Día 34 | Mateo 24
Velar
Amada, tú y yo hemos conocido al Verdadero, y Su Espíritu en nosotras es testimonio de ello. No caminamos en tinieblas ni vivimos como el mundo que no tiene esperanza, porque hemos sido lavadas por la sangre de Cristo y ahora estamos vestidas de Su justicia. Aunque somos pecadoras e imperfectas, por gracia podemos acercarnos a Él con confianza. Tenemos la mente de Cristo (1 Corintios 2:16), y por Su Espíritu podemos vivir esperando Su venida, viviendo como Él vivió.
El llamado para nosotras hoy es claro: velar.
Jesús mismo lo dijo: «Por tanto, velen, porque no saben en qué día viene su Señor» (Mateo 24:42).
Velar implica estar alertas, vigilantes, conscientes del tiempo en que vivimos, y preparadas para Su regreso. ¿Cómo hacemos esto en lo cotidiano? Aquí algunas formas prácticas:
1. Morando en Su Palabra
«Lámpara es a mis pies …
Velar
Amada, tú y yo hemos conocido al Verdadero, y Su Espíritu en nosotras es testimonio de ello. No caminamos en tinieblas ni vivimos como el mundo que no tiene esperanza, porque hemos sido lavadas por la sangre de Cristo y ahora estamos vestidas de Su justicia. Aunque somos pecadoras e imperfectas, por gracia podemos acercarnos a Él con confianza. Tenemos la mente de Cristo (1 Corintios 2:16), y por Su Espíritu podemos vivir esperando Su venida, viviendo como Él vivió.
El llamado para nosotras hoy es claro: velar.
Jesús mismo lo dijo: «Por tanto, velen, porque no saben en qué día viene su Señor» (Mateo 24:42).
Velar implica estar alertas, vigilantes, conscientes del tiempo en que vivimos, y preparadas para Su regreso. ¿Cómo hacemos esto en lo cotidiano? Aquí algunas formas prácticas:
1. Morando en Su Palabra
«Lámpara es a mis pies Tu palabra, y luz para mi camino» (Salmo 119:105).
No podemos permanecer firmes si no nos alimentamos a diario de la Palabra. Ella nos guía, nos exhorta, nos consuela y nos prepara. Habita en la Escritura, y deja que ella habite en ti.
2. Orando en todo tiempo
No solo en nuestro devocional, sino en cada momento del día. Como hizo Nehemías cuando el rey notó su tristeza: antes de hablar oró al Dios de los cielos (Nehemías 2:4).
Esa oración breve, como una flecha al cielo, nos recuerda que orar puede ser constante y sencilla. Aprendamos a vivir en esa actitud: «Señor, ayúdame», «Dame sabiduría», «Guíame en esto». No subestimes esas oraciones de dependencia diaria.
3. Viviendo en confesión y fe
Al igual que vigilas tu salud física, también cuida tu salud espiritual. Lleva todo a la presencia de Dios. Vive en confesión continua, con arrepentimiento genuino y fe en Su perdón. Esto trae libertad, gozo y una conciencia tranquila.
4. Con gratitud constante
La salvación no nos era debida, es un regalo inmerecido. Dios no nos debe nada; y sin embargo, nos ha dado todo en Cristo. Vivamos con gozo, incluso en medio del dolor, sabiendo que somos hijas amadas. No seremos objeto de Su ira, porque ya Jesús cargó con toda nuestra culpa. ¡Qué verdad gloriosa!
5. Compartiendo la esperanza
Jesús volverá, y con Él traerá juicio para los que lo han rechazado. Esta realidad nos mueve a orar, a tener compasión y a compartir Su Palabra. No nos guardemos el tesoro que tenemos. Las señales son claras, pero el mundo duerme. Seamos luminares en medio de esta oscuridad.
Las señales del fin
Cuando los discípulos preguntaron: «¿Cuál será la señal de Tu venida?», Jesús no les dio una fecha, sino un llamado: no se turben, estén atentos. Los tiempos finales serán como dolores de parto: se intensifican progresivamente.
Entre las señales del fin Jesús mencionó:
- Guerras y rumores de guerra.
- Hambrunas y terremotos.
- Tribulación.
- Falsos profetas y engañadores.
- Aumento de la maldad y enfriamiento del amor.
Estos eventos ya están ocurriendo, y se irán intensificando. Pero también dijo: «Este evangelio del reino será predicado en todo el mundo… y entonces vendrá el fin». A pesar del caos, el evangelio avanzará.
Él viene pronto
La venida de Cristo no será oculta. «Todo ojo lo verá», dice Apocalipsis 1:7. Antes esto parecía difícil de imaginar, pero hoy, con la tecnología y la conexión global, podemos ver en tiempo real lo que ocurre al otro lado del mundo.
Cuando Él regrese, no vendrá a buscar y salvar como la primera vez, sino a juzgar y recompensar. Su regreso será glorioso, definitivo, ineludible.
«Por tanto, Yo vengo pronto, y Mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según sea su obra… El que testifica estas cosas dice: “Sí, vengo pronto”. Amén. ¡Ven, Señor Jesús!» (Apocalipsis 22:12, 20).
Para meditar
Amada, nadie sabe el día ni la hora, pero sabemos que ese día será glorioso para quienes creemos. Jesús vendrá con gloria y enviará a Sus ángeles para reunir a Sus escogidos. ¿No debería esto llenar nuestro corazón de gozo y expectación?
Vivamos orando, esperando y confiando. Seamos halladas fieles, compartiendo esta esperanza con otros.
El saber que Cristo regresa por ti, ¿cómo moldea tu forma de vivir?
¿Estás anticipando Su regreso?
¿Estás lista?
Seamos como ese siervo fiel que, cuando el Señor regrese, lo encuentre haciendo así:
«¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente a quien su señor puso sobre los de su casa…? Dichoso aquel siervo a quien, cuando su señor venga, lo encuentre haciendo así» (Mateo 24:45-46).
Cristo viene.
Vivamos preparadas.
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