Día 21 | Mateo 15
Practiquemos una fe verdadera, no una religión vacía
Desde el inicio de Mateo 15, Jesús nos confronta con una verdad fundamental: no basta con aparentar devoción externa o cumplir rutinas religiosas; Dios busca un corazón sincero, rendido, humilde. A los fariseos les llama hipócritas porque honraban a Dios con sus labios mientras su corazón estaba lejos de Él. ¿Y nosotras? ¿Estamos sirviendo al Señor con un corazón puro, o lo hacemos por costumbre, por autoimagen o para recibir la aprobación de los demás?
El Señor nos llama a examinar nuestras motivaciones, pues de nuestro corazón —engañoso por naturaleza— brotan los pecados que verdaderamente nos contaminan. Así como cuidamos nuestra salud física evitando virus o bacterias, debemos cuidar nuestro corazón de toda contaminación interna: orgullo, juicio, envidia, incredulidad. Esa limpieza diaria ocurre al confesar nuestros pecados, humillarnos, meditar en Su Palabra y permitir que el Espíritu Santo cultive Su …
Practiquemos una fe verdadera, no una religión vacía
Desde el inicio de Mateo 15, Jesús nos confronta con una verdad fundamental: no basta con aparentar devoción externa o cumplir rutinas religiosas; Dios busca un corazón sincero, rendido, humilde. A los fariseos les llama hipócritas porque honraban a Dios con sus labios mientras su corazón estaba lejos de Él. ¿Y nosotras? ¿Estamos sirviendo al Señor con un corazón puro, o lo hacemos por costumbre, por autoimagen o para recibir la aprobación de los demás?
El Señor nos llama a examinar nuestras motivaciones, pues de nuestro corazón —engañoso por naturaleza— brotan los pecados que verdaderamente nos contaminan. Así como cuidamos nuestra salud física evitando virus o bacterias, debemos cuidar nuestro corazón de toda contaminación interna: orgullo, juicio, envidia, incredulidad. Esa limpieza diaria ocurre al confesar nuestros pecados, humillarnos, meditar en Su Palabra y permitir que el Espíritu Santo cultive Su fruto en nosotras.
En contraste con los fariseos, vemos la historia de la mujer sirofenicia: una extranjera, sin derecho alguno bajo la ley judía, que se acerca a Jesús con humildad, fe y perseverancia. Aunque parece ignorarla y hasta probar su fe, ella no se ofende ni se da por vencida, sino que insiste con una fe genuina que apela a la bondad del Señor. Y Jesús, conmovido por su fe, le concede su petición.
¿Perseveramos así en la oración? ¿Nos acercamos a Jesús reconociendo nuestra necesidad y confiando en Su poder, o con una actitud demandante como los fariseos? ¿Estamos creyendo de verdad que Él puede obrar, aunque aún no veamos la respuesta?
Todo el capítulo nos lleva a un contraste contundente: mientras los líderes religiosos, expertos en la Ley, endurecen su corazón, una mujer gentil responde con fe verdadera. Así, se empieza a cumplir lo que las Escrituras anunciaban: que el mensaje del Reino también alcanzaría a los pueblos más allá de Israel. Jesús va de Galilea a Tiro y Sidón —territorio gentil— para mostrarnos que no se trata de raza, conocimiento o linaje, sino de un corazón que cree, espera y se rinde.
La ley de Dios refleja Su carácter: santo, justo, misericordioso, fiel. Y esa misma ley debe llevarnos a amar a Dios y al prójimo, no a buscar superioridad moral ni controlar a los demás. ¿Estamos usando la verdad para servir, edificar y mostrar compasión, o para juzgar y corregir a nuestra manera?
Nuestro llamado es a vivir la Palabra, no solo conocerla. Jesús nos dice: «Oigan y entiendan». No basta con escuchar sermones o leer devocionales; necesitamos meditar, profundizar, examinar, y permitir que esa Palabra transforme nuestro interior. De lo contrario, corremos el riesgo de «invalidar la Palabra de Dios» con una vida que la contradice.
No olvidemos que dondequiera que estemos —en el trabajo, la escuela, el supermercado o el hospital— somos instrumentos del Señor. Que nuestras acciones reflejen Su compasión, Su verdad y Su luz. Vivamos como Cristo: sirviendo, enseñando, orando y confiando en que el poder y la gracia vienen de Él, no de nosotras.
Finalmente, pidamos como el salmista:
«Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mí camino malo, y guíame en el camino eterno». -Salmos 139:23-24
Para meditar:
- ¿Estoy viviendo una fe auténtica o solo cumplo rutinas cristianas?
- ¿Juzgo con ligereza el exterior de otros sin examinar mi propio corazón?
- ¿Estoy buscando comprender y aplicar la Palabra con humildad?
- ¿Persevero en la oración con fe, aun cuando no veo respuesta inmediata?
- ¿Aprovecho cada encuentro como una oportunidad para reflejar a Cristo?
Que no seamos conocidas por una religión vacía, sino por una fe que agrada a Dios: viva, humilde, perseverante y sincera.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación