Día 28 | Mateo 20
Previo a la crucifixión de Cristo, Él seguía predicando sobre quién es Él y la salvación que ofrece a través de Él. Desde el capítulo 19, que vimos ayer, el evangelio de Mateo nos presenta el ministerio de Jesús en Judea, Sus enseñanzas y milagros. En ese capítulo leímos sobre los niños en el Reino, el discipulado y el servicio. En estos pasajes, Dios se revela como un Dios de gracia, que da como Él quiere y a quien Él desea dar, y vemos también la autoridad de Jesús en Jerusalén a través de Sus parábolas.
La economía del Reino: gracia, no mérito
En la parábola de los obreros de la viña, Jesús nos muestra cómo opera el Reino: no según el mérito humano, sino por gracia divina. Todos los trabajadores —sin importar cuándo comenzaron— reciben el mismo salario. Algunos se quejan, pero el dueño (Dios) responde:
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Previo a la crucifixión de Cristo, Él seguía predicando sobre quién es Él y la salvación que ofrece a través de Él. Desde el capítulo 19, que vimos ayer, el evangelio de Mateo nos presenta el ministerio de Jesús en Judea, Sus enseñanzas y milagros. En ese capítulo leímos sobre los niños en el Reino, el discipulado y el servicio. En estos pasajes, Dios se revela como un Dios de gracia, que da como Él quiere y a quien Él desea dar, y vemos también la autoridad de Jesús en Jerusalén a través de Sus parábolas.
La economía del Reino: gracia, no mérito
En la parábola de los obreros de la viña, Jesús nos muestra cómo opera el Reino: no según el mérito humano, sino por gracia divina. Todos los trabajadores —sin importar cuándo comenzaron— reciben el mismo salario. Algunos se quejan, pero el dueño (Dios) responde:
«¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo que es mío? ¿O es tu ojo malo porque yo soy bueno?».
Dios no actúa según la lógica humana. Él es generoso con todos. ¿Creemos que merecemos más que otros? ¿Nos comparamos? Recordemos: todo lo que recibimos es gracia inmerecida.
Esta parábola responde al corazón de Pedro en el capítulo anterior, cuando preguntó:
«Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué, pues, recibiremos?» (Mateo 19:27).
Jesús le muestra que en el Reino, la gracia rompe toda lógica de comparación. No se trata de lo que creemos merecer, sino de la generosidad de Dios.
La grandeza en el Reino: humildad y servicio
Jesús anuncia Su muerte por tercera vez, explicando que Su dolor y sufrimiento serían para la salvación de los hombres. La Biblia entera trata de esto: la salvación de Dios por gracia, por medio de Cristo, quien nos libra de nuestros pecados, y de ese corazón que demanda ser el centro y que está lleno de pasiones desordenadas.
En este contexto, la madre de Jacobo y Juan le pide a Jesús que sus hijos se sienten a Su lado en Su reino. Ellos habían caminado con Cristo casi tres años, viviendo y sirviendo junto a Él, pero aún deseaban estar por encima de los demás cuando Jesús reinara. Así también puede ser nuestro orgulloso corazón: querer más nuestra gloria que la gloria de Dios, o una posición «mejor» que la que ya nos ha sido dada: hijas de Dios.
Jesús aprovecha esta oportunidad para enseñar que, en Su reino, la grandeza se mide por el servicio:
«…el que entre ustedes quiera llegar a ser grande, será su servidor… así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar Su vida en rescate por muchos» (vv. 26 y 28).
Nuestro llamado no es buscar plataformas, títulos o reconocimiento, sino servir. En la economía de Cristo, el camino hacia arriba es hacia abajo. Como Él, venimos a dar la vida por otros, no a ser servidas.
Que Dios nos muestre estas actitudes en nuestro corazón para correr a Él pidiendo perdón, sabiendo que todo es gracia y misericordia. Y que podamos seguir el ejemplo de Cristo, siendo intencionales en ver la necesidad de nuestra hermana, orando y también obrando.
Jesús responde a la fe humilde
Al final del capítulo, dos ciegos claman con insistencia:
«¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!»
A pesar de ser reprendidos, no callan. Jesús, movido a compasión, les pregunta:
«¿Qué quieren que Yo haga por ustedes?».
Ellos piden ver, y Jesús les concede la vista. Él no responde por mérito, sino por gracia.
También a nosotras nos ha abierto los ojos para verle. Si hoy Jesús te hiciera la misma pregunta, ¿qué responderías? Acércate con fe, sabiendo que todo lo que Él da es por gracia.
Desde Mateo 19, y ahora en Mateo 20, se nos presenta una visión del Reino que confronta nuestra lógica: donde el matrimonio es pacto santo, donde la verdadera grandeza es el servicio, donde la salvación es solo por gracia, y donde los últimos pueden ser primeros. Cristo es el tesoro supremo, digno de dejarlo todo. Que hoy tu corazón sea renovado por Su Palabra y atraído por Su gracia.
Para meditar:
- ¿Hay en tu corazón algún reclamo escondido de justicia, como si merecieras más que otros por tu servicio o fidelidad? ¿Cómo puedes recordar hoy que todo es por gracia?
- ¿Estás buscando reconocimiento o estás dispuesta a tomar la posición más baja por amor a Cristo y a tus hermanas? ¿Qué actitud de servicio puedes practicar esta semana?
- Si Jesús hoy te preguntara: «¿Qué quieres que Yo haga por ti?», ¿cuál sería tu respuesta? ¿Refleja tu petición un corazón humilde que confía en Su compasión?
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