan la palabra.
- La buena tierra: oyen con corazón recto, retienen la palabra y dan fruto con perseverancia.
Pidamos al Señor que prepare nuestro corazón para ser buena tierra, y también intercedamos por otros que aún no han recibido la Palabra con fe.
El Reino crece y transforma silenciosamente
Las parábolas del grano de mostaza y la levadura nos enseñan que el Reino comienza pequeño, pero su impacto es inmenso. Aunque su avance puede parecer lento o invisible, Dios está obrando. Así como una semilla se convierte en árbol, o la levadura fermenta toda la masa, el Reino transforma vidas, hogares y comunidades. No desmayes si hoy ves poco; Dios es fiel para hacer crecer lo que Él ha sembrado.
El valor incomparable del Reino
Jesús también comparó el Reino con un tesoro escondido y una perla de gran valor. Quien encuentra el Reino, está dispuesto a dejarlo todo por Él. ¿Qué estás dispuesta a soltar por seguir a Cristo? ¿Es Él tu mayor tesoro?
La red y la separación final
La parábola de la red barredera y la del trigo y la cizaña nos muestran que en este mundo —incluso en la iglesia visible— coexisten creyentes y no creyentes. Pero vendrá el tiempo del juicio en que Cristo separará a unos de otros. Esta verdad nos llama a la paciencia, al discernimiento y a la santidad.
Jesús fue rechazado en Su propio pueblo
Aun con todo Su poder y sabiduría, Jesús fue menospreciado en Nazaret. La gente no podía creer que el hijo del carpintero hablara con tal autoridad. Por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros. Esto nos recuerda que la incredulidad limita nuestra experiencia del poder de Dios. Examinemos si hay áreas en nuestra vida donde hemos cerrado el corazón. ¡Dios nos libre de un corazón incrédulo!
Para meditar:
- ¿Qué tipo de tierra hay en tu corazón? ¿Es fértil o necesita ser labrada?
- ¿Está creciendo la semilla del Reino en tu vida?
- ¿Es el reino de Dios tu mayor tesoro?
- ¿Estás dispuesta a renunciar a algo con tal de obtener a Cristo?
- ¿Manifiestas fe y obediencia al oír la Palabra o endureces tu corazón?
- ¿Dónde has visto incredulidad en tu vida últimamente?
- ¿Confías en el poder de Dios más que en tu sabiduría humana?
«Siembren para ustedes según la justicia, sieguen conforme a la misericordia; rompan la tierra para sembrar, porque es tiempo de buscar al Señor hasta que venga a enseñarles justicia». – Oseas 10:12
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