Hemos llegado al final del Salmo 119. A lo largo de sus 176 versículos hemos contemplado cómo la Palabra forma el corazón, transforma la vida, sostiene la perseverancia y conduce al creyente a depender cada vez más profundamente de Dios.
A manera de un breve resumen, si observas el progreso de todo el salmo que hemos ido leyendo, se ve una especie de escalera:
- 1–40: La Palabra transforma el corazón.
- 41–80: La Palabra se refleja en la vida.
- 81–120: La Palabra sostiene la perseverancia.
- 121–176: La Palabra lleva al creyente a una entrega completa y a una comunión madura con Dios.
Así que estamos viendo a un creyente que ha aprendido a vivir completamente dependiente de Dios, pero que al mismo tiempo sigue reconociendo cuánto necesita Su gracia. Bajo este lente, meditemos juntas en las últimas porciones de este bello salmo.
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Hemos llegado al final del Salmo 119. A lo largo de sus 176 versículos hemos contemplado cómo la Palabra forma el corazón, transforma la vida, sostiene la perseverancia y conduce al creyente a depender cada vez más profundamente de Dios.
A manera de un breve resumen, si observas el progreso de todo el salmo que hemos ido leyendo, se ve una especie de escalera:
- 1–40: La Palabra transforma el corazón.
- 41–80: La Palabra se refleja en la vida.
- 81–120: La Palabra sostiene la perseverancia.
- 121–176: La Palabra lleva al creyente a una entrega completa y a una comunión madura con Dios.
Así que estamos viendo a un creyente que ha aprendido a vivir completamente dependiente de Dios, pero que al mismo tiempo sigue reconociendo cuánto necesita Su gracia. Bajo este lente, meditemos juntas en las últimas porciones de este bello salmo.
Ayin (vv. 121–128): Amar la justicia de Dios
El salmista identifica a sus enemigos como adversarios del Señor porque han invalidado la ley de Dios. Una ley que él ama. Porque el amor por la Palabra produce amor por la justicia. Notemos que el salmista no busca una venganza personal, no es un arrebato emocional; más bien, al ellos quebrantar la ley, deshonran al Dios santo y justo que él ama. En contraste, la devoción del salmista se refleja especialmente en su espíritu enseñable que desea obedecerle.
La obediencia nunca puede separarse del amor por aquello que Dios ama y del rechazo de aquello que Él aborrece. Jesús dijo a Sus discípulos en Juan 14:15: «Si ustedes me aman, guardarán Mis mandamientos», y esto es hacer justicia; porque obedecer Sus mandamientos es justo. Sin embargo, el salmista nos deja ver la necesidad que tenemos de Alguien que asuma nuestra responsabilidad para que los soberbios no lo opriman: un fiador. Es decir, a Cristo. Cuando sufres injusticia u oposición, ¿corres a Cristo y descansas en Su justicia, o procuras defenderte tomando el control y haciendo justicia con tus propias manos? ¿Corres a la justicia que hay en Cristo para ampararte bajo Sus alas o tomas la justicia en tus manos, desviándote de la confianza en el Señor?
Pe (vv. 129–136): La Palabra abre los ojos
Esta sección destaca la belleza y el poder de la revelación de Dios: «Maravillosos son Tus testimonios, por lo que los guarda mi alma». El salmista no solo ama la Palabra, como ya hemos visto, sino que se admira de ella cuando Dios le ilumina el entendimiento para conocerla. Y esa misma Palabra es la que afirma los pasos del salmista, y es la que afirma nuestros pasos para transformar la manera en que vivimos. Si el Espíritu Santo no abre los ojos de nuestro entendimiento, no podemos entender la Palabra ni asombrarnos del Autor de ella.
El salmista tiene un celo por la Palabra de Dios que llora porque el pueblo no la obedece. Lo que nos recuerda a Jesús, quien se lamentaba por Jerusalén que no lo reconocía y, por ende, no le obedeció (Mt. 23:37). Nota que el salmista no los critica ni argumenta con ellos como hoy en día vemos que sucede en las redes sociales. Al ver con Sus ojos la Palabra y comprenderla, produce humildad y quebrantamiento por quienes viven lejos del Señor. Cuando ves que otras hermanas son desobedientes a la Palabra, ¿cuál es tu respuesta? ¿Qué provoca en tu corazón? Oremos al Señor que nos guarde y haga resplandecer Su rostro sobre nosotras cada día.
