Día 29 | Mateo 21
En Mateo 21, vemos el inicio de la última semana del ministerio terrenal de Jesús. Él entró en Jerusalén cumpliendo la profecía de Zacarías 9:9:
«Digan a la hija de Sión: “Mira, a tu rey viene a ti, humilde y montado en un asna, y en un pollino, hijo de bestia de carga”».
Israel conocía esta promesa. Después de cuatrocientos años de silencio profético, la multitud estaba viendo con sus propios ojos el cumplimiento de lo que Dios había dicho siglos antes. Ese día, la gente se unió gozosa a la celebración y proclamó:
«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!».
Sin embargo, ese reconocimiento fue superficial para muchos. Pronto esa misma multitud gritaría: «¡Crucifícale!». Esto nos recuerda que no basta con aclamar a Cristo con los labios; debemos rendirle el corazón y obedecerle con …
En Mateo 21, vemos el inicio de la última semana del ministerio terrenal de Jesús. Él entró en Jerusalén cumpliendo la profecía de Zacarías 9:9:
«Digan a la hija de Sión: “Mira, a tu rey viene a ti, humilde y montado en un asna, y en un pollino, hijo de bestia de carga”».
Israel conocía esta promesa. Después de cuatrocientos años de silencio profético, la multitud estaba viendo con sus propios ojos el cumplimiento de lo que Dios había dicho siglos antes. Ese día, la gente se unió gozosa a la celebración y proclamó:
«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!».
Sin embargo, ese reconocimiento fue superficial para muchos. Pronto esa misma multitud gritaría: «¡Crucifícale!». Esto nos recuerda que no basta con aclamar a Cristo con los labios; debemos rendirle el corazón y obedecerle con una fe perseverante.
La entrada triunfal nos deja dos lecciones poderosas:
- Dios cumple Sus promesas. Él lo hizo con las profecías de la primera venida y lo hará con las promesas de la segunda. Podemos confiar en Su Palabra porque Sus promesas son «sí y amén» en Cristo.
- Jesús modela la humildad. Pudo entrar como un rey guerrero en un caballo de batalla, pero eligió un asno, símbolo de servicio y mansedumbre. El corazón que Él nos llama a tener es humilde, aun cuando Dios nos dé bendiciones y provisiones materiales.
Purificación del templo
Poco después de entrar en Jerusalén, Jesús fue al templo y lo encontró convertido en un mercado de cambistas y vendedores. Indignado, dijo:
«Mi casa será llamada casa de oración, pero ustedes la están haciendo cueva de ladrones».
Jesús nunca mostró tanto celo como cuando vio el corazón del culto a Dios corrompido. Esto nos invita a reflexionar:
- ¿Es nuestra iglesia un lugar donde la oración es central?
- ¿Qué diría Jesús sobre el comercio y la mercantilización de la fe hoy?
La tradición o actividad sin la presencia de Cristo es vacía. No basta conocer teología, asistir a conferencias o tener mucha actividad ministerial; si no tenemos comunión íntima con el Dios de la Palabra, nuestra vida será estéril.
La higuera estéril
Jesús también nos enseña con el ejemplo de una higuera llena de hojas pero sin fruto. Esto simboliza una religiosidad aparente: mucha actividad externa, pero poco fruto real de piedad. En nuestro tiempo, podemos tener redes sociales llenas de contenido cristiano, asistir a múltiples eventos y, aun así, no dar fruto que glorifique a Dios.
Parábola de los dos hijos
Aquí Jesús confronta la hipocresía religiosa: un hijo que dice «sí» pero no obedece, y otro que dice «no» pero luego se arrepiente y obedece. Tanto los publicanos como las prostitutas —pecadores reconocidos y arrepentidos— entran al reino antes que quienes confían en su propia justicia.
Parábola de los labradores malvados
Esta parábola muestra cómo Israel rechazó a los profetas y, finalmente, al Hijo de Dios. Jesús se presenta como la piedra angular que ellos desecharon, pero que Dios ha establecido como base de Su reino.
¿Qué significa todo esto para ti y para mí?
- Confiemos en que Dios cumplirá todo lo que ha prometido.
- Busquemos la humildad que tuvo Cristo, que sirvió antes que ser servido.
- Cuidemos que nuestras iglesias y nuestras vidas sean «casa de oración» y no centros de actividad vacía.
- Examinemos si nuestra vida tiene fruto verdadero o solo apariencia.
- Recordemos que el arrepentimiento genuino abre las puertas del Reino, mientras que la auto justicia las cierra.
Para meditar
- ¿Qué revela tu corazón cuando anhelas una posición más alta de la que Dios te ha dado?
- ¿Crees que mereces más que otros según tu justicia?
- ¿Está tu vida llena de hojas o de frutos?
- ¿Es tu iglesia un lugar donde la oración es central?
- ¿Qué piensas que diría Jesús si visitara tu iglesia hoy?
- ¿Qué piensas que diría Jesús acerca de la forma en que se comercia Su Palabra en nuestro tiempo?
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