Tsade (vv. 137–144): Descansar en el carácter justo de Dios
En esta porción, el énfasis cambia hacia el carácter justo de Dios. El salmista contempla la justicia, la rectitud y la fidelidad del Señor. Por lo tanto, su confianza no descansa únicamente en las promesas, sino en el carácter de Aquel que las hizo. No solo se trata de conocer las promesas, sino de descansar en ellas. Su carácter es la garantía de que Él es fiel en nuestra vida, que Su verdad permanece y que Su justicia no es momentánea, es eterna. ¿Y qué significa descansar? Es no controlar las situaciones y tratar de cambiar a las personas porque no puedes hacerlo, y en lugar de la ansiedad que produce el querer controlar todo, confías en Él.
Nota que el salmista se identifica como siervo una y otra vez, y a pesar de la aflicción y angustia, él continúa confiando en Dios y afirmando que Sus mandamientos son un deleite para él. Nuevamente, Cristo es nuestro ejemplo de confianza en Su Padre al afirmar: «Escrito está» cuando Satanás lo tentaba en el desierto y también cuando estaba sufriendo en el Getsemaní, dijo: «Padre Mío, si esta copa no puede pasar sin que Yo la beba, hágase Tu voluntad» (Mt. 26:42). Descansar también significa seguir haciendo la siguiente actividad que te toca porque confías en que Dios está por encima de todo y obrando en medio de todos; y no solo eso, ese descanso produce gozo, paz y contentamiento.
Cof (vv. 145–152): Perseverar en la oración
Esta sección presenta una hermosa combinación entre oración y Palabra, entre la dependencia y la confianza. El salmista clama antes del amanecer, medita durante la noche y continúa esperando en el Señor. Este hábito no es una simple actividad para el salmista, es el fruto de su comunión con Dios y su anhelo por Él. Muchas de nosotras anhelamos tener una comunión más íntima con el Padre, y aquí tenemos una clave para hacerlo: oración y meditación en Su Palabra.
Nota que el salmista no solo hace una oración cotidiana; él clama con todo su corazón, y su confianza radica en la fidelidad de Dios y en Su misericordia. Aquí la palabra para «misericordia» es Hesed, que significa lealtad al pacto, una devoción inalterable. Dios ha prometido responder, obrar y ser fiel al pacto por Su nombre, y allí está la fuente de nuestra esperanza. Jesús es nuestro mayor ejemplo. Él no hacía nada sin orar al Padre (Lc. 5:16; Mc. 1:35). La oración es una disciplina espiritual, pero nunca una actividad mecánica; es el medio para derramar tu corazón a Sus pies, recordarle a tu alma que dependes de Él, por medio de Su Palabra que está en tus labios y en tu corazón.
Resh (vv. 153–160): Esperanza en medio de la aflicción
Aunque el sufrimiento continúa presente, el salmista vuelve una y otra vez a la fidelidad de Dios. Esta porción comienza con peticiones: mira, líbrame, defiende, redímeme y vivifícame; su necesidad es grande y corre al que es su esperanza eterna. Como hemos leído en el salmo, el salmista siempre está clamando por aflicción, por sus enemigos que lo persiguen o por los malvados que rechazan a Dios; pero él regresa una y otra vez a recordar la Palabra fiel de Dios.
La paz que proviene de esa esperanza nos ayuda a pasar la aflicción con confianza porque nace del amor por Dios. Si algo necesita el salmista es ser vivificado; lo hemos leído muchas veces en este salmo, y es ser vivificado con la Palabra. La realidad es que solo la Palabra hecha vida en Cristo nos puede vivificar. Ningún método humano puede sustituir la obra de Dios por medio de Su Palabra. Cada día es una oportunidad para soltar el control, la amargura, los deseos de venganza y confiar que Dios conoce todo y ya está obrando en nosotras. Pedro dice que Cristo nos hizo nacer a una esperanza viva (1 Pd. 1:3) y por eso podemos estar seguras que en nuestro peregrinaje en esta tierra con aflicciones y alegrías; Dios no cambia y Su palabra tampoco. Así que aferrémonos a ella.
Sin (vv. 161–168): Amar la Palabra por encima de las circunstancias
Aunque los poderosos continúan persiguiendo al salmista, su corazón permanece firme y regocijado en la Palabra. Particularmente, ese amor por la Palabra, su temor a ella, dice el salmista, le producen paz. El versículo 165 afirma que esta paz no depende de circunstancias favorables, sino de una confianza profunda en Dios porque él ama la ley «en gran manera».
Naturalmente, nuestro concepto del amor es más romántico o sentimental que entendido como una verdad que sustenta, cambia y provee paz. El salmista lo tiene claro y lo hemos leído una y otra vez: que el amor por la Palabra produce estabilidad interior. La paz no se basa en lo circunstancial ni en lo que podemos controlar; la paz se basa en la confianza plena de quién es Dios, y al recordar que una vez hemos sido reconciliadas con Dios por medio de Cristo, esa paz guarda nuestros corazones y mentes en Cristo Jesús (Flp. 4:7).
Tau (vv. 169–176): Una dependencia que nunca termina
Después de 176 versículos exaltando la Palabra, el salmista afirma que ha formado su corazón, pero lejos de volverlo autosuficiente, lo conduce a una humildad cada vez más profunda y a una comunión más íntima con el Señor. Justo como leeremos en la carta de 1 Tesalonicenses y en Filipenses, en las que Pablo les pide abundar más y más en amor y en discernimiento para vivir una vida digna del llamado de Dios.
Un salmista que ha escrito la oración o el poema más largo de toda la Biblia; por sus declaraciones acerca de su amor por la Palabra y de cuánto la necesita, pareciera que es un hombre que ya lo sabe todo. Sin embargo, la humildad que leemos al final de este salmo no solo denota a un hombre sabio, sino a uno que nos hace la invitación a perseverar en nuestra vida cristiana. Nos enseña que la mujer madura no es la que más sabe, es la que vive lo que sabe.
Es la mujer que más depende, que busca sostenerse de Dios porque reconoce su estado de necesidad constante de Él. Es la que confía en el evangelio como el mensaje que su corazón necesita escuchar una y otra vez para quitarse del centro y ver a Cristo sentado en el trono. El salmista no dice: «Ya lo logré. Déjame enseñarte cómo lo hice». Él dice lo mismo que Pablo: «No es que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús» (Flp. 3:12)
La verdad, querida hermana, es que no podemos vivir de manera que agrade al Señor sin Su ayuda en todo. No somos autosuficientes, somos mujeres dependientes de nuestra fuente de vida por la pura gracia del Señor.
Cristo y Su Palabra
El salmista termina confesando su necesidad del gran Pastor. El versículo 176, ¿no te recuerda a otro versículo en la Biblia? Isaías 53:6 dice: «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros». El salmista hizo personal esta verdad: «Me he descarriado como oveja perdida», y luego le clama a Dios que lo busque porque ya es su siervo; el evangelio nos muestra que Dios respondió a esa oración enviando a Su Hijo porque Cristo es el Buen Pastor que busca a Su pueblo.
Hermana, Cristo es la Palabra hecha carne, el Pastor perfecto y el único que obedeció completamente la voluntad del Padre. La segunda parte de Isaías 53:11 dice: «Mi Siervo, justificará a muchos y cargará las iniquidades de ellos», porque solo en Él encontramos la gracia necesaria para perseverar hasta el final. Terminamos un salmo que exalta quién es Dios en Cristo revelado en Su Palabra; la pregunta que queda para nosotras es: ¿Cómo lo viviré hoy?
Para meditar
- ¿En lugar de buscar hacer justicia por tus propias fuerzas, llevas tus cargas al Señor y confías en que Él es el Juez perfecto y fiel?
- ¿Te acercas a las Escrituras con un corazón humilde, dispuesto a ser transformado, y permites que Su verdad moldee tu manera de pensar y vivir?
Hermana, clama hoy a Cristo y pídele que te ayude a amarlo más. Rinde tu corazón a Él porque Su amor por ti te llama a depender de Él, a soltar lo que te carga y estorba; y síguelo al conocerlo en Su Palabra.
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